– ?Asi que fue sola?

– Si.

– ?Puede alguien confirmar que estuvo alli?

– No lo se. El camarero, quiza, nos conocemos de vista.

– ?Sabe como se llama?

Susanna Mellgren tuvo que pensar unos segundos.

– Stefan.

– ?Y de apellido?

La mujer meneo la cabeza.

– ?Cuanto tiempo estuvo alli?

– Escuche la actuacion del grupo, que duraria unas dos horas, habia muy buen ambiente y la gente empezo a pedir canciones. Luego estuve sentada un rato en la terraza tomando una copa de vino, era una tarde muy calurosa y senti la necesidad de estar sola. Seguro que pase alli tres horas.

– ?A que hora volvio a casa?

– No se, ?que hora seria? Las diez, quiza, las once.

– ?Volvio sola?

– Si.

– Esta pregunta tal vez le parezca rara, pero ?que numero de calzado usa?

Susanna miro sorprendida a Knutas.

– El numero treinta y nueve.

Miercoles 28 de Julio

Cuando Knutas se desperto a la manana siguiente estaba tan ansioso por saber lo que la prensa habia conseguido averiguar acerca de la muerte de Mellgren que no pudo dominarse hasta que llego al trabajo. Rezaba en voz baja para que los medios no se hubieran enterado tampoco en esta ocasion de la existencia de elementos rituales. El telefono movil habia empezado a sonar la tarde anterior tras la informacion aparecida en Noticias Regionales, donde Johan Berg informo de que varias fuentes independientes confirmaban la existencia de una relacion amorosa entre las dos victimas. Por puro instinto de supervivencia Knutas apago el movil despues de la tercera llamada. El portavoz de prensa, Lars Norrby, era el unico que tenia la obligacion de estar disponible para los medios de comunicacion. Knutas habia mantenido la tarde anterior una larga conversacion con el en la que se pusieron de acuerdo acerca de lo que era oportuno desvelar. La policia, entre otras cosas, no diria nada sobre la posible relacion amorosa entre Martina Flochten y Staffan Mellgren. A las seis de la manana escucho las noticias financieras de Ekonyheterna, afortunadamente no mencionaron nada de asesinatos rituales ni de la relacion entre Mellgren y Martina. Luego se sento frente al ordenador y ojeo las ediciones nocturnas de los periodicos. Cuando aparecieron en la pantalla las portadas de los diarios de la tarde, suspiro.

Los dos rotativos abrian sus ediciones con dos grandes fotografias, una de Martina Flochten y otra de Staffan Mellgren. En uno de ellos habian pintado un corazon rojo alrededor de las fotografias.

«No puede ser verdad», penso Knutas y continuo leyendo. Le inquietaron los titulares destacados en negro: «Asesinados por su amor», «La policia sospecha que se trata de un drama pasional», y despues los articulos estaban llenos de innumerables especulaciones. Casi todo se basaba en el reportaje ofrecido en Noticias Regionales la tarde anterior. Aquello era una catastrofe para la investigacion y se preguntaba para sus adentros quien habria puesto a Johan Berg tras aquella pista. Sin preocuparse de que no eran mas que las seis y media de la manana, marco el numero del reportero.

– ?Se puede saber lo que estas haciendo? -le pregunto secamente cuando oyo la voz medio dormida de Johan al otro lado.

– ?Quien eres? -pregunto Johan con insolencia.

– Soy el comisario de la Brigada de Homicidios, Anders Knutas, por si no lo sabes. ?Se puede saber que pretendes al desvelar datos tan confidenciales como hiciste en tu reportaje de anoche sin hablar antes conmigo? ?Es que no te das cuenta de que estas saboteando toda la investigacion?

– Es que yo no soy responsable de tu investigacion. A mi me confirmaron esa informacion y es tan interesante que, por supuesto, tenemos que publicarla. Se han producido dos asesinatos en el transcurso de unas semanas y resulta que las victimas mantenian una relacion amorosa en secreto. La gente esta muerta de miedo porque el asesino anda suelto, esta clarisimo que el asunto despierta un interes tan grande entre los ciudadanos que debemos contarlo.

Johan hablaba con irritacion contenida.

– ?Pero no comprendes que eso afecta a nuestro trabajo? ?Como vamos a poder detener al asesino si la informacion reservada aparece al momento en los medios de comunicacion? Esto no es un juego, ?estamos hablando de un doble asesinato, en el peor de los casos de un asesino en serie, que anda suelto!

Knutas subia la voz cada vez mas.

– Oye, yo solo hago mi trabajo -lo interrumpio Johan con calma-. No puedo ocultar informacion importante por consideracion a vuestro trabajo de investigacion. Tu ocupate de tus asuntos que ya me ocupo yo de los mios. Lo siento, pero no tengo tiempo para seguir hablando contigo.

Para gran disgusto de Knutas, Johan colgo el telefono.

Le temblaba el cuerpo despues de la conversacion. Line bajo del piso de arriba.

– ?Estas hablando por telefono tan temprano? -le pregunto al tiempo que le alborotaba el pelo.

– ?Ese maldito periodista! -exclamo Knutas colgando con violencia el auricular, y fue a buscar la chaqueta, aunque fuera hacia demasiado calor para llevarla.

Line salio a la entrada cuando el estaba a punto de marcharse.

– ?No vas a tomar el desayuno?

– En sueco se dice desayunar -le contesto irritado-. Lo tomare en el trabajo. Adios.

Se marcho sin darle un abrazo.

Era un magnifico dia de verano, pero lo unico que noto fue como el sol le quemaba la espalda. Fue consciente de que iba a estar sudoroso antes de llegar al trabajo y aflojo el paso. Ahora se avergonzaba de su conversacion con Johan. Le resultaba embarazoso no haber sido capaz de reaccionar de una forma mas sensata. No se reconocia a si mismo. Quiza fuera la frustracion de no avanzar nada lo que le sacaba de quicio. Pero lo cierto era que habia cambiado durante el ultimo medio ano. El caso del pasado invierno le habia pasado factura y le costaba superar lo que le sucedio entonces. Incluso su matrimonio se vio afectado negativamente, aunque Line y el en realidad estaban bien. Knutas la queria y ella no le habia dado ningun motivo para que dudara de sus sentimientos hacia el. El comisario estaba descontento consigo mismo. Tenia la sensacion de haber dado un paso atras en su recuperacion y eso le preocupaba. Habia interrumpido sus visitas a la psicologa durante el verano, pero pensaba llamarla de todos modos. Si no estaba fuera de vacaciones quiza pudiera darle una cita.

Ahi al menos habia realizado un progreso concreto. Ya no le daba verguenza pedir ayuda.

Cuando llego a la comisaria los pasillos ya estaban llenos de gente. Habian recibido aun mas efectivos de Estocolmo y evidentemente se trataba de un grupo madrugador.

Incluso Kihlgard estaba ya alli. Se hallaba junto a la maquina del cafe mientras hablaba animadamente con una de las agentes llegadas de la capital. Interrumpio un momento la conversacion cuando Knutas aparecio por el pasillo.

– Buenos dias, Knutte.

Knutas le devolvio el saludo. No tenia ninguna gana de dedicarse a la chachara insustancial y lo salvo la llegada de Karin.

– Hola -le dijo-. Tengo que hablar contigo.

La agarro con fuerza del brazo. Karin lo miro sorprendida pero se dejo conducir hasta el despacho de Knutas.

– ?Que sucede? -le pregunto-. ?Ha pasado algo?

– No, no, solo que se ha armado la de Dios es Cristo. ?Te has enterado de la informacion filtrada en los

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