ser, iniciaron el regreso hacia la plaza de los Apostoles y luego se dirigieron al barrio en que vivia la muchacha. Pachin fumaba entretanto y despedia el humo a varios metros de distancia.

Uno y otro notaron que un secreto los unia. Y tambien que la mutua atraccion era fuerte y que aquello se repetiria cuantas veces se le antojase a la primavera.

Llegados a la calle de la Barca, Paz, que paradojicamente iba experimentando un bienestar infantil, contra su costumbre, empezo a reirse de cuanto veia. De una parada de churros, del gitano que pregonaba 'El crimen de Cuenca' y de los cristales, empapelados con calcomanias, del bar Cocodrilo, donde su madre trabajaba.

Hasta que, acurrucado en un portal, vieron un gato gris y pequeno, que visiblemente no tenia dueno. Paz se despego de Pachin y acercandose al gato lo tomo en sus manos con aire maternal. El gatito no protesto. Las manos de Paz le parecieron tambien un tesoro o Papa Noel.

– Me quedo con el. Es mio -dijo Paz-. ?Se llamara Gol!

– Gol, Gol… -Pachin se rio de buena gana. Seguia fumando y echo una bocanada de humo a la cara del animalito gris.

– No seas bruto. Te cogera miedo.

– ?Que va! A mi todos los animalitos me quieren…

Esta vez quien se rio fue Paz. Miro con ternura a su hombre y le dijo:

– Es verdad.

El ultimo afectado por un violento amor primaveral fue Ignacio. La experta y astuta Adela acabo sorbiendole los sesos lo mismo que Pachin a Paz. Lo grave era que Adela se habia enamorado perdidamente del muchacho. La juventud de Ignacio, su inteligencia y su manera de hablar, que tanto contrastaban con la monotonia de Marcos, el aburrido marido que coleccionaba sellos y se miraba sin cesar la lengua ante el espejo, significaba para ella el estimulo apetecido. Adela tenia treinta y cinco anos y rebosaba de pasion. Ignacio subia a verla invariablemente todos los sabados, aunque el temor de ser descubiertos los llevaba incluso a hablar de buscarse algun lugar mas seguro para sus encuentros. Adela llego a conocer tan certeramente la sensibilidad de Ignacio, que era capaz de ocuparle el pensamiento mas alla de toda logica.

Ello trajo como consecuencia que Ignacio se sintiera mas despegado aun de Marta. No obstante, Adela, con mucha malicia, se abstenia de hablar de la muchacha, fingiendo ignorar su existencia. No le convenia herir al respecto la susceptibilidad de Ignacio. Se limitaba a decirle, en momentos de intimidad: '?Te das cuenta? Tu necesitas una mujer muy carinosa, muy carinosa… Que sepa tratarte como yo y susurrarte cosas dulces al oido…'

No se le escapaba a Ignacio la alusion. Y por unos momentos se colocaba a la defensiva y hasta pensaba en Adela con cierto encono. Pero las palabras de la mujer surtian el debido efecto, sobre todo habida cuenta de que Marta, pese a su buena voluntad, era en exceso retraida.

Y el caso es que el muchacho debia tomar, aquella primavera, una determinacion. La ya cercana boda de Pilar lo obligaba a ello, ademas del sufrimiento de Marta, que no cesaba de repetirle: 'Me tienes preocupada, Ignacio… No eres el mismo que regreso de Esquiadores. ?Que te pasa? Dimelo, por favor. Ni siquiera llevas el reloj de esfera azul que te regale con tanta ilusion…'

Ignacio se escudaba en su preocupacion por los examenes y en el mucho trabajo que le imponia el bufete de Manolo. Pero Marta lo sentia lejos. Habia momentos en que no era asi, claro esta. De pronto Ignacio se sentia liberado de la atraccion de Adela y, pensando en la integridad de Marta, hubiera fijado tambien la fecha de la boda: el 12 de octubre. Si, hubieran podido casarse juntos Marta y el, Pilar y Mateo. En alguna ocasion los cuatro habian hecho este proyecto. Pero la reaccion duraba poco. Inmediatamente volvia el desapego. Cualquier nimiedad bastaba para ello; por ejemplo, verla cruzar las Ramblas, marcando el paso, al mando de las 'pequenas' de la Seccion Femenina.

Ignacio, desconcertado, resolvio decidir el pleito antes de ir a Barcelona, a examinarse en la Universidad. De primera intencion penso en consultar el asunto con el profesor Civil, puesto que este los conocia a los dos desde hacia anos. Pero de repente cambio de idea y prefirio hablarlo con Esther, la cual siempre se preciaba de conocer bien a las mujeres. 'Si, Esther conoce a las mujeres. Y podra ayudarme'.

