Manolo. Consiguio inaugurar las obras para la construccion de dos pistas de tenis, precisamente en el Estadio de Futbol. Los hermanos Costa, desde la carcel, subvencionaron el costo de las redes y de las correspondientes jaulas metalicas. Esther, en el acto de la inauguracion, aparecio radiante. Su talle era tan fino y deportivo que nadie hubiera dicho que tenia dos hijos. Su presencia provoco un ?ah! de admiracion entre los asistentes, aunque algunos, por envidia o lo que fuere, decian de ella que era excesivamente moderna y que lo unico que pretendia era llamar la atencion. Tenia un admirador secreto, un defensor a ultranza: el camarada Rossello. El camarada Rossello, contemplando a Esther, conseguia olvidarse del Penal del Puerto de Santa Maria. Lo que el profesor Civil aprovechaba para decirle: '?Por que sera, amigo Rossello, que la gente elegante suele ser anglofila?'. Otra persona triunfante: el capitan Sanchez Bravo, presidente del Gerona Club de Futbol. El dia cumbre de las ferias, el dia de San Narciso, jugose en el estadio de Vista Alegre, el partido maximo de la temporada -contra el Club de Futbol Barcelona-, y el club gerundense se alzo con la victoria. Calculabanse en unas doce mil las personas que presenciaron el encuentro, procedentes de toda la provincia. La calle del Carmen, que conducia al Estadio, quedo abarrotada de vehiculos de todas clases, entre cuyos conductores un muchacho sordomudo repartia propaganda de un insecticida. El once local hizo filigranas sobre el cesped, levantando oleadas de entusiasmo, a las que no fue del todo ajeno Matias Alvear. Ciertamente, Matias iba al futbol… por culpa de Eloy, de la mascota del equipo. Le hacia gracia ver al chico en la banda, sentado sobre un balon, al lado del entrenador y de Rafa, que hacia de masajista. Cada vez que el Gerona Club de Futbol marcaba un gol, el 'renacuajo' de los Alvear pegaba un salto. Y si quien lo marcaba era su preferido, el delantero centro -un muchacho asturiano, llamado Pachin, que cumplia en Gerona el servicio militar-, Eloy tenia que dominarse para no saltar al terreno de juego y abrazar al jugador. Matias no conseguia interesarse de verdad por las incidencias del juego, que le parecia tan anodino como los toros, pero si por el resultado final. Carmen Elgazu no hubiera imaginado nunca oirle decir a su marido: 'les hemos dado pa el pelo'; 'el domingo que viene jugamos fuera'; etcetera. '?Por que dices les hemos dado, y jugamos? -le preguntaba la mujer-. ?Es que se te ha curado el reuma y piensas alinearte de extremo izquierda?'.
El capitan Sanchez Bravo, que debido a su estatura y a su boquilla de oro tenia buena facha de presidente, se hizo muy popular. Se decia de el 'que sabia tratar a los jugadores', arte complejo al parecer. Que como militar les imponia la disciplina necesaria; y como hombre de mundo sabia tambien, si la ocasion lo merecia, entrar en los vestuarios, abrazarlos uno por uno y concederles, como fue el caso el dia de San Narciso, una prima extra. Ademas, gracias a su influencia el equipo podia contar, en los desplazamientos, con Pachin, con el recluta y goleador Pachin. 'Una firmita en el cuartel y ?hala, Pachin al autocar!'. El general Sanchez Bravo, que solia ser muy duro y exigente con su hijo, y que de un tiempo a esta parte observaba todos sus movimientos con inquisitiva atencion, en este asunto ponia punto en boca, pues comprendia que no podia contrariar 'a la aficion'. 'Van a quererte mas a ti que a los que liberamos la ciudad'.
Otra de las personas triunfantes en las fiestas fue Paz. Paz, flamante dependienta en la Perfumeria Diana -la fabrica de lejia quedaba atras…-, se llevaba tan de maravilla con Damaso, su patron, que un dia le dijo: '?Por que no instalamos en la Feria un puesto de propaganda?'. Dicho y hecho. Damaso la felicito por la idea, a condicion de que fuera ella misma la encargada de atender al publico y de obsequiarlo con pequenas pastillas de jabon y con muestras de perfume.
Paz acepto gustosa. El puesto que se les asigno estaba muy cerca del Gran Circo Espanol que actuaba en la ciudad. El exito de la muchacha fue espectacular. Los ojos de Paz, mas negros y alargados que nunca; sus labios, pulposos; su voz un tanto rota, seductora; las unas de sus manos, que, por consejo de Damaso, se pinto de color ambarino brillante; toda su persona, en fin, atrajo a la poblacion juvenil masculina como el agua a los sedientos. Sobre todo los soldados -y los peones albaniles, y los empleados del Circo- se amontonaban en la caseta pidiendo mas y mas pastillitas de jabon. '?Es que no os habeis lavado desde antes de la guerra? ?Si sereis guarros! -gritaba Paz, ladeandose el casquete-. ?Eh, tu, que ya llevas lo menos seis!'. Las procacidades que Paz tenia que oir eran de todos los calibres. 'Quitate ese uniforme, guapa, que quiero ver lo que hay debajo'. 'Esta noche, a las doce, en el cementerio. ?Vale?'. 'Si me dices nones me voy a la Legion'. Tambien las sirvientas -incluida Montse, la de 'La Voz de Alerta'- se acercaron a la caseta a pedirle a la muchacha muestras de perfume. Y se morian de celos viendo a Paz capitanear aquel alboroto varonil. Algunos tratantes de ganado, con su blusa gris hasta las rodillas y su baston, cuchicheaban desde lejos contemplando a Paz: 'Eso estara en venta ?no crees?'. 'No se, no se rie nunca'. 'Me gustaria enviarle un billete dentro de un sobre'. Paz los veia tambien y adivinaba sus pensamientos. Y tenia ganas de encender un pitillo y ponerselo en la comisura de los labios para volverlos mas tarumba todavia. Aunque lo que a ella le gustaba realmente era provocar a los 'fascistas'. La tarde en que descubrio a Jose Luis Martinez de Soria mirandola de reojo, mientras el muy tuno simulaba estar absorto ante las carteleras del Circo, se sintio colmaba de satisfaccion y grito: '?Acercaos, muchachos! ?Perfumeria Diana regala jabon a todo el mundo, sin distincion de categorias! ?Jabon Diana, que lo lava todo, incluso los cutis mas delicados!'.
