– Buenas noches, Isabella. Confio en que hayas tenido suficientes aventuras por una noche. -Dijo tiernamente, sus ojos iluminados de travesura-. Nada de vagabundear por los salones, buscando fantasmas.

– Es un chica buena y obediente. -Dijo Sarina incondicionalmente. Su mano tanteo la llave en su bolsillo de su camisa y la palmeo para su tranquilidad.

– ?De veras? -Nicola se levanto a su fluida y graciosa manera, todo poder y coordinacion controlada, deslizandose por el suelo silenciosamente. Se detuvo en la puerta-. A quien obedece, me pregunto.

Sarina observo la puerta cerrarse tras el y volvio su mirada desaprovadora hacia los hombros desnudos de Isabella.

– ?Que ha estado pasando aqui?

CAPITULO 9

Isabella tuvo la decencia de ruborizarse.

– Nicolai es muy guapo. -observo casualmente. No le salio casualmente. Apenas reconocio su propia voz. Era suave, sensual y totalmente impropia de ella.

Las cejas de Sarina se dispararon.

– Es bueno que encuentres al don atractivo, Isabella, pero es un hombre. Los hombres ciertamente desean cosas de las mujeres. Nicolai no es diferente. ?Te explico tu madre lo que se espera de una mujer cuando se casa?

Isabella se sento, sujetando la colcha con una mano y aceptando la taza de te con la otra. Sarina comenzo a cepillar el largo cabello de Isabella. La accion fue tranquilizadora.

– La mia madre murio cuando yo era bastante joven, Sarina. Pregunte a Luca, pero el me dijo que era deber de mi esposo ensenarme esas cosas. -El color subio por su cuello hasta la cara. Tenia el presentimiento de que el don ya le habia estado ensenando, antes de lo que deberia.

– Hay cosas que pasan en el dormitorio entre un hombre y su esposa, cosas perfectamente naturales. Como el te dira, Isabella, y aprenderas a disfrutarlas. Mi Betto ha hecho mi vida maravillosa, y creo que Nicolai hara lo mismo por ti. Pero esas cosas se hacen despues de casados, no antes.

Isabella sorbio su te, agradeciendo no tener que contestar. Deseaba a Nicolai con cada fibra de su ser. Ni importaba que las cosas no hubieran ido perfectamente bien; su cuerpo todavia ardia por el de el. Ni se atrevio a contarle a Sarina lo que habia pasado en su dormitorio.

isabella yacio despierta largo rato despues de que Sarina se marchara, esperando que Francesca fuera a visitarla. Estaba intranquila y deseaba compania. La lengua afilada de Sarina habria ido mucho mas lejos de saber cuanto se habia anticipado Nicolai y agradecia que Sarina la hubiera tratado como a una hija o una amiga. Pero no podia hablar con Sarina de Nicolai.

Suspiro y puso los ojos en blanco, las colchas se enredaron alrededor de su cuerpo. Deberia haberse puesto su camison, pero una vez se marcho Sarina, Isabella yacio desnuda, su cuerpo ardiendo, el recuerdo de la boca de Nicolai empujando con fuera hacia sus pechos y la sensacion del pelo sedoso deslizandose sobre su piel, en primer plano en su mente. Anhelaba, ardia, estaba intranquila y con los nervios de punta. Deseaba todas las cosas que Sarina habia sugerido. Deseaba la lengua de Nicolai acariciando su piel, sus dedos enterrados profundamente dentro de ella.

Era inutil yacer alli, incapaz de dormir. Se sento, dejando que los cobertores cayeran hasta su cintura de forma que el aire refresco su piel. Tiro de su larga y gruesa trenza hacia adelante y se solto el pelo, sacudiendo la cabeza para que le acariciara la piel como habia hecho el de el, cayendo en cascada mas alla de su cintura para acumularse sobre la cama. Su cuerpo se tens?cuando las sedosas hebras acariciaron su cuerpo. Gimio suavemente de puro frustracion.

Si no hubiera estado tan excitada, habria preguntado a Sarina por que los sirvientes trataban a su don tan abominablemente, pero solo podia pensar en el. Nicolai DeMarco. Isabella aparto las colchas de un tiron decididamente y se levanto de la cama. Paseando desnuda por la habitacion, estiro las manos hacia el fuego del hogar, la unica luz que quedaba en la habitacion. Nunca habia estado desnuda delante de un fuego y lo habia encontrado tan sensual.

