– ?Lo sera, senor, y la muerte nos volvera a reunir! -afirmo Diaz Moreno, aunque demasiado comprendia que aquel brindis encerraba un adios definitivo.
Al promediar la comida Diaz Moreno, con su palabra facil, habia enterado a Lunder de las noticias y disposiciones oficiales que le concernian y encantado a todos con los relatos sobre el lejano y casi quimerico Buenos Aires, que algunos de ellos no habian visto jamas. Llanlil y Blanca mantenian a hurtadillas un vivo dialogo de breves frases y largas miradas y cada movimiento de ella era seguido por el con una tan concentrada y orgullosa adoracion, que superaba cualquier elocuente discurso. Lunder y Frida los miraban sin exteriorizar sus reacciones, pero estaban palidos y ensimismados.
– ?Asi que tendremos una policia estable en el Paso? -preguntaba Lunder al comisario.
– Exacto, senor -respondio el aludido-. Y por otra parte se iniciara en el lugar la formacion de un pueblo. - Sirvase, don Pedro -murmuro Maria alcanzandole una fuente humeante.
– Gracias, muchacha… no tengo hambre -contesto Ruda-. Pero no veo que tu comas mucho.
– Yo tampoco tengo hambre, don Pedro -dijo Maria, dejando la fuente sobre la mesa.
– Pues sigamos asi y pronto daremos con los huesos por tierra…
– ?Acaso importaria algo? -exclamo Maria sordamente. Ruda la miro con una honda afectuosidad que la penetraba hasta los huesos.
– Siempre importa morirse -dijo roncamente-. Tenemos que vivir ?comprendes?… Aunque se muera el corazon cada minuto…
– No puedo, don Pedro… no podre nunca olvidar… La sobremesa se prolongaba… El cafe y la infaltable ginebra alargaban la charla de los hombres y el ir y venir de las mujeres. En una pausa Lunder dijo al padre Bernardo, llevandoselo a un extremo de la sala.
– Padre, esta noche necesito hablar con usted… Tengo un serio problema y su consejo puede guiarme… Usted ya sabe de que se trata.
– Ciertamente, don Guillermo -respondio el religioso-. Tenga fe, amigo mio… Llanlil no habra de defraudarlo jamas.
– ?Si!… quizas sea como usted dice… pero, hay tantas complicaciones… tantos peligros.
– Todos debemos afrontar nuestros peligros y responsabilidades… Hasta el instante mismo en que algo que debia ocurrir ocurre, estamos solamente esperando, temiendo… pero al fin el alma vigorosa vence la tentacion, el peligro, el dolor y obtiene la pequena parte de felicidad que se merece- dijo el padre Bernardo con una serena entonacion.
– ?Ojala sea asi!… -termino Lunder visiblemente agitado.
– Escuche usted, senor -decia Diaz Moreno, tratando de atraer la atencion de Lunder.
– Si… ?que ocurre?
– Pues aqui nuestro flamante comisario nos quiere abandonar e, indirectamente, me recuerda que yo tambien me estoy excediendo de su hospitalidad.
– ?No diga tal cosa, senor capitan! -protesto Frida que se habia detenido a escucharlo.
El comisario reclamo silencio levantando la mano.
– Pues si, senores, debi irme antes, pero queria verlos a todos asi; llenos de entusiasmo y tranquilidad. Sin embargo mi puesto esta en el Paso y alla debo ir… Manana regreso.
– Entonces no tengo otro camino que hacerlo yo tambien -dijo el capitan, y agrego compungido- ?y creanme que lo lamento de verdad!
– ?Ah no! -protesto Lunder energicamente-. Usted habra de prometernos que no se ira en lo que resta de la semana.
– Si, capitan ?quedese! -pidio tambien Frida, uniendose al pedido de su esposo.
– Yo tambien se lo pido -dijo entonces el comisario sonriendo.
– ?Y yo!…
– ?Y yo!…
– ?Caramba! ?Que pasa aqui?
– Pues que no lo dejaremos ir tan facilmente…
– Pues, en fin… no se. ?Bueno! Ustedes ganan. ?Me quedo! -manifesto Diaz Moreno.
