Comisaria, etc… Senalo el itinerario. Cito el local de la CEDA, cuya clausura al parecer habia sido ficticia, ya que por la escalera de atras iban retirando las cuatro mil prendas de abrigo con que por Navidad quisieron comprar el voto de los pobres.

Todo el mundo vestia ropa de trabajo. Se veian algunas alpargatas nuevas, relucientes. E inmediatamente comenzo el desfile.

El Inspector de Trabajo, al serle notificado que se acercaba la manifestacion, adopto una decision espectacular: cerro balcon y ventanas, entornando incluso los postigos. Y lo mismo el que los funcionarios permanecieron en el interior, trabajando como si tal cosa.

Cuando el gentio se hubo situado enfrente del edificio, Cosme Vila llamo a Teo. Le entrego un papel que contenia la nota de protesta. Le dijo: «Sube y espera la respuesta». Teo cumplio; el Inspector rompio en pedazos la comunicacion en las propias narices del carretero. Teo apreto los punos y bajo. Cosme Vila escucho su relato. Luego miro a los balcones y dijo a Gorki: «Comunica esto a los camaradas». Gorki, de pie en el taxi y por medio del microfono, describio a la multitud la entrevista.

Este fue el sistema que empleo el jefe en cada uno de los jalones del itinerario. En la Comisaria fue Julio quien recibio a Teo y quien le dio una nota escrita: «La Jefatura de Policia no consentira nunca que se implante en la ciudad una dictadura proletaria. Y se mostrara implacable contra cualquier ciudadano, grupo o masa que intente alterar el orden publico o aduenarse de la calle».

Gorki comunicaba cada vez a la multitud, por medio del altavoz, la respuesta de las autoridades, anadiendo: «?Camaradas! ?Nuestra replica es esta: huelga general!»

Despues de Comisaria se dirigieron, siguiendo la calle de Ciudadanos, hacia el Ayuntamiento. Al pasar ante el Banco Arus, Cosme Vila miro hacia los grandes ventanales opacos. Se entreveia una luz dentro. Reconocio la de la mesa del subdirector. El subdirector estaria alli, movilizando invisibles ejercitos contra la Masoneria.

En el Ayuntamiento, el alcalde no estaba; el secretario, tampoco; ningun concejal.

– ?Es que habeis abandonado esto? -pregunto Teo, agitando el papel de protesta en la mano.

Un hombre de edad avanzada salio de un cuartito donde se guardaban los objetos perdidos.

– ?Que pasa?

Vio la multitud afuera, a Cosme Vila con las manos en los bolsillos. Teo le entrego la nota.

El hombre se puso las gafas.

– Cooperativas, Servicios gratis… -Se quito las gafas y miro a Teo-. Y el senor alcalde limpiandoos lo que yo me se, ?no es eso?

Era el conserje fiel: cincuenta anos de servicio.

– ?A callar! -ordeno Teo-. ?Entrega esto al alcalde y que conteste por escrito!

Gorki grito por el altavoz:

– ?Camaradas, ya veis que el recorrido va siendo prodigo en resultados!

La multitud se impacientaba. En aquel momento aparecieron patrullas de guardias de Asalto que por lo visto iban siguiendo la cosa de cerca. Hubo un momento de silencio. Todo el mundo miro hacia Cosme Vila.

Por el lado del rio se oyo, al mismo tiempo, un timbre de bicicleta. Alguien montado en bicicleta pedia abrirse paso. Llevaba un panuelo rojo en el cuello y gritaba: «?Dejadme pasar, dejadme pasar!»

Algunos querian echar el intruso al rio, pero otros reconocieron en el al hijo del sepulturero.

– ?Quiero hablar con Cosme Vila!

El hijo del sepulturero, bordeando los limites de la manifestacion, consiguio llegar a presencia del jefe. Bajo de la bicicleta, saludo puno en alto y le comunico que en aquellos momentos dos falangistas habian entrado en el cementerio llevando algo rojo en las manos.

Cosme Vila enrojecio, pero contesto: «Bueno, bueno, ahora no estamos para falangistas», Y dirigiendose a la multitud ordeno:

– ?Nada, nada! ?Adelante, continuad hacia la CEDA!

La masa se puso en marcha de nuevo. Y al alcanzar el local de la CEDA comprobaron que, en efecto, todo habia sido evacuado por una puerta trasera. Aquello puso furioso a todo el mundo, especialmente a la valenciana. De vez en cuando se apoderaba del microfono el manco de Barcelona y, dirigiendose a la ciudad en general, decia: «?Ciudadanos, secundad nuestra huelga!» Huelga, huelga. Esta era la consigna. Los militantes, enardecidos por el recorrido y por el sol que caia, iban invitando a los comerciantes a cerrar sus tiendas y ostentaban carteles. ?Sobresalian los murcianos, que de pronto habian abandonado al Responsable y se habian unido a Cosme Vila, al igual que los camareros! Cosme Vila sabia que, a partir de aquel momento, empezaba lo importante: la manifestacion ante los cuarteles. Probablemente los oficiales habrian sido avisados. ?Que ocurriria? Era preciso ser prudente.

Cruzaron el Puente de Piedra. Hubo una escena jocosa, pues abajo, en el rio, habia varios pescadores de cana, absortos en su cometido. A los murcianos les parecio aquello una traicion. «?Eh, eh -les gritaron-, que estamos en huelga!»

Y entonces ocurrio lo inesperado. Llego otro mensajero, esta vez un hombre de edad avanzada, obeso, camarero del Hotel Peninsular. A codazos se abrio paso en direccion a Cosme Vila y le comunico en voz alta:

– Camarada… el jefe de Falange y dos desconocidos han asaltado en el Hotel la habitacion del doctor Relken y han dejado al doctor sangrando por todos lados.

Cosme Vila quedo inmovil. Le parecio entender que Falange habia elegido aquella tarde para dar un golpe decisivo. Cementerio, doctor Relken. ?Que mas prepararian?

Cosme Vila recobro la calma. Se acerco a Gorki y le dio instrucciones. Gorki comunico a la multitud el atentado falangista. «?Han irrumpido en la habitacion de un amigo del pueblo, el doctor Relken, y, atacandole tres contra uno, le han causado heridas graves!»

Se oyo un inmenso rugido. Y de pronto gritar: «?Ar… mas, ar… mas!» Cosme Vila habia supuesto que la masa pediria ir al piso de Mateo Santos, en la plaza de la Estacion. Pero ocurrio lo contrario. El instinto les dictaba que antes que otra cosa era preciso pedir armas y ya los mas avanzados habian doblado la esquina en direccion a los cuarteles de Artilleria. Entretanto, el cielo se iba tinendo de un rojo caliginoso, indescriptible. Nubes temblorosas, de tarde, cruzaban el horizonte por el lado de la Catedral, huyendo del sol.

De repente, este cielo grandioso parecio ensombrecerse. Como si algo se interpusiera entre la multitud y el sol. ?Que ocurria? Bandadas de pajaros surgian de los tejados. No eran pajaros, era algo mas leve aun. Eran octavillas que descendian con lentitud por el espacio, remontando a veces a pesar de la falta de aire.

El desconcierto duro un segundo tan solo. ?Octavillas de propaganda! Todo el mundo, incluso el propio Gorki, imagino que era una sorpresa que les habia preparado Cosme Vila, y los brazos se levantaron esperando los papeles.

Por fin Gorki, desde un taxi, tomo, arrugandolo, el primero que se puso a su alcance. Lo desdoblo y se dispuso a leerlo ante el microfono. Pero en aquel momento Cosme Vila se lo arranco de las manos.

«?Espanoles…! ?Os habla Falange Espanola! ?Hoy hemos puesto cinco rosas rojas en la tumba de Jaime Arias, porque entendemos…»

Cosme Vila apreto los dientes. Y al mismo tiempo oyo un rumor profundo, de mar bravia. Cada militante agarraba una octavilla pensando que era el Partido Comunista quien le hablaba. Al comprender que era Falange Espanola, barbotaba algo ininteligible. Los guardias de Asalto, con octavillas en la mano, miraban atonitos a los tejados.

Los cuarteles estaban a la vista. «?Armas! ?Armas!» Cosme Vila se puso en marcha, todo el mundo le siguio.

El centinela, al ver la muchedumbre que se acercaba, salio de la garita. «?Cabo guardia…!» Este salio. Llamo al oficial. Un alferez joven que se dispuso a esperar al emisario.

El emisario fue, como siempre, Teo. El alferez tomo la nota en sus manos. «Teniente Martin, Milicia Popular, entrega de armas…»

El alferez miro al gigante. Luego grito:

– ?Guardia, a formar!…

Salieron los soldados y la guardia formo. Algunos de los soldados habian asistido a la Asamblea del Partido Comunista y sonreian bajo el casco. El alferez, en cambio, era amigo del teniente Martin y, sobre todo, sentia gran respeto por el comandante Martinez de Soria.

El alferez dijo a Teo:

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