merienda.
– Voy en seguida. No tardo ni diez minutos. La entrevista entre los dos medicos, en el despacho del doctor Chaos, en el Hospital, fue dramatica.
Dramatica porque el doctor Chaos -y el doctor Andujar era buen conocedor de ello- se habia pasado la vida justificando desde todos los angulos su perversion, basandose para ello en las manifestaciones bisexuales evidentes lo mismo en los hombres que en las mujeres, amparandose en citas del Talmud, de los filosofos griegos, de Freud y de Gide, y afirmando, con Ulrichs, que el amor uranista era superior a las relaciones amorosas normales.
Pero todo ello iba a servirle al doctor Chaos de muy poco aquella tarde de agosto, pues la escena con el joven Rogelio lo habia sumido en el bochorno y casi en la desesperacion.
– Mi querido amigo -le dijo al doctor Andujar-, acabo de darle la razon a Oscar Wilde: 'Soy un payaso con el corazon destrozado'. He caido una vez mas y no puedo ni siquiera inspirar lastima, sino repugnancia o una carcajada. Y le conto a su amigo su rapto pasional en el Hotel Miramar.
El doctor Andujar, que sentia por el problema homosexual un interes muy vivo y un extremo respeto por la persona de su colega, no experimento ni repugnancia ni tuvo ganas de reir. Sintio una gran lastima, eso si, pues tenia enfrente a un gran hombre derrotado, con la cabeza hundida entre los hombros y jugueteando con el papel secante de la mesa.
– Esperaba que un dia u otro me llamarias -le contesto el doctor Andujar, sentandose con la maxima naturalidad en un sillon desde el cual veia perfectamente el rostro de su interlocutor-. Desde el dia que llegue a Gerona queria enfocar en serio este asunto contigo, pero no me atrevia. Esperaba a que lo hicieras tu, pues me advertiste que no habias conseguido corregirte.
– Pues ya lo ves. El momento ha llegado. Si el dueno del hotel me hubiera denunciado, en estos momentos me encontraria declarando ante la Guardia Civil.
El doctor Andujar encendio un pitillo.
– Lo malo es que no se por donde ayudarte -prosiguio-. La fe religiosa podria serte util, muy util; pero ya me dijiste que, por ese lado, nada hay que hacer…
El doctor Chaos hizo un gesto de impotencia.
– Desgraciadamente, nada. Al contrario. En estos momentos, suponiendo que creyera en Dios, lo maldeciria por no haberme creado como a ti o como a la mayoria de los mortales. El doctor Andujar no se inmuto.
– Tampoco puedo confiar en que lo que te ha sucedido va a servirte de escarmiento para no reincidir… El doctor Chaos suspiro con fatiga.
– No creo.,. Me conozco demasiado. Esta noche dormire diez horas seguidas y manana me esperan en la Clinica dos apendices y un rinon. Ahora me doy asco, pero ya me ha ocurrido otras veces. La unica moraleja posible es que renuncie para siempre a arriesgarme con desconocidos…
– ?Sigues interesandote mas bien por hombres… de clase inferior?
– Pues si… Como siempre. Pero ultimamente…
– ?Que?
– Sera por la edad, pero me vuelvo cada vez mas pederasta. Ultimamente, me excitan sobre todo los jovenes, los adolescentes… Lo de esta tarde ha sido una muestra.
El doctor Andujar, sin querer, recordo el modo como una noche, en casa del Gobernador, el doctor Chaos miro a Pablito.
– Eso es mucho mas peligroso. Socialmente, se entiende.
– Ya lo se. Lo mejor seria que me pegara un tiro.
El doctor Andujar, al oir esto, se intranquilizo.
– Eres medico como yo -dijo el doctor Andujar-. Sabes que no existe la droga maravillosa.
– Lo se.
– Es decir -rectifico el doctor Andujar-, existe una, pero tampoco crees en ella: la voluntad.
El doctor Chaos siguio jugueteando con el papel secante.
Volvio a suspirar.
