remolque en el que, junto a los instrumentos y en unas trampas construidas a proposito, los musicos acostumbraban a ocultar algun que otro quilo de arroz o unos litros de aceite. ?Incluso el bombo habia sido dotado, con el mismo objeto, de un dispositivo especial de apertura y cierre!

Lo habitual en estos regresos, a las tantas de la madrugada, era que Paz, muerta de cansancio, acabara quedandose dormida y roncando. Pero a veces no. A veces, sobre todo si la noche era clara, se mantenia despierta y miraba fuera, viendo como los arboles se amaban en la oscuridad.

Entonces recordaba su epoca de Burgos, su fracaso en Madrid, pero le sonaban en los oidos todavia los '?oles!' y las palabras de Pachin: 'Tu y yo, los amos…' ?Dios, se estaba resarciendo de pasadas y lacerantes humillaciones!

Al arribar a Gerona el taxi, como siempre, iba repartiendo los musicos a domicilio. Al llegarle el turno a Paz, la muchacha se apeaba y se despedia de sus companeros enviandoles con la punta de los dedos un beso. Ambrosio, el contrabajo, le decia: '?Adios, supervedette!'.

La fiesta terminaba ahi. Pues la escalera del piso en el que habito el Cojo se le antojaba siniestra. Tanto, que mientras la subia, procurando no tocar con la mano la pegajosa barandilla, se preguntaba: '?Cuando podremos trasladarnos a otro sitio mejor?'. Gol, el gato, solia esperarla dormido en el rellano. Al oir sus pisadas, se despertaba y abria un ojo para mirarla como diciendo: 'Pronto, pequena…'

Verano, pues, un tanto explosivo, como si un Stuka psicologico hubiera dejado caer unas bombas sobre Gerona y sus aledanos.

La bomba de mayor potencia, no obstante, como no podia menos de suceder un dia u otro, cayo sobre la cabeza del doctor Chaos.

El doctor Chaos, a lo largo de todo el invierno, se habia comportado con gran estilo en el Hospital y en su clinica y con extrema discrecion en lo referente a sus costumbres. Instalado en el Hotel Ciudadanos, en la calle del mismo nombre, recibia ciertamente alguna que otra visita sospechosa, por regla, general soldados o algun muchacho agitanado; pero no habia ley que le prohibiera abrir la puerta de su habitacion, la numero 42, a quien solicitada ver al doctor.

De modo que, si en los circulos oficiales era mirado esquinadamente debido a sus opiniones, y el Gobernador y el comisario Dieguez esperaban la ocasion propicia para caer sobre el, en cambio en la ciudad tenia buen ambiente, sobre todo porque habia sabido conquistarse la simpatia de casi todas las mujeres influyentes, incluida Maria del Mar. Este era un hecho real que habia causado el asombro de los inexpertos. El doctor Chaos, precisamente por su anomalia sexual, por la elegancia de su perro Goering y por la boquita de pinon que al hablar o escuchar ponia de vez en cuando, era siempre bien recibido en las tertulias de 'las senoras'. Y es que… sabia halagarlas, contarles anecdotas graciosas e hilvanar frases de doble sentido, que animaban las veladas como un polvo de rape animaba en las aldeas los corrillos de los ancianos. Sobre todo dona Cecilia sentia adoracion por el doctor Chaos y siempre decia de el que con solo verlo se le pasaba el mal humor que le provocaban las constantes banderitas que el general iba clavando en los mapas del cuartel.

Pero el verano llevo al doctor Chaos a buscarse un hotel, el Hotel Miramar, en la hermosa poblacion de Blanes, para pasar alli los fines de semana. Entre otras cosas, necesitaba descansar. Su trabajo era duro en los quirofanos, sin contar con que la blenorragia se extendia como una epidemia entre la tropa.;

Entonces ocurrio que, en ese hotel de Blanes, el doctor Chaos, de cuarenta y cinco anos de edad, borracho del sol que por las mananas lo tostaba en la playa y por el buen vino que le servian en la mesa, perdio un poco el control. Subitamente se enamoro de un joven camarero, llamado Rogelio, de dieciocho anos, imberbe, y que tenia un lejano parecido con Alfonso Estrada.

La esplendida y elegante humanidad del doctor Chaos elaboro sobre la marcha todo un programa de seduccion que en otras ocasiones similares le habia dado resultado: buenas propinas, paquetes de cigarrillos, extraordinaria amabilidad… El joven Rogelio, que en invierno trabajaba en una bovila, al comienzo del asedio se sintio simplemente un tanto abrumado, dado el prestigio del doctor Chaos. Este llego a decirle que tal vez malgastara su tiempo en menesteres tan humildes como fabricar ladrillos y servir en un hotel y que acaso pudiera aspirar a cursar determinados estudios. Esta idea encandilo al muchacho, de origen muy humilde, pero que tenia sus aspiraciones. Hasta que un dia, el doctor Chaos, aprovechando que el chico se quedo subitamente afonico, adoptando aire profesional se le acerco para examinarle la garganta, los ojos y para auscultarle.

