culpa de Adela, sino por las cartas que recibia de Ana Maria, en las que esta se firmaba Cascabel.
Esther leyo el pensamiento del muchacho y quiso anadir algo:
– Ignacio, por favor… no querria ser yo la responsable de tu decision. Comprendeme. He accedido a hablarte porque tu me lo has pedido. Pero te repito lo dicho al empezar: el problema es tuyo, de nadie mas. Marta te ama de verdad y, por lo tanto, tu no tienes ningun derecho a prolongar esta situacion.
Ignacio asintio con la cabeza. Y bruscamente se levanto. Se levanto con la intima sensacion de que acababa de dar un gran paso hacia el final.
A raiz de este dialogo, todo fue encadenandose de una manera implacable. Marta se dio cuenta de lo que ocurria. Y dispuesta a retener a Ignacio como fuere, tomo una decision insolita: acompanarle a Barcelona a examinarse. Ello significaba para Marta una increible complicacion, pues la Seccion Femenina habia acordado abrir aquel verano un Albergue Juvenil en Palamos y la muchacha debia dirigirlo, lo que significaba prepararlo todo y luego ausentarse a lo largo de julio, agosto y septiembre…
– Quiero estar a tu lado. ?No faltaria mas!
Ignacio se quedo estupefacto. Pero entonces se dio cuenta de hasta que punto estaba decidido. De un modo espontaneo la obligo a renunciar a su proyecto.
– Te agradezco mucho, Marta, lo que acabas de decirme. Pero ?no te parece una exageracion? Eres la jefe de la Seccion Femenina. ?Que excusa vas a dar?
– Eso corre de mi cuenta… -Marta tuvo un arranque amoroso-. ?Te quiero tanto!
Ignacio se inquieto. Y se demostro a si mismo que la coraza que llevaba puesta era dura.
– Hazme caso, querida… Me basta con el gesto que has tenido. En realidad, no puedo negarte que esperaba que algun dia hicieras por mi algo asi… Pero esta vez quedate… y cumple con tu deber.
Marta, mas intranquila que nunca, lo miro con fijeza.
– ?Es que mi presencia te estorbaria?
– ?Por Dios, no digas eso! -Ignacio apenas si acerto a disimular-. Pero a lo mejor los examenes se prolongan mas de la cuenta… Y por otro lado, necesitare estar lo mas concentrado posible.
Marta se sintio derrotada. Los ojos se le humedecieron. Su expresion era muy distinta de cuando en las manifestaciones pro Gibraltar gritaba como si fuera a comerse de un bocado las Islas Britanicas o a mister Churchill.
– Esta bien, Ignacio. Pero que conste que mi deseo hubiera sido acompanarte…
Ignacio le estrecho con fuerza la mano. Y al hacerlo tuvo la impresion de que se despedia de la muchacha. Esta se fue… y a los lejos su silueta con camisa azul se fundio en la oscuridad bajo los soportales de la Rambla.
Ignacio suspiro. Poco despues noto que lo ganaba una absoluta frialdad. Recordo las palabras de Esther: 'El problema es tuyo, de nadie mas'. ?Claro que si!
El dia 14 tomo el tren para Barcelona. Al igual que Pablito, se habia trazado un plan. La diferencia estribaba en que el plan de Pablito fracaso mientras que el de Ignacio salio redondo.
Al llegar a Barcelona se dirigio a la casa de Ezequiel, donde se hospedaria mientras duraran los examenes. Ezequiel, al verlo, exclamo, contento como siempre: '?Ahi llega el gran hombre!'. Y Rosa, la esposa del fotografo, primero le preparo un tazon de leche caliente… y luego le asigno la cama que Marta ocupo cuando la muchacha se habia ocultado alli, al inicio de la guerra.
Ignacio, desde la misma casa, llamo por telefono a Ana Maria. Y esta acudio al instante a verlo y ya no lo abandonaria hasta el fin de los examenes… ?Lo que no le impediria al muchacho concentrarse! Manana y tarde lo acompanaba a la Universidad y, si era necesario, esperaba horas y horas sentada en un bar cercano. Ana Maria vivio minuto a minuto la zozobra de aquel fin de carrera. Ignacio se habia presentado solo, pues Mateo, por cuestiones de su cargo, habia decidido posponer sus examenes hasta septiembre. Ignacio se habia presentado con su certificado de ex combatiente y pronto se dio cuenta de que los ejercicios lo desbordaban. No estaba, ni con mucho, preparado, pese a los esfuerzos del profesor Civil. A no ser por la certeza de que 'aquellos examenes eran todavia patrioticos', se hubiera sentido abochornado. Pero el ambiente a su alrededor era rotundamente optimista. Especialmente un muchacho de Tarragona, que siempre coincidia a su lado en las pruebas, le decia: '?A que apurarse? Ganaste unas cuantas medallas, ?no? ?Pues firmas Arriba Espana, como en octubre pasado, y san-seacabo!'.
