soldado aleman.
Por su mente desfilaron multitud de imagenes, desde aquel dia de 1933 en que llego a Gerona y que la Voz de Alerta habia evocado en la nota biografica que publico Amanecer. Cuanta lucha, cuanta camisa azul, cuantas batallas dialecticas, cuantos recuerdos empezaba a acumular! En el centro de ellos se encontraban varios camaradas -sobre todo, los que habian muerto-, e Ignacio. Sentia unas ganas enormes de abrazar a Ignacio y de que este le mirara sin encono en el fondo de los ojos. Ignacio habia ido a la clinica tres o cuatro veces y en una de ellas le presento a Moncho y a Eva -una pareja impresionante-, pero se le veia reservado y con poca voluntad para quemar las etapas. En resumen, soledad, a no ser su padre, don Emilio Santos, que se habia jubilado y que con toda evidencia 'le habia perdonado ya', acaso falto de fuerzas para andar rumiando rencores.
Por cierto, que el sustituto de su padre como director de la Tabacalera era un tal Hipolito Saenz, hermano de un coronel de Caballeria que estaba en Madrid y cuyo nepotismo se demostro de buenas a primeras: concedio un estanco a su hija, Araceli, en la misma Rambla y en competencia con un caballero mutilado.
El era tambien un caballero mutilado. Y se enorgullecia de ello. Habia dado tantas cosas -pedazos de vida- a la Falange, que ahora no iba a hacer marcha atras. Confiaba en el camarada Montaraz, bien que por la costumbre de las gafas negras no habia podido verle los ojos. Se habia portado muy bien con el y daba la impresion de ser una mezcla de Salazar y Nunez Maza, es decir, de fuerza intelectual -Nunez Maza- y de fuerza fisica -Salazar-. Habia apretado filas en Albacete, en Burgos, en Madrid, en Gerona. Marta le hablo a Mateo de la labor que el camarada Montaraz estaba desarrollando en la provincia, especialmente -era obvio- en los campos de la higiene y de las enfermedades venereas, asi como en el de las viviendas protegidas para los 'productores'. Ni una palabra que pudiera herir su sensibilidad. 'Si quieres encargarte tu de la censura del periodico y de la emisora de radio, te la cedo gustosamente'. Mateo acepto. No le gustaba que las sabandijas de siempre anduvieran merodeando por las cercanias. Asi que trabajo no le iba a faltar. Y cuando regresaran -faltaban dos semanas- sus amigos de la Division Azul se sentiria mucho mas acompanado. Tenia un proyecto: convencerles a todos para que se quedaran en Gerona. Cacerola, Alfonso Estrada, Rogelio, Solita y mosen Falco, por supuesto; pero tambien los 'tres moqueteros, como les llamaban en la Division, Leon Izquierdo, logrones, el que se fue 'porque le habia abollado el auto a papa', Eugenio Rojas, 'el motorista que se despisto y se encontro en Grecia' y, sobre todo, Pedro Ibanez, madrileno, que se alisto por 'orfandad' y que era capaz de reproducir con palillos cualquier monumento en miniatura.
Miro el retrato de Jose Antonio y murmuro: 'Cuando todos esten aqui y Pilar haya comprendido que sin mi amor no puede vivir, organizaremos todo esto como Dios manda'.
Se levanto del sillon. Todavia a veces la herida le dolia. Anduvo unos pasos. Franqueo la puerta. Varios cadetes le saludaron brazo en alto. 'Arriba Espana!'. 'Arriba!'. Bajo con cuidado la escalera; y al encontrarse en la calle Ciudadanos se cruzo con dos caballeros que charlaban animadamente. Mateo no les conocia. Ignoraba que el mas alto era mister John Stern, consul de los Estados Unidos y el otro mister Collins, consul de la Gran Bretana.
En efecto, a mediados de agosto se produjo el esperado regreso de los divisionarios de la primera hora - excepto los que voluntariamente quisieron quedarse para adiestrar a los neofitos-, y en consecuencia, despues de trasbordar en Madrid llegaron a Gerona, en tren, todos aquellos que Mateo estaba esperando. Esta vez el recibimiento fue multitudinario, porque se aupo el suceso. 'A recibir a los heroes! Gerundenses, a cumplir con vuestro deber patriotico!'. Los andenes de la estacion se encontraban llenos a rebosar, y hubo incluso ninos -entre ellos, el Nino de Jaen y Eloy- que agitaban banderitas de papel.
