Don Emilio Santos dio media vuelta. Quiso darle la espalda a su hijo.
– ?Donde esta Pilar?
– En la cama… Se ha acostado.
El padre de Mateo se dirigio a la alcoba: Pilar, al verlo, haciendo un esfuerzo se incorporo. Entonces don Emilio se sento a su lado, en el borde del lecho y la abrazo con ternura y con ternura la invito a que se tendiera de nuevo.
– Pilar, hija…
Pilar no acertaba a hablar. Ademas; todavia no se habia acostumbrado del todo a llamar 'padre' a don Emilio Santos. A veces, si. Pero en ocasiones solemnes, y aquella lo era, no le salia.
– ?Esta loco! ?Se ha vuelto loco! -grito, grito casi, don Emilio Santos, deseando que Mateo, que continuaba de pie en el comedor junto al balcon, lo oyera-. ?Hay que impedir que cometa esa barbaridad!
Pilar acerto por fin a balbucear:
– No podremos hacer nada… Lo mas seguro es que se haya alistado ya…
Mateo oyo aquellas palabras. La clarividencia de Pilar casi lo irrito. Pero al momento se le paso. Comprendio que no era el quien tenia derecho a pedir explicaciones.
Tere aparecio con la taza de cafe para don Emilio Santos, pero este la rechazo.
– Luego, luego…
Otra vez el silencio en la casa. Y los sollozos.
El forcejeo duro media hora lo menos. Intentos de Mateo para que se hicieran cargo. Todo inutil. Sus palabras -Rusia, Patria, deber- caian en el vacio. Parecian rimbombantes. Por lo visto, las palabras, con un hijo en las entranas de la mujer, cambiaban de significado.
Don Emilio Santos sentencio:
– Todavia estas a tiempo, Mateo… Si no cambias de opinion, habras de atenerte a las consecuencias…
No se sabia exactamente lo que don Emilio queria indicar con eso. Entonces ocurrio lo imprevisto. Pilar saco fuerzas de flaqueza y se incorporo en la cama. Luego puso los pies en el suelo y con raro acierto los introdujo en las zapatillas que yacian alli. Seguidamente, y sin decir nada, se fue al telefono y marco un numero: el numero de Ignacio, en el despacho de Manolo.
– Ignacio, soy Pilar… ?Ven, por favor! Te necesito…
Y colgo.
Mateo se puso furioso, aunque no acerto a protestar. Dudo entre marcharse o irse al lavabo a frotarse la nuca con agua fria. Eligio esto ultimo. Y luego orino, mirando de frente, a la pared, como si alli estuviera el enemigo de sus ideales.
A gusto hubiera permanecido en el lavabo hasta que Ignacio llegara, pero era imposible. Tuvo que salir. Vio a Pilar sentada en el comedor, con aire infinitamente abatido. Y a don Emilio Santos tomandose, ahora si, la taza de cafe.
Se encerro en el despacho y se distrajo pasando la mano por los lomos de los libros. Y tratando de encender un pitillo con su mechero de yesca.
Ignacio tardo unos quince minutos en llegar; a todos les parecieron una eternidad.
Cuando el muchacho entro en el comedor, Mateo estaba tambien alli, dispuesto a recibirlo. Mateo queria comunicarle el mismo lo que estaba ocurriendo, pero Pilar se le anticipo. Pilar, por dentro, todavia no daba la causa por perdida… En un momento dado, estando en la cama, le habia penetrado la esperanza. Porque… ?Mateo la queria tanto! Aquello era un rapto, un deslumbramiento, e Ignacio conseguiria hacerlo desistir.
– Perdona que te haya llamado asi, Ignacio… Pero es que… Mateo quiere alistarse en la Division Azul.
Fue una escena borrascosa. En cuanto Ignacio, previa consulta con Mateo, comprendio que la cosa iba en serio, discutio con este como jamas lo habia hecho. Aquello le parecia indigno. Una canallada. Un hombre que fuera hombre no podia casarse y a los seis meses irse a la guerra porque si, sin necesidad. Para darselas de heroe. En nombre del Imperio o de otra majaderia similar. Un militar debia aceptar el hecho, era su profesion. Pero un paisano… Aunque llevase una camisa de color especial… La guerra era una cosa horrible y para sentirse atraido por ella era preciso haber perdido el juicio.
Ignacio reto a Mateo. Lo reto a que lo convenciera de que aquel acto era necesario. La Division Azul, ese holocausto simbolico, debia ser algo exclusivamente para solteros. 'Yo podria alistarme, si no prefiriera el Derecho al fusil. Pero tu, casado y esperando un hijo, no…' ?Acaso para los suenos del Fuhrer era necesaria la carne de Mateo… y la carne de Pilar? Y todo por hacer honor a un himno romantico. O, tal vez, para salir retratado en Amanecer.
Mateo, en varias ocasiones, estuvo a punto de gritar: '?Basta ya!'. O de acercarse a Ignacio y agarrarlo por la solapa. No lo hizo porque temio que Pilar volviera a caerse redonda al suelo. Pero lo cierto es que, cuanto mas hablaba Ignacio, mas distante se sentia de el y mas convencido de que su deber era no transigir y acudir al banderin de enganche. Al fin y al cabo, desde que el mundo era mundo, habia sido asi siempre. Siempre el hombre, al partir para una empresa grande, habia dejado una mujer hecha un mar de lagrimas.
Ignacio leyo en el pensamiento de Mateo. Entonces intento un ultimo recurso:
– Lo que te ocurre a ti es que te da miedo la vida, la vida tal y como la vivimos los demas. Es mas facil dar ordenes a un flecha previamente colocado en la puerta que estudiar, como yo, un expediente de separacion de bienes. Por eso no has terminado todavia la carrera de abogado, ?verdad? A cada convocatoria: una excusa… Estamos en junio: esta vez la excusa… va a ser la Division Azul. Van a ser esos comisarios rusos que encierran a sus soldados en un refugio, como tu vas a hacer con Pilar, y luego lo taponan. ?Magnifico…! Tambien es mas facil irse por ahi con una estrella en el pecho que cuidar de la familia, que aguantar la monotonia de las horas junto a la mujer que hace calceta.
Pilar, pendiente de la escena, comprendio por la actitud de Mateo que Ignacio perderia tambien la batalla… Mateo se sen- tia herido, profundamente herido, y era obvio que estaba a punto de echar de casa a Ignacio. Por su parte, don Emilio Santos respiraba con dificultad; con tanta dificultad que acabo levantandose y encerrandose en su cuarto.
Mateo no se tomo la molestia de contestar a Ignacio punto por punto. Consiguio dominarse. Comprendia que aquello era doloroso. Pero el seguia creyendo que un hombre podia tener razones superiores por las cuales abandonarlo todo y darse. Por lo demas, Pilar supo desde el primer momento como era el. 'Me acepto tal como soy. Y me conocia. Pilar sabe que he arrastrado tras de mi a otros camaradas, lo cual me obliga. ?Claro que Hitler no necesita de la carne de Pilar! Pero yo necesito cumplir con mi deber. En cuanto a lo de salir retratado en el periodico, te lo perdono porque te llamas Ignacio'.
Al termino de estas palabras, Ignacio miro a Mateo tal como este habia supuesto: con desprecio. Cabeceo varias veces consecutivas… Por fin, comprendiendo que la suerte estaba echada, se dirigio a Pilar:
– Lo siento, hermana… El padre de tu hijo esta deshumanizado… No hay nada que hacer.
Salio de la casa. Y mientras andaba comprendio que le tocaba a el ir al piso de la Rambla y comunicar la noticia a sus padres. En las paredes vio los consabidos carteles: 'Para vengar a Espana. Para estar presentes en la tarea de Europa. Alistaos a los banderines de enganche contra el comunismo'. Al pasar delante de Perfumeria Diana, por la fuerza de la costumbre miro adentro: Paz habia colocado un pequeno espejo en un estante y estaba arreglandose el pelo.
Matias y Carmen Elgazu perdieron el habla. Al enterarse por boca de Ignacio, de la decision de Mateo, sintieron que envejecian de repente.
– Pero… ?Esto es horrible!
Carmen Elgazu se acerco a Ignacio y lo asio de los brazos.
– ?Que dice Pilar…? ?Dios mio, pobre hija mia! ?No hay forma de impedirlo, Ignacio? ?Y si hablaras con el Gobernador?
Ignacio se encogio de hombros.
– Es de suponer que el Gobernador le dara la enhorabuena… Matias se acerco al balcon que daba al rio y musito:
– Debi haberlo imaginado…
No acertaban a coordinar. Trazaron mil planes en pocos minutos. Pero ?que planes? De nada serviria que Matias y Carmen fueran a ver a Mateo y se enfrentaran con el. No podian inmiscuirse en aquello. 'Es el marido… Pilar se caso con el'.
Los vaticinios de Ignacio se cumplieron. Todos los complots familiares se estrellaron contra la decision
