nieve refulgiendo como un campo de gemas.
Isabella descanso la cabeza contra su hmbre y contemplo el cielo. El viento soplaba suavemente, enviando pequenos copos de nieve a volar desde las ramas de los arboles. Sintio el tiro en su pelo, en su cara. Parecia que estuvieran volando, y rio suavemente, aferrando las pieles a su alrededor.
– Me encanta esto, Nicolai. De veras. -Su risa floto lejos en el viento, llamando. Llamando.
Un buho salio volando de ninguna parte, directamente hacia uno de los caballos, con las garras extendidas como si pudiera aranar los vulnerables ojos. Los caballos se encabritaron, chillaron, un grito de terror que resono a traves del silencioso mundo. Ambos caballos se desbocaron, tirando de las riendas y corcoveando, atravesando la nieve, corriendo cuesta a bao y a traves de una pequena arboleda.
El carruaje se volco, tirandolos al suelo helado. De algun modo Nicolai se las arreglo para envolver sus brazos alrededor de Isabella. Ella aferro la gruesa piel, y cuando rodaron, se enredo alrededor de ambos, ayudando a protegerlos de la colision. Rodaron colina abajo, un enredo de brazos, piernas y pelo. La nieve estaba por todas partes, aferrandose a la piel, a sus ropas, entre sus temblorosos cuerpos, incluso en sus pestanas. Cuando se detuvieron, el viento los golpeo, Isabella estaba tendida sobre Nicolai, sus brazos le envolvian la cabeza para protegerla.
– ?Isabella! -La voz de Nicolai temblaba de preocupacion- ?Estas herida? -Sus mos se movian sobre el cuerpo, buscando heridas.
Ella podia sentir la risa burbujeando salida de ninguna parte y se pregunto si era la primera Vernaducci en la historia que se podria histerica despues de todo.
– No, de veras, Nicolai, solo un poco sacudida. ?Que hay de ti?
El ya estaba mirando alrededor buscando los caballos. Le sintio tensarse justo cuando la risa decaia en su interior, siendo reemplazada por un miedo serpenteante. Sus manos se apretaron sobre el pelaje, y miro cautelosamente alrededor. Vislumbro movimiento entre los arboles, sombras disimuladas, ojos brillantes.
Nicolai alzo gentilmente a Isabella alejandola de el.
– Quiero que vayas hacia el arbol mas cercano. Trepa a el y quedate alli. -Su voz era tranquila, baja, pero contenia inconfundible autoridad. El don daba una orden.
Isabella miro alrededor desesperadamente en busca de un arma, cualquier cosa, pero no encontro nada. Estaba temblando violentamente a causa del frio. O de miedo. No estaba segura. Los caballos estaban solo a corta distancia de alli, temblando, sus cuerpo humedos con el sudor de miedo.
– Nicolai. -Habia lagrimas en su voz, una dolorosa necesidad de quedarse con el.
– Haz lo que digo, piccola. Busca un arbol ya. -Se alzo sobre sus pies, levantandola mientras lo hacia, sus ojos exploraban intranquilos las gruesas filas de pinos. Alzo la cabeza y olisqueo el viento.
Isabella no podia oler al su enemigo, pero captaba vistazos de cuerpos peludos y delgados mientras se movian furtivamente a traves del bosque. Mas que eso, sentia la mancha de algo, algo maligno, algo innombrable y mucho mas mortal que una manada de lobos.
– ?Isabella, muevete! -No habia forma de confundir la orden o la amenaza en la voz de Nicolai, aunque no se molesto en mirarla.
Ella dejo caer la piel y corrio hacia el arbol mas cercano. Habian pasado anos desde que habia trepado, pero cogio las ramas bajas y se izo a si misma. Sin la proteccion de la piel, el viento mordio su piel, atravesando directamente a traves de su delgada bata. Apesar de los guantes, sentia los dedos entumecidos mientras aferraba las ramas. Se agarro alli, con los dientes castaneando, y observando con horror la escena desplegada bajo ella.
Los lobos llegaron desde los arboles, con los ojos fijos en su presa. Ni en Nicolai… la manada le evitaba y en vez de ello se movio hacia el arbol al que Isabella se encaramaba. Uno, mucho mas atrevido que los demas, salto, grunendo, sus mandibulas cerrandose hacia su pierna. Se le escapo un grito mientas tiraba de su pierna hacia arriba, aranandose la piel en la corteza del arbol.
El rugido de un leon sacudio el valle. Furioso. Feroz. Un desafio. Unas buenas seiscientas libras de solido musculo, la bestia salto en medio de la manada de lobos, golpeando al animal mas agresivo con una garra mortal. En su desesperacion, la manada salto sobre el, grunendo, rasgando y desgarrando su espalda, sus patas, su cuelo,hasta que la nieve estuvo salpicada de rojo. Los lobos eran numerosos, Isabella estaba segura de que el leon caeria bajo se embate. La vision era terrorifica, los sonidos peores.