Los actos protocolarios se celebraron en la propia estacion, y naturalmente los presidieron el camarada Montaraz y Mateo. Maria Fernanda llevaba un ramo de flores para Solita, quien se abalanzo llorando al cuello de su padre, Oscar Pinel. Luego, Alfonso Estrada. A este le entrego un ramo de flores la maestra Asuncion, a quien Marta continuaba diciendo: no te lo dejes escapar. Mosen Alberto, en representacion del senor obispo, recibio a mosen Falco. Cacerola desperto vitores entusiastas y anonimos. Era muy popular, al igual que el camarero Rogelio. Un tanto marginados, excepto por parte de Mateo, los camaradas Leon Izquierdo, Pedro Ibanez y Eugenio Rojas.
Amanecer preparo material grafico para el dia siguiente y la Voz de Alerta, asesorado por Mateo, trazo las semblanzas de cada cual. Solita ocupo el lugar de honor. Tambien Alfonso Estrada, el de los cuentos tremebundos y el cocinero Cacerola, que cedio una fotografia en la que se le veia tocado con un gorrito de astrakan, ante un enorme perol, con la silueta de una iglesia ortodoxa al fondo. Mosen Falco cedio a su vez otra fotografia en la que se le veia en aquella fiesta del Corpus durante la cual escupio a un ruso que se mostraba irreverente.
Otro discurso del camarada Montaraz, quien ridiculizo a 'papaito' Stalin, no atreviendose a hacer lo propio con Churchill y con Roosevelt. Dio la bienvenida a los divisionarios. Se acordo que los que tuvieran domicilio propio se fueran a sus casas; los que no, a la fonda Imperio, en la plaza de San Agustin, ert la que estuvo Cacerola y en la que estaba tambien Agustin Lago.
La multitud se puso en marcha alegremente, ignorando que, ademas de Mateo, habia otros dos mutilados: Pedro Ibanez, a quien, cerca de Gregorok, se le habia congelado el pulgar del pie derecho y Evaristo Rojas, a quien una bala le habia cortado una oreja.
Mosen Falco, con su caracteristico talante, propuso celebrar un Te Deum en la catedral; mosen Alberto le calmo. 'Hablaremos con el senor obispo'. Mosen Alberto sabia que el doctor Gregorio Lascasas se negaria a ello, debido a aquella pastoral que habia hecho publica el nuncio de la Santa Sede, monsenor Cicognani. Todo fueron placemes y cantos -el coro de la Seccion Femenina-, mientras Pilar, detras de los visillos del balcon de su casa, contemplaba el desfile de la muchedumbre, encabezada por el camarada Montaraz, Mateo y mosen Falco. Se dirigieron a la iglesia de San Felix, cuyo campanario parecio erguirse un poco mas que de costumbre. El parroco rezo un responso por los muertos y leyo unos salmos para los vivos:
'Cuando los malignos me asaltan
para devorar mis carnes
son ellos, mis adversarios y enemigos,
los que vacilan y caen.
Aunque acampe contra mi un ejercito
no temera mi corazon.
Aunque se alzare en guerra contra mi,
aun entonces estare tranquilo'.
Dichos salmos impresionaron mucho a los fieles que llenaban el templo a rebosar. Despues de aquello, no cabia nada mas. La salida y la dispersion.
En cuestion de un mes cada pieza ocupo su lugar. Mateo estaba contento, porque al parecer Pilar iba cediendo en su postura. Presintio que todo acabaria arreglandose, gracias, en buena parte, a Cesar, que crecia, que crecia cada dia un poco mas. Ante sus sonrisas parecian diluirse de pronto todos los equivocos. Lastima que don Emilio Santos tosia mucho, tosia tambien cada dia mas, y apenas si salia del piso, recibiendo con alegria las visitas periodicas del notario Noguer y del profesor Civil, cada cual hablando de sus achaques.
Solita en Rusia habia vivido lo suyo y no se arrepentia de su experiencia, que en cualquier caso la habia ayudado a superar por completo el drama que la alejo del doctor Chaos. Pensaba en el a menudo, pero como excelente medico y excelente cirujano, nada mas. La heroicidad de los hombres que trato en Rusia y las grandes tragedias que presencio la ensenaron a no exagerar con su anecdota personal. Tambien la influyo el estoicismo de los soldados rusos siberianos.
Los regalos que se trajo fueron un gorro de astrakan mejor que el que lucia Cacerola, Adorno con el la cabeza de su padre, Oscar Pinel, fiscal de tasas, quien ante el espejo se rio estruendosamente, despues de casi un ano de no poder apenas sonreir. Se trajo tambien un par de iconos, uno para su hogar y otro para su hermana Remedios, monja teresiana en Avila. Y tambien un termo de color azul, porque sabia que su padre en la oficina necesitaba al cabo del dia muchas tazas de cafe. 'Cada vez que uses el termo, piensa en mi bata blanca de enfermera en el hospital de Riga'. Su padre se lo agradecio porque, en efecto, el cafe le resultaba indispensable.
