allegados.
– ?Por que? Ella queria guardarlo. ?No pueden respetarlo?
El hombre no era tonto, eso estaba claro.
– Por supuesto -contesto Annika-. Precisamente hago esto en atencion a sus familiares y a su propio deseo. Ya que no sabemos nada de ella hay un gran riesgo de que cometamos errores de bulto cuando escribamos sobre ella, fallos que pueden herir a su familia. Desgraciadamente ya lo hemos hecho una vez. Ayer publicamos un largo articulo donde se describia a su madre como la mujer ideal. Eso exaspero a su hermana Lena. Ella me llamo ayer, nos vimos y hablamos durante un buen rato. Quiero estar segura de que no cometemos el mismo atropello con usted.
El hombre la miro pasmado.
– Menuda verborrea -dijo impresionado-. Puede impresionar al mas pintado, ?verdad?
Annika no sabia si debia sonreir o estar seria.
El hombre percibio su confusion y rio.
– Ambas cosas -respondio Annika y tambien rio.
– Quiza le gustaria ver primero mi invernadero…
– Si, encantada -respondio Annika y deseo que hiciera mas calor alli dentro.
Afortunadamente el aire era templado, olia a tierra y humedad. El invernadero era como los de antes: grande, por lo menos de cincuenta metros de largo y diez de ancho. Como en el exterior hacia mucho frio, la tierra estaba cubierta con enormes plasticos verde oscuro. Habia dos pasillos que corrian paralelos a lo largo de ambos lados.
– Cultivo tomates ecologicos -anuncio Olof Furhage.
– ?En diciembre? -pregunto Annika.
El hombre volvio a reir, tenia facilidad para hacerlo.
– No, ahora no. Arranque las plantas en octubre; durante el invierno la tierra descansa. Cuando uno cultiva ecologicamente es muy importante mantener el lugar y la tierra limpios de bacterias y hongos. Los cultivadores modernos utilizan generalmente mantillo o turba, pero yo utilizo tierra. Venga y vera.
Se encamino rapidamente por el pasillo y se detuvo al otro extremo. En el exterior habia un gran aparato de chapa.
– Esta es una maquina de vapor -informo Olof Furhage-. Lo comprime a traves de los tubos que entran por aqui, ?mire que gordos son! y luego van bajo la tierra, la calientan. Eso mata a los hongos. La he hecho funcionar un poco por la manana, por eso hace calor aqui dentro.
Annika observo interesada. Habia muchas cosas que no sabia.
– ?Y cuando habra tomates? -pregunto cortesmente.
– No se debe comenzar demasiado pronto, porque entonces serian muy largos y delgados. Yo planto a finales de febrero, y en octubre las plantas tienen una altura de seis metros…
Annika miro a su alrededor.
– ?Pero como lo hace? Aqui no hay seis metros hasta el techo.
Olof Furhage volvio a reir.
– Si, ?ve los cables que van por encima? Cuando las plantas han alcanzado esa altura, se doblan sobre ellos. A medio metro del suelo mas o menos hay otro cable. Sirve para lo mismo: de manera que se dobla el tronco debajo de el y sigue creciendo hacia arriba.
– Que astuto -dijo Annika.
– ?Nos tomamos un cafe?
Salieron del invernadero y se dirigieron a la casa.
– Usted ha crecido aqui en Tungelsta, ?verdad? -pregunto ella.
El hombre asintio y sujeto la puerta.
– Se puede quitar los zapatos. Si, creci en Kvarnvagen, alli lejos. ?Hola pequena! ?Como estas?
Las ultimas palabras las grito dentro de la casa, y una vocecita de nina le respondio desde el piso de arriba.
– Bien papa, pero no me sale. ?Me puedes ayudar?
– Si, dentro de un rato. Tengo visita.
Olof Furhage se quito sus pesadas botas.
– Ha tenido gripe y ha estado muy enferma. Le compre un nuevo juego de ordenador en CD-ROM para consolarla. Bienvenida, por aqui…
Desde el piso de arriba asomo una carita por la escalera.
– Hola -dijo la nina-. Me llamo Alice.
Tendria nueve o diez anos.
– Yo me llamo Annika.
Alice desaparecio hacia su juego de ordenador.
– Vive conmigo cada dos semanas. Su hermana Petra se ha instalado aqui definitivamente. Petra tiene catorce anos -dijo Olof Furhage y vertio el agua en la cafetera.
– ?Asi que es divorciado? -pregunto Annika sentandose a la mesa de la cocina.
– Si, ahora hara dos anos. ?Leche o azucar?
– Las dos cosas, gracias.
Olof Furhage acabo de preparar el cafe, puso la mesa y se sento frente a Annika. Era una cocina agradable, con suelo de madera, espejos en las paredes, mantel a cuadros rojos y blancos y una estrella de Adviento en la ventana. Tenia unas vistas maravillosas hacia el invernadero.
– ?Cuanto sabe? -pregunto el hombre.
Annika saco el bloc y el boligrafo del bolso.
– ?Le importa que tome notas? Se que su padre se llamaba Carl y que Christina le dejo con un matrimonio de Tungelsta cuando tenia cinco anos. Tambien se que establecio contacto con Christina hace un par de anos. Le tenia mucho miedo a usted.
Olof Furhage se rio de nuevo, pero ahora la risa era triste.
– Si, pobre Christina, nunca comprendi por que se asusto tanto -dijo-. Le escribi una carta justo despues del divorcio, sobre todo porque me encontraba terriblemente mal. Le escribi para hacerle las preguntas que siempre quise hacer y nunca me habia contestado. Por que me habia abandonado, si alguna vez me habia querido, por que nunca me habia venido a ver, por que Gustav y Elna no pudieron adoptarme… Nunca respondio.
– ?Asi que fue a verla?
El hombre suspiro.
– Si, comence a ir a Tyreso y a quedarme frente a su casa las semanas que las ninas estaban con su madre. Queria ver como era, donde vivia, como vivia. Se habia hecho famosa; al ser directora general del Comite Organizador estaba cada semana en los periodicos.
La cafetera comenzo a hervir; Olof Furhage se levanto y la coloco sobre la mesa.
– Vamos a dejar que pose un rato -anuncio y fue a buscar un plato con bizcocho-. Una noche ella regreso sola a casa, recuerdo que era primavera. Se encaminaba a la puerta principal, yo me baje del coche y me dirigi hacia ella. Cuando le dije quien era parecio que se iba a desmayar. Me miro fijamente como si yo fuera un fantasma. Le pregunte por que no habia contestado a mi carta, pero ella no respondio. Cuando empece a repetirle todas las preguntas que le habia hecho en la carta se dio la vuelta y se dirigio hacia la puerta, aun sin decir ni una palabra. Enloqueci y comence a gritarle. «?Vieja de mierda! -grite-, me podrias dedicar un minuto de tu tiempo!», o algo asi. Comenzo a correr y tropezo con la escalera de la puerta; yo corri hacia ella y la sujete, le di la vuelta y grite «?mirame!» o algo por el estilo.
El hombre bajo la cabeza como si el recuerdo le causara dolor.
– ?Ella no dijo nada? -pregunto Annika.
– Si, una palabra: «?Desaparece!». Luego entro, cerro la puerta y llamo a la policia. Me detuvieron, aqui en la cocina, aquella misma noche.
Sirvio el cafe y el cogio un terron de azucar.
– ?No ha tenido contacto con ella?
– Desde que me dejo con Gustav y Elna no. Recuerdo perfectamente la noche que llegue alli. Fuimos en taxi,
