progresivamente a medida que se fuera incrementando el credito presupuestario. Tampoco veia con buenos ojos, segun expuso, la infima dotacion para la retribucion de las clases de tropa, tan baja que los que se presentaran habian de ser «gente poco menos que perdida, y por lo tanto dispuesta a la corrupcion, siendo estas las clases que merecen mas atencion, pues casi siempre tienen que prestar su servicio individualmente, y los que tengan la circunstancia de conocida honradez, talla, saber leer y escribir, y demas que se requieren, no querran por cierto tener ingreso en un cuerpo, en que han de arrastrar grandes compromisos y fatigas, con la seguridad de que serviran mas y ofreceran mas garantias de orden cinco mil hombres buenos que quince mil no malos, sino medianos que fueran». Es de subrayar esta preocupacion, constante en Ahumada, por contar para la Guardia Civil con personas cuya instruccion minima les permitiera saber leer y escribir. Detalle que ponia de relieve lo escogido del cuerpo que tenia en mente, en un pais donde el indice de analfabetismo se situaba sobre el setenta y cinco por ciento de la poblacion.

A partir de estas premisas, realizo un estudio previo de plantilla, reorganizando la que se le habia proporcionado en los decretos fundacionales. Simplifico las unidades y sus planas mayores, rebajo el nivel de cinco de los Tercios, proponiendo que los mandaran tenientes coroneles en vez de coroneles, por su poca demarcacion, y propuso que hubiera mas oficiales subalternos, para que en su actuacion aislada la «vigilancia fuera mas inmediata». Y respecto a los empleos mas modestos, para los que proponia el primer aumento de sueldo, incluso antes de que existiera el cuerpo, argumentaba: «Llegamos ahora al punto capital de esta organizacion, que es la dotacion de sus individuos de tropa, pues la de sus jefes y oficiales es la correspondiente al servicio del Cuerpo. Si aquella no es la indispensable para proporcionar una subsistencia comoda y decente no solicitaran tener entrada en la Guardia Civil aquellos hombres que por su disposicion y honradez se necesita atraer. Una peseta y el pan es el jornal de cualquier bracero, que no tiene que entretener ni un vestuario, ni un equipo ampliado y lucido». Con todo, la propuesta del duque, que reducia los efectivos del cuerpo, ahorraba al erario publico 4.665.320 reales al ano.

Todas sus ideas las resumia en siete puntos, que elevo al Gobierno escritos de su puno y letra, y que se recordarian como las «bases para que un general pueda encargarse de la formacion de la Guardia Civil». Tales bases eran, en sintesis, las siguientes:

1. Que este conforme con la organizacion que deba darse al Cuerpo, encontrando en la actual grave falta de dotacion a los guardias.

2. Que tenga intervencion en el vestuario, caballos y monturas.

3. Que debe ser quien proponga a todos los jefes y oficiales.

4. Que hasta que cada Tercio se entregue, pueda decidir la separacion de aquellos miembros cuya permanencia no convenga.

5. Que la organizacion debe ser progresiva, tercio a tercio.

6. Que cuanto haya hecho el Ministerio de la Gobernacion debe pasar al general encargado de la organizacion.

7. Que todos los que tengan entrada en el Cuerpo se le deben presentar personalmente en Leganes (infanteria) y en Vicalvaro o Alcala (caballeria), antes de marchar a las provincias donde se les destine.

Del examen de estos siete puntos no puede desprenderse un mensaje mas nitido: plenos poderes para organizar el nuevo cuerpo, y libre decision para conformarlo con arreglo a su criterio. La peticion de Ahumada iba a resolverla el nuevo ministro de la Guerra y presidente del Gobierno, esto es, el todopoderoso Ramon Maria Narvaez, mediante el nuevo Real Decreto de 13 de mayo de 1844, por el que se reconducia la organizacion de la Guardia Civil creada por el de 28 de marzo a la propuesta por el director al que se le habia encomendado. Acogia el preambulo del Real Decreto todas y cada una de sus peticiones. Se dejaba bien clara la dependencia del Ministerio de la Guerra en todo lo relativo al personal, debiendo «entenderse» en su servicio peculiar con las autoridades civiles, y contando con una Inspeccion General desempenada por un general del Ejercito. Se aceptaba tanto la reduccion de efectivos respecto del proyecto originario como el principio de dotacion progresiva de sus tercios. Y se recogian, literalmente, las reflexiones del duque de Ahumada sobre la necesidad de dotar de forma adecuada a los individuos de tropa. Esto llevaba a atribuir a los guardias un haber diario entre nueve y doce reales, en el caso de los de caballeria, y entre ocho y diez y medio los de infanteria. Es decir, mas del doble de la propuesta original. En su articulado, el Real Decreto desarrollaba todos estos principios y la organizacion que habia de darse al cuerpo. Es de destacar el articulo 20, que fijaba las condiciones exigidas para ser guardia civil, y en el que quedaba claramente formulada la voluntad de contar con individuos seleccionados:

