– Ya la tengo. Es Asuncion, la maestra. Me esta bordando un escapulario de la Virgen del Carmen.
El siguiente voluntario fue mosen Falco, el asesor religioso de Falange. Se creyo en el deber de dar ejemplo y lo dio. Su entrevista con el senor obispo no carecio de emocion.
– Pero… ?hijo! ?Lo ha pensado bien?
– Si, senor obispo…
– Le felicito, le felicito… Tiene usted valor.
Mosen Falco, que sabia que el senor obispo habia sentido siempre ciertos recelos con respecto a Falange, comento:
– Es de suponer que algunos de los muchachos querran confesarse de vez en cuando…
– ?Claro!
– Quiere usted darme su bendicion?
– ?No faltaria mas! Arrodillese…
Mosen Falco se arrodillo. El doctor Gregorio Lascasas irguio su ancho busto aragones. 'In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti…' Sono, en aquel momento, la gran campana de la Catedral. Oianse gritos de ninos que jugaban frente a Palacio.
– Que Dios le proteja, hijo mio… Escribame tan pronto como pueda.
Cinco soldados artilleros se ofrecieron tambien voluntarios. Eran amigos. Desde que se conocieron en el cuartel, en la mili, no se separaban. No habian hecho la guerra espanola y tenian sed de aventuras. Se lo jugaron a cara o cruz. Salio cara y se alistaron. 'Seguro que esto nos valdra una cruz…'
El capitan Arias les pregunto:
– ?Esto es efecto del conac, o habeis reflexionado debidamente?
– No nos gusta el conac. Sabemos lo que hacemos.
El capitan Arias insistio:
– La guerra es algo serio…
– Rusia es culpable. Querernos alistarnos.
– De acuerdo, muchachos… ?Arriba Espana!
– ?Arriba!
Otro voluntario: Jose Luis Martinez de Soria. Pero su madre lo disuadio.
– ?Hijo! Murio tu padre; murio tu hermano… Marta y yo estamos solas. ?Por que has de irte? ?Has hablado ya con Maria Victoria?
– Si, ella se ha alistado ya… Se va de enfermera…
– Jose Luis, hijo… ?te lo prohibo! No se si tengo derecho a hacerlo, ?pero te lo prohibo…! ?Por favor, Jose Luis! ?No ves lo solas que estamos?
La viuda del comandante Martinez de Soria se echo a llorar con tal desconsuelo, que por un momento a Jose Luis, teniente juridico, le parecio que su madre faltaba a la dignidad. Por otra parte, Marta guardaba un mutismo casi hiriente. Desde que Ignacio la habia dejado, a veces hacia eso, se inhibia y no se sabia lo que estaba pensando.
Jose Luis, que hasta ese momento habia obrado por instinto, sin reflexionar -'Rusia es culpable'-, de pronto penso que Rusia era enorme… y que las aguas del Dnieper, de que hablaban los partes de guerra, debian de bajar turbulentas y con fuerza para arrastrar un sinfin de cadaveres.
Miro con calma a las dos mujeres. Sus ojos eran de luto. Realmente, ?a que exponerse? ?No habia ofrecido ya su vida cien veces? ?No habia ya bastante sangre Martinez de Soria regando la tierra?
La viuda del comandante Martinez de Soria, inesperadamente, perdio el conocimiento. Se quedo inmensamente palida y la cabeza le cayo sobre el pecho. Entonces Marta acudio a ella, junto con Jose Luis. La reconfortaron con agua de colonia. Por fin Jose Luis dijo simplemente:
– Esta bien. No me ire… -Y salio de la casa dando un portazo.
En cambio, quien se alisto fue Rogelio, el camarero… ?Sorprendente reaccion! Rogelio, al salir de la carcel, cumplida la condena que le fue impuesta por haber jugado sucio con las sirvientas, se encontro sin norte, proximo a la desolacion. Andaba por Gerona sin saber que hacer. Habia pedido trabajo en un par de cafes, sin resultado. 'No hay clientes, ya lo ves… Esos mejunjes que servimos, los espantan'.
Entonces leyo uno de los carteles. '?Espanol! ?Alistate…!'. ?Por que no? Rogelio no habia hecho nunca nada digno de su vida. Una vida gris, como la luz de Gerona en invierno, como el trabajo de los hombres que al atardecer alumbraban en la Rambla los faroles de gas.
?Si se alistaba se convertiria en heroe! Y conoceria otras gentes, otros muchachos, que lo mirarian con respeto. Y conoceria otras tierras… Porque, para ir al frente ruso, habia que cruzar Francia y Alemania… ?Francia! ?Con lo bien que estaban las francesitas! Tal vez les permitieran darse una vuelta por Paris… ?Y Alemania! ?Con lo bien que estaban las alemanas! Aquellas cincuenta que habian visitado Gerona… Algunas, tabu. Pero otras… Y todas se habian duchado, segun noticias, y se habian zampado jugo de limon.
– ?Nombre y apellidos?
– Rogelio Ros Bosch.
– ?Edad?
– Veinte anos.
– ?Profesion?
– Camarero.
– No has hecho la mili, claro…
– Ahora la hare.
– ?Eres de Falange?
– No, senor.
– ?Por que te alistas?
– Rusia es culpable.
El capitan Sandoval miro a Rogelio. Este habia adoptado un aire de seguridad, casi de indiferencia, que ponia los pelos de punta. Fumaba con el cigarrillo esquinado, con cierto cinismo.
– De acuerdo. Pero has de traer dos fotos. ?Arriba Espana!
– ?Arriba!
El capitan Arias lo llamo en el ultimo momento.
– ?Has dicho que eres camarero?
– Si, senor.
– Te nombro mi asistente…
Rogelio abrio los ojos.
– ?Como…?
– Si… Capitan Arias. Nos encontraremos en la Dehesa, el viernes, a las diez de la manana.
Rogelio cabeceo.
– Muy bien… -De pronto, el muchacho sonrio y adoptando aire de camarero fino anadio-: ?Desea algo mas el senor?
Horas despues se persono en el banderin de enganche una mujer. Tendria… unos treinta anos. Su aspecto era un tanto hombruno, si bien los ojos la traicionaban, daban testimonio fiel de su feminidad. Y su cutis era suave, sin arrugas. Con el peinado corto y una gran seguridad en los ademanes. Llevaba un bolso caro, de piel de cocodrilo. Zapatos de tacon alto. Distinguida, sin afectacion.
Daba la impresion de haber sufrido, de estar sufriendo. Ello se le notaba en el rictus de la boca y en cierto escepticismo que aureolaba toda su persona. Queria alistarse, pero nada en ella delataba el menor entusiasmo patriotico. Los capitanes Arias y Sandoval, al verla entrar, se habian levantado.
Era Solita. Solita Pinel, la hija mayor del Fiscal de Tasas, la ex ayudante de quirofano de la Clinica Chaos. Queria alistarse de enfermera. 'Supongo que podre ser util… Durante la guerra estuve treinta meses en Zaragoza, en varios hospitales'.
Los capitanes Arias y Sandoval la conocian. Se miraron, extranados, el uno al otro.
– Senorita…, reciba usted nuestra enhorabuena. Es usted valiente.
– No lo crean…
– ?Como que no?
Solita se encogio de hombros. El bolso de cocodrilo se le balanceo en el antebrazo.
