comprendia que a local o posicion ocupados corresponderia una interminable lista de descontentos. Y, en realidad, este era el aspecto que Julio consideraba mas grave de las bases: la Milicia Popular. El jefe de Policia sabia que mientras los guardias, los caballos, los fusiles y las porras estuvieran a sus ordenes, en un momento podria restablecer la normalidad, como habia ocurrido cuando las barricadas de los anarquistas.
Tambien el general estaba furioso por lo de la Milicia. Cuando Julio le llamo por telefono, contesto: «?Es absolutamente intolerable, y lo que deberian hacer ustedes es meter inmediatamente en la carcel a toda esa gentuza!»
Julio no compartia la opinion del general. Julio no perdia la cabeza, pero al advertirle al Comisario que la situacion era dificil, hablo sinceramente… Los acontecimientos tomaban una direccion que nunca hubiera previsto y haria falta un gran tacto. Un instante en que Antonio Sanchez salio del despacho, le parecio sentirse fatigado. Se puso a jugar con la llave del cajon del escritorio, introduciendola en la cerradura y sacandola de ella. Penso un momento en Carmen Elgazu: «El odio a la religion los ciega a ustedes». De pronto, al ver el retrato de Jose Antonio, que, aunque puesto de cara a la pared estaba alli, se levanto indignado consigo mismo. Dijo: «Manos a la obra». Y tomo el listin de Telefonos y llamo a los Costa y a Casal. Su decision de rechazar las bases en bloque - acaso con ligeras salvedades- estaba tomada.
Cosme Vila habia concedido ocho dias de plazo. En aquellos ocho dias era preciso crear un dispositivo que pulverizara los efectos de la huelga en el momento en que esta se produjera.
Los Costa contestaron a su llamada. Al reconocer la voz de Julio, lanzaron una exclamacion de jubilo. ?Por fin! Los Costa no le perdonarian jamas a Cosme Vila que los hubiera incluido en el Apendice del
Tambien a Casal le alegro la llamada telefonica, a pesar de que al jefe socialista las bases no le daban ningun miedo. Al oirlas en el Teatro ya tuvo la seguridad de que serian un fracaso. Y luego se habia afincado en su opinion. Los militantes de la UGT y otras personas neutrales consideraban todo aquello una aberracion. Su propia esposa le habia dicho: «Francamente, cuando vea a la mujer de Cosme Vila le dire lo que pienso de esto». Solo los camareros le habian indicado a Casal: «Pues desde luego seis horas de trabajo no esta mal…»
No obstante, algo preocupaba a Casal: la lucha que adivinaba en el interior de David y Olga. Se daba cuenta de que David y Olga vivian unas horas de autentica prueba. Casal los sabia demasiado enteros para renegar de sus ideas a cambio de imponer el Manual de Pedagogia. Sin embargo, antes que otra cosa eran maestros; la profesion los obsesionaba.
Antes de salir para Jefatura les pregunto:
– Supongo que, haga lo que haga, estareis conmigo…
David y Olga se escandalizaron.
– ?Naturalmente! -contestaron. Olga anadio-: La actitud de Cosme Vila es canallesca.
Ignacio no lograba comprender que su ex companero de trabajo Cosme Vila hubiera llegado a tales extremos. Tampoco conseguia olvidar la ofensa que le infligio al ridiculizar a Marta en
En este estado de animo influyo mucho la actitud de los del Banco, que sin ser comunistas asistian divertidos al espectaculo. Y ademas… la perdida de la calma que le habia aconsejado mosen Francisco. Volvia a estar nervioso. Y ya llevaba tiempo sin confesar.
Ignacio habia rechazado por absurdo el proyecto de subir al local del Partido Comunista y obsequiar a Cosme Vila con un punetazo. Pero deseaba con toda el alma que la revolucion de este fuera un fracaso. Confiaba en que Julio en aquellos ocho dias daria pruebas de eficiencia. Matias le decia: «Pues claro que si, ya veras, ya veras».
