para la mujer?
Despues de reflexionar con cierta intensidad, Matias saco sus conclusiones. La gente necesitaba mas que nunca fosforo para reforzar la cabeza. La falta de higiene propagaba las enfermedades venereas y la sarna. Las maquinas usadas y las diarreas eran consecuencia de la lucha sostenida a lo largo de tres anos. Las mujeres querian embellecerse -pomadas para el cutis, fijadores para el pelo, barras de labios…- y el tenia en la familia dos buenos ejemplos de ello, cada cual a su manera: Pilar y Paz. Ahora bien ?y lo de las hernias? ?Tantos herniados habia en Espana? ?Por que? El chismoso senor Grote le decia: 'La cosa esta clara, amigo Matias. Los espanoles, casados o solteros, hacemos muchos ejercicios violentos'.
Matias esperaba que algun dia apareciera en Amanecer un anuncio que curara los trastornos que, pese a los cuidados del doctor Pedro Morell, sufria Carmen Elgazu. '?Por que no aparecera un remedio eficaz contra esas horribles hemorragias?', se preguntaba. Si, esa era la preocupacion que gravitaba sobre los Alvear, precisamente cuando se acercaba la Navidad. Las medicinas prescritas a modo de prueba por el doctor Pedro Morell no daban el resultado apetecido. Carmen Elgazu disimulaba, pero desmejoraba a ojos vistas. Pilar e Ignacio se habian dado cuenta de ello y le preguntaban: '?Que te ocurre, mama?'. 'Nada, hijos. Que no tengo apetito. Y que yo no me pongo en la cara esos potingues que le quitan a una anos de encima'. No, no era eso. De tal modo, que en la ultima visita que Matias y Carmen le hicieron al competente ginecologo, este habia llamado aparte a Matias y le habia dicho: 'Lamento tener que hablarle asi. Vamos a darle a su esposa unas sesiones de radioterapia; pero creo que no quedara mas remedio que practicarle la intervencion de que le hable'.
Esta vez Matias habia afrontado la realidad y le habia preguntado al doctor:
– Exactamente ?que quiere usted decir con eso?
El doctor le habia contestado, haciendo un expresivo ademan:
– Extirpacion…
El aldabonazo habia sido mas tremendo que el que pegaba Jaime en las puertas al repartir el periodico. Matias, exceptuando lo de Cesar, no estaba acostumbrado a noticias de esa clase, que afectasen a su casa de modo tan vital. Esta la subrayo el mismo, con lapiz rojo, en el alma. Matias habia creido siempre que su mujer era invulnerable, que era eterna. La palabra extirpacion habia desmoronado en su interior algo muy arraigado y profundo.
– En todo caso -habia preguntado-, ?quien se encargaria de la operacion?
El doctor Morell habia contestado sin vacilar:
– Yo les aconsejaria el doctor Chaos.
?Doctor Chaos! ?Precisamente el doctor Chaos…! A Matias le habia parecido aquello una muy triste ironia del destino.
Y no obstante, era preciso seguir disimulando. Por Carmen Elgazu. Por los hijos. Y porque se acercaba la Navidad.
El abogado Manolo Fontana leia tambien las noticias y los anuncios de los periodicos, pues su curiosidad era muy grande y queria estar al corriente de todo lo que ocurria. Ademas, tenia fe en las asociaciones mentales. Si por algo se alegraba de su condicion de universitario y de su pasion por la lectura era porque ambas cosas le permitian abordar los temas desde angulos diversos. Siempre decia que con la guerra, carrera con meta unica, sufrio grandemente 'de claustrofobia ideologica'. Por si fuera poco, en su obligado trato con la gente se daba cuenta de que la mayoria de las personas no tenian mas alla de cinco o seis ideas en el caletre. Con eso se las iban arreglando; se las iban arreglando para desembocar en el tedio.
Manolo, sobre todo desde la apertura de su bufete de abogado se habia hecho popular. Sin duda habian contribuido a ello su perilla a lo Balbo y su indumentaria, siempre alegre y vistosa. Ahora por ejemplo, desde la llegada del frio, llevaba un sombrerito tiroles, verde y pequeno, muy gracioso, que divirtio a sus conciudadanos. El sombrerito, en el que los domingos se colocaba una pluma ironica, y su gaban con cuello negro, de, piel, le daban un aspecto cosmopolita en perfecta concordancia con su personalidad. Como decia el profesor Civil: 'Acaba uno pareciendose a aquello que admira'. Ademas, tenia una voz rotunda, de amplios registros, que en la Audiencia, cada manana -gracias a que su bufete se veia muy concurrido- lo ayudaba en gran manera.
Esther estaba tan contenta con las perspectivas profesionales que se le ofrecian a Manolo que, a imitacion del Gobernador, habia empezado a organizar en su casa amistosas meriendas. Con la ventaja de que ella podia elegir a sus invitados. Maria del Mar le decia: 'Ay, hija, a eso le llamo yo tener suerte. ?Sabes quien viene manana a casa a cenar? ?El delegado de Sindicatos! Cosas de mi maridito… Seguro que se presentara vestido de 'productor'.
Manolo y Esther llevaban mucho tiempo deseando recibir en su domicilio a Ignacio y a Marta, reunirse con ellos y charlar. Pero Ignacio continuaba con sus periodicos viajes a Figueras y a Perpinan -el coronel Triguero, en Fronteras, sin Ignacio se sentia desamparado-, y los dias habian ido pasando sin que se presentara la oportunidad.
Por fin la reunion iba a poder celebrarse, aprovechando unas pequenas vacaciones que Ignacio consiguio. Esther, al enterarse, llamo por telefono a Marta y le dijo: 'Si no teneis ningun compromiso, os esperamos a las seis, a tomar el te. Queremos que conozcais nuestro piso. Y que veais nuestro arbol de Navidad'.
Ignacio no pudo disimular su alegria. Tambien los asuntos del muchacho iban viento en popa. ?Esperaba para fines de enero, o para febrero lo mas tarde, la licencia! Y ahora, la invitacion de Manolo y Esther, por quienes sentia una inclinacion especial.
Marta le dijo:
– Ponte el traje azul marino. Y cortate las unas, por favor…
– ?Oh, desde luego!
La entrevista habia de resultar decisiva. A la hora precisa Marta e Ignacio subian la escalera que conducia al piso que pertenecio a Julio Garcia. Abajo, una placa dorada decia: 'Manuel Fontana, abogado'. Ignacio recordo muchas cosas al pisar aquellos peldanos. Recordo, sobre todo, la visita que le hiciera a Julio en compania de su primo Jose Alvear.
Les abrio la puerta una doncella muy atractiva, muchacha que Esther se habia traido de su tierra, de Jerez de la Frontera. Pero al instante aparecieron en el pasillo Manolo y Esther, esta con unos pantalones de corte excelente y raya impecable.
– ?Magnifico! A eso le llamo yo ser puntual -saludo Manolo.
Esther, por su parte, dijo:
– Dadnos los abrigos. La calefaccion funciona aqui de maravilla.
Ya el vestibulo llamo la atencion de Ignacio. Colgados en en la pared, dos pequenos retablos y un estupendo grabado antiguo de Barcelona. ?Y nada de perchero! Un armario, en el que los abrigos quedaron guardados. En un rincon, una anfora con altas espigas.
Pero la impresion fuerte la recibio el muchacho al penetrar en lo que fue comedor de Julio Garcia. Ignacio sintio muy adentro que 'aquello era lo que el desearla tener'. La estancia se habia convertido en salon y parecia mucho mas espaciosa que antes, debido al color claro de las paredes, a la desaparicion de la lampara que colgaba del techo y a la asimetrica disposicion de los muebles. Alfombras exoticas, la chimenea ardiendo y libros por todas partes. En un angulo, ?el arbol de Navidad! Un abeto adornado con bolitas de color, estrellas de plata y regalos. Probablemente, el unico abeto de la ciudad…
Manolo, observando que Marta contemplaba el arbol con ceno, ironizo:
– No hagas juicios temerarios, por favor. En el cuarto de los ninos hemos puesto un belen como Dios manda…
Ignacio, para decir algo, pregunto por los 'reyes magos' de la casa, por los ninos, Jacinto y Clara. 'Los hemos mandado de compras -sonrio Esther-. Para que no nos den la lata'.
Ante la chimenea habia una mesa baja, redonda, cuya superficie era un mapamundi. Minutos despues estaban los cuatro sentados en torno. Y mientras Esther, utilizando una campanilla, llamaba a la doncella, Ignacio se puso a mirar el suelo, inspeccionando todos los rincones.
– ?Buscas algo? -le pregunto Manolo, quien tenia a mano, a su derecha, un pequeno tocadiscos.
– Si, busco a Berta.
– ?A Berta?
Ignacio asintio con la cabeza.
– Era la mascota de Julio Garcia. Una tortuga muy inteligente…
– Ya…