Ignacio siguio el consejo… y acerto.
?Aprobo! Si, Ignacio, en uno de los instantes mas felices de su existencia, muy poco despues del termino de los ejercicios, y gracias a que la calificacion fue dada con vertiginosa rapidez, pudo leer su nombre y sus dos apellidos, Ignacio Alvear Elgazu, en la lista triunfal que el bedel de la Universidad habia colocado en el tablero del vestibulo.
?Abogado! ?Ya era abogado! Ana Maria lo abrazo… Se le echo al cuello un poco como Goering, el perro del doctor Chaos, levantaba sus patas traseras cuando veia regresar contento a su amo. Ignacio no sabia lo que le ocurria. ?Que hubieran dicho David y Olga? ?Que hubiera dicho Julio Garcia? ?Y por que pensaba en ellos en un momento asi? Se encontro casi llorando en la plaza de la Universidad, rodeado de tranvias. Ana Maria, por el contrario, pegaba saltos, e Ignacio viendola se repetia para sus adentros: 'Efectivamente, es un cascabel'.
Se dirigieron a la cercana oficina de Telegrafos e Ignacio envio un telegrama a su padre, calculando, por la hora, que este lo recibiria personalmente y que al leerlo tiraria sin duda al aire el lapiz que siempre llevaba en la oreja, como si fuera un pitillo. Tambien envio un telegrama a Manolo y Esther, otro al profesor Civil… y otro a Marta. Acto seguido, Ignacio y Ana Maria se dirigieron a su bar preferido, el del Fronton Chiqui, y alli se sentaron y se miraron largamente a los ojos, ojos que cambiaban de color a cada instante, confirmando la teoria del doctor Andujar, segun la cual la felicidad es lo contrario de lo inmovil.
– ?Ana Maria!…
– ?Ignacio!…
Al fondo del cafe, dos ancianos fumaban y jugaban en silencio a las damas. La cafetera expres resoplaba, pero Ignacio y Ana Maria se habian aislado como si fueran naufragos en un mundo anterior al pecado original.
En aquellos dias no habian hablado sino de los examenes… Ahora estos quedaban atras. Ignacio sintio algo hondo, al igual que Ana Maria. Por sus mentes desfilaban recuerdos de mar y de balones azules… Y sin darse cuenta, se sorprendian con las manos enlazadas.
Ignacio se sentia tan lleno de Ana Maria que comprendia que debia aclarar de una vez para siempre la situacion. ?No era facil! Dio muchos rodeos. Hablo incluso de la operacion sufrida por su madre, Carmen Elgazu, y, por descontado, de Manolo, en cuyo bufete el encarrilaria definitivamente su destino profesional. Por fin, se decidio.
– Ana Maria -dijo-, hoy es un dia muy grande… Hay otra noticia, ademas del aprobado: estoy completamente decidido a romper con Marta.
Ana Maria retiro su mano. En San Feliu de Guixols, el verano anterior, habia tenido la intima seguridad de que aquello sucederia, de que Ignacio un dia pronunciaria aquellas palabras. Y el comportamiento del muchacho desde su llegada a Barcelona la habia confirmado en esa opinion. Sin embargo, al oirlas en voz alta, silaba por silaba, le penetro algo parecido al miedo. ?Es que podia pasarse asi, de una mujer a otra, en una mesa de cafe?
Ignacio intuyo los escrupulos de la muchacha y le dio toda clase de explicaciones.
– Comprendo tus reservas, Ana Maria. No hace falta que digas nada. Pero he agotado todos los recursos. Ni yo podria hacer feliz a Marta ni ella podria hacerme feliz a mi. Si la conocieras te darias cuenta de que tengo razon. Ambos cometeriamos un tremendo error -luego anadio-: Lo que ocurre es que he sido un insensato llevando las cosas tan lejos…
Ana Maria era feliz por dentro. Se daba cuenta de que Ignacio no mentia, de que esta vez aquello era definitivo. Pero no podia dejar de pensar: '?Si esto me ocurriera a mi, me volveria loca!'.
Por fortuna, Ignacio dio con las frases justas. El necesitaba una mujer alegre, afectuosa y que no tuviera que luchar para colocarlo a el detras de Jose Antonio, o de los Albergues Juveniles, o de los documentales cinematograficos del III Reich. En el matrimonio se jugaba uno la vida entera. Marta encontraria a la larga otro nombre: probablemente, un militar. Cuando la herida se le hubiera cicatrizado. El, desde que conocio a Esther, comprendio que necesitaba una mujer que se le pareciera. Y Ana Maria le ofrecia esta posibilidad. Ana Maria era capaz de jugar al tenis, de enviar crismas y de otras mil cosas por el estilo. Y era femenina por los cuatro costados, hasta el punto de guardarse, como acababa de hacer, los envoltorios de los dos terrones de azucar que
