Pilar, que estaba en la ventana de su cuarto, ajena a cuanto ocurria, grito: «?Que haces?» Ignacio se retiro y cerro los postigos con estrepito. La muchacha entonces miro abajo, al agua; y le dio tiempo de ver como la corriente se llevaba lentamente la gran carcajada de don Santiago Estrada.

Y no obstante, la finalidad perseguida por Cosme Vila habia sido conseguida. En los cafes, los comentarios ironicos en torno a las fotografias se multiplicaron. Raimundo, extranamente agresivo desde la guerra de Abisinia, pego en la pared la correspondiente a «La Voz de Alerta». En el Banco era opinion unanime que Laura y el notario Noguer hubieran debido ser respetados; en cambio, el pinchazo del baston de don Jorge a una patata tuvo gran aceptacion.

Todo quedaba preparado para la Asamblea General. Murillo estaba tranquilo, pues Cosme Vila no le habia dicho nada con respecto a la venta de la imagen. A Teo, una alusion a su hermano Jaime Arias, hecha en el Suplemento, le lleno de gozo, apaciguandole en parte de la rabia que le mordia por el atentado del teniente Martin. Toda la masa de afiliados al Partido Comunista vivia horas de fiebre, sobre todo porque se anuncio que estarian presentes en el Teatro Albeniz varios dirigentes comunistas de Barcelona, y probablemente el camarada Vasiliev. La misma bomba numero cuatro acabo siendo considerada una habil jugada del jefe.

Cosme Vila no se movia de su escritorio, abriendo ahora un cajon, ahora otro. Su mujer le queria mas que nunca; sus suegros solo dejaban de pensar en el en los instantes estrictos en que tenian que cerrar el paso a nivel.

El jefe estaba satisfecho porque veia que abria brecha en la ciudad. Antes de las elecciones, la casi totalidad de afiliados eran obreros de fabrica; ahora sabia que algunos estudiantes de matematicas se habian declarado comunistas en sus conversaciones, y al pasar el noto que le miraban con gran curiosidad y cierto respeto. Se hablaba de un practicante del Hospital, comunista. De un profesor del Instituto, de varios intelectuales solitarios, y aun de alguna persona hacendada.

Don Santiago Estrada pregunto en el Casino:

– ?Como es posible que una persona hacendada sea comunista?

Nadie le dio una explicacion satisfactoria.

Casal se quedo muy sorprendido al recibir una invitacion personal de Cosme Vila. «Tienes una silla reservada en el escenario, en la Presidencia.» Lo mismo les ocurrio a David y Olga: otras dos sillas reservadas.

En cambio, el doctor Relken no acertaba a explicarse que su nombre hubiera sido olvidado. Se sirvio un vaso de agua y le dijo a Julio: «Asistiendo el ruso, han preferido mantenerme apartado».

Casal sospechaba que la invitacion de Cosme Vila no tenia nada que ver ni con las relaciones personales ni con buenos deseos de solidaridad.

Por otra parte, David y Olga se habian sentido picados en lo mas vivo de su curiosidad. En la invitacion que recibieron, una posdata de puno y letra de Cosme Vila decia: «Vuestra presencia seria interesante, pues para el plan de reforma de la ensenanza que pensamos presentar, contamos con vuestro Manual de Pedagogia».

Estas palabras llenaron a los maestros de un jubilo que les resultaba dificil disimular. La verdad era que la Generalidad continuaba no dandoles sino vagas esperanzas respecto a su Manual. Como inspectores del Magisterio de la provincia, podian distribuir plazas, sancionar, crear nuevos centros docentes y prohibir el uso del habito: pero en el regimen interior de las escuelas, la tradicion levantaba contra ellos obstaculos a menudo insuperables. Propuestas como las de lavar semanalmente la cabeza a los alumnos o de dedicarlos a la agricultura, habian sido recibidas con hostilidad por parte de algunos maestros. Otros habian implantado, por cuenta personal, reformas cuya audacia se revelaba excesiva.

Ante la ayuda sugerida por Cosme Vila se mostraron partidarios de asistir a la Asamblea. Casal les dijo: «Pues bien, yo os acompanare».

Julio, en cambio, declino la invitacion que tambien habia recibido. Lo mismo que el Comisario. Desde la reunion de la Comision de Seguridad cualquier iniciativa de Cosme Vila les parecia sospechosa. «Que se ande con cuidado -comento Julio en aquella ocasion-, que la caballeria esta deseando volver a salir.»

Cosme Vila habia solicitado la presencia de una patrulla de Guardias de Asalto. Segun el, la celula trotskista, al anuncio de la llegada del camarada Vasiliev, preparaba una accion contra este.

