anos… ?Me parece estar sonando!'.

?Tres o cuatro anos! Paz se enfurecio.

– ?Me voy contigo a Barcelona! Tambien alli encontrare una orquesta y una perfumeria…

Entonces Pachin se coloco a la defensiva. Apenas si se tomo la molestia de dulcificar el tono.

– Se razonable, mujer. Aqui tienes a tu tio Matias y a Ignacio. Y yo alli me debere a mi Club… Ten un poco de paciencia. Y cuando llegue la hora, haremos las cosas como es debido.

Paz comprendio. Y se mordio los labios hasta casi hacerlos sangrar. Pachin ensayo entonces una sonrisa e intento abrazar a la muchacha, pero esta se le resistio. 'Me das el esquinazo, ?eh? Como si fuera una palurda de pueblo. ?Te juro que no va a serte tan facil!'.

Fue una escena violenta, que termino en llanto por parte de Paz. Llanto que Pachin contemplo colocado en jarras, como un jugador en el momento de aguardar el comienzo del partido.

Pero al dia siguiente Pachin se marcho… y Paz se quedo sola, con una gran sensacion de desconcierto. Y de nada le sirvio que Damaso, en la Perfumeria Diana, le dijera: 'Pero ?mujer! ?Si con tu tipejo puedes aspirar a lo que quieras!'. El amor propio de la muchacha seguia susurrandole al oido planes de venganza.

La Torre de Babel, al enterarse de que Pachin se habia ido 'asi por las buenas', le dijo a Padrosa:

– Ahora quien se lanzara al ataque sere yo…

Padrosa, mientras mordia su clip de turno, comento:

– Te deseo mejor suerte que la que yo he tenido con Silvia. ?Y eso que he llegado a prometerle un acorazado!

La Torre de Babel senalo el letrero de Agencia Gerunda y contesto:

– Agencia Gerunda lo resuelve todo…

CAPITULO LXIII

Si Jaime, el librero, que habia ya trocado su quiosco por una tiendecita situada en la calle de Albareda, pagada a plazos y en cuya parte trasera organizaba romanticas reuniones catalanistas, hubiera repartido todavia Amanecer, en aquellas ultimas semanas habria subrayado con lapiz rojo las siguientes noticias:

'El Papa, Pio XII, habia recibido en audiencia especial a veinte soldados alemanes y les habia dado a besar el anillo'.

'Habia aparecido en el cielo, solemnemente, una aurora boreal, visible en todo el norte de Europa, ocasionando la mas viva agitacion entre los astrologos'.

'En la catedral de Napoles, en el dia preciso, 20 de septiembre, habiase repetido como cada ano el milagro de la licuacion de la sangre de San Jenaro'.

'En el frente sovietico, entre los prisioneros que las tropas finlandesas habian hecho a los rusos, habian aparecido dos muchachos espanoles, uno de ellos llamado Celestino Fernandez, natural de Aviles, y el otro Ruben Vicario, natural de Santurce. Ambos habian sido llevados a Rusia en 1937'.

'El Caudillo habia firmado gran cantidad de indultos y, prosiguiendo su viaje por el norte de Espana, habia presidido en San Sebastian las tradicionales regatas de traineras'.

'Se habia inaugurado el pantano de Muedra, en la provincia de Soria'.

'Los ingleses no movilizados seguian pasando sus fines de semana en el campo, en los parques o en las playas'.

'El Laboratorio Ofe ofrecia a las madres lactantes, esposas de los voluntarios de la Division Azul, un tubo semanal de Madresol, que favorecia la crianza'.

'Marcos Redondo, el genial cantante de zarzuela, habia obtenido en el Teatro Municipal de Gerona un exito apoteosico'.

Todas estas noticias habian suscitado en el Cafe Nacional los correspondientes comentarios, especialmente las referidas a la audiencia concedida por Pio XII, al milagro de la catedral de Napoles y a la actuacion de Marcos Redondo en el Teatro Municipal.

El solteron Galindo no comprendia que Pio XII hubiera recibido a un grupo de soldados alemanes. 'Solo me cabria en la mollera si hubiera recibido simultaneamente a un numero igual de soldados ingleses'. Al senor Grote se le hacia cuesta arriba admitir que la sangre de San Jenaro se licuara anualmente con tan asombrosa puntualidad. '?Ah, esos napolitanos! -exclamo-. No se equivocan ni en los anos bisiestos'. Referente a Marcos Redondo, Matias, que habia ido a escucharlo, dijo que mientras existiera una voz tan bien impostada como la suya la zarzuela no moriria. 'Me ha puesto los pelos de punta -comento-. En Madrid lo hubieran sacado a hombros'.

