cual le dijo que marchandose el tal vez su marido dejara tambien la alcaldia, le pregunto si habia pensado alguna vez… en la posibilidad de que Hitler perdiera la guerra.

No era aquel el lugar indicado para ahondar en la cuestion; con tanta gente y con Pablito y Cristina pasando de grupo en grupo con bandejas en la mano. Sin embargo, el Gobernador acepto el envite. En realidad, Carlota no fue nunca santo de su devocion, no sabia exactamente por que.

Contesto que no, que nunca habia pensado en tal posibilidad. De modo que, por ese lado, se iba tranquilo. En primer lugar, el era de Santander, no de Barcelona, donde por lo visto los ingleses habian impreso, a traves de los tejidos -como en Jerez de la Frontera a traves del conac- huellas muy vigorosas. En segundo lugar, tenia fe ciega en la superioridad absoluta de los Estados totalitarios sobre los Estados regidos por la democracia. Y por ultimo, y sobre todo, sabia leer. Sabia leer los partes de guerra. Y estos decian bien a las claras, precisamente en aquellos dias, que la campana de Rusia, decisiva a todas luces, habia entrado en su fase final. Hitler habia declarado en su ultimo discurso: 'Rusia esta vencida. Lo que queda por hacer es pura cuestion de tramite'. Tal vez el Fuhrer hubiera exagerado un poco, para calentar a sus soldados, puesto que en Rusia el frio parecia ser verdaderamente intenso; pero la realidad no diferia mucho de tan tajante declaracion. San Petersburgo estaba al caer, completamente cercado; y sobre todo, estaba al caer Moscu… ?Todo ello sin que el grueso del Ejercito aleman hubiera entrado todavia en accion! Asi que, en su opinion, la suerte estaba echada.

Carlota sonrio, inclino brevemente la cabeza y levantando la copa que tenia en la mano brindo:

– ?Que tengas mucha suerte!

A continuacion, el Gobernador hablo con don Eusebio Ferrandiz, jefe de Policia, quien como siempre se presento solo. Hablo con el de un tema que califico de 'apasionante': los hermanos Costa.

– Recibira usted un informe sobre ellos, mi querido amigo Ferrandiz, identico al que mandare al Fiscal de Tasas, que por cierto no ha llegado aun, segun veo… Creo que, en cuanto haya usted leido ese papel, tendra usted por fin en sus manos a los famosos industriales. ?Una vez mas, gracias al comisario Dieguez!

A don Eusebio Ferrandiz no le gustaba hablar, fuera de la Comisaria, de estos asuntos. Pero en este caso le pico la curiosidad. Y el Gobernador, en cuatro palabras, la satisfizo.

– Si, esta vez se han pasado de la raya. Por lo visto, andan trapicheando con una Sociedad barcelonesa, Sarro y Compania, o algo asi. Pues bien, por indicacion de esa Sociedad, los hermanos Costa han sobornado a un pobre brigada que estaba a cargo de los restos de las baterias artilleras de la costa. En el deposito se guardaban no se cuantas toneladas de cobre, procedente de Transmisiones; y se han hecho con ellas, a un precio irrisorio. Operacion importante, desde luego. Y que supongo cae de lleno en el Codigo Militar.

Don Eusebio Ferrandiz se quedo de una pieza.

– Pero ?es posible? ?Ha dicho usted cobre de Transmisiones? Se referira usted a los cables, claro…

– Exacto.

– ?Entonces… ese brigada?

– ?Ah!

– Mandeme usted ese informe, por favor.

– Manana lo tendra usted en la mesa.

El Gobernador continuo atendiendo a los invitados. Charlo un rato con el doctor Chaos, el cual le dijo: '?Se convence usted, Gobernador, de que el hombre no es libre ni siquiera de elegir el lugar de su residencia?'. Charlo con el doctor Andujar y con su esposa. 'Doctor Andujar, ?echare de menos sus pildoras para pensar!'. Hablo con don Oscar Pinel, Fiscal de Tasas, que por fin llego: '?Que, recibio usted noticias de Solita?'. 'Si, ayer. Y por lo que me dice deduzco que se encuentra en Riga, en un hospital. ?Por que precisamente en Riga, digo yo?'. Hablo con Agustin Lago. 'Amigo Lago, ?le mando un par de estufas desde Santander, para sus escuelas?'. Lago sonrio. Saludo un momento a Ignacio. 'Ilustre abogado, a tus ordenes'. Marta estaba al otro lado, lejos, hablando con el ex alferez Montero… 'Marta, eres muy valiente… ?Te felicito!'. El Gobernador se acerco al grupo que formaban Jorge de Batlle, Chelo y Miguel Rossello. ?El hombre hizo de tripas corazon! Si, entre los secretos que se llevaria a su tierra -para no hacer dano a nadie-, figuraba uno que afectaba de forma muy directa a los hermanos Rossello: su padre, el doctor, no habia muerto de 'colapso cardiaco' en el Penal; se habia suicidado. Pero ?a que darles semejante noticia? '?Chelo, el matrimonio te sienta divinamente!'. Jorge de Batlle bromeo… ?Desde cuando era Jorge capaz de ello? 'No es el matrimonio el que le sienta bien. Es el campo, es la granja…' '?Adelante, pues, con las gallinas!'. Hablo con Jesus Revilla, el nuevo Delegado Sindical, quien exclamo, en tono algo ironico: 'Pero ?esto es un despilfarro! ?Ni que fuera una Primera Comunion!'. El Gobernador miro al vasco sin darse por aludido. 'Es la ultima, camarada…'