El doctor Chaos, al termino del examen, le dijo a Rogelio: 'Hay aqui algo que no me gusta. Tomate estas medicinas y veremos…'

La afonia desaparecio, pero no la palidez del muchacho. De suerte que a la otra semana el doctor volvio a auscultarle la espalda y el corazon, y le prometio llevarlo a Gerona para someterlo a una exhaustiva revision en la Clinica Chaos.

– Te notas cansado, ?verdad? Como si te faltaran las fuerzas -Si, un poco.

Rogelio, tal vez por sugestion, lo creia asi y no veia otro modo de demostrarle su gratitud al doctor que acudiendo a su habitacion cuantas veces era llamado.

Hasta que una tarde de agosto, cuando el sol mediterraneo se derramaba oblicuamente sobre la hermosa poblacion de Blanes y las persianas del cuarto del doctor dejaban filtrar una acogedora luz, el doctor Chaos, ante el torso desnudo de Rogelio, se sintio poseido por su maldita pasion y habiendose traido consigo una pomada, empezo a acariciarle al muchacho la piel, como si intentara relajarle los musculos.

Rogelio tardo mas de un minuto en advertir que algo anormal ocurria. Sobre todo porque su sensacion inicial fue placentera, como si experimentase alivio de esa fatiga suya imaginaria. De pronto, se alarmo. Volviose rapido y miro con fijeza al doctor Chaos. Y vio el rostro de este encendido, como si llevase una mascara, que se le antojo horrible. Rogelio experimento un asco indescriptible, aunque se quedo como paralizado. Entonces el doctor Chaos intento besarlo. El joven camarero pego como un alarido, empujo al doctor con fuerza inusitada y salio huyendo, si bien le costo lo suyo acertar a abrir la puerta. Bajo jadeante la escalera, sin saber que hacer, suponiendo que el doctor lo perseguia aun. Se dirigio a su cuarto, donde rompio a llorar rabiosamente. De pronto, reacciono. Tiro al suelo el paquete de cigarrillos y levantandose fue a contarle lo sucedido a su patron, el dueno del hotel. Su indignacion era tanta que queria avisar a la Guardia Civil. Y no cesaba de frotarse los labios con el dorso de la mano.

El propietario del hotel, Victoriano de nombre, hombre con experiencia pues habia trabajado seis anos en la Costa Azul, tranquilizo como pudo al joven Rogelio y lo convencio para que dejara el asunto en sus manos. Desde el primer momento comprendio que no le interesaba que aquello transcendiese.

– Anda, vete a ducharte y tomate un refresco. Yo me encargo de ese canalla…

El joven Rogelio, aunque a reganadientes, obedecio. Y Victoriano, el dueno del Hotel Miramar, subio sin perdida de tiempo a la habitacion del doctor Chaos.

Su entrevista con este, que ya habia preparado su equipaje, fue brevisima.

– Si vuelve usted a aparecer por aqui, lo denuncio a la Policia. De momento, me encargo de que el muchacho se calle tambien…

El doctor Chaos contesto:

– De acuerdo.

Un cuarto de hora despues el ilustre cirujano conducia su coche, su Peugeot de segunda mano, por la carretera que lo devolveria a Gerona. Era domingo. Sus manos temblaban en el volante. Sentia una inmensa pena. Se compadecia a si mismo. Miraba el paisaje circundante y se preguntaba por que la naturaleza, tan sabia en coordinar la vegetacion, le habia jugado a el aquella mala pasada. Se cruzo con otros coches, pocos, en los que iban hombre y mujer. Todavia su cara olia a agua de colonia y a masaje, pues se habia preparado a conciencia para su frustrado intento. Y era lo peor que la imagen del joven Rogelio lo obsesionaba mas que nunca. Goering, el perro, parecia tambien triston y en vez de asomar su cabeza por la ventanilla se habia acurrucado en el asiento junto a su amo.

Llegado a Gerona, el doctor Chaos se dirigio al Hospital. Las monjas lo saludaron con deferencia. '?Como por aqui, doctor? No lo esperabamos hasta manana…' 'He de arreglar unas cosas'. Y se encerro en su despacho. Y desde alli llamo por telefono al doctor Andujar.

Sabia que el doctor Andujar no podria modificar su constitucion. Pero necesitaba expansionarse con el. El era la unica Persona que podia entenderlo. Era su entranable, amigo, que Va intento encauzar su vida en los lejanos tiempos de la Facultad.

El doctor Andujar se encontraba en su casa, gozando con los suyos, con sus ocho hijos, de la serena tarde dominguera, Se dedicaban a resolver rompecabezas, mientras la senora Andujar preparaba para todos la

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