Ignacio, al reconocer desde el pasillo, al jesuita, no pudo disimular su asombro. Llegaba con el semblante un poco demudado, no se sabia por que. Tal vez por el exceso de trabajo en casa de Manolo.
El muchacho, en dos zancadas, se planto en el comedor.
– Pero, ?padre! ?Cuanto honor! La verdad es que no esperaba…
El jesuita se levanto para estrecharle la mano.
– Ya lo ves, hijo… Has llegado en el momento oportuno.
– ?De veras?
Ignacio, algo desconcertado, beso en la frente a su madre y tomo asiento a su lado, en una silla que Pilar le acerco. Y fue la propia Pilar la encargada de explicarle el motivo por el cual el padre Forteza estaba alli.
Ignacio, mientras escuchaba a Pilar, iba moviendo repetidamente la cabeza. Era evidente que le costaba adaptarse al tema, que llegaba con la mente muy ajena a el. Ello intensifico el cambio de clima que la llegada de Ignacio habia operado en el comedor. No obstante, el muchacho habia visto en seguida el album de las fotografias sobre la mesa. Y aquello lo puso rapidamente en situacion.
– Cesar, claro… -musito, como hablando consigo mismo, sin dejar de mirar el album.
El padre Forteza le dijo:
– Me han contado cosas de gran interes para mi labor. Estoy muy impresionado.
Ignacio, por fin, levanto la vista y la fijo en el jesuita. Y en un tono muy suyo, mezcla de anoranza y de descontento, replico:
– Lo impresionante seria que Cesar continuara sentado aqui con nosotros, en su silla de siempre.
Carmen Elgazu volvio a palidecer. Matias mudo de expresion.
El padre Forteza comprendio al muchacho.
– Por supuesto -dijo-, tienes razon. Desde el punto de vista humano, mejor seria tenerlo sentado aqui… -el jesuita, midiendo bien sus palabras, agrego-: Sin embargo, en un orden… diriamos trascendente, reconocer la santidad de Cesar podria servir de consuelo, ?no te parece?
Ignacio sintio activarse en su interior su atavica rebeldia. Era obvio que su lucha era fuerte. Finalmente respondio:
– Comprendalo usted, padre… En estos casos hablar de consuelo resulta dificil…
Esta vez el tono de voz de Ignacio fue mas duro que antes. Carmen Elgazu miro a su hijo con expectante temor. El juego era complejo y sutil y las vacias copitas de Calisay parecieron notas frivolas. Ocurria lo siguiente: los alli reunidos ignoraban que Ignacio no llegaba de casa de Manolo, sino de casa de Adela. De ahi su contagiosa incomodidad. Ignacio, un cuarto de hora antes, le estaba diciendo a Adela: 'Es terrible. Me doy cuenta de que no puedo vivir sin ti…'
Se habia creado un silencio tenso. El padre Forteza apunto:
– Sin embargo, insisto en que puede ser hermoso pensar que Cesar es ya un angel, y que desde arriba esta mirando, en estos momentos, este comedor…
Ignacio hizo una mueca. Recordo las dudas que respecto al cielo habia expuesto en casa de Manolo y Esther. Incluso penso: '?Por que dice esto el padre, si sabe que a los angeles y a los santos les basta con la contemplacion de Dios?'. Pero cedio. ?Por que cedio? Porque alli estaba su madre, Carmen Elgazu, que lo miraba con aquella expresion dramatica con que lo miro anos atras, cuando el se enfrento con mosen Alberto.
Ignacio realizo un esfuerzo titanico pero consiguio iluminar su rostro y hablar en tono de gran conviccion.
– Tiene usted razon, padre… Si, seguro que Cesar esta en el cielo… y que en estos momentos nos esta mirando.
Carmen Elgazu casi estallo de alegria.
– ?Hijo! -exclamo tomandole la mano con dulzura-. Gracias a Dios que te oigo hablar asi.
