una tras otra. Las monedas al caer al fondo de la cajita hicieron un sordo ruido: croc-croc. Ruido que resono en todo el templo y que hizo volver la cabeza al doctor Andujar.
Por fin Marta salio de su ensimismamiento. Irguio el cuello. Su mirada se perdio alla arriba, en el Padre Eterno de purpurina que asomaba por encima del andamiaje del altar mayor.
Ignacio le propuso:
– ?Vamos?
– Si.
Se santiguaron y salieron de la iglesia.
CAPITULO XXVII
Navidad… La palabra era tan hermosa que su eco desperto entre los gerundenses una emocion vivisima.
Desde 1935 la ciudad no celebraba la llegada del Nino que redimio a los hombres. ?Que significaba redencion? Algo muy superior a la traca final de los fuegos artificiales, a la Plaza de Abastos, al traslado de los restos de Jose Antonio y a los bufetes de los abogados.
El Ayuntamiento quiso festejar el acontecimiento. Adquirio cinco mil bombillas electricas con las que formo arcadas triunfales en las calles centricas, y coloco en la plaza de la Catedral potentes focos que iluminaban la fachada y el campanario. Tambien el vecindario puso de su parte cuanto fue preciso, pese a que las huellas de la guerra eran todavia visibles por todas partes. Engalanaronse los balcones. Los escaparates rutilaban. Las misas del gallo se celebraron con esplendor. ?Como no iba a ser asi! Ahora no se trataba, como en las Ferias, de honrar la memoria de San Narciso; ahora se trataba de conmemorar el nacimiento del Nino-Dios.
El doctor Gregorio Lascasas escribio una pastoral dedicada a ensalzar a los humildes. En ella afirmo que la Navidad era por antonomasia la fiesta de los humildes. Dona Cecilia parecio abundar en esta opinion, pues organizo en la plaza de San Agustin una muy nutrida Tombola, cuya recaudacion -a semejanza de las que antano realizaba la CEDA- serviria para comprarles ropa de invierno a los menesterosos.
La casa de los Alvear no habia de ser excepcion. Pese a la declaracion de Ignacio en casa de Manolo: 'La Navidad me pone triste', el 25 de diciembre penetro en el piso de la Rambla bajo el signo de la alegria. Carmen Elgazu se habia lavado la cabeza la vispera y se levanto radiante, con menos ojeras, revitalizada. '?Estaria bueno que por mi culpa se estropeara un dia como este!'. Matias estreno un sombrero gris perla e invito a todos a acariciar su pelusilla, agradable al tacto. Pilar estreno una pulsera y unos zapatos, y les dijo a Ignacio y a Eloy: '?A que me llamariais 'guapa' si no fuera de la familia!'.
Sin duda contribuyo a la alegria de la casa el numero y la calidad de las felicitaciones recibidas. Un monton. Esparcidas sobre la mesa la ocupaban casi por entero y constituian una prueba palpitante de la estimacion general de que gozaban los Alvear. Una de dichas felicitaciones era de Julio. Julio Garcia deseaba a sus amigos 'mucha prosperidad'. Otra era de Jose Alvear, alias monsieur Bidot. Jose les deseaba 'que lo pasaran feten'. De la abuela Mati se recibio una carta escrita en tinta violeta… carta firmada por todos los Elgazu. Ignacio, personalmente, recibio sendas tarjetas de Moncho, de Cacerola, de Ana Maria… A Moncho le faltaba curso y medio para terminar Medicina; Cacerola, el cocinero romantico, queria opositar a lo que fuere con tal de poder salir del pueblo; en cuanto a Ana Maria, le deseaba a Ignacio todo lo bueno que hubiera en el mundo y le comunicaba que habia llegado a Barcelona, en calidad de turista, 'el guapisimo actor Robert Taylor'. 'Estoy loca por el, Ignacio. ?O es que crees que en la tierra no hay mas hombres que tu?'.
Por supuesto, entre todas las felicitaciones recibidas destacaba, por su originalidad… la de Manolo y Esther. No era ni estampa, ni tarjeta, ni postal con un paisaje nevado. Era un 'christmas' -'costumbre protestante', segun Pilar-, coloreado a mano por la propia Esther y que representaba al Nino Jesus recien nacido, recibiendo en la frente un poderoso rayo de sol. Carmen Elgazu no acabo de comprender que en el 'christmas' no hubiera nieve, sino prados verdes, pero Ignacio le dio la explicacion debida. 'Parece ser -le dijo a su madre- que eso de que Jesus naciera el 25 de diciembre es una leyenda. Segun las ultimas investigaciones, mas bien se cree que nacio en pleno verano'. Carmen Elgazu, al oir esto, abrio de par en par los ojos y se santiguo. 'Pero ?habeis oido una barbaridad semejante?'. Matias comento: 'Investigamos tanto, que las fiestas acabaran yendose al carajo'.
