Le invadio un tedio mortal. Como si se le hubiera hundido el mundo. Como si todo le saliera al reves.
Entonces se abrio la puerta… y entro en el cafe Cacerola, su amigo. ?El bueno de Cacerola, que bien se merecia una sonrisa y una palmada en el hombro!
Cacerola, al ver a Ignacio, elevo con jubilo las cejas y se le acerco. Le pidio permiso para sentarse a su mesa. Y apenas lo hizo miro detenidamente a Ignacio y le dijo:
– ?Que te ocurre, muchacho? Tienes mala cara…
– ?Tu crees?
Cacerola se rio. Cacerola cuando se encontraba con alguien a quien queria, se reia por cualquier cosa.
– Ya se lo que te ocurre: te pasas la vida encerrado. Ya no te acuerdas de la montana. ?A que no te vas nunca de excursion! ?Lo ves? Echas de menos el aire puro que respirabamos alla arriba…
Ignacio asentia con la cabeza.
– Es posible…
– ?Posible?… ?Seguro! Oye… ?Por que no salimos juntos algun domingo? A La Molina, a esquiar… Como en aquellos tiempos de Panticosa…
Esquiar… La montana… ?Donde quedaba eso? El mismo consejo que le daba Moncho cada vez que le escribia.
– Quiza tengas razon, Cacerola. Algun dia saldremos… Si, algun dia te llamare.
– No te olvides, Ignacio. Llamame a Fiscalia. A primera hora de la manana me encuentras alli seguro.
?Uf, que dias habia pasado! Pero por fin regreso Ana Maria. El doce de enero, dos dias mas tarde de lo previsto. Y los dos enamorados se vieron, como siempre, en el cafe del Fronton Chiqui y los embargo la dicha mas completa. 'Es bonito luchar ?no te parece?'. 'Si, de este modo las cosas se saborean mas'. Al fondo del cafe habian puesto un billar y las bolas se deslizaban por el tapete verde como en Malaga la mirada de Ana Maria se habia deslizado por la fachada de la casa en que Ignacio nacio.
Luego fueron a visitar a Charo. La mujer los recibio con todo carino. Pero desde el primer momento les previno que la lucha que deberian sostener seria realmente dura.
– Creo que no te haces cargo, Ana Maria, de quien es tu padre. Mientras seas menor de edad puede hacer contigo lo que quiera. Mandarte al extranjero, a algun colegio… ?Quien sabe! -Charo marco una pausa-. Don Rosendo Sarro… ?Quien pudo imaginarlo? ?Sabes lo que dicen de el en Barcelona, en los medios financieros? Que es una potencia…
Ignacio solto una carcajada. Precisamente en aquellos dias el muchacho habia leido, en su remozado dormitorio con libreria, el capitulo que Freud dedicaba a 'los que fracasan al triunfar'. Segun Freud, muchos hombres enfermaban, perdian el equilibrio cuando habian conseguido su deseo mas arraigado, mas largamente acariciado. 'Como si estos sujetos no pudieran entonces soportar su victoria'. Caian en la angustia, angustia relacionada a menudo con un sentimiento de culpabilidad escondido en el Yo. A Ignacio no le cupo la menor duda de que el padre de Ana Maria -y tal vez tambien Gaspar Ley, el marido de Charo- desembocaria un dia u otro en esa situacion.
Por otra parte, Charo habia pronunciado la frase clave: 'Mientras seas menor de edad…' Pero ?y cuando ya no lo fuera? Entonces Ana Maria seria libre para decidir. Y le faltaba solo un ano para ello.
– Nada, Charo, que no nos asustas. El amor lo puede todo.
– Si, ya se. De todos modos…
Ana Maria intervino.
– Ademas, tu nos ayudaras ?no es cierto? Tu tienes influencia sobre mi padre.
