mucho mas nervioso que de costumbre, sobre todo en el momento de la despedida.

– Cuando volveras?

– No lo se, mujer… America no esta en la esquina. Calcula un mes o algo asi.

Don Rosendo llamo por telefono a Ana Maria y esta tambien le noto un extrano temblor en la voz. Ignacio penso para si: 'El Brasil… Ahi suelen ir los que evaden divisas o estan a punto de hacer suspension de pagos'. Pero no quiso alarmar a Ana Maria y se callo.

Pronto se supo la verdad. Antes de fugarse, don Rosendo Sarro habia firmado una escritura de poder general a favor de don Javier Canais, abogado de profesion, perteneciente a la misma Logia que don Rosendo. El notario elegido fue don Herminio Vilaseca, amigo de ambos. La jugada era arriesgada, puesto que ponia todas las pertenencias en manos de don Javier Canais, quien tenia potestad para hacer y deshacer, para vender o comprar a terceros. Incluidos todos los negocios en cualquier lugar del territorio nacional, por ejemplo, dos fabricas de tejidos en Sabadell, el Banco Anis -con Gaspar Ley en Gerona-, la EMER -tambien en Gerona, con el cincuenta por ciento de las acciones propiedad de los hermanos Costa-, etc. Los poderes incluian tambien el chalet de San Feliu y el yate Ana Maria amarrado en el puerto…

A los ocho dias justos, don Javier Canais recibio un telegrama del Brasil. 'Estoy perfectamente. Gracias. Mauricio'. Era la contrasena. Era la senal convenida para que el abogado -que en la logia Mercurio tenia grado inferior a don Rosendo- comunicara a la familia la verdad de su situacion.

Un mal trago para don Javier Canais lo fue el enfrentarse con dona Leocadia. Aun cuando esta sospechase que algo no marchaba bien, jamas supuso que se tratase de una ruptura tan total.

– Su marido, dona Leocadia, se ha fugado al Brasil porque no tenia mas remedio. Habia creado un imperio con los pies de barro. Yo mismo le habia advertido que tuviera prudencia, pero el confiaba en su buena suerte y en el poder de su fortuna personal. Tengo todos los documentos a mano para salvar lo que se pueda, que a mi entender sera mucho. Se habia diversificado en exceso. Yo puedo hacer y deshacer, segun la escritura que el me rogo que firmara, pero no pienso mover un dedo sin que usted o alguien de su familia me de la autorizacion…

Dona Leocadia tuvo una crisis casi histerica. Llevaba mucho tiempo rumiando que aquello no podia durar. Pero don Rosendo era una pena! Con los pies de barro, segun se demostro al final.

En cuanto la mujer se hubo desahogado le dijo a don Javier Canais que ella, obviamente, no entendia nada de 'numeros' ni de sociedades anonimas y que mejor seria avisar a su yerno, Ignacio Alvear, abogado, que vivia en Gerona, para que estuviera enterado de lo ocurrido.

Dona Leocadia, al pronto, se creyo en la ruina. Ella habia oido hablar mucho de la masoneria y del concepto de hermandad que reinaba entre los masones del mundo y excepcionalmente entre los pertenecientes a la misma Logia. Pero lo unico que ahora sabia es que estaba en manos de aquel caballero de buena presencia y mejores modales, y que de su buena fe dependia todo, desde las cuentas de los bancos hasta el chalet de San Feliu. 'Y por que mi marido se ha ido al Brasil? No le hubiera bastado con irse a Portugal?'. Don Javier Canais le dijo que no. Se habia firmado el llamado Bloque Iberico y cabia la posibilidad de que las autoridades portuguesas entregaran a su marido a la jurisdiccion espanola. Ademas, en el Brasil don Rosendo Sarro tenia sus contactos y con poco esfuerzo podria salir adelante. 'No parte de cero, se lo aseguro. Nuestros amigos brasilenos le ayudaran'.

Dona Leocadia, que continuaba acomplejada por el bocio del cuello que tanto la afeaba, saco fuerzas de flaqueza y le repitio al visitante que era preciso explicar todo aquello a sus hijos, Ana Maria e Ignacio.

– Puedo llamarles ahora mismo y decirles que vengan manana…

Don Javier Canais hizo un mohin.

– Mejor que me desplace yo mismo y asi de paso me entero de como estan los negocios en Gerona… -De repente, el hombre tuvo una idea que despejaba cualquier posible mal pensamiento-. Puede usted acompanarme. Vamos los dos en coche y asi vera usted en que para todo esto…

Quedaron de acuerdo: salida de Barcelona a las nueve. Don Javier Canais se fue y dona Leocadia, rota por dentro, no tardo ni cinco minutos en llamar a Ana Maria. La encontro en casa; Ignacio estaba en el despacho de Manolo. Ana Maria palidecio. Apenas si daba credito a lo que estaba oyendo.

