– ?Que no sea aquella de Gibraltar…!
Matias solto una carcajada e Ignacio corroboro: '?Caray con el Penon!'.
Manuel recito una poesia navidena alusiva al Nino Jesus, al que llamo 'dulce amor mio' y menciono a los pastores y la mansedumbre de San Jose. A Paz se le hizo tan raro oir tales cosas en boca de su hermano, que tambien ella empezo a girar la vista por el comedor. Vio la radio Telefunken; el reloj de la pared; el Sagrado Corazon entronizado; los visillos, sin una mancha. Un ambiente de calor humano muy distinto al que reinaba en aquel lobrego piso que pertenecio al Cojo. Pilar dijo:
– ?Eloy, Eloy, ahora te toca a ti! ?Hala, una poesia! Eloy se excuso:
– Yo solo se meter goles… -Y como su comentario provocara hilaridad, la mascota del Gerona Club de Futbol, aupado, se levanto y pego en el aire un puntapie imaginario.
Paz, que queria mucho a Eloy, aplaudio como los demas. De vez en cuando su mirada se cruzaba con la de Pilar y entonces brotaba una pequena chispa. Evidentemente, la cosa no era nueva. Desde que Paz llego de Burgos las dos muchachas no habian hecho mas que azuzarse. Por ejemplo, con motivo del exito de Paz en la caseta de la Feria repartiendo muestras de jabon y perfumes, Pilar no escatimo sus comentarios agresivos. 'Es una descocada -habia dicho-. Nos dara algun disgusto serio'. Por su parte, Paz mantenia el criterio de que Pilar no servia para nada. 'Le quitas la camisa azul y el amparo de Mateo y no queda nada. ?Vendiendo tabaco y chicles la querria yo ver!'.
Pero la Navidad apagaba esos brotes, con la ayuda de los relampagos ingeniosos de Ignacio, quien de pronto pregunto:
'?Y por que el angel no deseo paz a las mujeres de buena voluntad? ?Se le olvido, o es que no las hay?'.
Su intervencion tuvo tanto exito que el muchacho, definitivamente alegre, miro de subito al Telefunken del rincon.
– ?Ponemos un poco de musica? ?A lo mejor dan villancicos!
– ?Oh, villancicos! -repitio Carmen Elgazu.
Pilar, anticipandose a Ignacio, se levanto y se dirigio al aparato de radio y lo conecto. '?Atencion, queridos radioyentes, atencion. Vamos a dar lectura al mensaje que el Excelentisimo senor Gobernador de la provincia dirige a la poblacion con motivo de la Navidad. Queridos radioyentes, atencion…!'.
Matias se precipito a decir:
– ?Mensajes a estas horas? Quita eso, por favor…
Pilar fingio sorpresa.
– ?Por que? Es un dia adecuado, ?no?
Matias repitio:
– Quita eso, Pilar, anda… Y regresa a tu sitio…
Pilar desconecto la radio y obedecio. Entonces Paz, en cuanto vio a su prima sentada, dijo:
– Me das envidia. Pilar. De veras te lo digo.
– ?Yo? ?Por que?
– Porque se te ve feliz.
Pilar miro con fijeza a su prima.
– Lo soy. ?Hay algo malo en ello?
Matias interrumpio:
– Senoras y caballeros, ?quien quiere un poco mas de anis? Paz, ?te sirvo una copita?
Paz volvio la cabeza hacia su tio Matias.
– ?Por que no?
Llena la copita, Paz se levanto y brindo:
– ?A la salud de todos…! -Y se bebio el anis de un sorbo y acto seguido encendio un pitillo, con mucho estilo.
Si, no podia negarse que Paz, grosera a veces, en otras tenia dignidad. Ademas, estaba hermosisima siempre. Lanzo una espiral de humo que la envolvio, pese a lo cual su gran cabellera rubia siguio reluciendo como la cristaleria de la mesa.
Era evidente que la reunion estaba resultando un exito. Pero entonces sucedio lo que nadie podia pensar: llamaron a la puerta.
– ?Quien sera?
– A lo mejor un telegrama…
Eloy se planto de un salto en el pasillo y abrio: era mosen Alberto.
?Valgame Dios! Claro, claro, en una jornada como aquella el sacerdote no podia faltar en el piso de la Rambla. Se encontraba en el Museo Diocesano, solo con la sirvienta, y de pronto se dijo: '?Por todos los santos, si no les hago una visita a los Alvear, me muero!'.
Carmen Elgazu grito ?albricias! en el fondo de su corazon.
El sacerdote se despojo, en el vestibulo, de su manteo y entro en el comedor.
– Sientese, reverendo. Por favor, aqui, en la presidencia…
Mosen Alberto acepto. Oyose el rumor de las sillas al desplazarse. Paz procuro dominarse, pero su expresion habia cambiado. Era evidente que la entrada del sacerdote habia trastocado por completo la situacion.
Mosen Alberto giro la vista en torno y fue reconociendo a los comensales.
– Tia Conchi, Paz, Manuel… -suspiro con alegria-. ?Que bien! Todos reunidos. Esto es hermoso. Rodeado de Alvear por todas partes… -el sacerdote advirtio que Eloy lo miraba interrogante y se apresuro a anadir-: Pero ?si tu eres tambien Alvear, hijo!
Carmen Elgazu ofrecio al sacerdote:
– ?Un poco de turron, mosen Alberto?
Este, satisfecho, se froto las manos.
– ?No faltaria mas!
Acto seguido Ignacio lo invito a fumar y el sacerdote, despues de un titubeo, acepto.
– ?Un cura fumando! -rio tia Conchi.
– ?Je! -hizo Eloy.
Paz habia enmudecido. Y es que no lo podia remediar: las sotanas la sacaban de quicio… ?Por que tuvieron que ofrecerle a mosen Alberto la presidencia de la mesa? Desde su llegada todo el mundo estaba pendiente de el, de sus minimos deseos. Y el sacerdote le estaba pareciendo a ella untuoso, hipocriton. Hablaba con mucha desenvoltura; ?pero aquellas manos tan blancas!
Matias dijo:
– Desde luego, mosen Alberto, lo que mas admiro de ustedes es que abandonen a la familia y se encierren en una sacristia… o en un museo.
Mosen Alberto comento:
– ?Pues no le falta a usted razon! -Luego anadio-: A veces he pensado que Ignacio dejo el Seminario porque les amaba a ustedes demasiado…
Ignacio acepto:
– Algo hay de eso -y, sin darse cuenta, miro con ternura a su madre.
En ese instante Paz, repentinamente cansada de guardar silencio, intervino:
– De todos modos, si no estoy equivocada, los sacerdotes tienen mas familia que nadie, ?no es asi? Han de amar a todo el mundo por igual…
Mosen Alberto miro a la muchacha.
– Es cierto, hija. Sin embargo, ?no creas que sea tan facil!
Paz cabeceo con expresion ambigua.
– ?Desde luego! Eso ya lo se…
Mosen Alberto capto la intencion de la chica, pero dio con la respuesta adecuada.
– A mi me ha costado anos conseguirlo… Por suerte -anadio en tono solemne- la guerra me enseno el camino. Lo cual no significa que no tenga todavia remordimientos…
Paz se mordio el labio inferior, por lo que Carmen Elgazu casi se pregunto si la llegada de mosen Alberto no habria sido providencial, si no serviria para que la muchacha se diera cuenta de que 'los curas no eran tan insoportables como imaginaba'.
La atmosfera volvia a ser agradable. Hablose de todo un poco. De los anos que hacia que mosen Alberto