La ultima de las personas triunfantes fue el padre Forteza. No solo porque organizo en las Congregaciones Marianas un 'Concurso de piropos a la Virgen' -que tuvo gran resonancia y que fue ganado por un hijo del Delegado de Hacienda, un joven congregante llamado Alvaro-, sino porque cada tarde, sin faltar una sola, se fue a la Gran Via a deambular por entre las atracciones y las barracas. Por desgracia, dada su condicion sacerdotal no podia entrar en todas partes, no podia verlo todo; pero apuro hasta el limite sus posibilidades. Preferia, desde luego, recorrer sin compania la Feria; solo en una ocasion accedio al ruego de Alfonso Estrada y visito con este la Caverna del Miedo, en cuyo antro una serie de monstruos y de esqueletos fosforescentes los asustaron rozandoles la cabeza. Lo demas, el padre Forteza lo visito por su cuenta. Y asi presencio una y otra vez la fantasia de la Gran Noria, que subia casi hasta el cielo. Y asistio, rodeado de chicos, a multiples sesiones de titeres, aplaudiendo a rabiar cuando el diablo era apaleado al final. Tambien le gustaba detenerse ante el sencillo aparato en el que, si el punetazo era certero, se encendia la luz de arriba; comprobando que los hombres fuertes solian ser bajitos y anchos de espaldas. Su vagabundeo era espasmodico y fruto de la improvisacion. Pasaba rapido delante de los barracones de tiro -no le gustaba que los mozos apretaran el gatillo- y en cambio se detenia largo rato ante las pistas de los autos de choque -la Comision de Festejos consiguio la energia electrica necesaria-, donde los desconocidos y los enamorados se perseguian y se embestian con o sin mala intencion. El padre Forteza, con sus ojeras, su barbilla afilada, a causa de las disciplinas, y sus calcetines blancos seguia siendo el gran apasionado de lo imprevisible y por ello las enormes ruedas del 'siempre toca', en las que lo mismo podia uno llevarse una olla, que una muneca, que un peine, lo hacian feliz. Al senor obispo no le hubiera gustado nada saberlo por alli; pero en cambio los procaces clientes de la caseta regentada por Paz y las chicas descaradas lo pasaban en grande al localizar una sotana. '?Mira el curita! ?Que andara buscando?'. Poca cosa. Buscaba poca cosa. Si acaso, algodon dulce, de ese que brotaba de la nada, como las tentaciones. O almendras garapinadas. O compadecer por igual, porque estaban enjaulados, a las fieras del Circo y a los pajaritos que adivinaban el porvenir. O contemplar a los prestidigitadores o a un pobre feriante que no tenia otra mercancia que ofrecer que dos paquetes de tabaco y seis caramelos sobre un cajoncito de madera. ?Ah, claro, la Feria era tambien antidemocratica! En ella existian leones y palomas, domadores y esclavos, opulencia y mendicidad. Pero lo extraordinario, lo que hacia del padre Forteza un espectador de especie unica, era que le gustaba visitar la Feria tambien al amanecer, cuando no habia nadie, solo algunas lonas cubriendo todo lo que durante el dia hacia reir. La Feria a la luz vagarosa del alba le conmovia extranamente. Tenia la impresion de que las mudas barracas, los tiovivos, los anuncios tenian frio a aquella hora, como lo tuvo Mateo al pisar la escarcha de las rutas de Espana, rumbo a El Escorial. Los perros olisqueaban entre los residuos y los cucuruchos de papel y pasaba fugaz alguna que otra rata. Unos y otros se comian el cadaver de lo que la vispera fue algarabia y pasion. ?Ah, no importaba! Al mediodia todo volveria a rutilar. '?Siempre toca!'. '?Pasen, senoras, pasen!'. El padre Forteza solto en aquellas fiestas de San Narciso, grandes carcajadas, como las que soltaba a veces ante el Sagrario pensando y sintiendo la magnificencia de Dios. No creia que el contacto con lo liviano y pueril le danara el alma. Todo lo contrario. Por otra parte ?era liviano que un hombre se ganara la vida tragandose ante el publico enhebradas hojas de afeitar? ?Y era pueril la galeria de espejos deformantes? ?De ningun modo! Especialmente esos espejos representaban en el fondo las diversas verdades de la vida y los diversos yo que cada hombre cobijaba inevitablemente en su interior. Espejos concavos, que lo convertian a uno en el elegante y espigado doctor Chaos. Espejos convexos, que lo convertian a uno en el barrigudo patron del Cocodrilo. El padre Forteza, jugando frente a aquellos cristales, pasaba en un santiamen de la cordura al disparate, de lo angelico a lo demoniaco. Igual que, a lo largo del dia, le ocurria con la conciencia.
Bueno, y el caso es que, entre norias, algodon dulce y melancolia de las barracas al amanecer, llego el momento de clausurar la Feria. Ahi el triunfo correspondio a la Junta en pleno del Casino de los Senores: el baile de gala. Celebrose en el Casino el tradicional Baile de Gala, que mas tarde Amanecer calificaria de 'manifestacion
