?Quien sabe lo que habria ocurrido de no acceder a clausurar los locales derechistas! Y si hubiesemos intervenido en la manifestacion, en vez de incendiar el convento, habrian incendiado los cuarteles.
Y, no obstante, Julio no habia perdido ni mucho menos la confianza. Creia en el desgaste de las explosiones revolucionarias. En consecuencia, estaba convencido de que, a pesar del caos del momento, el inmenso clamor de protesta que se levantaba en todas partes acabaria sepultando a los protagonistas de aquella revolucion. A su entender, el miedo, los cuchicheos, las miradas de odio, el terriblemente solitario entierro del hermano Alfredo, y, sobre todo, la catastrofe economica y social que significaba la huelga y la absurdidad y despotismo de las bases que la motivaban serian el peor enemigo de Cosme Vila; mucho peor que la artilleria. ?Si los Costa y Casal le hubieran ayudado ya, todo aquello estaria agonizando! A la condena de la brutalidad comunista se anadiria la oferta de otro programa constructivo en que refugiarse. En vez de esto, Casal se limitaba a retirar el carnet de la UGT a los camareros, a ordenar a sus afiliados que el lunes se presentaran al trabajo, y los Costa cerraban sus fabricas y se decidian, ?ahora!, a hacer una manifestacion de Izquierda Republicana y a protestar ante la Generalidad.
La confianza de Julio y sus argumentos sobre el desgaste convencian a Antonio Sanchez; pero no al coronel Munoz, ni al Comisario y mucho menos al general.
– Mi general -le habia dicho Julio a este-, ustedes los militares pecan muchas veces de falta de perspectiva, y perdone que le hable asi. A usted, ver un incendio o la ciudad paralizada le pone tan nervioso que ya le parece que ello ha de durar siempre y que lo que hay que hacer es exterminar a este o a aquel. ?Permita que le hable como Jefe de Policia! Todo esto esta mal, muy mal. Esa gente intenta asaltar el poder, lo se. Pero… he de hacerle una pregunta: ?Que prefiere usted? ?Tener un poco de paciencia, utilizar a las personas de orden como las de Izquierda Republicana, como Casal y los que le son fieles, esforzarse con el Inspector de Trabajo para encontrar un punto de coincidencia, estudiar un procedimiento para desgastar a Cosme Vila por la astucia, o ponerse declaradamente en contra del pueblo y favorecer con ello la rebelion militar que se prepara…? ?Un momento! - exclamo, al ver que el general pegaba un brinco en su sillon-. ?Que prefiere usted, oir que el pueblo pide Cooperativas, o ver al comandante Martinez de Soria entrar en su despacho con una pistola y un bando declarando el estado de guerra?
El general casi insulto a Julio.
– ?Que se ha creido usted! ?Si sabre o no sabre, ?puah!, lo que pasa en el Ejercito! ?Que me va usted a decir lo que puede el comandante Martinez de Soria! ?Nada! ?Nada!, ?me oye usted? ?Todo eso son cuentos! Un comandante es un comandante, ?no es eso? ?Y un general es un general!, ?no es asi?
Julio le interrumpio. Y le dijo que no habia solo comandantes complicados en el asunto. Que habia generales, y no de poca monta. Sanjurjo, Mo…
No habia nada que hacer. El general no creia que Sanjurjo, con la experiencia de 1932, intentara nada ahora.
– ?Usted no se preocupe de eso y meta a todos esos salvajes en la carcel! -repitio por centesima vez.
El Comisario estaba de su parte, el alcalde lo mismo y muchos mas. En realidad, Julio no contaba sino con un aliado: el comandante Campos, veterano del Ejercito. El comandante Campos creia con el que seria insensato indisponerse con el pueblo, cuando acaso a no tardar tendrian que recurrir a el para defender la Republica.
?Y el coronel Munoz?
El coronel Munoz era el mas ecuanime. Sentado bajo el triangulo de la Logia, en la reunion del primero de junio expuso su opinion. No compartia los temores de Julio y del comandante Campos respecto a la rebelion militar y, por lo tanto, no era partidario de ceder demasiado ante el partido comunista; tampoco compartia los del general respecto al peligro que significaba realmente Cosme Vila y asi no veia la necesidad de meter en la carcel a todos los dirigentes obreros exaltados. A su entender, el justo medio se imponia una vez mas. ?Que podia ocurrir? La huelga, muy bien. Todo parado. Duraria una semana, dos. A los quince dias, ?que comerian los obreros? Ya los anarquistas sabian algo de ello… ?Se decidirian a saltar tiendas y almacenes antes que considerarse fracasados? Entonces entraria en accion la astucia de que hablaba Julio… El H… Casal irrumpiria en el primer plano de la actualidad. Presentaria sus bases socialistas, compactas, estudiadas, razonables. Ello respaldado por la fuerza publica. Un estudio a fondo de lo que a cada oficio le hacia falta. «Y conjuntamente a las bases, se comunicaria al pueblo que estas merecian la aprobacion del Inspector de Trabajo y de las autoridades. Con aplicacion inmediata, ademas, en beneficio de aquellos que mostraran su adhesion a ellas.» ?Consecuencias de todo ello…? Los industriales y comerciantes verian, por fin, una posibilidad de acuerdo moderado. Se reabririan algunos locales. En cuanto a los obreros, excepto algunos romanticos la mayoria empezaria a reflexionar. Sus mujeres les dirian: «?Te das cuenta? Fulano de tal cobrara tanto, y tu aqui parado». Todo esto -repetia- respaldado por la fuerza publica. Las patrullas debian circular continuamente por la ciudad.