Las circunstancias para entrar en la Guardia Civil han de ser en las clases de tropa: ser licenciados de los cuerpos del ejercito permanente o reserva, con su licencia sin nota alguna; promover su instancia por conducto del alcalde del pueblo de su vecindad, con cuyo informe y el del cura parroco debera dirigirse al jefe politico de la provincia; esta autoridad, tomando los informes que estime oportunos, la pasara al comandante general de la provincia, y este al jefe del tercio; no tener menos de 25 anos de edad ni mas de 45, saber leer y escribir, tener cinco pies y tres pulgadas, lo menos, de estatura los que hayan de servir en caballeria y dos los de infanteria.

Para los oficiales, se exigia en todo caso que fueran mayores de treinta anos, lo que garantizaba la incorporacion a la Guardia Civil de personas con la madurez necesaria. La oferta de unirse al nuevo cuerpo no carecia de atractivo para los militares de graduacion, aunque algunos de ellos lo veian con desconfianza, por temor a que la inestabilidad politica que caracterizaba a la epoca lo convirtiera en una creacion efimera. Con todo, al director general de la organizacion no le faltaron candidatos, y pudo efectuar una rigurosa seleccion en la que les dejo bien claro que en el nuevo cuerpo se exigiria un sacrificio en el servicio y una limpieza de conducta superiores a los que se les pedia en sus unidades de procedencia, teniendo ademas absolutamente proscrita la militancia politica (contra lo que era usual en el ejercito, despues de tantos anos de intervencionismo militar en la gobernacion del pais). La mas minima falta en el expediente, que el director examinaba personal y meticulosamente, conllevaba el rechazo. A Ahumada solo le interesaban hombres de «honor, valor y limpia conciencia».

Para las labores de organizacion, el director se instalo con su equipo en un edificio del siglo XVII sito en el 14 de la calle Torija de Madrid, todavia existente, y donde habian estado la residencia y las oficinas de los inquisidores madrilenos del Santo Oficio, abolido pocos anos atras. En el verano de 1844 se fue recibiendo a los aspirantes en los acuartelamientos de Leganes, Vicalvaro y Alcala. Pronto se vio que no seria facil cubrir las plazas de tropa. A comienzos de junio, en los quince batallones que guarnecian Madrid, solo se habia podido encontrar once hombres aptos para incorporarse a las unidades de infanteria de la Guardia Civil. Ello llevo al duque a proponer la admision de soldados de menor edad de la prevista en el Real Decreto de 13 de mayo, pero sin hacer concesiones en cuanto a su talla e instruccion minima. Tambien fue ardua la recluta de las unidades de caballeria, con la dificultad anadida de la compra de semovientes y el equipo preciso. El 1 de agosto se contaba ya con 668 guardias de infanteria y 368 de caballeria, que a mediados de mes se habian incrementado hasta 758 y 415, respectivamente. El 1 de septiembre, el duque de Ahumada, como premio a su labor organizadora, fue nombrado primer inspector general del cuerpo, en analogia de derechos y sueldo con los demas directores e inspectores generales de las armas del ministerio de la Guerra, y la Guardia Civil se presento en parada militar ante el Gobierno.

El desfile tuvo lugar donde hoy se encuentra la estacion de Atocha. En total formaron 1.500 guardias de infanteria y 370 de caballeria, con todos sus mandos y completamente uniformados, armados y equipados. Revistados por Narvaez, con Ahumada a su izquierda, la impresion de marcialidad y disciplina que causaron los guardias fue excelente. Un rasgo que iba a distinguir a la Guardia Civil en todas las paradas militares en que participaria a lo largo de su dilatada historia.

En ese verano de 1844, Ahumada tambien puso a punto las cuestiones de intendencia, como los haberes del cuerpo, fijados por Real Orden de 30 de agosto, y que arrojaban en conjunto unos ingresos para los guardias civiles por encima del promedio de la clase social de procedencia, y tambien superiores a los de sus homologos del ejercito. Baste apuntar que un coronel vendria a ganar 36.000 reales de vellon anuales, frente a los 21.600 que percibia en el ejercito, diferencia que en los tenientes era de 7.300 a 5.000. Eso si, con todo y el esfuerzo hecho para aumentar sus ingresos, la diferencia con las clases de tropa era enorme, si tenemos en cuenta que un guardia de segunda percibia 2.920 reales, un cabo 3.285 y un sargento primero, 3.832.

Вы читаете Sereno en el peligro
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ОБРАНЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату