siempre por el deseo de ser justo. A veces tuvo que mostrarse duro. ?Natural! ?Los tunantes, los bribones abundaban como la mala hierba! Pero, cuando el apogeo de los juicios sumarisimos, de la represion, si alguna gestion hizo fue para salvar a los acusados y en ocasiones lo consiguio. Y aparte esto, era preciso reconocer que cuando el llego a Gerona, en abril de 1939, recien terminada la guerra, Gerona era un solar. No habia puentes, ni electricidad, ni agua, ni gas. Montanas de basura y de chatarra y la gente merodeando desnuda por los caminos. ?Alguien podia negar que, en su gestion de dos anos y pico, habia levantado aquello, en la medida de lo posible? ?Los gerundenses, trabajadores de suyo, lo ayudaron! De acuerdo. Pero el fue su conductor y su amparo, preocupandose por todo, desde la pension asignada a las viudas hasta solicitar para los bomberos la escalera metalica que ahora poseian.
El Gobernador, que era el primer convencido de haber cumplido con su deber, por un momento sono con que la poblacion seria consecuente y le demostraria masivamente su gratitud. ?Si, esperaba que de un momento a otro veria congregarse ante el Gobierno Civil una muchedumbre pidiendo que se asomara al balcon!
Y lo cierto es que eso no ocurrio. Y que no falto quien supuso que habria sido el mismo quien habria pedido el traslado. 'Natural. En Santander tiene sus fincas…' Y otros que se encogieron de hombros diciendo: '?Que le vamos a hacer!', y volviendo en seguida a sus ocupaciones.
El Gobernador pulso muy en breve este punto de aceptacion fatalista entre quienes habian sido sus subditos. Entonces, por un momento, mostro la cara aninada de su personalidad y pronuncio la palabra 'desagradecidos'. Maria del Mar le dijo: 'No escarmentaras nunca. Eres un ingenuo. Tambien se encoge de hombros la gente cuando lee que en un bombardeo han perecido mil ingleses o mil alemanes'.
Tales palabras, prenadas de logica, lo hicieron reaccionar. Por otra parte, ?que le ocurria? ?Era posible que anduviese 'mendigando' por dentro ovaciones, el delirio? Si llevaba gafas negras era para no ver la molicie. Si vestia uniforme de Falange era para no caer en la tentacion de pasar factura. Si mascaba caramelos de eucalipto era para no saborear el placer del halago.
'?De acuerdo!', dijo. E hizo lo que debia hacer, que no otra cosa podia esperarse de un Davila. Ordeno a 'La Voz de Alerta' que Amanecer fuera parco en los elogios de despedida. Enterose de que algunos organismos oficiales -la Seccion Femenina, las alcaldias- querian organizar una manifestacion y acompanarlo en caravana, el dia de la marcha, hasta el limite de la provincia, y se opuso rotundamente. ?Ni hablar! Se marcharia silenciosamente… Con su mujer y sus hijos, y con un chofer que le prestara el general. El comisario Dieguez le pidio audiencia. Queria agradecerle no se que… 'Agradezcaselo usted al clavel blanco que lleva en la solapa'. El doctor Chaos solicito una entrevista. 'Venga, venga usted. Pero nada de lamentaciones. Hablaremos de las necesidades del Hospital, si es que cree usted que ahora, a mi paso por Madrid, puedo conseguir algo'. Lo llamo el profesor Civil…
?Ah, ese fue otro cantar! Lo recibio. Lo recibio con efusion extraordinaria. Tuvo para el frases en verdad emotivas. Pese a las apariencias, nunca habia olvidado el dialogo que sostuvieron en el coche, camino de Barcelona, cuando fueron a esperar al conde Ciano. Y, sobre todo, la conducta del profesor, su extrana mezcla de energia intelectual y de mansedumbre, habian sido para el un ejemplo constante que imitar.
– Profesor Civil…, a veces nos ocurre eso. Que, sin saberlo, influimos sobre determinadas personas. Este es su caso con respecto a mi. Usted y el padre Forteza han sido en este tiempo mis dos espejos. Se lo puedo garantizar. Mas de una vez, a punto de cometer cualquier simpleza, he recordado aquellas cruces que grababa usted, con la una del pulgar, en las paredes de la carcel durante la guerra, y he hecho marcha atras. De manera que lo menos que puedo hacer es manifestarle ahora mi gratitud.
El profesor Civil se emociono de veras. Queria mucho al Gobernador.
