– He traido las fotografias… El carnet de Falange… ?Que otra cosa se necesita?
Solita no habia comunicado su decision mas que al doctor Andujar, con quien estaba en contacto desde lo que le ocurrio en el Hotel Majestic con el doctor Chaos. El doctor Andujar le habia dicho:
– Vayase, Solita… Ponga usted tierra de por medio. Yo no puedo hacer nada. Si su padre pone inconvenientes, digamelo…
Solita obtuvo tambien el consentimiento paterno. ?Y he ahi que, mientras los capitanes Arias y Sandoval tomaban los datos requeridos, tuvo, al reves que Alfonso Estrada, el presentimiento de que ella no regresaria de la aventura! Que se quedaria en Rusia para siempre, 'en algun lugar cerca de Bialystok, o de Minsk', muerta. Muerta por un bombardeo, por una bala, o segada su cabeza por la hoz de un joven militante comunista, arrojado… y varonil.
– De acuerdo. Solita… El viernes, a las diez de la manana, en la Dehesa.
Solita asintio.
– Si no les importa, de momento no vestire de enfermera. Ire con camisa azul y boina roja.
El jueves, vispera de la concentracion prevista en la Dehesa -habian empezado ya a llegar voluntarios de Barcelona y afluian de todas partes donativos para obsequiar a los divisionarios-, se presento en el banderin de enganche Mateo. Mateo Santos, jefe provincial de FET y de las JONS.
Los capitanes Arias y Sandoval se levantaron, se cuadraron y lo saludaron extendiendo el brazo.
– Les pido mil perdones… -dijo Mateo sonriendo-. No he traido ningun aval.
Amanecer publicaria luego en primera pagina la fotografia de Mateo; y Pilar la pegaria mas tarde, muchisimo mas tarde… en el album que guardaba y cuya etiqueta decia: Prensa.
Mateo, en cuanto leyo el discurso del ministro Serrano Suner -'?Rusia es culpable!'- y supo que se organizaba una expedicion de voluntarios, sintio en lo mas hondo que su obligacion era ir. Le vino a la memoria su reciente dialogo con el Gobernador: 'Si hubiera hombres politicos, no nos encontrariamos en esta situacion'. Alistarse era un golpe de efecto, un golpe politico. Ejemplaridad. Los jefes locales que no se alistaran, alegando que debian sembrar las tierras o cuidar del archivo de Falange, se sentirian avergonzados. Y quienes hubieran podido acusarlo a el de buscar prebendas, de aprovecharse de la victoria, de disponer de coche oficial, se acurrucarian en un rincon sin pretexto para seguir calumniandolo.
Ahora bien, ?y las circunstancias familiares? Pilar esperaba un hijo. La curva de su vientre iba notandose cada vez mas. Pilar hacia gimnasia, por consejo de Esther, y satisfacia sus pequenos caprichos golosos, por consejo de su madre. Ultimamente habia decidido que ya no cabian dudas: el bebe seria varon y se llamaria Cesar.
Estaba, ademas, don Emilio Santos… Su padre, que volvia a sentir la alegria de vivir despues de su periodo de recuperacion. Mateo imagino su asombro, el temblor de su nariz, y recordo sus palabras con ocasion de la guerra ruso-finlandesa: 'Pero ?hijo! ?Es que no puedes vivir sin un fusil en la mano?'. Luego tendria que enfrentarse con Matias, con Carmen Elgazu… y con Ignacio. ?Ignacio! ?Por que este le preocupaba de un modo especial?
Nada lo arredro. Ninguna consideracion. No se miro al espejo porque le dio miedo. Se encerro en su despacho de jefe provincial y miro el crucifijo, que lo presidia, y luego el retrato de Jose Antonio, cuyas cinco rosas, ya marchitas, que adornaron su tumba, habrian llegado ya a Nueva York.
No espero mucho a comunicarselo a la familia. ?Para que retardar el momento? Cuanto antes, mejor. Asi les daria tiempo a hacerse a la idea…
Entendio que la primera que debia enterarse era Pilar. Aguardo un momento en que don Emilio Santos no estuviera en casa. Dio muchas vueltas antes de afrontar la cuestion, mientras Pilar hacia calceta, feliz. Sentado en el comedor, con una copa de conac en la mano, Mateo hablo de Rusia, de Inglaterra, de la Academia de Avila, en la que hizo los cursillos de alferez provisional… Hablo de los once millones de asesinatos que se les calculaban a los soviets; de los planeadores de Creta -tres, enganchados en la cola de cada Junker-; de una frase de Jose Antonio al Tribunal que lo juzgo: 'Creemos que una Nacion es importante, en cuanto encarna una Historia Universal'. Por ultimo, viendo que todo aquel preambulo no servia para nada, puesto que Pilar continuaba sin alertarse, sin sonar en cual iba a ser el desenlace, se fatigo de tanta dilacion y, con el tono mas natural y amable que pudo arrancar de si mismo, le pidio a su mujer que lo mirara… y le dijo:
– Pilar…, he decidido alistarme. Creo que es mi deber. Pilar, al oir esto, hizo una mueca. Pero inmediatamente reacciono. Una sonrisa se dibujo en sus labios, un poco abultados. Mirando la copa de conac que Mateo sostenia en la mano, tuvo la sospecha de que este se habia alegrado un poco y de que, en consecuencia, el muchacho le habia jugado aquella broma, aun a sabiendas de que podia haberla asustado.