No existia tal peligro, por lo menos de momento. En el piso de la Rambla el festejo central de la jornada iba a ser el almuerzo, cuyos preparativos dieron lugar a un pequeno incidente. Pilar queria que fueran Mateo y don Emilio Santos quienes compartieran con ellos la mesa; pero Matias e Ignacio entendieron que era obligacion ineludible que los invitados de honor fueran tia Conchi, Paz y Manuel. 'En todo caso, Mateo y don Emilio pueden venir a ultima hora'. Pilar insistio, pero no tuvo mas remedio que ceder. '?Entonces les digo que vengan a las siete?'. 'Cuanto mas tarde, mejor. ?No comprendes que seria una insensatez enfrentar a Mateo y a Paz? Se armaria la de San Quintin'.
Pleito resuelto. El almuerzo se inicio bajo los mejores augurios. Tia Conchi, ?por fin!, se presento bien peinada, con pendientes, un limpio chal sobre los hombros y los labios ligeramente tenidos de carmin. Manuel estreno un traje de ocasion, ?azul marino!, que el Patronato de Damas les envio, sin haberlo ellos solicitado. En cuanto a Paz, dio el golpe. Las propinas obtenidas en la Feria y el aguinaldo con que la obsequio Damaso, su patron, le permitieron exhibir un precioso vestido amarillo y un broche reluciente, broche que arranco de Pilar una pregunta intencionada: '?Te ha costado muy caro, si puede saberse?'.
Pero lo cierto es que el almuerzo transcurrio jubilosamente. Todo el mundo hizo cuanto pudo para estar a la altura de las circunstancias. Eloy colaboro con Ignacio en la mision de animar la fiesta y cada intervencion de Matias, repitiendo cosas oidas en el Cafe Nacional y contando anecdotas de Telegrafos, era coreada con risas. Risas banadas primero en vino tinto, luego en vino blanco y por fin en champana. Los tapones salieron disparados hacia arriba y Carmen Elgazu exclamo cada vez: '?Jesus! ?A ver si se nos cae el techo encima!'.
Por su parte, Paz estuvo ocurrente. Admitio que pasar de la fabrica de lejia a despachar agua de colonia detras de un mostrador, era una inconfesable concesion a la burguesia. Ignacio hizo notar que la capacidad autocritica de la muchacha era ovacionable; Paz nego con la cabeza. Nada de eso. En realidad no se trataba de aburguesarse, sino de oler bien, puesto que estaba enamorada y queria conquistar al mozo de sus suenos. Todo el mundo se intereso por el nombre de tal mozo; ella afirmo que era un secreto que no revelaria a nadie. 'Quiza, quizas un dia de estos se lo diga a Eloy'. A continuacion parodio perfectamente a las senoronas de la ciudad que entraban en Perfumeria Diana con la pretension de que por cincuenta pesetas les proporcionaran una cara agradable. 'Es pedirle peras al olmo. ?Las hay que asustan, esa es la verdad!'.
Todo se desarrollaba a plena satisfaccion y con lentitud extrema. Tanta lentitud que a la hora del postre abrio brecha en el comedor cierta melancolia. Llevaban ya dos horas en la mesa. Las mejillas se habian coloreado. Matias, disimuladamente, se habia desabrochado el cinturon y tia Conchi, poco acostumbrada a tales festines, se habia puesto un si es no es alegre. Habia eructado un par de veces, pidiendo perdon, y decia cosas extranas.
– ?Un poco mas de champana, Matias, eh? ?Esta riquisimo, ea!
La primera rotura se produjo debido precisamente a la cunada de Matias. De pronto, los ojos de la mujer se humedecieron visiblemente. Todo el mundo lo atribuyo a la bebida, hasta que Paz se dio cuenta de que su madre estaba llorando.
– ?Que te ocurre? -le pregunto, en tono amable.
Hizose un respetuoso silencio. Tia Conchi, que habia empezado a despeinarse, dijo:
– No me hagais caso. Es que… -no termino la frase. Pero su mirada giro en torno al comedor, como buscando algo.
Carmen Elgazu comprendio que la nostalgia habia invadido el animo de la mujer, precisamente debido a aquel compas de felicidad.
– Anda, Conchi. Que estamos todos reunidos. Que todos te queremos…
– Si… -sollozo la mujer-. Ya lo se.
Ignacio se percato de que su tia Conchi tenia bigote, un bigote negro y desagradable. No acerto a intervenir. El pequeno Manuel se compadecio de su madre y con afan de distraerla propuso:
– ?Quereis que os recite una poesia?
– ?Si, si!
– ?Bravo, bravo!
Paz miro a su hermano y bromeo:
