balticos, Letonia, Estonia y Lituania, mordia ahora el territorio rumano, las regiones de Besarabia y Bucovina. Entretanto, Italia, duena absoluta del Mediterraneo central, se disponia a actuar belicamente en Africa, atacando la Somalia Britanica y, a traves de Libia, el propio Egipto, con el doble proposito de inutilizar el pacto de ayuda que este pais tenia firmado con Inglaterra y de apoderarse del Canal de Suez. Pero, sobre todo, habia empezado la 'batalla aeronaval del Canal de la Mancha', preludio del asalto aleman a Inglaterra, que todo el mundo consideraba inminente.
Alemania disponia ya de dos mil millas de litoral, desde Narvik al Bidasoa. Habia ocupado las dos islas normandas, propiedad de Inglaterra, Jersey y Guernesey, y su aviacion habia empezado a trazar cruces gamadas en el cielo ingles. 'Alemania, pais de aviadores', era la frase que podia leerse en la revista germanofila 'Aspa', publicada en Espana. El general Sanchez Bravo, que continuaba clavando banderitas en el gigantesco mapa que Nebulosa habia colgado en la pared, calculaba que la superioridad de la aviacion alemana sobre la inglesa era de ocho a uno: especialmente los Stukas, la fuerza explosiva de cuyas bombas levantaba a los defensores diez o doce centimetros del suelo, empezaban a herir de muerte las ciudades y centros industriales ingleses. Sobre Portland habian volado primero cuatrocientos aviones, luego quinientos, luego un millar. ?Quien detendria las 'alas milagrosas' del mariscal Goering? Inglaterra luchaba en el aire en condiciones de gran inferioridad. Antiaereos, globos-barrera, algunos de los cuales se desplazaban en el espacio y habian sido vistos en las costas de Galicia. El Fuhrer habia pronunciado, en su ultimo discurso, la sentencia inapelable: Delenda est Britannia! Inglaterra tenia que ser aniquilada… 'Y todo ello -expuso Mateo- por la tozudez de un solo hombre, mister Churchill, quien no acepta la realidad de los hechos'.
El general Sanchez Bravo entendia que la 'invasion' de Inglaterra se intentaria en todo caso por via aerea, pues el Fuhrer carecia de la flota necesaria para cruzar el Canal y desembarcar en la Isla. Alemania disponia de submarinos, de lanchas torpederas, pero le faltaban buques de gran tonelaje, aunque se apresuraba a construirlos, al parecer. Inglaterra, en el mar, en el Canal, dominaba, pese a la amenaza de la aviacion. Disponia de varios acorazados, apoyados ahora por cincuenta destructores que el presidente Roosevelt le habia vendido, con cuyo acto los Estados Unidos habian dejado practicamente de ser neutrales, para convertirse en no beligerantes.
El profesor Civil, leyendo los periodicos, que daban por descontado que la ciudad de Londres, tan extensa como la provincia de Alava, desapareceria, experimentaba un malestar creciente. 'Yo no se lo que ocurrira en ultima instancia en el Canal de la Mancha -decia el profesor-. Pero de momento los aviadores de ambos bandos, los marinos y la poblacion civil inglesa que muere y que pierde sus hogares, constituyen una catastrofe irreparable. ?Que insensatez la del mundo, que insensatez!'.
Era curioso que los germanofilos a ultranza, uno de cuyos maximos exponentes era Mateo, no consiguieran sentir pena por lo que ocurria. Por el contrario, las caricaturas que aparecian en la prensa alusivas a lo mal que lo pasaban los ingleses, excitaban su buen humor. En una de ellas, publicada en Amanecer, se veia a un ingles que, acuciado por la falta de viveres, por el hambre, se disponia a comerse a otro ingles. 'No se preocupe -le decia el primero a su victima-. Deme usted su tarjeta e ire a Comunicarselo a su familia'. Mateo, al leer la historieta, solto una carcajada.
Todo esto era de tal modo que la mayoria de las personas contrarias al Eje no se atrevian a opinar. Tenian miedo y se callaban. En cambio, habia otras cada dia mas decididas a hacer publicas sus convicciones. Entre estas se encontraba Agustin Lago. Agustin Lago, en efecto, en una reunion celebrada en Falange para tratar de la organizacion de los proximos Campamentos Juveniles de Verano, se encaro con Mateo, a raiz de una broma de este sobre el destino que los alemanes darian a los miembros de la familia real inglesa. Agustin Lago opuso al Eje una objecion concreta: consideraba que el nazismo y el fascismo eran movimientos anticristianos. Ello le bastaba, al igual que a mosen Alberto. 'Yo pertenezco a la Iglesia -afirmo-, y la Iglesia no puede de ningun modo aprobar ni la doctrina ni los brutales metodos de conquista empleados por Alemania e Italia'.
Mateo se llevo la gran sorpresa. Poco a poco habia ido conociendo a Agustin Lago y habia llegado a sentir por el cierto aprecio. 'Celebro -le replico- que hayas hablado con tanta franqueza. Sabre a que atenerme. Pero ello no evitara que dentro de poco veas a la familia real inglesa en el Canada… o barriendo en Berlin el despacho del Fuhrer'.
