penal. Los hermanos Costa tuvieron la certeza de que ellos serian los primeros en beneficiarse. ?Ah, el dia que salieran a la calle! Los picapedreros de sus canteras entonarian una cancion… ?y ellos estrecharian por primera vez las manos del coronel Triguero y del capitan Sanchez Bravo!
Carmen Elgazu mejoro. Mejoro hasta el punto que se atrevio a salir para ir a misa y para realizar algunas compras en las tiendas del barrio, donde fue recibida como una reina. Pero caminaba con dificultad, no podia llevar peso y determinados movimientos le estaban prohibidos. Lo cierto es que se le notaba mucho el zarpazo de la operacion. El pelo mucho mas blanco y mas ojeras. Unos anos mas. 'El espejo no engana a nadie', le dijo a Pilar. Sabia que la recuperacion completa era cosa de meses, de modo que convinieron que Claudia, la mujer de la limpieza que iba a ayudarlas solo dos veces por semana, fuera todos los dias. 'Al fin y al cabo -echo cuentas Carmen Elgazu-, es de esperar que Ignacio pronto gane mas. Y la verdad es que ahora yo no soy la misma'.
A Jorge de Batlle le dio por agravarse de forma alarmante en la depresion que lo atenazaba. Sufrio una crisis mucho mas aparatosa que las anteriores. Chelo Rossello, su novia, viendo que el muchacho llevaba dia y medio sin llamarla y sin aparecer por Ex Combatientes, fue a su casa y lo encontro sentado en su sillon, inmovil y con la mirada perdida… La sirvienta le dijo a Chelo: 'El senorito lleva cuarenta y ocho horas asi, sin apenas comer'. Chelo llamo al doctor Andujar y este, al ver el rostro mineralizado, sin expresion, de Jorge, dijo: 'Hay que actuar rapido'. Se llevo el enfermo a su consulta y a la media hora le dio la primera inyeccion de cardiazol. Jorge sufrio angustias de muerte por espacio de unos minutos, hasta que por fin se quedo profundamente dormido. El doctor Andujar le dijo a Chelo Rossello que el ataque de inhibicion de Jorge era feroz y que deberia repetir dicho tratamiento lo menos siete u ocho veces. Jorge, al despertar, no conocia a nadie. Chelo le decia: 'Jorge, carino… Soy yo, Chelo…' Jorge barbotaba palabras ininteligibles. El doctor Andujar estaba atento y su cara revelaba intensa emocion. No obstante, se mostro optimista. 'Es una depresion reactiva -le dijo a Chelo-. Si usted me ayuda, su prometido saldra adelante y tal vez entre luego en un ciclo de euforia'.
La primavera provoco reacciones mas alegres que esta del 'huerfano resentido', como le llamaba a Jorge el chistoso senor Grote. Mas alegres y entranables. Motivo clave: el amor. Los afectados fueron, por este orden, Pablito; luego, Paz; el ultimo, Ignacio.
Pablito, desde que viera a Gracia Andujar hacer de Virgen Adolescente, en la escena de la Anunciacion, sintio tal estremecimiento que, pese a acercarse la epoca de loa examenes, empezo a perseguir a la chica por todas partes con la obstinacion de la adolescencia. Sonaba con sus ojos y con aquella su sola trenza, que se le enroscaba en el cuello como una deliciosa serpiente. Pablito sabia de sobra que el solo tenia quince anos y Gracia diecisiete. Pero pensaba que podria compensarlo estrenando un traje un poco mas serio, peinandose con la raya a un lado y apretandose un poco mas el nudo de la corbata.
Trazose un plan de ataque digno del general. Empezo a enviarle notas, primero anonimas, luego firmadas. Eran madrigales, algunos de ellos con influencias de Rabindranath Tagore. La muchacha se sentia halagada, pero no podia tomarse aquello en serio. Pablito entonces le escribio una larga carta pidiendole que se la contestara. Gracia Andujar opto por continuar guardando silencio.
Pablito se sintio ridiculo. Pero algo muy hondo le decia que un hombre no podia dejar de querer por sentirse ridiculo. Gracia Andujar significaba para el la primavera, los libros de texto y el descubrimiento esta vez concreto, de la mujer. ?Cuando podria hablarle sin prisa, escuchar su voz, adivinar en su rostro si podia acariciar alguna esperanza?
La ocasion se le presento con motivo de la fiesta de San Fernando, patron de los Ingenieros. Celebrose una recepcion oficial en los cuarteles, con un buffet bien provisto, y Gracia Andujar y Pablito coincidieron en ella. Pablito, por fin, pudo acercarse a su razon de ser.