– Mi querido amigo, gracias por sus palabras. Pero creo que ha exagerado usted. Tengo la impresion de que el angel tutelar de su vida no habra sido el padre Forteza, y mucho menos yo, que ya soy viejo y anticuado y que me conmuevo con exceso cuando oigo sonar las campanas de la Catedral. Creo que el gran fiscal de su vida -y le ruego que no olvide lo que voy a decirle- va a ser, a la postre, su hijo, Pablito, a quien le ruego que de en mi nombre un fuerte abrazo. Y ahora, adios… Y pongame tambien, por favor, a los pies de su esposa…
El Gobernador quedo tan impresionado por esta entrevista con el profesor Civil, que se sintio con animo para organizar en su casa una reunion de despedida. Maria del Mar, esta vez, cuido de escribir de su puno los nombres en los sobres de las invitaciones. Y todo el mundo acudio. El hogar del camarada Davila presentaba aquella noche un aspecto rutilante y los asistentes -dona Cecilia se dio cuenta de ello en seguida- eran mas o menos los mismos que se daban cita en el baile de gala que tenia lugar en el Casino de los Senores, al final de las Ferias y Fiestas de San Narciso.
Un halo de melancolia flotaba, por supuesto, en la reunion, pues todo el mundo tenia plena conciencia del motivo por el cual Maria del Mar, ayudada por Pablito, por Cristina y por la doncella, ofrecia a todos aquellas copas y aquellos emparedados. Pero el camarada Davila cumplio con suma elegancia su papel de anfitrion. Realmente supo estar a la altura de las circunstancias.
Fuera de eso, le dio ocasion para sostener breves dialogos con todos aquellos que habian compartido con el mas o menos intensamente su estancia en Gerona.
Los primeros en llegar habian sido, como siempre, el notario Noguer y su esposa. Tuvo con ellos un aparte bastante largo, que termino asi:
– Vayase tranquilo, amigo Davila. Ha sido usted eficiente, no le quepa duda. Nadie hubiera hecho mas de lo que usted ha hecho.
– Si, tal vez sea verdad. Pero a uno siempre le parece que se quedo corto. ?Hay tantas necesidades!
– La incognita reside en como sera su sucesor…
– ?Ah, lo ignoro! Le deseo mucha suerte. Por mi parte, le pondre al corriente lo mejor que sepa y le dare cuenta de las conclusiones a que he llegado en ese tiempo.
– ?Cree usted, mi querido amigo, que ha conseguido entendernos, entender a los catalanes?
– No. Francamente, notario Noguer, no… ?Son ustedes un problema!
Mas tarde dialogo cuanto pudo con Manolo y Esther, que llegaron con cierto retraso.
A lo primero se rieron mucho, recordando como al principio de su mandato, cuando el tenia 'la puerta abierta para todo el mundo', algunas aldeanas habian intentado sobornarlo llevandole como regalo una gallina o dejandole sobre la mesa del despacho 'un duro para que se tomara un cafe'. Tambien recordaron el grito de: '?Que se repita!, ?que se repita!', con que lo obsequiaron en Darnius cuando el y Mateo y otros falangistas, en su primera visita oficial al pueblo, cantaron Cara al Sol desde el balcon del Ayuntamiento y los darniuenses pensaron que era una cancion folklorica.
Pero pronto hablaron de cosas mas serias. De hecho, fue Esther quien decidio que asi fuese.
– ?Puedo hacerte una pregunta? -le dijo al Gobernador.
– No faltaria mas. Con lo hermosa que estas esta noche…
– ?No has pensado nunca en la posibilidad de abandonar la politica?
El Gobernador levanto un dedo e hizo un signo negativo. No, nunca habia pensado en tal cosa… Cada dia estaba mas convencido de que era hombre vocacionalmente politico. Lo cual, si bien tenia sus inconvenientes, como se estaba demostrando con ese traslado -y como muy bien sabia Maria del Mar…-, no dejaba de ser, segun venia diciendose desde hacia siglos, 'menester muy noble y muy digno de loanza'.
– No, Esther… No pienso pedir la excedencia, como Manolo hizo. Nuestro caso es distinto. Aparte de que las ideas de Manolo evolucionaron, mientras que yo sigo estando donde estuve, el es abogado nato y yo no. Y tampoco me veo dandoles ahora la lata a mis hermanos y mezclandome con ellos en asuntos de ganaderia, de los que no entiendo ni jota…
Separose de la pareja, porque reclamo su presencia nada menos que dona Cecilia, la esposa del general.
– ?Juan Antonio…! -le dijo-. Que me tienes olvidada. Dime. ?Teneis piso en Santander, o vivireis, como aqui, en el propio Gobierno Civil?
– La verdad, mi querida amiga, no lo se… No me ha dado tiempo a ocuparme de eso…
– Hazme caso, Juan Antonio -insistio dona Cecilia-. Buscale a Maria del Mar un piso aparte. A ella esto no le va. ?Como tampoco a mi me van los cuarteles! Pero tu no eres general, ?comprendes? Tu puedes darle ese gusto a Maria del Mar.
Coloquio fuera de lo comun, casi extemporaneo en aquel ambiente, fue el que sostuvo con Carlota, quien se presento con un collar que debia de tener dos o tres siglos. La pregunta que le hizo Carlota le recordo la de Esther, pues la flecha apuntaba en la misma direccion. Carlota, despues de un preambulo halagador, durante el