– Amigos, yo creo que no hay que perder la cabeza. El Frente Popular ha resultado ficticio, de acuerdo. En Espana pactar con gente como Gorki o el anarquista ese de las botas resulta peligroso para los que amamos el orden y el progreso; y por ello la Republica se ha preocupado desde el primer momento de la instruccion publica. Sin embargo, no hay que olvidar lo que teniamos antes de la victoria del Frente Popular. En las elecciones compramos la libertad de conseguir avances sociales, la posibilidad de que las grandes potencias no nos consideraran un pais de inquisidores y esclavos; es justo que ahora tengamos que pagar un tributo. No hay que perder la cabeza por ello. Que cada uno se mantenga en su puesto. En Madrid saben adonde van, y lo que se tiene ante los ojos no debe perjudicar la vision del conjunto ni de lo futuro. Yo pido, de un lado, que el jefe de Policia se muestre energico y, de otro, moderacion a los que quisieran tomar medidas draconianas. La Historia no se hace en un dia y creo que desde 1931 hemos dado un gran paso en la civilizacion. Soportemos los contratiempos en homenaje a los ideales que nos unen.
Pocos fueron los que salieron convencidos. El general comprendio una vez mas que el coronel era un ingenuo y recordo lo que sus tres hijas solteras decian siempre de el: «?Que excelente marido haria!» Julio estaba desesperado viendo que nadie tomaba en serio, ?ni siquiera los militares!, el peligro del levantamiento. Ni siquiera viendo lo que ocurria con el asunto del teniente Martin, con el traslado del comandante. En cuanto a Casal, al llegar a su casa dejo los guantes blancos sobre la mesa y fue a dar el consabido beso a sus tres hijos. Su protuberante nariz los despertaba a veces. Su esposa no le aconsejo, como antano, «que obedeciera a los que eran mas altos que el». Por el contrario, de un tiempo a esta parte, se habia puesto a la defensiva y le conto lo que la mujer de Cosme Vila le habia dicho: «Cosme cree que ha llegado la hora».
– ?Que significa eso? -dijo-. Anda con cuidado. Ya sabes que el instinto no me engana.
De pronto vio los guantes del tipografo sobre la mesa. Los tomo y exclamo: «?Jesus, que sucios estan! He de lavarlos en seguida».
CAPITULO LXXVII
Cosme Vila habia mandado una nota a Julio hablandole del peligro militar, y ofreciendole todos sus afiliados de la ciudad y provincia para cuando lo considerase oportuno. Julio habia pegado un punetazo en la mesa. El primer punetazo nervioso que Antonio Sanchez observaba en su jefe.
Cosme Vila habia reunido luego el Comite Ejecutivo, en el cual el catedratico del Instituto, senor o camarada Morales, segun el interlocutor, ocupaba el lugar de Murillo. Cosme Vila entendia que a los intelectuales debia hacerseles poco caso, pero que, en cambio, daban gran prestigio al Partido.
En la reunion faltaba Teo, y la valenciana estaba nerviosa por ello. A Victor le habia parecido excesivo lo ocurrido en los Hermanos y temia por la opinion publica y aun por la de los propios afiliados en cuanto reflexionaran en frio.
Cosme Vila corto las lamentaciones del viejo.
– No vamos a hacer marcha atras, ?verdad?
En opinion de Cosme Vila, la confabulacion de autoridades, falangistas y otras fuerzas de la ciudad contra el Partido Comunista era tan notoria que ella sola bastaba para unir en bloque a los militantes.
– No cesan de tener reuniones, de discutir para acabar con nosotros. Todo esto es del dominio publico y no hay mejor argumento para justificar nuestra conducta. Obramos en defensa propia.
Gorki asintio a las palabras de Cosme Vila.
– Por lo demas -prosiguio este-, ?que puede ocurrir? Nada. Dispondremos de la imprenta de
