Francia no aprendieron ustedes ninguna historieta no apta para menores? ?Sera verdad que no se movieron ustedes de Marsella? ?Por favor, que esto es el aburrimiento padre!'.
Los Costa solo daban rienda suelta a sus impulsos… en el Estadio de Vista Alegre. Es decir, en el futbol y en los partidos de hockey sobre ruedas.
El hockey sobre ruedas, que desconocian por completo, los entusiasmo. Era un deporte felino, apasionante, y el equipo de Gerona era sin duda el mejor y encabezaba la clasificacion del Campeonato.
En cuanto al futbol, en el frivol dos hermanos, que gracias al capitan Sanchez Bravo consiguieron dos abonos de tribuna, se desganitaban a placer, primero porque les salia de la entrana -?efectivamente, Pachin marcaba unos goles de antologia!- y luego porque alli todo estaba permitido y nadie se ocupaba de ellos. Claro, el futbol era la gran valvula de escape ideada por las autoridades, el sucedaneo de las luchas politicas, de los mitines y de las huelgas. '?Fuera, fuera…!'. '?Que le rompan una pierna!'. '?Criminal!'.
Lo unico que les dolia, que les dolia de veras, era la actitud de su cunado, 'La Voz de Alerta'. Por fin se habian decidido a enviarle un aviso: 'Nos gustaria saludarte…' 'La Voz de Alerta' se nego. 'Hice lo que pude por vosotros cuando os juzgaron. No veo ahora motivo para prolongar nuestras relaciones'.
Los Costa ignoraban que 'La Voz de Alerta', pensando en Laura hubiera accedido a la entrevista; pero que Carlota, condesa de Rubi, se opuso a ello con toda energia. 'Me darias un gran disgusto si les estrechases la mano a ese par de granujas'. ?Ah, cuando la condesa de Rubi decia 'me darias un gran disgusto', 'La Voz de Alerta' dejaba caer al suelo estrepitosamente la vara de mando!
CAPITULO L
Coincidiendo con la estrategica incorporacion de los hermanos Costa a la vida de la ciudad, vientos huracanados, de impresionante fuerza, azotaron extensas zonas de Espana, Portugal y el estrecho de Gibraltar, ocasionando una serie de catastrofes.
La ciudad mas particularmente afectada fue Santander, patria chica del Gobernador Civil y de Maria del Mar… Asi como durante mucho tiempo se hablaria de la inundacion que habia sufrido Gerona, era de prever que durante muchos anos, y con mayor motivo, se hablaria del 'incendio de Santander', iniciado el 17 de febrero a consecuencia, al parecer, de un cortocircuito habido en la Catedral, con el desprendimiento de un cable de alta tension. El viento se apodero del fuego inicial y lo llevo en volandas. Las primeras noticias llegadas a Gerona hablaban de la destruccion de la Catedral, del Palacio Episcopal, de los dos periodicos locales -Diario Montanes y Alerta-, y de gran parte del comercio centrico de la ciudad. Tambien se hablaba de que el huracan habia ocasionado muchas victimas en Vigo, en el litoral portugues, y de que el tren electrico de Bilbao habia caido al rio Urola.
Santander…, patria chica del Gobernador Civil y de Maria del Mar. Ni que decir tiene que el Gobernador se dispuso inmediatamente para la marcha hacia la capital montanesa, donde vivian casi toda su familia y la familia de su esposa. Por desgracia, esta no podria acompanarlo, por hallarse en cama con gripe. Lo acompanarian, en cambio, Miguel Rossello, al volante del coche, y Jose Luis Martinez de Soria, quien en todo cuanto se relacionase con el fuego veia la intervencion directa de Satan.
De hora en hora las noticias iban siendo mas alarmantes, de suerte que el Gobernador decidio no demorar el viaje ni un minuto, dejando la provincia en manos de Mateo.
La despedida fue dramatica. Maria del Mar, en el lecho, no cesaba de repetir:
– ?Mira que no poder ir contigo! ?Como te las arreglaras para darme noticias?
– Hare lo que pueda, querida… Ahora, por favor, no me entretengas mas. Cuida de los chicos.
Pablito y Cristina se le echaron en brazos y lo llenaron de besos.
– Adios, papa… ?Llamanos en seguida!
– Claro que si…
En el ultimo momento, el Gobernador le dijo a su hijo:
– Bien, Pablito… Cuida de mama. Quedas al mando de la casa. No olvides que eres el varon.
– Descuida, papa.
