las piedras, y el Maputoqui enamorado supo que solo aquella flor le daria la otra… la mujer hecha de sol, de nieve, el anfora de barro convertida en mujer por Toquinche 7 para el… La de las trenzas de oro y los senos duros y calidos y de las caderas que se curvaban con la firmeza de su arco en la pelea… Entonces comenzo a descender, despacio, agarrandose a las piedras hasta hacer saltar la sangre de sus manos… Ya estaba cerca y alargo el brazo para tomar la flor que temblaba como si naciera de una entrana viva… como si la montana fuera un gran animal viviente. Sus dedos cortaron el tallo y entonces la garganta de roca rugio… la montana toda rugio exasperada… y el Mapu-toqui cayo al fondo llevandose el grito y la flor del nanculahue. Al borde del torrente, el guerrero, como un penasco roto, gimio todavia antes de morir:
– Te llevo la flor… ?esperame! -y un
– ?Ah, viejo picaro!… -lo reto Blanca alegremente, deshaciendo el hechizo-. Cada dia inventas una fabula nueva… pero dime: ?termina asi tan hermosa leyenda? El viejo se distrajo un momento revolviendo dentro de la olla y como si hablase embriagado de aromas vegetales, dijo:
– Los machis aseguran que toda la historia se repetira de nuevo; pero el toqui lograra la flor de nanculahue y la muchacha sera suya, a condicion de que los hombres aprendan a conocer el secreto de la montana y su lenguaje de trueno.
– Es hermosa tu historia… muy hermosa -repitio Blanca levantandose…- y me ha gustado mucho.
El viejo se acurruco junto al fuego y sin hacer mas caso de ella la dejo partir, reanudando su monotono canturreo.
5
– Papa -dijo una manana Blanca, mirando a su padre que permanecia al lado de Frida, en silencio y con su gesto de perpleja indecision- ?que tienes, padre?…
– Nada -respondio Lunder sin mirar a su hija y Frida apreto los punos convulsivamente. Blanca ahogo un suspiro y salio. Afuera, por la alameda, cuyo renaciente verdor se alegraba acariciado por el sol, Llanlil y Ruda, en compania del capitan Diaz Moreno y el padre Bernardo se aproximaban. Los dos ultimos parecian exponer al primero algo muy importante que Llanlil y Ruda escuchaban con atencion. Llanlil, que habia simpatizado con aquella alma grande y altiva que era la del capitan, aceptando su discreto consejo, vestia como un poblador blanco, con lo que solo el fulgor ardiente de sus ojos casi negros de tan azules y largo cabello lo diferenciaban.
Blanca entro de nuevo en la casa llevando en sus ojos la imagen de Llanlil. En la sala encontro a Maria que, de espaldas, se ocupaba en preparar la mesa para el almuerzo. Los movimientos de la muchacha eran lentos y como ausentes. Una honda fatiga parecia entorpecerla. Instintivamente Blanca la rodeo con sus brazos y le dijo:
– Maria… se que no debiera hablarte de ello; es cruel, pero es tambien necesario para las dos… ?Por que saliste tras Llanlil, sabiendo el peligro que corrias?…
Maria apoyo sus manos sobre la mesa y cuando hablo habia indiferencia o un supremo dolor en su voz.
– Ya se lo dije, nina… crei que el se iba a entregar a Sandoval.
– ?No me digas nina, Maria! Soy tu amiga ?me entiendes? ?Por que no quieres serlo ahora?
– Siempre sere su amiga -balbuceo la muchacha. -Pero no quieres decirme la verdad y yo no quiero pensar en que…
Maria la miro angustiada y con los ojos agrandados. -?En que?… ?En que no quiere pensar? ?Va usted a sospechar de un sueno? Algo paso y ha muerto… muchacha. Aqui dentro mio algo ha muerto… ?que importa lo que fue antes, lo que quiso ser, tal vez, y no podia ser? ?Sea feliz, Blanca, y no piense mas!… Maria esta muerta. ?Tenia que suceder asi para que mi corazon no sufriera mas!
Blanca estrecho a Maria que lloraba quedamente. -?Querida… querida hermanita valiente! ?Siempre tendre tu ejemplo y tu tremendo sacrificio ante mi recuerdo! ?Perdoname, Maria; desde hoy no habra cabida para las sospechas en mi corazon!
