leer, al final, «?Viva Rusia!», se echo hacia atras en la silla. ?Que habia ocurrido en el pais para que centenares de pechos espanoles aclamaran a un dirigente llegado de tierras del Este, para que en las calles se vieran carteles aconsejando a madres espanolas que adoraran a Stalin? ?Donde estaban los responsables de todo aquello? Todos, todos eran responsables. La masa fanatizada era la mas excusable. Los gobernantes, los de ahora y los de siempre, y las empresas que ganaban millones, los hombres que, con la pluma o de palabra, procuraban extirpar el concepto de Patria. ?Ahi estaban los corazones buscandose otra lejos, en la frontera asiatica…!
Su padre rondaba en torno de Mateo, con aire compungido, pues llevaba diez dias sin saber nada de Cartagena. «?Sabes algo de tu hermano?», le pregunto. Mateo le contesto: «Continua en la carcel, pero esta bien».
Don Emilio Santos sufria enormemente. Suponia que si habian soltado a Mateo era para que con el no se perdiera el hilo de la trama, y porque sabian que el muchacho daria el pecho mas que nunca.
– Hijo mio -le dijo-. Te adverti que todo esto me parecia peligroso. Verdaderamente, ahora no se que pensar. A veces pienso que tienes razon, y que todos tendriamos que hacer como tu. Sin embargo, te noto en los ojos algo que no me gusta. Me parece que tu pecas por el otro lado, y que si pudieras harias con ellos lo que ellos estan haciendo contigo y con tu hermano. ?No olvides nunca mis consejos! En ultima instancia el amor puede mas que el odio. Procura estar seguro de que obras por amor, no por lo contrario.
Mateo, por primera vez en mucho tiempo habia asido del brazo a su padre y se lo habia estrechado con fuerza. Tambien por primera vez en mucho tiempo don Emilio Santos vio que su hijo se disponia a salir sin la camisa azul. Sin la camisa azul, en el exterior: la llevaba bajo la otra, y a la criada el detalle no le habia pasado inadvertido.
Con el eco de las palabras de su padre en los oidos, el muchacho se habia dirigido a casa de los Alvear, encontrandolos sumidos tambien en la mas completa confusion. Ignacio tenia ante los ojos un ejemplar de las bases y decia, con angustia: «En el Banco han caido bien…» Matias, al ver a Mateo, se quito los auriculares de la galena. La presencia del muchacho no le ayudo a despejar la calidad sombria de sus pensamientos. Continuaba creyendo que los temperamentos como Mateo influian en que las cosas llegaran a extremos tan inverosimiles. Sentia cierto apego por el muchacho; dificil no querer a quien su hija queria tanto. Pero hubiera preferido un abogado de pleitos mas tranquilos, o un funcionario de Telegrafos. Cuando supo que Julio habia conseguido hacerle perder practicamente el conocimiento con un foco de luz, sintio por su amigo de la infancia un inmenso desprecio. Y tras la ambicion de Julio oyo tintinear, como siempre, los brazaletes de dona Amparo Campo. Ahora estaba seguro de que don Emilio Santos tenia razon: Mateo daria el pecho mas que nunca, buscaria otro local, buscaria, a ser preciso, las catacumbas. Alla se reuniria con los que quedaran, con los que ingresaran de nuevo; con Marta.
Matias Alvear tambien contemplaba las bases de Cosme Vila, y le dijo a Mateo:
– Si, ya veis adonde hemos llegado. A las doce de la noche querian obligarme a mandarle un telegrama a Stalin.
Carmen Elgazu estaba inquieta porque habia quedado con Marta en que irian juntas al cementerio a llevar flores a la sirvienta. Abrio la ventana que daba al cielo de mayo. Y viendo que nadie decia nada, pregunto, dirigiendose a Mateo:
– ?Estais seguros de que es un acierto haber colocado al Rubio de asistente del comandante?
Mateo le pregunto:
– ?Por que no?
– No lo se.
Mateo contesto:
– El Rubio es un amigo mas fiel de lo que podria serlo cualquier otro mas de acuerdo con nuestras ideas.
Ignacio opinaba lo mismo a este respecto. Estaba convencido de que se podia contar con el Rubio en caso de necesidad.