Agustin Lago no se inmuto. Saltaba a la vista que el inspector de Ensenanza Primaria habia cambiado mucho desde su llegada a Gerona. Pese a sus ademanes un tanto asepticos y a sus gafas bifocales, se le veia mucho mas seguro de si. Nadie sabia a que se debia tal cambio. El Gobernador lo atribuia a que durante el curso escolar, ya clausurado, no se habia concedido tregua y que al hacer ahora balance, los resultados le habian parecido mucho mas halaguenos de lo que pensara en un principio. Los alumnos, en general, habian trabajo de firme, al igual que los maestros. Mateo atribuia dicho cambio a otra razon: Agustin Lago habia conseguido vencer el complejo que en un principio le produjo la falta de su brazo izquierdo. 'El dia que aparecio en el Puente de Piedra el guardia urbano con su pata de madera, se sintio acompanado. Ya no era el unico mutilado de la ciudad. Ahi empezo a levantar cabeza'.
Agustin Lago hubiera podido contestar: 'Todo esto es verdad, pero no toda la verdad'. Agustin Lago, que pese al calor que se abatia ya sobre Gerona seguia vistiendo con la misma pulcritud de siempre, tenia conciencia de que su actual serenidad se la debia en gran parte a una visita que habia recibido: la de un companero del Opus Dei, de Barcelona, llamado Carlos Godo. No se conocian anteriormente, pero Carlos Godo, arquitecto de profesion, supo de el y tomo el tren y fue a verle. La entrevista entre los dos hombres habia resultado hasta tal punto cordial que Agustin Lago olvido por unas horas el profundo dolor que le ocasionaban la guerra y las actitudes petreas como la de Mateo y gozo del inefable consuelo que en determinadas ocasiones puede proporcionar el subito descubrimiento de un alma gemela.
?Carlos Godo! Estuvieron de acuerdo en todo. En que aquellos que se refocilaban con el dano causado a los demas obraban en desacuerdo con el Evangelio; en que era mas rescatable para la verdad un seguidor de Lutero que un seguidor del credo de Rosenberg; en que el fundador del Opus Dei, el padre Escriva, era un 'elegido'; en que su Obra, que admitia a no catolicos y a gente de todas las razas, estaba destinada a tener proyeccion universal y quien sabe si a remozar por dentro la estructura, un tanto anquilosada, de la propia Iglesia. Habia momentos en que uno y otro, Agustin Lago y Carlos Godo, se reian de si mismos ante tales profecias, pues por el momento el Opus Dei no contaba sino con unos cuantos muchachos dispersos por la geografia espanola, sin tradicion organica y sin apenas contacto entre si. Pero no importaba. Sentian como una fuerza instintiva que les aseguraba que la Idea, la idea de vivir el Evangelio en medio del mundo, en la propia profesion, sin pertenecer a la clerecia y con absoluta independencia, acabaria dando sus frutos. Se sentian un poco 'cristianos primitivos', en su pureza e integridad: continuadores de aquella Iglesia que, gracias a la vision de San Pablo, fue capaz, valiendose de unos cuantos pescadores y del Santo Espiritu, de penetrar en el corazon del Imperio Romano.
Bueno, ocurria eso. El mundo iba cuadriculandose, como muy bien habia presentido el profesor Civil. Al modo como las oleadas de aviones que atacaban a Inglaterra formaban escuadras monoliticas, los hombres que sentian en su carne el zarpazo del catolicismo y aquellos que lo contemplaban desde lejos, pero militando en uno u otro bando, formaban clanes ideologicos en los que el adversario, fuere cual fuere, le resultaba imposible penetrar. Siempre ocurria igual cuando un terremoto asolaba ciudades y conciencias: estas se veian forzadas a elegir. Y los que elegian la misma orilla se abrazaban con entusiasmo y entonaban a voz en grito, o susurrando, identica cancion.
Por ello Mateo se reia de las mismas cosas que Jose Luis Martinez de Soria, y por ello las fotografias, los libros y los slogans que tenia en su despacho eran los mismos que hubieran podido encontrarse en el despacho de cualquier otro falangista de cualquier region de Espana. Asimismo, la habitacion que Carlos Godo ocupaba en casa de sus padres, en Barcelona -habitacion sobria, con un crucifijo y una imagen de la Virgen- era muy semejante a la de Agustin Lago. ?Como iba a ser de otro modo? Sus objetivos eran paralelos, como lo eran los de David y Olga -otro clan, otra tribu-, y los del Responsable y Jose Alvear. Carlos Godo y Agustin Lago, consecuentes con si pensamiento de Camino: 'Ojala fuera tal tu compostura y tu conversacion que todos pudieran decir al verte y al oirte, este lee la vida de Jesucristo', compartian hasta en los detalles mas sutiles el mismo repertorio mental. Repertorio que los llevaba, al referirse a Cristo, a decir 'el Senor'; a no exhibir habito ni distintivo alguno, para parecerse en lo externo lo mas posible a los demas; a comprometerse con Dios de forma total, pero partiendo de la intimidad mas estricta; a dar por sentado que durante mucho tiempo serian incomprendidos, incluso por muchas instituciones religiosas… De lo cual era ejemplo arquetipo el doctor Gregorio Lascasas, quien, escuchando a Agustin Lago, habia convertido repetidas veces sus ojos en dos lineas negras horizontales.
'?No hay bastantes infiernos aqui abajo?'. Agustin Lago, luego de hablar cinco horas consecutivas con Carlos
