operaciones realizadas en el pasado y en las que el jefe de Fronteras actuo con mano maestra. Interesaba el futuro. En otras palabras, era preciso conseguir la adjudicacion de las obras de la nueva carcel que iba a construirse en el vecino pueblo de Salt -el senor obispo reclamaba, y con razon, la devolucion del Seminario- y, sobre todo, las obrar de los nuevos cuarteles, cuya autorizacion el general habia obtenido del Ministerio del Ejercito. 'Esto de los cuarteles es importante. ?Suponemos, coronel, que la operacion va a resultarle a usted facil!'.
El coronel, al oir esto, hizo un guino muy expresivo.
– Pues lo siento, pero estan ustedes en un error… -objeto-. Hablar de cuarteles es meterse en la boca del lobo.
Los Costa le miraron.
– ?Y el capitan Sanchez Bravo?
– No hay manera de convencerle. Hoy mismo he hablado con el, antes de venirme aqui. Sigue contestando: 'Papa me da miedo'. No se decide a colaborar.
Los hermanos Costa no se inmutaron, limitandose a cabecear varias veces consecutivas.
– Ofrezcale cien mil pesetas si nos consigue los cuarteles. Una operacion aislada. No tiene por que vernos ni por que formar parte de la Sociedad. Cien mil pesetas al contado y en billetes sin estrenar.
El coronel Triguero se quedo de una pieza y estuvo a punto de preguntar: 'Y a mi, ?cuanto me correspondera?'.
– De acuerdo, lo intentare…
– ?Muchas gracias! -contestaron los Costa, levantandose.
El coronel, apabullado por la contundencia de sus interlocutores, se levanto a su vez. Iba a decir algo, pero los hermanos Costa se le anticiparon.
– Coronel Triguero, confiamos en esa hada milagrosa que, segun usted, vela en Madrid por sus intereses…
El coronel, todavia sin reponerse, contesto:
– Pueden confiar en ella…
– Un ruego: siga usted en Figueras. Venga usted a Gerona lo menos posible.
– Asi lo hare…
Ya en la puerta, los hermanos Costa le dijeron:
– ?Pero, por favor, venga usted siempre vestido de paisano!
El coronel se miro el uniforme.
– ?Oh, claro! Perdon…
Al dia siguiente, los hermanos Costa se entrevistaron con Gaspar Ley, representante en Gerona de Sarro y Compania. Prefirieron visitarle en su propio feudo, es decir, en el Banco Arus.
Dicha entrevista fue tambien breve; pero cabe decir que Gaspar Ley saco de los dos ex diputados una impresion excelente. Aunque sin motivo para ello, los habia imaginado un tanto vulgares y manejando un lexico mas bien restringido. Nada de eso. Tenian buena pinta, llevaban traje de muy buen corte, se expresaban sin circunloquios y con precision. Habia en su apariencia fisica algo fofo, pero ello podia achacarse a su prolongada estancia en la carcel. Por otra parte, no carecian de sentido del humor, cualidad siempre loable.
Gaspar Ley, terminado el breve preambulo, les ratifico que Sarro y Compania, que oficialmente se dedicaba a importacion y exportacion, deseaba ampliar su negocio. 'Don Rosendo Sarro tiene un concepto moderno de la produccion y de las transacciones. Prefiere ser cigarra a ser hormiga, ?comprenden? Dicho de otro modo, en materia de finanzas tiene mas bien mentalidad americana'.
Los Costa asintieron con la cabeza.
– ?De que capital dispone esa Sociedad, si puede saberse?
Gaspar Ley se toco el aparato que llevaba para la sordera.
– Me resultaria muy dificil calcularlo…
Los Costa, al oir esto, levantaron simultaneamente, debajo de la mesa, las punteras de los zapatos.
– Hay un punto que convendria aclarar. ?Por que Sarro y Compania, siendo tan importante, desea conectar con nosotros?
– La razon es geografica -explico Gaspar Ley-. Gerona esta cerca de la frontera… Y dispone del puerto de San Feliu de Guixols, pequeno pero poco vigilado.
Hubo un silencio.
– ?No podria usted ser mas explicito?
– Lo lamento. Don Rosendo Sarro prefiere concretar personalmente los detalles secundarios.
Los Costa marcaron otra pausa.
– Tenga usted en cuenta que nosotros no podemos salir de Gerona…
– No importa. Don Rosendo Sarro esta dispuesto a desplazarse.
– ?Cuando?
– Me hablo de eso. El propone el dia de San Jose. Dice que las fiestas de precepto le traen suerte.
Los Costa sonrieron.
– ?De acuerdo! A nosotros tambien.
Gaspar Ley sonrio a su vez.
– ?Algo mas?
Los ojos de los Costa rodaron por el despacho de su interlocutor.
– Si, una ultima pregunta. El Banco Arus… ?juega aqui algun papel?
Gaspar Ley abrio los brazos.
– Puede decirse que el Banco Arus pertenece a Sarro y Compania…
La respuesta parecio satisfacer a los hermanos Costa, los cuales se levantaron y estrecharon la mano de Gaspar Ley. Antes de salir, uno de ellos deposito sobre la mesa de este una caja de cigarros habanos.
Una vez fuera, los dos ex diputados se miraron e hicieron un mohin que significaba: '?Esto marcha!'. En cuanto a Gaspar Ley, no pudo menos de pensar que los Costa eran, al igual que don Rosendo Sarro, los clasicos industriales catalanes que imprimian ritmo progresivo al pais. Mientras existieran tipos como ellos, Cataluna continuaria su ruta… Aunque hubiera letreros que prohibieran hablar en catalan. Aunque el general Sanchez Bravo se regocijara por dentro cada vez que leia en el periodico que el Gobierno tenia la intencion de instalar una factoria en la provincia de Malaga o en la provincia de Segovia…
A primeros de marzo los hermanos Costa dominaban la situacion. Entre otras cosas se dieron cuenta de que los sistemas de trabajo que el momento imponia no tenian nada que ver con los de antes de la guerra civil. Habian surgido autenticos prestidigitadores, de los que dijeron 'que debian de haber aprendido el oficio en la catedra de don Juan March'. Por ejemplo, se enteraron de que algunas fabricas de tejidos… no fabricaban. Conseguian en Madrid el cupo de lana, de algodon o de la materia que fuese y procedian automaticamente a venderla, sin tomarse la molestia de llevarla al telar. Tambien se enteraron de que existia una lucha titanica para obtener el permiso de fabricar gasogenos, que el Gobierno habia declarado de interes nacional.
A decir verdad, los Costa estaban contentos. Los sufrimientos pasados no habian hecho mella en ellos y las perspectivas eran halaguenas. Todo iba apuntalandose con firmeza. El capitan Sanchez Bravo, segun noticias, al oir la cifra cien mil habia cambiado de color y habia soltado un taco, perdonable a todas luces. El personal que los rodeaba era adicto -Leopoldo se mostraba de lo mas eficiente- y mas lo seria cuando supiera que era intencion de los ex diputados dar a todos sus empleados una participacion anual en los beneficios. Por otra parte, y en otro orden de valores, empezaban a recibir por las calles espontaneas muestras de afecto…
La Torre de Babel, que visitaba a los Costa a menudo, mostraba asimismo una euforia contagiosa. '?Hay que ver! -les decia, desde su estatura inalcanzable-. ?Hay momentos en que ya no se si perdi la guerra o si la gane!'. Lo mismo le ocurria a Padrosa, su companero, cuyo sueno era tener coche propio y a base de el engatusar un dia a Silvia, la manicura de Barberia Damaso, y conseguir llevarla a la cama. O casarse con ella; le daba igual…
Los hermanos Costa eran mas cautos. Sabian que, pese a las apariencias, la guerra se habia perdido, y por consiguiente volvian a lo de siempre: las autoridades podian de un plumazo hacerles la pascua, e incluso mandarlos -habia precedentes de ello- a Garrapinillos, provincia de Guadalajara, a perforar un tunel.
Conscientes de tal circunstancia, externamente adoptaban una actitud circunspecta. Antes eran conocidos por su exuberancia y por sus estentoreas carcajadas; ahora, por su seriedad. Era muy raro que salieran sin sus respectivas esposas. Ramon, el camarero del Cafe Nacional, no disimulaba su desencanto. 'Pero ?es que en
