«?Caray con el doctor! Mucho ateismo y comprando santos». Tambien el subdirector se indigno ante el hecho de que el doctor arramblara con obras de arte de la provincia. «Es la continuacion de lo que hicieron los masones ingleses al quedarse con las catedrales catolicas», dijo. Y tambien se indigno Cosme Vila. La accion de Murillo le saco de quicio. Si Cosme Vila consideraba grave un delito en un militante comunista, era este: sacar provecho de un acto de servicio. Pero aparte estas reacciones sueltas, la ciudad no hizo el menor caso de la noticia. Se esperaba el juicio del teniente Martin. Esto era lo importante. Esto, y la ejecucion de los acuerdos de la Comision de Seguridad, cuyos resultados se iban conociendo.
Todo el mundo sabia que don Jorge y «La Voz de Alerta» circulaban por los pasillos de la carcel como tigres enjaulados. Jocosas anecdotas relativas a su comportamiento corrian de boca en boca. Unos contaban que a «La Voz de Alerta» le dolia terriblemente un diente y que, separado de su clinica, habia pedido al gitano que se lo arrancara por el empirico metodo del cordel. Otros decian que el campesino que persiguio a un hermano suyo con una hoz, por entre los pajares, habia escamoteado de noche el hongo, los guantes y el baston de don Jorge, y ahora armado con estas prendas, perseguia al rentista y a los guardianes. Todo el mundo se reia. Algunos decian: «Deberian dejar ver todo eso los jueves y los domingos». Respecto a Octavio, Haro y Rossello se contaba que se pasaban las horas en el calabozo cantando himnos subversivos, como el de La Legion, el de Falange, el
Se suponia que todos estos detenidos tardarian mucho en ser puestos en libertad, pues a medida que el sumario avanzaba, nuevas acusaciones aparecian contra ellos. Respecto de Mateo, se decia que ahora pensaba celebrar las reuniones en el bar Cocodrilo. Alguien criticaba que hubiera sido puesto en libertad. Otros respondian: «Lo han hecho para ver si se hunde hasta el cuello». Varios fumadores aseguraban haber encontrado folletos clandestinos de Falange en los paquetes de picadura que la Tabacalera distribuia. Por otra parte, algunos soldados habian visto al muchacho hablando con el comandante Martinez de Soria en la Sala de Armas. «Fue alla donde le entrego la carta.» «Se les va a caer el pelo.» «Hay guardias civiles complicados en el asunto.»
La denuncia de
Los estudios de este tipo interesaban grandemente a los lectores. Y sin embargo, ninguno de ellos obtuvo tanto exito como el numero extraordinario de
Fue un numero de dieciseis paginas, con un suplemento. Excelente papel, cubierta llamativa, impresion impecable. Tirada enorme, reparto gratis en Gerona y la provincia.
Cosme Vila habia tenido la inteligente vision de abarcar a un tiempo lo mitologico y lo inmediato: con ambas dimensiones consiguio interesar a todo el mundo. Lo mitologico fueron las dieciseis paginas dedicadas integramente a Rusia, lo inmediato fue el suplemento, dedicado a personas y sucesos de la localidad.
Fueron varios dias de trabajo intenso, que a la postre se vio compensado. El reporte sobre Rusia lo preparo Gorki.
En la portada se veia a Stalin sentado en el Kremlin. A sus pies miles de obreros aclamandole con rostro feliz. Arriba, en dos medallones poeticos, Marx y Lenin contemplaban, desde el mas alla, su obra.
