– Capitan… La Sociedad esta quejosa de tu inactividad. Estas chaqueteando. Y te consta que eso es lo ultimo que debe hacer un militar.

– Mi padre tiene razon, coronel Triguero. Si hemos de dedicarnos a los negocios, quitemonos el uniforme.

– ?Eso nunca! Sin el uniforme, adios influencia. Los hermanos Costa no nos necesitarian para nada.

– Esa es la cuestion.

– Por todos los diablos… ?corrigeme si me equivoco! Van a racionar la gasolina. ?Te haces cargo de lo que eso puede dar de si?

– Me hago cargo… La Sociedad podria fabricar gasogenos, obtener cupos extra, etcetera. Pero… prefiero meditar con calma la situacion.

– ?Hasta cuando, si puede saberse?

– Hasta Navidad, que es cuando los hermanos Costa saldran de la carcel, si mis informes no mienten.

– Por Navidad lo que haras sera echar unas lagrimitas, con eso de los belenes y la adoracion de los pastores.

– Veremos. Que yo sepa, nadie ha decretado que soy un santurron.

– Te falta poco. Te has contagiado. Te gusta el rancho del cuartel. Te gustan los garbanzos. Y contemplar tus cicatrices…

– Puede ser; pero la razon principal, por ahora, es mi padre. Tu vives solo y no te haces cargo. Ademas, tengo miedo. Ya lo tenia antes de la Fiscalia; ahora, mucho mas.

El coronel Triguero se atuso el bigote y parecio que le nacian largas patillas.

– Mis respetos por la actitud de tu padre. Pero no iras a creer que todos son como el. Date una vuelta por Madrid y veras.

– Lo se, lo se… Alla ellos. Yo quiero reflexionar… y de momento fichar un buen extremo derecha y un buen portero. La lengua del coronel Triguero chasco.

– ?Bien! Alla tu con tu vocacion de pobre… Si cambias de parecer, ya sabes donde estoy. Y se fue.

El coronel Triguero comunico todo esto al oscuro Administrador de la Constructora Gerundense, S. A. Este contesto:

– Entendidos. Esperaremos hasta Navidad. Pero ese nino es tonto de remate. Entretanto, vea usted, coronel, si en Figueras podemos meter baza en las divisas que traen los refugiados franceses y belgas que siguen entrando por la frontera.

Nada, imposible abrir brecha alli. La gente que huia de los alemanes caia inexorablemente en manos del Gobernador. No habia forma de maniobrar ni con las joyas que llevaban, ni de sobornarlos con promesas de facilitarles el paso rapido a Africa del Norte o a Portugal. Sus bienes quedaban confiscados… pero bajo el control de la Guardia Civil, y eran depositados legalmente en el Banco de Espana. Las ordenes del Gobierno eran al respecto severisimas, de suerte que la oficina del coronel Triguero en Figueras se estaba pareciendo a una carcel. Y habia mas… La actitud de muchos de esos refugiados daba que pensar al coronel Triguero, puesto que no parecian considerar, ni mucho menos, que la guerra estuviera perdida para Inglaterra y Francia. De modo que empezaban a organizarse, poniendose en su mayoria bajo la proteccion del consul britanico llegado recientemente a Gerona: un hombre tranquilo, llamado Edward Collins, que se habia instalado en el Hotel del Centro y que cuando oia la palabra Gibraltar sonreia de forma imperceptible. Tambien la Cruz Roja estadounidense se movilizaba a su favor. En cuanto a los judios, se desenvolvian con una astucia impar, pese a que algunos de ellos venian huyendo de la propia Alemania… ?e incluso de Polonia! Los mas aterrados, quizas, eran los aviadores ingleses que se habian visto obligados a hacer aterrizajes forzosos en Belgica o en la Francia ocupada. Llegaban deshechos, heridos a veces y el coronel Triguero debia atenderlos de modo especial. Por cierto que uno de estos aviadores le conto al coronel que entre las tropas aliadas que combatieron a los alemanes en terreno belga, ?y hasta en Noruega, en Narvik!, figuraban algunos exiliados espanoles. El coronel Triguero se quedo boquiabierto y no pudo menos de preguntarle: '?Y que tal?'. 'Muy valientes', fue la respuesta.

Asi las cosas, el coronel Triguero recibio en su despacho de Figueras una visita inesperada: la de Gaspar Ley, director de la sucursal gerundense del Banco Arus. Fue una entrevista cordial, que abria para el futuro grandes perspectivas.

Gaspar Ley no se anduvo con tapujos. Se presento al coronel en calidad de representante oficial, en Gerona, de la sociedad barcelonesa Sarro y Compania y le comunico que esta deseaba conectar con la Constructora Gerundense, S. A. 'Habra usted oido hablar de Sarro y Compania, ?verdad? Es una sociedad que juega fuerte…'

El coronel, al oir estas palabras, llamo a Nati, la hermosa mecanografa, y le encargo que trajera del bar de abajo un par de cervezas. No obstante, disimulo su entusiasmo y adopto una actitud expectante.

– ?Puede decirme quien es el senor Sarro? Gaspar Ley sonrio.

– Nadie le llama senor Sarro. Es don Rosendo Sarro… Un hombre de empuje; y ex cautivo, por mas senas. Se paso toda la guerra en la Carcel Modelo.

El coronel Triguero se mordio el labio inferior.

– Bien… ?Y en que podemos servirles?

– De momento, en nada. Don Rosendo Sarro tiene el proyecto de desplazarse a Gerona para entrevistarse con ustedes. El coronel Triguero dijo:

– De todos modos, tengo la impresion de que de momento no entra en los planes de la Constructora Gerundense, S. A., fusionarse con nadie.

– ?Oh, no se trata de fusionarse! -contesto Gaspar Ley-. Llegado el caso… todo esto se resolveria sin papeles. Como si dijeramos… en familia.

El coronel Triguero asintio con la cabeza. Hervia por dentro, pero no modifico su actitud.

– ?Bien, entendidos! Comunicare esto a mis colegas.

– Eso es -asintio Gaspar Ley-. Ya recibiran ustedes mis noticias.

Gaspar Ley se despidio. Y en cuanto hubo salido, el coronel Triguero solto una carcajada. Abandono el despacho y le dijo a Nati: '?Se acabo por hoy! Puedes irte a flirtear por ahi… hasta nueva orden'.

El problema del coronel Triguero era que habia perdido por completo el sentimiento de culpabilidad. La guerra lo habia embrutecido. Su amoralidad crecia por dias. Tanto, que en el fondo deseaba que los optimistas refugiados que iban entrando tuvieran razon, que la guerra entre el Eje y las democracias se prolongase. Entonces las oportunidades en Espana -con o sin Sarro y Compania- serian cada vez mayores… y el capitan Sanchez Bravo, si no habia perdido definitivamente el juicio, se decidiria de una vez a tirar por la borda sus escrupulos y a reintegrarse a la Sociedad.

CAPITULO XXXIX

Mateo tuvo que hacer frente a una papeleta dificil: aplazar la boda, proyectada para el 12 de octubre, Fiesta del Pilar, Dia de la Raza o de la Hispanidad. Tres semanas antes recibio una orden de Nunez Maza, Delegado Nacional de Propaganda, para que se trasladase precisamente por aquellas fechas a San Sebastian, donde tendria lugar una magna concentracion de Jefes Provinciales de Falange de toda Espana. La orden decia, como siempre: 'Sin excusa ni pretexto'.

No hubo opcion. Pilar, que andaba atareadisima dando los ultimos toques a su ajuar y al piso de la plaza de la Estacion donde viviria con Mateo y con don Emilio Santos, tuvo una reaccion casi histerica. Lloro, pataleo, se mordio las unas hasta hacerlas desaparecer. En cuanto a Mateo, se limitaba a mostrarle con aire desolado la orden recibida de Madrid.

– Comprendelo. Van todos los jefes provinciales. Nunez Maza me ha llamado por telefono. Al parecer ocurre algo grave. No puedo faltar. Por lo que he entendido, se trata de la actitud que ha de tomar la Falange con respecto a la guerra.

– ?A la guerra? -Pilar puso cara de espanto-. ?A que te refieres?

– No temas, mujer. Los alemanes quieren conocer nuestra opinion. Serrano Suner va a Berlin y estas conversaciones previas son necesarias.

Pilar se asusto todavia mas.

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