Marta dijo:
– Claro que se puede contar con el. Mi padre le quiere mucho. En seguida ha aprendido a montar. Ademas, es un ironico. Hemos encontrado al Responsable paseando solo por la Dehesa y se ha detenido y desde lo alto del caballo le ha dicho:
Carmen Elgazu sirvio el cafe a Mateo y le pregunto:
– Asi que Julio, como siempre…
Mateo dijo:
– No puedo quejarme. Me dejo en libertad.
Pilar le pregunto:
– ?Que crees que pasara ahora…?
Mateo se tomo el cafe de un sorbo.
– Ahora… Julio rechazara las bases. Habra huelga. Probablemente tiros. Pero, por lo pronto -anadio-, el doctor Relken se enterara de que con Espana no se juega…
Todos le miraron perplejos. Carmen Elgazu se sento frente a el en la mesa y le dijo:
– ?Ale, ale, no hagais tonterias! ?Todavia quereis armar mas jaleo! ?Santo Dios! -anadio-. Pronto no podremos ir ni siquiera a misa.
Julio habia sonreido con tristeza al leer las bases. Habia en ellas algo que no perdonaria jamas: que se propusiera la sustitucion del jefe de Policia. Apenas habia terminado de leerlas, el Comisario irrumpio en su despacho llevando otra copia. «?Monstruoso, monstruoso!», clamaba. Julio, al verle, dijo: «Comisario, esto va a ser duro. Hay que hablar inmediatamente con el general».
Julio paso una hora examinando de cerca la obra de Cosme Vila. Llego a la conclusion de que, de acceder a sus pretensiones, la ciudad desembocaria en una pintoresca situacion: Cosme Vila, comisario; Gorki, jefe de Policia; Teo, alcalde, etc. Los obreros invadiendolo todo; los demas no tendrian derecho ni siquiera a jugar al domino en el
Julio recibio un numero incalculable de visitas. Todos los ocupantes de cargos cuyo relevo estaba previsto, se personaron en Jefatura a verle. El Inspector de Trabajo le dijo a Julio: «?Menudo favor me hizo Largo Caballero mandandome aqui! Primero un petardo; ahora, un punterazo en salva sea la parte». El juez de Primera Instancia detallo en un informe interminable los atropellos juridicos que todo aquello implicaria. «Por ejemplo, el cargo de juez, comprenda usted…» Julio le interrumpio:
– ?Claro que le comprendo, mi querido amigo! ?Claro que le comprendo!
A Julio toda aquella gente le parecio cobarde. Todos aquellos seres suplicantes que desfilaban por su despacho eran personas mayores, con una carrera, con experiencia de la vida; visiblemente el espectaculo de un millar de gorros ferroviarios dirigiendose hacia ellos les amputaba toda facultad de razonar, toda confianza en si mismos o en las leyes de la astucia.
Julio era el unico que no perdia la cabeza. Era preciso admitir que mucha gente se dejaba llevar por el contagio, por la atraccion que ejercia aquel seismo social y, como consecuencia, en aquellos momentos las bases de Cosme Vila tenian infinidad de partidarios, incluso entre ciudadanos que nunca sonaron con el marxismo; pero el numero de refractarios era tambien considerable. Todos los patronos grandes y pequenos, la masa intermedia de personas cuyas ocupaciones quedaban notoriamente al margen de la casilla «ocupaciones obreras», y que, por lo tanto, tendrian que colaborar en el fondo colectivo sin sacar nada de el.
A Julio le parecia que por ahi habia errado Cosme Vila. Pasada la primera sorpresa, empleados de Banca, funcionarios de toda suerte, las propias clases del Ejercito, los guardias de Asalto, aparejadores, modistas, todos aquellos cuyas manos no salian encallecidas de la jornada de trabajo, se levantarian contra sus pretensiones de dominio absoluto. Ademas, se produciria la escision: en una misma fabrica los que trabajaran en las maquinas se considerarian proletarios, y, en cambio, negarian tal titulo y las ventajas inherentes a el al cajero y a los demas empleados del despacho.
– Ahi Cosme Vila ha perdido un punto -le dijo Julio a Antonio Sanchez-. Lo inteligente es ganar posiciones creandose el menor numero posible de enemigos. A menos -anadio- que se disponga de una superioridad numerica o material aplastante, en cuyo caso lo mismo da. Pero a esto no ha llegado Cosme Vila.
Y por ello sospechaba Julio que Cosme Vila se habia opuesto la creacion de la Milicia Popular armada; porque