– La voluntad… -parecio sonreir-. Soy un esclavo, ya lo sabes. Tu tambien lo eres amando a tus hijos. ?Podrias dejar de amar a tus hijos?
– No.
– Pues tambien deberias pegarte un tiro. El doctor Andujar guardo silencio.
– Si no creyera en Dios, no habria traido hijos al mundo y me habria suicidado antes que tu. ?Crees que no tengo mis problemas?
– ?Que problemas? Eres el ser mas feliz que he conocido.
– Estas equivocado. Al terminar la carrera pase una crisis muy grave. Me pasaba el dia con prostitutas. Pero luche y venci.
– Claro. Porque tu crisis era normal. Te casaste, y en paz.
– ?En paz? ?Que psiquiatra puede hablar de paz? Rodeado de locos… y sin poder hacer nada. Queriendo ayudar a los hombres como tu… y sin poder hacer nada. Comprender que necesitas una pistola… y no tener derecho a dartela.
El doctor Chaos parecio reaccionar. Se habia planteado a menudo el problema del suicidio: durante la guerra un aleman herido, de la Legion Condor, se suicido a su lado, porque dijo que se sentiria incapaz de vivir con una sola pierna. Entendio que el doctor Andujar le provocaba para demostrarle que era un cobarde y que si hablo de pegarse un tiro fue para ponerse a su nivel.
– Es curioso -comento, notando que sudaba, por lo que puso en marcha el ventilador que tenia a su lado-. Te he llamado… Porque no podia con mi sufrimiento. Y lo que haces es decirme Que tu tambien tienes problemas… y que te salvo una mujer. El doctor Andujar asintio con la cabeza.
– Por ahi voy… Ese es el camino. ?No, por favor, no te excites! Hoy debes dormir diez horas… y manana operar dos apendices y un rinon. Pero mi consejo es que intentes ese recurso supremo: acercate a una mujer. No estoy hablando de que te cases, entiendeme. Pero vuelvo a mi teoria de los tiempos de la Facultad… Continuo creyendo que hay casos recuperables y que tu eres uno de ellos. Estoy seguro de que tambien una mujer podria proporcionarte placer.
El doctor Chaos quedo abatido de nuevo.
– ?Crees que no lo he intentado? Durante la guerra, con una enfermera… Y antes, con una viuda, en Madrid. Fue un fracaso espantoso. Me parecio que tocaba una serpiente.
El doctor Andujar se levanto para dejar la colilla en el cenicero, que no estaba al alcance de su mano.
– Pero me has dicho que ahora se ha producido un cambio en ti, que te interesan cada vez mas los adolescentes…
– Si. ?Y eso que tiene que ver?
– Quien sabe… Los adolescentes tienen la piel suave. Se parecen a una mujer mucho mas que un peon ferroviario…
El doctor Chaos reto a su amigo con la mirada. Por un instante se agarro a la idea como a un clavo ardiente.
– ?Quieres decir que…?
– Yo lo probaria.
El doctor Chaos, sin querer, miro a su perro, que yacia a sus pies. Su piel era suave, como la de Rogelio.
– Estas empleando un truco -dijo de pronto-. Mi deseo no se satisface con solo tocar la piel.
– Insisto en que lo probaria… -repitio el doctor Andujar-. Tu mismo has hablado de los cambios que la edad produce.
– Las aberraciones me tientan mas que nunca.
– No sabemos nada. Tu mismo defiendes esta tesis. Nuestro organismo es un misterio. ?Quieres que te diga una cosa? Verte tan abochornado me ha infundido esperanzas. Otras veces el incidente de hoy te habria tenido sin cuidado. 'Probare con otro', te habrias dicho. Tal vez hayas penetrado en el hastio… a traves de la verguenza.
– No te he dicho que sienta verguenza, sino que me doy asco.
– Tampoco puedes afirmar eso. Y no me repitas que empleo un truco. Hay hombres que se han curado, sobre todo al llegar a tu edad. Es un hecho clinico. Y eran menos reflexivos, mas instintivos que tu -el ventilador revolvia