Ahorrose el enfrentarse con el capitan Sanchez Bravo, porque casualmente aquella noche este tenia guardia en el cuartel. De modo que, a la postre, todo salio a pedir de boca. El general le repitio: '?Y pensar que puede usted salir de aqui!'. El Gobernador habia tenido el detalle de invitar a su conserje. Pero este se sentia cohibido, al lado de su mujer, que era bajita y que se habia puesto un lazo rojo en el pelo. El conserje no se atrevio a mezclarse con los huespedes y hubiera sido mas feliz sustituyendo a Pablito con una bandeja.

A una hora muy avanzada, cuando el cansancio habia empezado a hacer mella en los invitados, el Gobernador solicito un momento de silencio, y en medio del respeto general, dedico a todos unas palabras de gratitud por su asistencia y les rogo… que le desearan el mejor acierto en su nuevo cometido, 'para el bien de Espana'.

El Gobernador y Maria del Mar, que estaba a su lado, humedos los ojos, escucharon una cerrada, una prolongadisima ovacion. Y poco despues el salon del hogar del Gobierno Civil quedo vacio, con solo la familia y, en el suelo, restos de pastas, con algunas botellas en un rincon y copas en todos los muebles.

Fue, para el camarada Davila y los suyos, un momento un tanto dificil, mezcla de estupor y de nostalgia. Se miraron unos a otros. Les invadio una inevitable tristeza, que corto Pablito diciendo:

– Bueno, me siento cansado, me voy a dormir… ?Buenas noches! -Beso a sus padres y se retiro.

Tambien Cristina los beso y tomo el camino de su cuarto. Pero apenas hubo andado unos pasos se volvio y dijo:

– ?Has estado estupenda, mama!

Entonces, al quedarse solos el Gobernador y Maria del Mar, se miraron… y se abrazaron. Y para evitar que aquello se convirtiera definitivamente en un 'serial', el camarada Davila le propuso a su mujer salir a dar una vuelta antes de acostarse.

– ?Te apetece? Vamos a estirar un poco las piernas… A esta hora no habra nadie por ahi.

Maria del Mar estaba agotada, pero acepto. 'Espera, que me arregle un poco'. Se fue a la alcoba y regreso al instante. 'El rimel se me habia corrido, ?sabes?'.

Minutos despues el Gobernador y Maria del Mar se encontraban en la calle de Ciudadanos. El Gobernador bromeo: 'Bien, aprovechando que el senor obispo no nos ve, si me permites te cogere del brazo…'

Efectivamente, la calle estaba desierta. Los impresiono oir sus propias pisadas en la noche gerundense. El sereno los reconocio y los saludo quitandose la gorra. En un establecimiento de ortopedia, iluminado, habia un maniqui, un torso varonil, que arranco de Maria del Mar un comentario sorprendente: '?Por que Agustin Lago no se coloca un brazo ortopedico articulado?'.

– Habra hecho una promesa… -comento el Gobernador.

Al llegar a la plaza Municipal contemplaron el balcon del Ayuntamiento, el escudo de la ciudad, el reloj. Oyeron sonar la campana de la Catedral, que tanto emocionaba al profesor Civil. Los soportales de la plaza estaban oscuros y cerrados con tablones de madera los puestos de los limpiabotas. Llegaron al Puente de Piedra y se acodaron en el pretil, para ver el Onar. De un vertedero a la izquierda salia un poderoso chorro de agua sucia. 'Son los residuos de la fabrica Soler'. Las casas sobre el rio parecian sostenerse de milagro.

Calle de Jose Antonio Primo de Rivera… ?En la Perfumeria Diana habia un espejo, tambien iluminado! El Gobernador se acerco a el, se quito las gafas y se miro. Y le ocurrio lo que en su despacho: pareciole descubrir, esta vez en su rostro, algo que no habia visto nunca: varias profundas arrugas a ambos lados de la nariz. '?Estaban ahi -se pregunto- antes de recibir la orden de traslado?'.

– Tengo frio -dijo Maria del Mar-. ?Regresamos?

– Si, querida. Ha sido un dia duro para ti.

CAPITULO LXVII

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