El coche partio como un rayo. Y en el camino, gracias a los periodicos y a la radio, el balance se iba concretando: pasaban de cuatrocientas las casas destruidas, el viento no cesaba y colaboraban en las tareas de extincion y salvamento el Ejercito, la Falange, los bomberos, y docenas de voluntarios llegados de Bilbao, de Burgos, de todos los puntos.
Fue un viaje agotador, sin apenas descanso, turnandose al volante los tres hombres. Jose Luis Martinez de Soria conducia como los angeles -o como los demonios- y, sobre todo en las curvas, experimentaba tal placer que nadie hubiera dicho que se dirigia a contemplar el espectaculo que ofrecia una ciudad incendiada.
Apenas si se hablaban. Cada quilometro era una eternidad. Miguel Rossello era el que mas facilmente conseguia dormir. El Gobernador no pudo dar una sola cabezada, y a ratos le daba por silbar. Cuando la tension nerviosa era excesiva, de pronto parecian olvidarse del motivo del viaje y hablaban de los temas mas diversos: de la singular personalidad de fray Justo Perez de Urbel, asesor nacional de la Seccion Femenina; de la reciente puesta en circulacion de las nuevas monedas de cinco y diez centimos… Hasta que de pronto se acordaban nuevamente de Santander. Y entonces relacionaban lo ocurrido en la ciudad con los bombardeos de Londres, de Berlin, ?de Genova! Genova, segun la radio, habia sido objeto de un terrible bombardeo ingles, comparado con el cual ese balance de cuatrocientas casas destruidas y de treinta mil personas sin hogar debia de ser una insignificancia.
– Si, claro -decia el Gobernador-. Pero en Genova no se me ha perdido nada. En cambio, en Santander… ?Dios, que barbaridad!
Por fin alcanzaron la capital montanesa. El panorama los retrotrajo a la guerra: a Teruel, a Brunete, a la Casa de Campo, de Madrid… Pero todos los familiares del Gobernador y de Maria del Mar estaban a salvo. ?A salvo! Era para llorar de alegria. Apenas algunos rasgunos en el patrimonio Davila: un par de inmuebles en la calle de la Esperanza.
El Gobernador y Jose Luis Martinez de Soria -por cierto que Maria Victoria estaba alli, procedente de Madrid, con unos camiones de socorro de la Seccion Femenina- se quedaron en la capital, colaborando con las autoridades, mientras Miguel Rossello salia hacia Torrelavega a poner el telegrama que habia de devolver la tranquilidad a Maria del Mar, a Pablito a Cristina… 'Todos bien. Alegria inmensa. Abrazos'.
Marcos, al captar en la estafeta de Gerona este telegrama, comento con Matias:
– ?Vaya, menos mal! El Gobernador, pese a todo, me cae simpatico.
En el interior del hogar del Gobernador la marcha de este habia traido, en el plano psicologico, considerables repercusiones, de modo especial por lo que se refiere a Pablito. 'Bien, Pablito… Cuida de mama. Quedas al mando de la casa. No olvides que eres el varon'. Pablito habia contestado: 'Descuida, papa'.
Pero ocurrio que, apenas el coche estuvo fuera, Pablito se sintio subitamente desamparado. Encerrado en su cuarto, rodeado de libros de texto, de revistas y con un par de dibujos de su amigo Felix clavados en la pared, penso en su madre, Maria del Mar, tosiendo en la cama; en Cristina, su hermana, mas irresponsable que nunca; en aquel enorme caseron del Gobierno Civil, y le parecio que todo en conjunto iba a ser un peso excesivo para sus espaldas. Sintiose ridiculo, sentado en su silla de estudiante de Bachillerato, sin arrestos para encender un pitillo, como habia imaginado. 'Eres el varon…' Pareciole que el incendio de Santander lo senalaba con el dedo, que era una suerte de aviso destinado a demostrarle que no habia cumplido aun dieciseis anos, que era un crio y nada mas, un crio con muchas preguntas en el alma y en la punta de la lengua, pero sin ninguna respuesta.
Pablito procuro reponerse. Se fue al lavabo. Se fricciono con agua de colonia, se peino, se cino fuerte el nudo de la corbata, y hecho un pimpollo se dirigio al cuarto de su madre, a la que oia toser. 'He de consolarla -se decia-. He de consolarla'. Pero las piernas le temblaban mucho mas que si tuviera que examinarse.
Por fin alcanzo la alcoba, sumida en una media luz tibia.
– Mama…
– Hola, hijo… ?Pasa! ?Por que te quedas ahi?
Pablito se acerco. El muchacho capaz de preguntarle a su padre quien era Noab y por que los mayores se dedicaban sistematicamente a hacer la guerra, apenas si tuvo valor para acercarse al lecho en que su madre, Maria del Mar, yacia, con el termometro puesto.