La Asamblea estaba anunciada para las nueve de la noche. Y sin embargo, a partir del cierre de las fabricas se noto alrededor del Teatro una gran efervescencia, y se veian caras desconocidas, de tipo rural, llegadas de toda la provincia. El Responsable y Porvenir, en un cafe, dudaban entre hacer algo o aceptar en silencio el fracaso de su movimiento, fracaso que llevaba trazas de convertirse en definitivo.

En realidad habian transcurrido pocos dias desde la presentacion de las bases anarquistas. Los ochocientos huelguistas continuaban, por lo tanto, en la brecha; pero se notaba entre ellos evidente desanimo, pues las maquinas zumbaban a pesar de todo, y en muchos hogares habia aparecido inevitablemente la negra miseria. Los anarquistas decaian de una manera especial al anochecer, al encenderse todas las luces de la ciudad. Entonces comprendian hasta que punto su sueno habia sido breve. Comentaban entre si las cuarenta y ocho horas en que Gerona habia quedado a oscuras, en que la gente andaba por las calles palpando la pared. Especialmente, Santi no se hacia a la idea de que la luz hubiera vuelto.

Ahora el Responsable le decia a Porvenir:

– A nosotros nos fastidiaron por el mero hecho de pedir Control. Ahora esos animales pediran mucho mas y todo el mundo mutis.

Porvenir contestaba:

– Por burros. Debimos pedirlo todo, hasta la abolicion de la moneda.

Y no obstante, ninguno de los obreros que se iban concentrando frente al Teatro se acordaba ya de la huelga anarquista. En cambio, para muchas empresas su prolongacion se revelaba fatal. Los Costa, sobre todo, estaban desesperados. Sus mujeres les decian: «?No! ?Si terminareis haciendonos caso y nos iremos todos a vivir a Pais!» Laura habia llegado con su cancion a complicar aun mas las cosas. A ella no le importaba ni la huelga ni la Asamblea; a ella le importaba su marido detenido, «La Voz de Alerta», sobre todo porque mosen Alberto le habia dicho: «Si no se espabila usted, y por poco que los comunistas metan mano, los quince dias de arresto se convertiran en quince meses».

Los Costa le contestaban: «?Que podemos hacer? El arresto es legal. ?Creeis que podemos alterar el Codigo?»

Mosen Alberto habia aconsejado a Laura que removiera cielo y tierra. El sacerdote pretendia estar al corriente de las bases que habia preparado Cosme Vila, de acuerdo con los jefes comunistas de Barcelona y con el profesor del Instituto recientemente ganado por el marxismo. «Se trata de una autentica revolucion de tipo sovietico, de poner la provincia en manos de la turba.» El notario Noguer creia que exageraba.

La minuciosidad de los informes de mosen Alberto contrastaba con la ignorancia absoluta en que se encontraba la propia masa de afiliados comunistas respecto a lo que oirian aquella noche en el Teatro Albeniz. A medida que avanzaba la hora, la Plaza se abarrotaba y se oian comentarios de todas clases. «?Vamos a dar un ultimatum que pa que!» Otros aseguraban que se pediria sentencia de muerte contra el teniente Martin y convertir los cuarteles en locales para el pueblo, «como se habia hecho en Rusia».

Ante la aglomeracion que se producia, los porteros del Teatro decidieron abrir las puertas, aun cuando faltaba una hora para empezar. Y en poco mas de veinte minutos el local se lleno. Porvenir, desde el cafe, dijo, viendo las colas: «Hay mucha hembra»; y era verdad. Muchas mujeres, algunas llevando carteles que decian. «?Viva Rusia!» Los que decian: «?Viva el camarada Vasiliev!», estaban en la estacion, rodeando al Comite Ejecutivo del Partido, en espera de la llegada del tren.

En el momento en que los altavoces del Teatro anunciaron la entrada en Gerona del camarada Vasiliev y de los jefes comunistas de Barcelona, una ola de emocion estremecio a la multitud. El hijo del sepulturero se subio a la butaca. Todo el mundo miraba a la puerta de entrada, pero los altavoces comunicaron que los oradores harian su aparicion directamente en el escenario.

Eran muy pocos los que conocian a Vasiliev. Su imagen no habia aparecido ni siquiera en El Proletario. Algunos recordaban una fotografia que publico El Dia Grafico, en la que se le veia en el puerto de Barcelona, puno en alto, recibiendo a unos marinos de un petrolero ruso.

Por ello su entrada en el escenario, rodeado de dirigentes, fue doblemente espectacular. No hubo necesidad de presentaciones entre el y la masa. Una cabellera blanca un poco anarquica, gafas con cristales de doble espesor, cuello poderoso. Su tez, mate, contrastaba con el moreno meridional. Con dos manos de gestos secos saludo a la multitud. Y en el instante en que los altavoces iniciaron La Internacional, su

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