Ocho dias de espera. Cosme Vila habia dicho: «Durante estos ocho dias todo el mundo al trabajo y a cumplir con su deber». Era curioso que los hombres anduvieran constantemente perdonandose la vida, concediendose plazos. Aquello permitia, claro esta, muchas cosas. Por ejemplo, respirar y darse cuenta de que una vez mas habia estallado la primavera, de que crecian flores y la hierba estaba hermosa en el valle de San Daniel, aun cuando el arquitecto Ribas no se acordara de ir a pintarla con su caballete portatil. Permitia contemplar a Pilar dando pruebas de gran entereza, contando, a pesar de todo, anecdotas del taller de costura, en el que por lo visto el buen humor no habia menguado. Permitia contemplar a
?Bendita tregua, que permitia reflexionar! ?Que se proponia Mateo respecto del doctor Relken…? «Se enterara de que con Espana no se juega.» A Ignacio le parecia adivinar, y temia que las consecuencias fueran graves para su amigo. Por otra parte, faltaban quince dias para los examenes y Mateo se habia retrasado mucho. Sin contar con que el muchacho tenia prohibido ausentarse de la localidad. ?Como haria para examinarse en Barcelona? El profesor Civil sufria por ello, ademas de que la noticia de que su hijo Benito era de Falange le habia acortado la vida.
Ocho dias de espera. El sabado, Mateo le propuso a Ignacio ir precisamente al valle de San Daniel. Ignacio le acompano. Anduvieron en silencio, contemplando la naturaleza. El Galligans, convertido en arroyo, el camino que lo bordeaba, la tapia del convento de clausura. Al otro lado de la tapia se erguian unos cipreses… y se oian risas. Las monjas. La media hora de recreo al dia. Se decia que en aquella media hora podian reir y saltar y perseguirse por el jardin… entre cipreses. Mateo se detuvo para escuchar estas risas. ?Estarian las monjas al corriente de lo que ocurria en la ciudad?
Mateo penso en Cesar. Arranco un poco de hiedra de la tapia. Luego la tiro, porque no olia. Cantaban las ranas en el arroyo. Cruzaron un pequeno puente de madera. Con solo volverse veian aun el campanario de la Catedral. Flores, flores silvestres entre los prados, en las orillas del camino. Margaritas, amapolas. Los perros se paraban para ver a los dos muchachos. Era la tregua, que permitia reflexionar, que permitia el despliegue dulce de la primavera.
Mateo dijo por fin:
– A veces uno tiene ganas de irse a vivir a una isla.
Ignacio no contesto. Mateo se le acerco y le asio del brazo un momento.
CAPITULO LXXIV
La reunion que Julio tuvo con los Costa y Casal, a la que asistio el doctor Relken en calidad de consejero, fue un fracaso. El plan de Julio era conceder a Cosme Vila algo de lo que pedia -para dar impresion de imparcialidad- y negarse a todo lo restante. Pero al precisar este «algo» fue cuando se produjeron las discrepancias.
Cuando Julio sugirio acceder a la clausura de los locales derechistas, los Costa se opusieron a ello en nombre de la libertad de asociacion que preconizaba la Republica. Cuando sugirio la clausura de los conventos, se opuso Casal en nombre de la libertad de cultos. Las Cooperativas obreras, subvencionadas por los bienes del Obispado y los Bancos, a los Costa les parecieron una patochada. No hubo acuerdo.
Ni siquiera el doctor Relken, con su eterno sonsonete de «unidad», consiguio mejor resultado.
De modo que, despues de prolijas discusiones, los reunidos se dispersaron. ?Y, sin embargo, era preciso hacer algo en contra de Cosme Vila! Los Costa decidieron apelar a la Generalidad, Casal consulto con Barcelona y el Partido Socialista le contesto: «No es cosa de que por un puntillo de provincias echemos a perder las buenas relaciones que nos unen con el Partido Comunista». Por si fuera poco, la logia le ordeno: «Atengase a las normas generales del Sindicato».
Y, no obstante, nada de ello altero la decision de Julio: las bases fueron denegadas. Julio, de acuerdo con el Inspector de Trabajo, publico la nota oficial. Solo se accedia a la numero cinco: clausura de los locales de los partidos derechistas y del taller en que se imprimia
Apenas la radio y