– Pero, mama…

– Asi es, hija mia… Este es tu padre.

Ana Maria colgo el telefono y rompio a llorar. Sus sentimientos hacia su padre eran complejos. Por un lado, le inspiraba repulsion; por otro, le admiraba. Y habia hecho todo lo posible para que ella fuera feliz e incluso le dio permiso para que se casara con Ignacio.

Cuando este llego a casa Ana Maria se echo en sus brazos.

– Mi padre se ha fugado al Brasil… Manana viene un abogado a vernos, junto con mi madre, para informarnos de lo ocurrido…

Ignacio procuro consolar a Ana Maria. La sabia fuerte, pero no tal vez para un golpe de ese calibre. No quiso enganarla, puesto que los hechos estaban ahi.

– Algo tenia que ocurrir, un dia u otro… No se puede jugar con la justicia ni, por el hecho de ser mason, poseer una fortuna y vasallos a porrillo… Me lo temia, Ana Maria.

La muchacha se sono con mas estrepito de lo acostumbrado.

– Sean cuales sean los proyectos de ese abogado, nadie me devolvera a mi padre, que esta en Brasil. Y nadie nos librara del escandalo.

– Eh, cuidado! Ahi te equivocas… Si ha sucedido lo que me supongo, solo nos enteraremos la familia y los intimos.

* * *

La reunion tuvo lugar en el despacho de Manolo, quien, en honor de Ignacio y Ana Maria, habia dado carpetazo al asunto 'Sarro'. Desde el primer momento don Javier Canais les causo una excelente impresion. 'Seguro que es mason', penso Ignacio para si.

El asunto estaba tan claro que no hubo necesidad de alargarse demasiado. Con la escritura sobre la mesa, sobraban los comentarios.

– Que piensa usted hacer con sus plenos poderes?

– Seguir las instrucciones de don Rosendo… Eliminar su nombre de los negocios y ponerlos a nombre de amigos y socios. Y ejercer yo de apoderado… En cuanto a los inmuebles, el piso de Barcelona a nombre de la esposa aqui presente y el chalet de San Feliu de Guixols y el yate a nombre de Ana Maria.

Manolo e Ignacio se miraron. Les dolia que un abogado al que ellos no habian visto jamas se quedara con todo el patrimonio y con las cuentas bancarias; pero si don Rosendo lo habia elegido, por algo seria. Ademas, era de esperar que pronto recibieran noticias suyas desde el Brasil y que el asunto quedara definitivamente zanjado.

– Me comprometo -dijo don Javier Canais mirando a Ignacio- a presentarle a usted antes de un mes una lista de los negocios de don Rosendo y luego, semestralmente, a darle cuenta del debe y del haber… -marco una pausa-. Lo unico que puede suceder es que reciban ustedes la visita de la policia…

Todo el mundo asintio. Dona Leocadia, encogida en su sillon. Ni siquiera habia querido quitarse el abrigo. Ana Maria, haciendo de tripas corazon iba pensando: 'Menudo regalo de Reyes'. Y se acariciaba el anillo de boda. Ignacio era un poco el vencedor de la reunion, pues solo una vez se habia desmadrado confesandole a Manolo sus 'ilimitadas ambiciones' y Manolo le exigio que hiciera marcha atras. E Ignacio le hizo caso, obedecio.

A partir de ese momento todo quedo aclarado. Don Javier Canais pasaria una respetable mensualidad a dona Leocadia, que le permitiria vivir holgadamente. En apariencia, pues, todo continuaria igual, excepto la ausencia fisica de don Rosendo, quien se habia ido con aquella opresion cardiaca que a veces le obligaba a reflexionar. Ana Maria se empeno en que su madre se trasladase una temporada a Gerona, hasta que decidiese por si sola lo que queria hacer. Ignacio aprobo la idea y dona Leocadia les dijo: 'Muchas gracias'.

Una semana despues dona Leocadia estaba instalada en el piso de la avenida del Padre Claret y comenzaba una nueva etapa. Recibieron carta del Brasil. Don Rosendo les pedia perdon y anadia que 'los amigos le habian recibido con los brazos abiertos'.

Gaspar Ley, Charo, los hermanos Costa y el hijo del profesor Civil, gerente en funciones de la EMER, se quedaron estupefactos. A los hermanos Costa se les derrumbo el mundo. Ignoraban los proyectos de su nuevo 'amo', don Javier Canais. Por de pronto, el paraguas que les cubria se habia ido a America.

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