El comisario Dieguez cumplio de tal modo, que muchos de los 'indisciplinados' se tomaron una tregua, hicieron marcha atras. A algunos no les dio tiempo, como por ejemplo a los componentes de Tejero, S. A., los cuales, convictos y confesos de una serie de delitos de contrabando, fueron a parar con sus huesos en la carcel. Su presidente, un tal Pedro Riuro, antiguo agente de Bolsa, fue enviado a un batallon disciplinario que se encontraba perforando un tunel cerca de Garrapinillos, en la provincia de Guadalajara.

'Mande usted por ahi a sus hombres y demos un escarmiento -habia dicho el Gobernador-. Objetivos, los que usted quiera… Si el culpable ostenta algun cargo, es autoridad, hagalo usted constar en el informe'.

A tenor de estas palabras, una serie de personas cayeron en las garras del comisario Dieguez por infracciones de la mas diversa indole.

Ambrosio, el contrabajo de la Gerona Jazz, fue acusado de estafar a la Compania de Electricidad. Invento un ingenioso sistema para que no corriera el contador y fue descubierto y sancionado.

Uno de los traperos del barrio de la Barca ingreso en la carcel conjuntamente con frivol miembros de Tejero, S. A., sustituyendo a los presos politicos que habian sido indultados por Navidad. Descubriose que tenia a su servicio una serie de mujerucas, que pasaban por las casas ofreciendo patatas a condicion de que previamente les fuera entregado el saco para transportarlas; el hombre habia reunido desde primeros de ano cerca de quinientos sacos, que habia vendido a muy buen precio, puesto que el yute escaseaba.

Galindo fue multado por resistirse a admitir la chapita de Auxilio Social que se exigia para entrar en el cine: multa de doscientas pesetas, sin posible apelacion. 'El Nino de Jaen', que iba para 'bailaor', fue sorprendido robando un neumatico de un camion de transportes y permanecio cuarenta horas en el cuartelillo, hasta que la Andaluza advirtio de ello a Mateo y este lo saco. El madrileno Herreros, dependiente de la Barberia Damaso, fue multado a su vez por hacer correr el bulo de que Espana, pese a las circunstancias de escasez, enviaba viveres a Alemania.

Otra de las personas encartadas fue precisamente Rogelio, el joven camarero del Hotel Miramar, de Blanes. El muchacho resulto un picaro de siete suelas. Al termino de la temporada veraniega en dicho hotel, se instalo en Gerona dispuesto a estudiar algun plan que le permitiera vivir sin dar golpe. Probo con las sirvientas, enamorandolas e instandolas luego a que les robaran cubiertos de plata a los 'senores'; pero una de ellas fue descubierta e, interrogada por el comisario Dieguez, 'canto'. Rogelio ingreso tambien en la carcel. Y al encontrarse entre rejas, el muchacho, que anteriormente nunca se habia dedicado a nada ilegal, medito y llego a la conclusion de que el culpable de su estado de animo, de su corrupcion, era el doctor Chaos. El incidente con este le habia dejado huella, tal vez al mostrar le la cara deforme de la vida. 'Me las pagara -se dijo para si-. Me las pagara'.

Con todo, el servicio mas importante prestado por el comisario Dieguez fue el de los abortos, y su victima propiciatoria la comadrona Rosario, regidora de Puericultura de la Seccion Femenina… Rosario, mujer complicada, de ambiciones ocultas, se habia convertido, ?quien pudo preverlo!, en la sustituta del doctor Rossello, con la ayuda de un farmaceutico y a base de una clientela muy barata: prostitutas y algunas de las 'andaluzas' que habitaban las cuevas de Montjuich. Marta, advertida del caso, no se tomo la molestia de mover un dedo a favor de Rosario, por cuanto el acto de su camarada de la Seccion Femenina le repugno sobremanera.

En resumen, la actuacion del comisario Dieguez impuso la disciplina deseada por el Gobernador Civil y, sobre todo en los pueblos, provoco el panico entre los alcaldes poco escrupulosos.

Ahora bien, habia un aspecto de la cuestion que aparecia confuso: el 'pozo de agresividad' en que vivia, de modo permanente, el comisario Dieguez. ?Que lo impulsaba a sonreir con tanta satisfaccion cada vez que cumplia un servicio? ?Era el suyo un homenaje a la justicia, al bien comun, o un acto de secreta venganza?

En vano don Eusebio Ferrandiz, jefe de Policia, quien desde la perdida brutal de su hija preferia esclarecer las causas a registrar los efectos, habia hurgado en el espiritu del comisario Dieguez con el proposito de razonar su comportamiento; tropezaba con un muro.

– Comisario Dieguez, ?podria decirme que siente usted cuando descubre que una persona es culpable?

– ?Que siento? Pues… ?que le dire a usted? Se que mi obligacion es levantar acta. Sonsacarle todo lo que pueda…

– Comisario Dieguez, ?y al inicio del interrogatorio, cuando cabe la posibilidad de que se este cometiendo un error? ?Que es lo que siente usted?