Su entrevista con la mujer de Manolo tuvo caracter decisivo. A Esther la halago que Ignacio, 'que valia lo que pesaba y mas aun', le consultara algo tan serio. Esther, que llevaba para la ocasion un jersey amarillo muy ajustado, pidio a la doncella que les sirviera el te. '?Te acuerdas, Ignacio, del primer dia que subiste a casa? El te no te gusto ni pizca, pero no te atreviste a decirlo'.

– Por favor, Esther, contesta a mi pregunta…

La postura de la esposa de Manolo fue, al principio, cautelosa.

– ?Por que me consultas una cosa asi, Ignacio? Ya eres mayorcito, ?no? Has hecho la guerra.

– Si, pero no me he casado nunca…

Esther jugueteo con la varita de bambu propiedad de Manolo. Por fin se decidio a hablar. En verdad que detestaba las situaciones ambiguas.

– Bien, voy a serte sincera. Yo admiro mucho a Marta. La considero una gran mujer. Una mujer, por supuesto, capaz de hacer feliz a un hombre. Ahora bien… -Esther encogio las piernas y sentandose sobre ellas se acurruco a un lado del sillon-, tus dudas me parecen logicas. No, no estoy segura de que vuestro matrimonio fuera un acierto.

Ignacio no supo si estar contento o no al oir aquellas palabras. Permanecio a la expectativa.

– Explicate, por favor…

– Marta me parece… -prosiguio Esther- un poco dramatica. No se si me expreso bien. Es cerrada, tiene sus ideas y las trascendentaliza demasiado. ?Bueno, tu sabes eso mejor que yo! En cambio, tu… Tu eres libre. Y tengo la impresion de que lo seras cada dia mas. En este caso, el asunto es arriesgado. ?Claro que Marta podria cambiar! Cuando yo conoci a Manolo era tambien un fanatico, y ha cambiado. Pero Marta… ?Puede cambiar Marta? Dios me libre de afirmar que no. Cuando una mujer se casa, y vienen Vos hijos, a veces lo somete todo al amor.

Llegada a este punto, Esther se callo. De nuevo parecio disgustarla verse obligada a ahondar en el tema como lo estaba haciendo. Ignacio, que habia dejado enfriar el te, la invito a continuar.

– Continua, Esther. Te lo ruego…

Esther prolongo su silencio por espacio de unos segundos. Pero por fin movio la cabeza y se encogio de hombros.

– Pues bien -dijo-, creo que he hablado bastante claro. Existe realmente el peligro de que con el tiempo se cree un abismo entre vosotros. Porque es obvio que a ti te tiene sin cuidado la devolucion de Gibraltar. En cambio, Marta grita en las manifestaciones como si fuera a comerse de un bocado las Islas Britanicas o a mister Churchill.

Ignacio se quedo meditabundo. Al rato dijo:

– Todo eso que has dicho, y que me parece cierto… ?lo consideras un impedimento decisivo, a rajatabla?

Esther abrio los ojos de par en par, como en un primer plano de pelicula.

– ?De ningun modo! -el tono de su voz cambio-. Querido Ignacio, aqui hemos omitido la verdadera clave de la cuestion. Porque, la verdadera clave es esta: ?quieres a Marta o no la quieres? Porque, si la quieres, todas mis teorias carecen de valor…

Ignacio se mordio el labio inferior. El dilema de siempre.

– Por favor, Esther… ?Hay algun sistema para saber si un hombre quiere lo bastante a una mujer como para estar seguro de que le perdonara sus defectos?

Esther dejo caer al suelo la varita de bambu.

– Voy a serte franca, Ignacio. A mi siempre me ha parecido que la cosa fallaba por ahi… Que constantemente has de estar 'perdonando' a Marta. Eso significa que te esfuerzas por quererla y que no lo consigues del todo. Fijate en Pilar. ?Le preocupa a Pilar que Mateo sea un exaltado y tenga vocacion politica?

Ignacio abrio los brazos.

– ?Mateo es un hombre! La situacion es distinta, ?no?

Esther movio la cabeza, -Solo en cierto grado…

Ignacio se inmovilizo. Le parecio que le dolia una muela. Encendio un pitillo. Las palabras de Esther le habian hecho mella: 'A mi me parece que la cosa falla por ahi…' ?Cuanto tiempo llevaba dudando? Desde antes de la guerra. Y la verdad era que no habia avanzado un apice y que ultimamente mas bien la cosa iba peor. No solo por

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