La cuadra parecia llevar bastante tiempo en desuso. Al fondo habia una puerta entreabierta. Dentro habia luz. Los tres policias cruzaron una mirada. Se acercaron con sigilo a la puerta. Les golpeo la nariz un virulento olor a orina y amoniaco procedente de lo que debia de ser el gallinero. Cuando cruzaron el umbral se encontraron con un escenario tan inesperado como aterrador.
De un gancho del techo, por encima de las gallinas que dormian perfectamente alineadas en sus palos, colgaba Staffan Mellgren. Estaba desnudo y alguien le habia hecho un corte en el vientre del que habia manado sangre, pero en el suelo, debajo de el, solo habia un pequeno charco. Knutas se quedo sin aliento. En su mente relampagueo un escenario similar. Martina colgada en medio del verdor estival. Juventud y maldad, muerte repentina. Aqui era la sangre roja contra las plumas blancas.
Todo era una cuestion de contrastes.
Martes 27 de Julio
A la manana siguiente no falto nadie a la reunion. Los murmullos cesaron cuando Knutas, con gesto grave, tomo asiento en la cabecera de la mesa. Empezo sirviendose una taza de cafe. Comprobo para su satisfaccion que era un cafe bien cargado y le dirigio a Kihlgard una mirada de agradecimiento. Era el unico que hacia el cafe tan fuerte como le gustaba a Knutas. Sin duda iba a necesitarlo, no habia dormido mucho aquella noche.
– Como ya sabeis todos, tenemos otro asesinato entre manos -comenzo Knutas-. Ayer por la tarde, cuando Karin, Martin y yo fuimos a buscar a Mellgren a su casa lo encontramos colgado en el gallinero. Se trata sin duda de un asesinato y todo parece indicar que el modus operandi ha sido el mismo que en el caso de Martina Flochten. Hemos acordonado la granja y el cuerpo debe permanecer alli hasta que llegue el forense, que vendra hoy un poco mas tarde. Por suerte, el resto de la familia no se encontraba alli, estan pasando unos dias en casa de los padres de Susanna Mellgren en Ljugarn y de momento se quedaran alli. Mellgren, como sabeis, tiene cuatro hijos.
Se callo y se volvio hacia Sohlman.
– A falta de resultados tecnicos seguros, puesto que ninguna de las pruebas esta lista aun, puedo decir que todo apunta a que se trata del mismo asesino que en el caso de Martina -remarco Sohlman-. Las similitudes no dejan lugar a dudas. Las senales que aparecen en el cuerpo muestran que a Mellgren, igual que a Martina, lo asesinaron antes de colgarlo de la soga y que el corte del vientre fue lo ultimo de todo. Luego probablemente recogio la sangre, hay muy poca en el suelo. El modus operandi, como sabeis, no se ha hecho publico, por lo que tampoco puede tratarse de un imitador. Mellgren tambien estaba desnudo cuando fue descubierto y aun no hemos encontrado su ropa.
– ?Como lo han asesinado? ?Tambien lo han ahogado? -pregunto Wittberg.
– Eso parece. Habia una vieja banera llena de agua en el establo. El agua se habia salido por los bordes y hemos encontrado pelos y sangre dentro de ella. Probablemente el asesino lo ahogo alli metiendole la cabeza en el agua.
– Eso significa que el asesino tiene que ser un tipo fuerte -apunto Karin-. Mellgren no era ningun alfenique.
– A no ser que lo hubieran drogado antes, eso no lo sabemos. O que lo hayan dejado inconsciente de un golpe, aunque no presenta lesiones que induzcan a pensar en eso.
– ?Cuanto tiempo llevaba muerto cuando lo encontrasteis? -quiso saber Smittenberg.
– Como mucho, una hora. Nuestros colegas debieron de llegar pisandole los talones al asesino.
– ?Que huellas habeis encontrado?
– No muchas. Lo mas interesante son las huellas del calzado que el asesino ha dejado tras de si despues de pisar la sangre. El suelo es de un cemento bastante liso, asi que las pisadas se ven con claridad. Y el numero de calzado es interesante, se trata de un par de zuecos de madera del numero treinta y nueve o cuarenta, quiza.