Sin embargo, Mateo no se movio. Y su expresion era indefinible… Entonces Pilar, sin alarmarse aun, dejo a un lado las agujas de hacer calceta -el hilo se le enredo en las manos y ella volvio a sonreir- y por fin, levantandose, se acerco a Mateo, poco a poco, hasta acabar por sentarse en sus rodillas. Una vez sentada le rodeo el cuello con sus brazos y le besuqueo.
– ?Que tontolin eres…! -susurro-. ?Por que me gastas bromas asi? ?No comprendes que puedes asustarme?
Mateo sintio que los besos de su mujer le quemaban.
– Lo siento, Pilar, pero no es broma… Me alisto… Te repito que creo que es mi deber.
Pilar, entonces, se puso en pie. Y retrocedio, desorbitados los ojos. Abrio la boca y miro a Mateo como si fuera a volverse loca. Mateo, con el alma rota pero con el pensamiento libre, recordo las palabras pronunciadas por el sacerdote en el altar, el dia de la boda: 'en lo bueno y en lo malo…' -?Mateo…! ?Te has vuelto loco!
Fue un grito desgarrado. Pilar conocia a su hombre. Y ahora que lo habia mirado a distancia, habia comprendido que no estaba borracho y que su decision era cierta.
– Pilar, por favor, escuchame…
Pilar rodo por el suelo. Su cuerpo se doblo y cayo. Acudio Tere, la criada: '?Que le ocurre a la senorita?'. Mateo se arrodillo a los pies de Pilar y la acomodo en el sillon. Penso que acaso hubiera debido decirselo de otra manera. Hablar antes con don Emilio. O con Carmen Elgazu… O marcharse, pretextando cualquier cosa y escribir una vez cruzada la frontera.
Pero lo cierto era que ya se habia planteado a si mismo la cuestion, comprendiendo que cualquier procedimiento era inutil, que llegaria el momento en que Pilar deberia enfrentarse con la realidad.
No, aquel no era un desmayo como el de la viuda del comandante Martinez de Soria. Costo Dios y ayuda conseguir que Pilar recobrara el conocimiento. Hubo que abrir todas las ventanas, acostarla. Su palidez era mortal. E iba murmurando, de vez en cuando: 'No, no…, no es verdad…'
Si lo era. Mateo se mantuvo firme.
– Tu sabes que te quiero. Pilar… Si hubiese sabido que esto iba a ocurrir, hubieramos aplazado la boda. Pero conoces mis convicciones. Las conoces de siempre. La Patria es sagrada para mi…
Pilar se habia quedado sin fuerzas. Era una mancha exangue en aquella cama altisima, de linea antigua, que con tanto carino eligio.
– Pero ahora… no estoy yo sola… Espero un hijo. Un hijo tuyo, Mateo…
– Ya lo se, Pilar… ?Por Dios, se valiente! Quiero a ese hijo como tu… Pero he de ir. No tengo mas remedio. Aunque se que volvere…
Pronuncio estas palabras sin conviccion. Porque Mateo sabia lo que era la guerra. Aunque Pilar no lo oyo siquiera. Habia cerrado dulcemente los parpados, como si fuera a dormirse, y de repente habia estallado en un llanto inenarrable, que hizo que Tere, la criada, comprendiendo al fin de que se trataba, se retirase.
Luego se produjo en la alcoba un silencio tan delgado que se cortaba a si mismo. Pilar de vez en cuando movia un pie. Mateo no pensaba sino en una cosa: en si el choque habria podido complicar el embarazo y perjudicar a Pilar o al hijo. Pilar se habia colocado panza arriba en la cama, con las piernas ligeramente separadas.
Entonces se oyo el llavin de la puerta: era don Emilio Santos. Llegaba feliz, porque habia podido andar desde la Tabacalera sin fatigarse. Ademas, el sol era hermoso. Iba hacia el ocaso. Lo vio un momento por encima del tejado de la Estacion.
– Tere…, ?me preparas un taza de cafe?
Mateo salio al encuentro de su padre. Lo espero en el comedor. Le dijo lo que ocurria.
El primer impulso de don Emilio Santos fue propinarle a su hijo un terrible bofeton. Pero la mirada de Mateo, que adivino sus intenciones, lo paralizo.
– Eso no, padre…
Se oia un ruidillo en la cocina, como si en los fogones hirviera un samovar.