En el interior iba el reportaje, con fotografias y documentos veridicos. Los comunistas gerundenses quedaron boquiabiertos ante el espectaculo de las gigantescas obras que se realizaban en Rusia, de riegos, vias de ferrocarril, extraccion de minerales, etc… Enormes tentaculos parecian extenderse por todo el pais, multiplicando sus riquezas. Pero, acaso lo que mas les impresionaran fueran las condiciones en que trabajaban los obreros rusos. Los comedores colectivos, las enfermerias, el numero y magnificencia de las piscinas de que disponian en las mismas fabricas, los campos de deporte. «Comparad esta piscina de Novogorod con la de la Dehesa», escribia Gorki en tercera pagina, al pie de un grabado colosal. «Comparad este campo de futbol de Odesa con el de Gerona, cuya utilizacion, obreros, os esta prohibida so pretexto de que destrozais la hierba.» Los militantes de Cosme Vila hundian la nariz en las paginas, husmeando en el Gran Canal, en los comedores colectivos, en las viviendas moscovitas, georgianas. Especialmente Teo, a la vista de aquellas piscinas, se volvia loco, pues su mania continuaba siendo dar saltos desde un trampolin, y comprendia que en Odesa, y sobre todo en Novogorod, podria darlos incluso mortales.
Los afiliados repetian lo que el doctor Relken habia dicho un dia en el Neutral: «Desde luego en Rusia se vive mucho mejor que aqui». Los afiliados estaban convencidos de que la gran masa de trabajadores se componia de voluntarios. En la ultima pagina, Gorki, inserto un grabado representando lo que seria el Metro de Moscu, todo en marmol.
En cuanto al suplemento, dedicado a la localidad, fue tal vez uno de los blancos mas certeros conseguidos por Cosme Vila.
El papel utilizado era inferior al del
En primera pagina aparecia el comandante Martinez de Soria montando a caballo al lado de Marta. El porte de ambos era digno; por el contrario, sus rostros aparecian monstruosos, merced al procedimiento de alargar la boca de oreja a oreja.
Todo el mundo se rio de la doble imagen. Todo el mundo se rio, excepto Ignacio. Ignacio, al ver aquello, palidecio, se le corto la respiracion. Habia encontrado el suplemento en el vestibulo, al regresar del Banco; alguien lo habia deslizado por debajo de la puerta.
Jamas habia sentido ira semejante. Su padre temio que cometiera alguna imprudencia, pues el muchacho miro, papel en mano, en direccion al local del Partido Comunista. «Verdaderamente es una canallada -dijo Matias Alvear, cubriendo con disimulo la puerta del pasillo-; pero ?que quieres? Todo eso se cae por si solo, un dia u otro.» Ignacio, inmoviles las mandibulas, por fin doblo, a distancia, la hoja del semanario, y se encontro ante una nueva fotografia del comandante, esta vez desfilando sable en alto, mientras en un rincon unos obreros pequenos, reducidos de tamano, le miraban con miedo.
Aquello era ingenuo e Ignacio no pudo reprimir un comentario que hirio los timpanos de Carmen Elgazu.
Fue recorriendo las otras paginas, una por una. Y a medida que las doblaba iba comprendiendo la astucia de Cosme Vila. Vio a don Jorge apeado de un taxi en el portal de una de sus propiedades, pinchando con el baston en un cesto lleno de patatas que le presentaba un colono. Vio a «La Voz de Alerta» en el cafe de los militares, inclinado en posicion rastrera, ofreciendo fuego, con su mechero, a un coronel. El pie rezaba: «Dentro de pocos dias, este hombre volvera a sentarse en la redaccion de
Salia don Santiago Estrada del brazo de su mujer, en pleno Puente de Piedra, ambos soltando una carcajada. Luego una fotografia del senor obispo, al que seguian dos pajes sosteniendo cojines morados. Los Costa fumando un puro mientras los obreros salian de la fundicion. ?El hijo del profesor Civil con una octavilla falangista en alto! El notario Noguer, Laura, los capuchones de Semana Santa, un entierro de primera clase, con los plumeros de los caballos recortandose en el cielo azul.
Y en ultima pagina, el golpe mortal, la obra maestra del aparato fotografico de Victor: un clise que representaba el Hermano Alfredo en el patio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, repartiendo caramelos a un grupo de chiquillos. Los ojos del hermano Alfredo, retocados con arte exquisito, expresaban una gran beatitud.
Ignacio, al terminar, se dirigio a la ventana del comedor, la abrio de par en par y tiro al rio el suplemento.