– Pues… ganas de conocer la verdad del asunto. Soy policia, ?no?

– ?Y si la persona resulta luego inocente?

– ?Ah! Son cosas que ocurren, ?no es asi? Si el individuo resulta inocente, pues se le piden excusas. Y se hace cargo…

La clave de la psicologia del comisario estaba ahi, en opinion de don Eusebio Ferrandiz. En el momento mas espontaneo decia individuo, no personas. Deformacion profesional. El comisario Dieguez, desde este angulo, era perdonable. Actuaba con la naturalidad y suficiencia con que en el campo nace la hierba.

?Peligrosa mentalidad? Tal vez… Pero, en todo caso, era sin discusion el mejor agente de la plantilla. Olfato y rapidez. Sin su colaboracion, la red vigilante establecida por don Eusebio Ferrandiz en la provincia se desmoronaria por su base. Era, por lo tanto, la pieza ingrata pero inevitable, como podian serlo el verdugo o los laceros que el Ayuntamiento movilizaba cuando, de tarde en tarde, aparecia por la ciudad un perro rabioso.

Don Eusebio Ferrandiz era de otra pasta. Veinte anos en el Cuerpo de Policia y todavia se preguntaba a menudo: '?Que derecho tengo yo a permitir que se amenace a la gente, e incluso que se la pegue para que cante?'. Pero la explicacion era categorica; lo exigia su cargo. Debia velar por la seguridad de la poblacion. En resumen, ?complicado mundo!, el argumento del comisario Dieguez: 'Soy policia, ?no?'.

Por fin los Costa se decidieron a actuar y tomaron posesion del despacho directivo de la Constructora Gerundense, S. A., sito en la calle Plateria. El acto fue sencillo y tuvo lugar el dia 13; es decir, el mismo dia en que Franco se traslado a Bordighera para entrevistarse con el Duce, entrevista cuyo comunicado conjunto, hecho publico al dia siguiente, se parecio sustancialmente al publicado en ocasion del encuentro Franco-Hitler celebrado en Hendaya, Amanecer anadio que el Caudillo, a su regreso a Espana, paro en Montpellier, donde converso larga y amistosamente con el general Petain, su 'maestro' y uno de los hombres que Franco admiraba.

Los Costa dieron la impresion, desde el primer momento, de que irian a lo suyo… pero con prudencia. La Fiscalia de Tasas, el Gobernador ?y el comisario Dieguez!, los inquietaban. El comisario Dieguez era la flecha que, como fuere, deberian esquivar.

Procuraron, pues, no hacer ostentacion. Nada de reformas en el local, un tanto destartalado. Se compraron dos coches, pero de segunda mano. Cumplieron con la promesa que le hicieron a Felix, quien gracias a ello pudo matricularse en la Escuela de Bellas Artes, que empezo a funcionar en la ciudad, bajo la direccion de Cefe, el pintor de desnudos. El unico gesto un tanto aparatoso, aparte el de situarse en misa en el primer banco, fue hacer un importante donativo al Gobierno Civil, con destino a la construccion de la Ciudad Universitaria de Madrid.

En cuanto a la reorganizacion interna de la Sociedad, su primera disposicion consistio en nombrar un secretario. Eligieron a Leopoldo, el muchacho que trabajaba en el Consulado Espanol de Perpinan, amigo de Ignacio, al que los Costa habian conocido a raiz de sus gestiones para regresar a Francia. 'Es un hombre cabal. No aspira a hacerse millonario en dos meses, como el administrador… Y con el podremos hablar de politica y de las andanzas de ese tal De Gaulle, que esta resultando un tipo de cuidado'.

La segunda disposicion tomada fue reunir en el despacho a la Torre de Babel, a Padrosa y al abogado Mijares. La operacion les salio redonda. No solo convencieron a este ultimo -el talonario de cheques basto- para que cesara en Sindicatos, sino que compraron la mitad mas una de las acciones de la Agencia Gerunda. Con lo que la Torre de Babel y Padrosa, en premio a su audacia, pasaron a ser socios, aunque minoritarios, de los Costa.

Inmediatamente despues llamaron al arquitecto municipal y le dieron las instrucciones necesarias para que levantara de nueva planta el edificio de Fundiciones Costa. 'En realidad -decian siempre los dos hermanos-, lo que profesionalmente nos interesa es esto: la metalurgia. Todo lo demas es circunstancial'.

Simultaneamente empezaron a pagar los correspondientes jornales a los detenidos que salieron de la carcel el mismo dia que ellos y a los que habian prometido darles trabajo. 'Desde este momento trabajais ya para nosotros. Sois obreros -perdon productores- de la Fundicion'. Algunos de dichos productores habian ya trabajado en ella antes de la guerra. El administrador comento: 'Creo que ha sido una idea practica. De ese modo no se iran a trabajar a Alemania, como tantos otros'.

Y, entretanto, ?conocieron al coronel Triguero! Por fin este pudo estrecharles la mano a los dos ex diputados. Sin embargo, la entrevista fue mucho mas breve de lo que el coronel hubiera deseado. Holgaba hablar de las

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