Permanecieron unos segundos en silencio.
– ?Es decir, que tambien podria tratarse de una mujer? -Karin miro sorprendida a Sohlman.
– Si, en cualquier caso no podemos descartarlo. Es bastante raro que un hombre tenga los pies tan pequenos, ?no? Yo, que solo mido uno setenta y cinco, calzo un cuarenta y dos.
– Yo conozco a un chico que tiene el numero treinta y nueve -dijo Wittberg.
– ?La mujer? -pregunto Kihlgard-. ?Que opinais de Susanna Mellgren? Es bastante fuerte. Es decir, musculosa, parece bien entrenada. Quiza podria haberlo hecho ella.
– ?Y para que iba a tomarse tantas molestias? -replico Karin-. ?Para que iba a decapitar a los caballos, sacarles la sangre y asesinar de tres formas distintas si en realidad solo queria acabar con su marido y con su amante?
– Podria ser una manera refinada de despistar -propuso Wittberg.
– ?Quiza quiera dirigir las sospechas contra alguien que habria podido utilizar metodos similares? -sugirio Kihlgard.
– ?Que sabemos de esa familia, en realidad? Sinceramente, creo que no hemos investigado su pasado lo suficiente -dijo Karin-. Desde luego, el de la mujer, no.
– No, no la hemos considerado de especial importancia, a mi me cuesta creer que haya sido capaz de cometer estos crimenes -dijo Knutas-. Si hubiera sido ella quien coloco alli la cabeza del caballo, entonces, ?por que iba a llamar a la policia cuando su marido no lo hizo?
Karin se encogio de hombros.
– Para alejar de si misma las sospechas, claro.
Knutas dirigio la pregunta siguiente a Agneta Larsvik.
– ?Que opinas tu del asunto?
– Por lo que he oido, casi todo apunta a que nos enfrentamos al mismo autor, pero preferiria ver a la victima y el escenario del crimen antes de pronunciarme. El hecho de que aparezca desnudo y de que falte la ropa tambien apunta en esa direccion. Es muy posible que el autor del crimen guarde la ropa para conservar la sensacion que experimento al asesinar, una especie de fetichismo. Igual que la sangre. Pero hay otro aspecto en el que debemos centrar nuestra atencion.
Todos miraron atentamente a la psiquiatra.
– Me pregunto por que el propio Mellgren no llamo a la policia cuando aparecio la cabeza del caballo. Tiene que haber algo detras. ?No podria ser que el supiera, o al menos sospechara, quien se la enviaba? Posiblemente creyo que podria arreglarlo el solo hablando con el interesado.
– ?Y quien podria ser esa persona?
Kihlgard lanzo la pregunta pero no obtuvo respuesta.
Knutas rompio el silencio.
– Susanna Mellgren esta citada para un interrogatorio, la vere a las diez. Espero que entonces podamos aclarar alguna cosa. Naturalmente se comprobara su coartada durante la tarde en que se cometio el crimen, y tambien en la fecha en que Martina Flochten fue asesinada.
– Esto hace que tengamos que ver tambien el incidente de la cabeza de caballo hallada en casa de Gunnar Ambjornsson con nuevos ojos. Su vida podria estar en peligro tambien. ?Deberiamos ponernos en contacto con el?
– En cualquier caso, debera llevar proteccion tan pronto como este de regreso en la isla -aseguro Knutas malhumorado-. Tendremos que ocuparnos de ir a buscarlo al aeropuerto.
Lo interrumpio la senal de llamada del movil. Al terminar la conversacion miro a sus colegas con gesto grave.
– Ha aparecido el telefono movil de Martina Flochten en el Hotel Warfsholm, bajo las tablas de madera de la terraza. Debio de perderlo la noche en que fue asesinada. Se han comprobado las llamadas. Lo ultimo que aparece registrado es un mensaje enviado a su buzon de voz la noche del crimen a las diez y treinta y cinco. ?Sabeis quien llamaba?
Todos esperaron ansiosos sin decir nada.
– Era Staffan Mellgren.