– ?Bravo! -exclamo Lunder-. ?Asi se habla!… y ahora -agrego- creo que Blanca tiene algo que decirles…
– Se trata de una improvisada exhibicion de monta… como sabemos que a usted le gustan los caballos. Cuando quieran podemos ir a los corrales; los muchachos estan esperando… Asi papa podra salir con nosotros. ?Vamos?
– ?Ha sido una excelente idea, senorita! -exclamo el capitan Diaz Moreno, sinceramente entusiasmado.
– ?Vamos entonces! -invito Lunder-. ?Vienes, Frida?
– Si, Whilem… en seguida estare con ustedes.
Se encaminaron hacia los corrales. En la alameda aguardaban los caballos ensillados. Todos, incluso Lunder, montaron el suyo y se encaminaron en direccion del amplio corral el que se habia librado de animales y preparado convenientemente. Blanca, flanqueada por el capitan a su derecha y Llanlil a la izquierda, explicaba los detalles de la fiesta.
– Juan y Llanlil son los organizadores… -Entonces espero que Llanlil nos deleite con su reconocida habilidad - dijo el capitan mientras Llanlil asentia sonriendo y el pensaba en la perplejidad de sus distinguidos amigos y relaciones, si pudieran contemplarlo en aquel amable mano con un indio y la hija criolla de un inmigrante. Pero mucho mayor seria el escandalizado asombro si hubiera escuchado lo que decia el gallardo capitan.
– Escuche, Llanlil…
– Si, senor capitan -dijo el, inclinandose sobre su caballo.
– Doy por cierto que usted va a casarse con la senorita. ?No es asi?
Llanlil respondio con la exacta elocuencia de la concision.
– Es verdad… Huanguelen sera mi mujer -Blanca no pudo menos que sonrojarse ante la estupenda seguridad de Llanlil y, nerviosa, tironeo involuntariamente de las riendas, haciendo caracolear a su caballo.
– ?Magnifico! -dijo Diaz Moreno-. Entonces
– ?Dios me libre! -rio Blanca, divertida por la penosa pronunciacion del capitan.
– …reclamo desde ahora el honor de ser el padrino de vuestra boda. Ademas, como ustedes tienen intenciones de poblar el valle del Lago Fontana, o Escondido, segun Llanlil, tengo el mayor placer en ofrecerles el lote que elijan… Yo obtendre del Gobierno la pertinente autorizacion y entrega.
– ?Usted haria eso? -pregunto Blanca, mientras Llanlil casi dejaba de respirar de excitada expectacion, aguardando las palabras de Blanca.
– Con todo gusto, pues ustedes se lo merecen y ademas esa tierra estaria en buenas manos… para mi seria un regalo bien modesto, pues en resumidas cuentas es la patria quien la otorga a sus hijos para que la enriquezcan con su trabajo… en fin ?que me contestan ustedes? -dijo el capitan mirando a Blanca que, a su lado, presentaba un perfil de medalla levemente rosado. Inconscientemente se detuvo admirando la delicada belleza de la joven. Delicadeza y resolucion en perfecta armonia, “Esta muchacha tiene el encanto de un poema agreste”, penso ligeramente turbado. Ella movio los labios y dijo solamente:
– Si mi padre abandono su tierra ?como: voy yo a dudar en la mia!…
Llanlil la apoyo con vehemencia.
– ?Yo soy indio, pero argentino y cristiano! -dijo-. Ire adonde me den un pedazo de tierra.
– Pues no se hable mas -termino Diaz Moreno encantado-. Tienen ya la promesa y el amigo… ?que Lunder diga su ultima palabra!
– ?Gracias, capitan! -agradecio Blanca conmovida.
6
Apenas los jinetes hubieron desembocado en el amplio corral, los peones iniciaron la demostracion. Carreras, enlazadas de a pie y a caballo, empleo de las choiqueras y otras pruebas de destreza se sucedieron vertiginosamente entre los alaridos de entusiasmo o aplauso de los asistentes. En una fiesta de pujanza y colorido,