– ?Yo? -Ahora quien se rio fue Charo-. ?Es que hay alguien que pueda influir sobre don Rosendo Sarro? -La mujer se dirigio a Ignacio-. Nada, Ignacio. Eres tu quien debe ganarse a pulso el premio. ?Adelante en ese bufete en que trabajas! A ver si pronto intervienes en la Audiencia. Al fin y al cabo, ?un buen abogado no es un peon albanil!
Ignacio asintio con la cabeza.
– Eso digo yo…
Continuaron bromeando, si bien Ignacio debia ahora esforzarse, por cuanto sabia que, por culpa de las andanzas de la Constructora Gerundense, S. A., podia muy bien darse el caso de que si debutaba en la Audiencia lo hiciera precisamente en contra de los intereses de Sarro y Compania.
Ana Maria se dio cuenta de que algo le preocupaba y le pellizco en la mejilla.
– ?En que estas pensando, di?
Ignacio parpadeo y consiguio disimular.
– Estaba pensando… en las palabras de Charo. ?Efectivamente, ser un buen abogado no es ser peon albanil!
Ana Maria le miro con fijeza.
– No vas a decirme que eso te asusta…
El muchacho reacciono.
– ?Asustarme? ?Habla con mi jefe! Su opinion es que, antes de diez anos, sere nombrado, por unanimidad, Ministro de Justicia.
– ?No me digas! Tanta humildad me confunde…
Ignacio se rio de buena gana y ensancho el torax al modo de los atletas.
– ?No te gusta que de vez en cuando me eche un farol? ?O es que preferirias tener un marido perfecto?
– ?Virgen Santa, perfecto! ?No te falta nada que digamos!
Charo vio tan compenetrada a la pareja, que sus ojos se humedecieron. Ella vivio con Gaspar muchos anos asi. Y de repente el dinero se metio por medio y todo se esfumo. ?No acabaria royendole a Ignacio el mismo microbio? ?Precisamente para demostrarle al senor Sarro que no lo necesitaba para nada?
La pareja no se dio cuenta de lo que le ocurria a Charo. Se habian embobado mirandose. Ana Maria le estaba diciendo a Ignacio:
– Un dia de estos me escapo y me voy a Gerona.
– No eres capaz.
– ?Que poco me conoces!
– Algun dia te conocere… del todo.
– No seas grosero.
– ?Grosero yo? Nanay… En Gerona hay alguien que me da clases de buenas maneras. Alguien que ha estudiado en Oxford.
Ana Maria fingio enfadarse.
– Si, lo se. Cuidado con esa senoritinga, ?eh?
– ?Por favor, Ana Maria! Es una senora, casada como Dios manda.
– Pero se llama Esther. Y Esther, no se por que, es un nombre que me da miedo.
– Pues a mi me encanta.
Se rieron. Y Charo, que los queria mucho y que no conocia la doblez, acabo tambien riendose.
– Anda, si -dijo, recogiendo la idea que Ana Maria expuso antes-. ?Un dia de estos nos vamos a Gerona! Yo te acompanare.
– ?Cuando? ?Cuando sera?
– Pues… un dia que tu padre este en Suiza, o en Lisboa, vendiendoles el mismo volframio a los alemanes y a los ingleses…
– ?Como?
Viendo la cara que pusieron Ana Maria e Ignacio, Charo exclamo:
– ?Jesus, que poco entendeis de negocios! ?No sabiais que es lo que esta de moda?
Fue un viaje perfecto, que termino con el desanimo que habia invadido a Ignacio mientras Ana Maria estuvo en Malaga. El muchacho llego a Gerona contento como unas pascuas. Al entrar en su casa grito: '?Eureka!', para que su madre tuviera la impresion de que se encontraba en Bilbao. Y al entrar a la manana siguiente en casa de Manolo le dijo a este:
– ?Sabes? ?Ana Maria es un bombon!
Manolo se acaricio la barbita.
– ?De veras? ?Lo celebro! -Luego agrego, inmediatamente-. De todos modos, algun dia trataremos a fondo el tema de los bombones…