La situacion habia dado un vuelco. Las palabras de Ignacio cayeron como una lluvia bienhechora en el comedor. El jesuita miro al muchacho con gratitud, si bien no se le oculto que su reaccion obedecio a un impulso de caracter emocional.
Ignacio, sin embargo, estaba tan contento por haber triunfado sobre si mismo -ademas de que se dio cuenta de que su padre lo miraba tambien con gratitud-, que decidio rematar su buena accion.
– ?Cesar…! -exclamo, como dando a entender que el podria estar hablando de su hermano interminablemente-. A su lado yo era… ?que se yo! Un cobarde -sonrio y anadio-: Y como han visto ustedes, ?sigo siendolo!
El jesuita protesto:
– No digas eso, muchacho. A tu edad, es logico que te formules preguntas… Ademas -prosiguio, en expresivo gesto-, si no lo hicieras asi no serias Ignacio, ?verdad?
Pilar casi palmoteo.
– ?Eso me gusta!
El padre Forteza recogio su bloc de notas, indicio cierto de que daba por terminado 'el interrogatorio'. Entonces Ignacio, viendo la botella de Calisay dijo: '?Hum…!'. Y se sirvio una copita y paladeo el licor.
El clima habla pasado a ser alegre. El jesuita entonces bromeo de nuevo sobre el nombre que oficialmente le correspondia: vicepostulador. 'Todo lo que sea vice -comento-, malo. Significa que la opinion propia no cuenta'.
Ignacio, lanzado a convertir la alegria en euforia, le pregunto al jesuita:
– ?Le han dicho ya que hoy es dia grande en esta casa?
El padre Forteza nego con la cabeza.
– No se a que te refieres.
Ignacio le notifico entonces que celebraban nada menos que el cumpleanos de su padre, Matias.
El jesuita, al oir esto, estuvo a punto de palmetear tambien y se volvio hacia el interesado.
– ?Su cumpleanos! Enhorabuena… -El padre Forteza se incorporo ligeramente hasta conseguir estrechar entre las suyas las dos manos de Matias-. ?Cuantos cumple usted, Matias? ?Cuantos?
– Exactamente, cincuenta y cinco…
– ?Un chaval!
– Y que lo diga. Manana ingresare en las Organizaciones Juveniles.
La sesion, agradable a todas luces, se prolongo por espacio de un cuarto de hora aun. El padre Forteza conto varias anecdotas de su epoca de noviciado y les hablo de la labor evangelica que realizaba en el Japon, en Nagasaki, su hermano mayor, misionero.
Carmen Elgazu pregunto:
– ?Y no corre peligro su hermano en aquellas tierras?
– ?No, no! -contesto el padre Forteza-. Llevar sotana es mucho mas peligroso aqui…
Por fin termino la reunion. El padre Forteza debia regresar al convento… ?a confesar mujeres!
– En la iglesia habra una cola de ellas esperandome…
Pilar le pregunto:
– ?Todavia les impone tanta penitencia?
– ?Mas, hija mia! Pero siempre vuelven… No hay nada que hacer.
La familia en pleno acompano al jesuita a la puerta. Pilar intento besarle la mano, pero el padre Forteza la retiro con habilidad.
– Que Cesar os bendiga a todos… -dijo el jesuita-. Y a mi me ayude a llevar a buen termino esta mision, pues hoy no he hecho mas que empezar.
Dicho esto salio disparado, bajando los peldanos de dos en dos.
La familia quedo sola. Fueron regresando al comedor. Ignacio se metio en el lavabo. Pilar recogio el album y lo devolvio a su cuarto. Matias se dirigio al balcon que daba al rio, en cuya agua rielaban las luces de enfrente, y pronto noto a su lado la callada y feliz proximidad de Carmen Elgazu.
CAPITULO XXXVI
'?No hay bastantes infiernos aqui abajo?'. Esta frase, atribuida al doctor Chaos, tenia justificacion. La guerra clavaba su dardo sobre regiones cada vez mas extensas. Rusia, ademas de apoderarse de los tres estados