– Me gusta mucho que hayas venido -le dijo.
Gracia, que habia estrenado un vestido rosa palido, precioso, le contesto, riendo:
– Ya lo supongo.
– Te ries de mi, ?verdad?
– No, no, nada de eso. Pero ?que quieres que haga?
– Pues tu papa me invito a visitar el Manicomio. El pabellon de los hombres… -Pablito anadio-: Cualquier dia de estos ire.
– Eso esta bien. Hay que ver esas cosas.
Pablito no acertaba a coordinar. El, que en el Instituto, cuando se le apetecia, hacia gala de una asombrosa facilidad de palabra; que tenia un cerebro tan poderoso que a veces le dolia; que estaba muy fuerte en griego, en latin y en todas las disciplinas de un quinto curso bien llevado, se sentia junto a Gracia y a su trenza unica, un palurdo.
– ?Te molesta que te escriba?
– Pues la verdad, si, un poco. No tiene sentido.
– ?No tiene sentido?
– No, Pablito. Deberias comprenderlo.
– Llamame Pablo.
– No me sale. ?Eres un chaval!
– ?Quieres un emparedado de jamon?
– No te molestes. Me lo tomare yo misma.
Gracia Andujar se aparto… y se fue para otro lado. Donde, casualmente, se hallaba Alfonso Estrada.
Pablito sintio que se le hundia el mundo. Un desanimo ignorado hasta entonces se apodero de el. Abandono la fiesta y, en un estado casi sonambulo, tomo el camino de la Dehesa, los brazos caidos a ambos lados del cuerpo.
Otro amor: Paz Alvear. La primavera le dio a la chica un aldabonazo en el corazon. Pachin, el delantero centro del Gerona Club de Futbol, muchacho atletico, rubio, al que en los cafes los camareros le decian sistematicamente: 'Ya esta pagado', acabo sorbiendole los sesos a la sobrina de Matias.
Hasta entonces habian salido juntos muchas veces, pero la innata seriedad de Paz paralizaba un poco los deseos de Pachin. Pero he ahi que, de repente, todo estallo. Ello ocurrio una tarde en que el futbolista, que acababa de ducharse al termino de un agotador entrenamiento en el Estadio, espero a la muchacha a la salida de la Perfumeria Diana. En contra de su costumbre, aquel dia los dos se fueron andando, a darse una vuelta por la parte de atras de la Catedral, donde habian sido restauradas las estaciones del Calvario, y cuyo paisaje continuaba recordando, por los olivos y la topografia, el huerto de Getsemani. Acodados en la barandilla del mirador, desde alli contemplaron el meandro del rio Ter, que dibujaba una elegante curva en su camino hacia el mar; el campanario de San Pedro de Galligans y, a la derecha, el uberrimo valle de San Daniel.
Todo aquello fue penetrandolos como a veces el rencor o una enfermedad desconocida. Hasta que fue haciendose de noche morosamente, puesto que los dias iban alargandose, y se sorprendieron a si mismos rodeados de soledad.
Entonces, sin saber que les ocurria, se besaron con una fuerza casi desesperada y al mismo tiempo con una gran dulzura. Permanecieron unidos por espacio de un buen rato, hasta que Pachin murmuro al oido de la muchacha:
– Vamonos un poco mas arriba.
Apartandose a la derecha buscaron un espacio libre, con hierba. Lo encontraron a los pies de las murallas, entre bloques de piedra que el tiempo habia ido desmoronando.
Paz habia perdido por completo el dominio de si, en tanto que una fuerza violenta se habia apoderado del atleta Pachin. En un santiamen, como quien descubre un tesoro o que Papa Noel no proviene del otro mundo, la hija de la vulgar Conchi, la prima de Ignacio, conocio por vez primera, de modo total y pleno, el placer y el dano del amor.
No hubo sollozos, ni gritos, ni medio apenas una palabra. A no ser por las murallas, siempre majestuosas, todo hubiera transcurrido en medio de la mayor sencillez. Lo unico, el jadeo de Pachin, que se sintio heroe, aunque esta vez sin la escolta de la multitud que lo jaleaba en los estadios.
Paz no se atrevio luego a pronunciar tampoco una silaba. En cambio, Pachin, ducho en esas lides, comento:
– Nunca hubiera creido que fueras virgen…
Paz, sin acertar a explicarselo, al oir aquello no se enfado. Sintiose aun mas feliz.
– Pues ya lo ves. Lo reservaba para ti…
Minutos despues se levantaron. El atleta rodeo con su brazo el cuello de la muchacha y, fundidos en un solo