– Nicolai -susurro su nombre en la noche, su voz dolorida y llena de lagrimas. No tenia ni idea de como ayudarle.
El leon sacudio su cuerpo macizo, y los lobos salieron volando en todas direcciones, chillando y aullando. La bestia salto tras ellos, matando de un manotazo a los animales mas lentos mientras estos aullaban de terror y cojeaban, huyendo del mas grande y mas poderoso depredador.
El leon se quedo inmovil durante un mmento, observandoles marchar; entonces sacudio su peluda melena y se estremecio. Isabella podia ver ese rojo que oscurecia el pelaje en varios lugares. La enorme melena, espesa alrededor del cuello, que bajaba por la espalda, y bajo la barriga, le habia protegido de los peores mordiscos, pero estaba herido. Giro la cabeza y la miro. Ojos ambar llamearon hacia ella, enfocados e inteligentes.
– ?Nicolai! -Habia alegria en su voz. Salto del arbol y aterrizo de espaldas en la nieve.
La maciza cabeza bajo, y la bestia se agacho como preparada para correr. Isabella sintio el creciente triunfo en el aire, oscuro y venenoso, satisfecho con su poder. Se respiracion se detuvo, y su corazon palpito. Saboreo el miedo. Los ojos del leon nunca la abandonaron, la intensidad de su concentrasion era aterradora.
Isabella se sento en silencio, esperando la muerte. Miro directamente a los ojos ambar.
– Se que esto no es cosa tuya, Nicolai. Se que solo querias protegerme -dijo suavemente, amorosamente, en serio-. No eres mi enemigo, y nunca lo seras. -Lo que fuera que acechaba en el valle con odio y astucia, no era Nicolai DeMarco. Utilizaba los instintos asesinos de las bestias, cualquier emocion intensa, furia, odio y miedo, humana o cualquier otra. Retorcia tales cosas a su voluntd. isabella se nego a permitirle utilizar sus sentimientos por el don. Miro directamente a esos llameantes ojos ambos y vio la muerte mientras saltaba hacia ella-. Te quiero -dijo suavemente, diciendolo de corazon. Despues, por primera vez en su vida, se desmayo.
Una voz la llamaba, urgiendola a abrir los ojos. Isabella yacia tranquilamente en un capullo de calidez. Tenia la extrana sensacion de que estaba volando. Si estaba muerta, eso no estaba nada mal. Se acurruco mas profundamente en la calidez.
– Cara, abre los ojos para mi -La voz penetro su consciencia de nuevo. Ruda por la preocupacion, ansiosa, sensul. Algo en el tono derritio sus entranas-. Isabella, mirame.
Con un gran esfuerzo, se las arreglo para alzar las pestanas. Nicolai estaba mirando su car, sujetandola entre sus brazos mientras guiaba los caballos. El carruaje se deslizaba sobre la nieve a buen paso, diriendose hacia el palazzo. Nicolai dejo escapar el aliento en una rafaga de vapor-. No vuelvas a hacerme esto nunca.
Isabella se encontro sonriendo, alznado un guante peludo para trazarle el ceno.
– Esta fue una muy excitante aventura, Nicolai. Grazie.
– Me dijiste que te desmayaas, pero no te crei. -La acusacion estaba en algunparte entre la burla y el alivio-. Dio, Isabella, crei que estabas perdida para mi. Estabas tan fria. Fui egoista trayendote aqui con semejantes ropas. Te llevo de vuelta al castello, y estamos empacando tus cosas. Yo personalmente te escoltare fuera del valle.
Para su sorpresa, ella estallo en carcajadas.
– No lo creo, Signor DeMarco. -Se alzo entre sus brazos y levanto la mirada a sus cara seria-. Me enviaste lejos una vez y prometiste no hacerlo de nuevo. ?No sabes que ocurrio? ?No lo entiendes? -Le cogio la cara entre las manos-. juntos podemos derrotarlo. Se que podemos.
El utilizo una mano para volver a colocarla bajo las pieles.
– Quedate ahi. Estas tan fria, crei que estabas muerta. -Guio a los caballos a lo largo de una pared pronunciada e hizo senas a un guardia. El carruaje se acerco al palazzo, a lo que parecia ser un muro exterior sin aberturas.
Pero la pared se abrio ante el toque del don. Nicolai la empujo hasta el pasadizo y fuera de la vista y espero para dar al guardia energicas ordenes de ocuparse de los caballos inmediatamente. Despues llevo a Isabella a traves de un laberinto de corredores, sujetandola cerca, con pieles y todo.
– Los lobos te hirieron -dijo ella-. Los vi. Quiero ayudar. Sino, podemos llmar a Sarina. Quiero que un sanador se ocupe de ti. Tengo algun conocimiento de mezclas de plantas, pero no lo suficiente. Quiero que Sarina o el