?La habia cambiado el de alguna forma? Nunca antes se habia sentido asi, caliente, pesada y tan conscente de su propio cuerpo. Habia sido naturalmente curiosa sobre lo que pasaba entre un hombre y una muer, pero ningun hombre la habia afectado nunca como Nicolai. Le gustaba tocarle, lo duro y solido que era su cuerpo. Isabella suspiro y palmeo al guardia del hogar detras de su despeinada melena.

No se oyo ningun ruido, ningun sonido, nada la advirtio, pero giro la cabeza, y Nicolai estaba alli de pie, en el extremo mas alejado de la habitacion, parte de la pared estaba abierta. Sus ojos brillaban en la oscuridad, llameando con las llamas saltarinas del hogar. El corazon de Isabella empezo a palpitar. Parecia en cada centimetro un depredador, tan aterrador como uno de sus leones. Se sentia vulnerable sin su ropa y bastante rara. Agacho la cabeza haciendo que su largo pelo se balanceara a su alrededor como una capa.

– No deberias estar aqui -se las arreglo para decir.

La ardiente mirada de el vago posesivamente sobre su cuerpo. Un pecho asomo hacia el atraves de la caida de sedoso pelo, pero ella no lo noto.

– Tienes razon. No deberi. -Su voz fue ronca, y su cuerpo se endurecio con un dolor salvaje.

– Sarina dijo que no debiamos estar juntos hasta que estemos casados -barboto, la unica cosa que se le ocurrio decir.

– No parezcas tan asustada, cara. Tengo intencion de ser la decencia personificada. Ayudaria que pudieras envolverte en una bata. Eres bastante tentadora alli de piel con la luz del fuego tocandote en lugares intrigantes. -Recogio la bata caida sobre una silla y cruzo la habitacion para quedarse cerca de ella.

Isabella podia sentir el calor irradiando de la piel de el. De su piel. Su cuerpo se tenso y convirtio en liquido ante la vision de el. El parecia estar en el mismo aire que respiraba, su fragancia en los pulmones, en su mente.

– No pretendia tentarte. -No sabia si eso era verdad. Si tuviera algun sentido comun en absoluto, huiria. Como minimo deberia gritar pidiendo a Sarina. En vez de eso, se quedo muy quieta, esperando. Deseando. Exaltada. El inclino la cabeza lentamente hacia ella. Observo la larga caida de su pelo extranamente coloreado, muy parecido a la melena de un leon. Quiso enterrar las manos en ella y sentirla, pero se quedo de pie, hipnotizada, observando la cabeza acercarse. Su lengua lamio el pezon que asomaba a traves del pelo del pelo. Su mano le acuno el trasero desnudo, atrayendosa hacia el, para asi poder tomar el pecho en su boca. Caliente y humeda, su boca se cerro alrededor de ella, succionando con fuerza, codiciosamente. Sus dedos le amasaron las nalgas, un lento y sensual masaje que la dejo debil y dolorida de deseo. Sus manos subieron y le acunaron la cabeza, sus dedos ahondaron an la espesa masa del pelo de el.

– ?Que me estas haciendo? -susurro, cerrando los ojos cuando las manos de el se deslizaron por su cuerpo posesivamente y le acunaron los pechos.

La palma de deslizo alrededro de su nuca.

– Algo que no deberia. Ponte la bata antes de que olvide todas mis buenas intenciones. -Enredo la bata alrededor de ella, atandosela firmemente-. Tengo una sorpresa para ti. Sabia que no estarias durmiendo. - Recogio el pelo de ella en su mano, tiro de su cabeza hacia atras, y tomo su boca. Su beso hizo que el mundo se tambaleara para ella, enviando una tormenta de fuego a traves de su cuerpo. Cuando separo su boca de la de ella, solo pudieron mirarse impotentemente el uno al otro a los ojos.

Isabella le toco la cara, las yemas de sus dedos acariciaron las profundas cicatrices.

– ?Vamos a alguna parte?

El le sonrio, una sonrisa juvenil y maliciosa.

– Necesitaras zapatos. Sabia que ni siquiera me harias preguntas… que simplemente vendrias conmigo. Te encantan las aventuras, ?verdad?

Isabella rio suavemente.

– No puedo evitarlo. Deberia haber nacido chico.

Las cejas de el se alzaron, y extendio el brazo para deslizar una mano por dentro de la bata de ellana, su palma acuno el peso de un pecho, su pulgar acaricio el pezon.

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