En la alameda los hombres se habian detenido frente a los corrales.
– ?Magnificos caballos! -exclamo Diaz Moreno-. Estas mananas pasadas no he dejado de venir a contemplarlos.
– Si, son excelentes -dijo el padre Bernardo- y prueban, mejor que cualquier argumento, la razon que tiene don Guillermo en rechazar la idea de convertirse en ovejero.
– Pues nada va a oponerse a sus deseos… ya le dije que el Ensanche ha sido declarado colonia pastoril…
– Todo el valle del Senguerr lo es… con el trabajo del hombre, ?naturalmente! -afirmo el religioso con conviccion.
– Ahora falta que nuestro bravo Llanlil obtenga de Lunder la mano de su hermosa novia y mi proyecto hara su felicidad… supongo.
– ?Oh! Yo iria ahora mismo al lago -respondio Llanlil-. ?Huanguelen me seguira, lo se!… pero el anciano toro quiere tambien a su hija y no puedo quitarsela…
– ?Quien sabe! -murmuro el padre Bernardo mirando hacia la casa-. Lunder no retendra nunca a Blanca contra su voluntad, pero ?claro!, ?alejarse asi!…
– Yo no seria feliz aqui -declaro Llanlil-. Los blancos no olvidan y yo quiero la libertad de los bosques y las montanas donde anidan los condores.
Regresaron todos lentamente hacia la casa saboreando la paz del campo, limpio del odio y el temor de los dias pasados. El viento, en una larga tregua, parecia retenido en la punta de los alamos que se enderezaban vibrantes para recibir el sol, cada vez mas calido y brillante a medida que la primavera bajaba del septentrion. Los hombres se dirigian a sus ranchos o al galpon, donde el asado, atendido por el viejo Roque, reclamaba el agudo filo de los cuchillos. Cuando los cuatro hombres, pues por imposicion de Lunder Llanlil ocupaba un lugar en la mesa familiar, penetraron en la casa, Blanca y Maria mostraban en la brillantez huidiza de sus ojos, las huellas que la definitiva declaracion habia dejado en ellos. Maria oculto el rostro avergonzada y algo en el corazon de Ruda clamo por suavizar aquella angustia que estaria siempre escondida detras de los ojos de la muchacha. Entro Juan acercandose a la mesa, con su parsimonia un poco ajena, y Diaz Moreno lo miro procurando penetrar en el pensamiento del capataz. Bien pronto habia aprendido el capitan que nadie en aquellas tierras bravias era totalmente ajeno. Cada ser, y aun a veces hasta las plantas y las piedras calladas, tenian un alma secreta, un lenguaje de pasion que a semejanza de los menucos ofrecia una superficie verde, inocente, trasparente, con delicados tallos ondulando en la corriente subterranea o la arida adustez de las cortaderas amarillentas, pero tambien el fondo cenagoso y revuelto, la entrana viva y salvaje pronta a estallar en avidos apetitos.
Por primera vez, despues de la tragedia ocurrida, era esperada la concurrencia de Lunder y Frida en la comida principal.
– Buenos dias para todos -dijo Lunder entrando en la sala. Blanca fue hacia el para ayudarlo a sentarse mientras recibia el saludo de cada uno. Entre Frida y Blanca, pequenas ambas, resaltaba la corpulenta figura del
– Buenos dias, senora… buenos dias, senor -dijo el capitan inclinandose ante los duenos de casa-. Mucho me alegro, y como yo nos alegramos todos, de vernos en vuestra compania.
– Gracias, capitan -respondio Lunder sentandose y haciendo un ademan de que se lo imitara-. A usted y su oportuna ayuda le debemos que aun pueda hacerlo…
– ?No diga eso! -protesto riendo Diaz Moreno- o el comisario me va a tomar ojeriza.
– Vaya, senor capitan -dijo el comisario alegremente-, yo, usted, nuestra gente… la de ellos… ?que mas da? Lo importante es que todo ha terminado…
– Todo no todavia… -murmuro Lunder y Blanca bajo los ojos-. Pero no hablemos mas de eso… alrededor de la mesa debe reinar la alegria… En mi pais se acostumbra hacer un brindis de augurio en las ocasiones especiales y yo los invito a brindar por que esta cordial asistencia vuelva a repetirse… si ello es posible -concluyo con un dejo de melancolia.