No obstante, produjese en Gerona una novedad que no trascendio a la poblacion pero que repercutio en Ignacio mucho mas que todas las noticias precedentes: la visita de Moncho, su inolvidable amigo de la guerra, sobrino de don Carlos Ayestaran, que fue su jefe de Sanidad en Barcelona y que, como tantos otros exiliados, habia triunfado de lleno en Sudamerica, en Chile concretamente, en cuya capital habia instalado un modernisimo laboratorio farmaceutico, de acuerdo con el consejo que Julio Garcia le diera en Paris.

Moncho anuncio por telegrama su llegada e Ignacio fue a esperarlo a la estacion. Los dos muchachos se abrazaron con la misma efusion con que Ignacio, al regreso de Esquiadores, habia abrazado a Mateo.

– ?Moncho!

– ?Ignacio!

– ?Mis respetos al ilustre medico!

– ?Mis saludos al ilustre abogado!

– Ya crei que no vendrias…

– ?Desde cuando dejo de cumplir una promesa?

Ignacio se nego en redondo a que Moncho, que llegaba dispuesto a pasar en Gerona dos o tres dias, se instalara en un hotel. Quiso que se quedara en el piso de la Rambla, para lo cual hubo que enviar a Eloy a dormir a casa de Pilar, lo que para el chico -mascota del Gerona Club de Futbol y, en opinion del masajista Rafa, la maxima figura del equipo juvenil- constituyo una agradable aventura.

Matias y Carmen habian oido hablar tanto de Moncho, que lo recibieron como si fuera un ministro. Carmen le dijo: 'Espero que me diga usted lo que le gusta comer. Y si tiene frio en la cama, le pondre otra manta…'

– ?Por Dios! -protesto Ignacio-. Podeis tutear a Moncho. Es como si fuera yo…

– Si, por favor -suplico Moncho-. Me sentire mas comodo.

Moncho, dos anos mayor que Ignacio, un poco mas alto, con la cabellera de un rubio dorado, ofrecia un aspecto envidiablemente saludable. Y es que desde el fin de la guerra no habia abandonado el alpinismo ni el esqui. Continuaba creyendo, mucho mas que Cacerola, que la montana era fuente de salud y un remedio ideal para evacuar los malos humores. Se habia pasado medio verano en el Pirineo de su provincia, Lerida, en la region de los lagos, y ahora esperaba con fruicion las primeras nevadas para irse a La Molina, a deslizarse por las blancas pistas. Cuando supo que Ignacio apenas si habia hecho un par de excursiones a Rocacorba y a la ermita de los Angeles, Moncho pego, sonriendo, un punetazo en la mesa.

– Ignacio, eso esta pero que muy mal… ?Dentro de poco, a criar barriga! Y a quejarte de que te duelen los rinones.

El lexico que Moncho empleaba eran autenticas banderillas para Ignacio, quien recordaba de su amigo que era zurdo; que tenia un reloj de arena; que coleccionaba fotografias del Himalaya; que se ponia mucho azucar en el cafe; y recordaba tambien que tuvo una media novia, a la que llamaba Bisturi, porque se dedicaba a pinchar con acidos corrosivos los neumaticos de los camiones 'rojos' que se preparaban para ir al frente de Aragon.

Encuentro afortunado… Recordaron el dia en que se conocieron -?habian pasado ya cuatro anos!- en una pension 'barata pero limpia' en la calle de Tallers, de Barcelona.

– ?Te acuerdas de lo que me dijiste, Moncho?

– Pues no, la verdad.

– Me dijiste: 'un poco de eter… y todos iguales'. Y que Lutero no debio de ser tan mala persona como nos habian ensenado.

– ?Eso dije? ?Caramba! -Moncho reflexiono-. Pues mira por donde sigo pensando lo mismo.

La llegada de Moncho tuvo sobre Ignacio efectos parecidos a la que tuvo en tiempos pasados la de su primo

Вы читаете Ha estallado la paz
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ОБРАНЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату