sanador de tu castello te eche un vistazo.

La habitacion en la que entro estaba caliento, casi sofocante. El vapor se elevaba de una charca de agua saltando hacia los azulejos. Isabella dejo de hablar para mirar. Habia oido hablar de tales cosas, pero el palazzo de su famiglia no tenia semejantes maravillas.

– Te meteras inmediatamente. Convocare a Sarina para que te atienda -dijo Nicolai, su voz era aspera con emocion mientras permitia que sus pies tocaran los azulejo.

Isabella le rodeo el cuello con los brzos, inclinando la cabeza hacia atras para mirarle a los ojos meintras se apoyaba en el.

– Nicolai, no hagas esto. No me alejes de ti. Si yo tengo el valor de quedarme contigo y pasar por esto, tu debes tener el coraje de creer que pueder ser asi.

Sus manos le cogieron las munecas con toda la intencion de bajarle los brazos, pero en vez de eso apreto su garra, casi aplastandole los huesos. Su cuerpo temblaba con la oscura intensidad de sus emociones.

– Podria matarte facilmente, Isabella. ?Crees que el mio padre no amaba a la mia madre? La amaba mas que a nada. Ellos empezaron justo asi. Todo empezo con amor y risa, pero al final se retorcio hasta algo feo y equivocado. Este valle esta maldito y todo dentro de el esta maldito. ?Crees que la gente se queda por lealtad y amor a mi? Se quedan solo porque se se alejan demasiado tiempo del valle, mueren.

Se relajo contra el.

– Tu padre no le conto a tu madre a que se estaba enfrentando. No le dio eleccion. Tu me dijiste que ni siquiera lo supo o sospecho hasta bastante despues de que tu nacieras. Tu me diste a elegir. Me contaste los riesgos. Yo los he aceptado. No se nada de mldiciones, pero conozco a la gente. He estdo en muchas fincas, y ninguna de ellas era como esta. Tu gente te ama. Pienses lo que pienses, cree eso. Si es verdad que estan bajo una maldicion y sea como sea les afecta, entonces les debes el tener el valor de seguir con esto.

El cogio su bata y la arrastro hasta sus hombros.

– Mira lo que te he hecho, Isabella. Mira la evidencia del amor mal encaminado. Yo te he hech esto.

Ella se cogio a la camisa ensangrentada y alzo su mano empapada.

– Esto es lo que yo veo, Nicolai. Veo la prueba de un hombre que ha arriesgado su vida para salvar la mia.

Se alejo de el, dejando caer la bata al suelo, y camino los pocos pasos hasta el agua caliente hasta que esta la cubrio hasta el cuello. El agua escaldaba sobre su piel fria, pero solo le quedaba su bravata, y deseaba mucho el consuelo de Sarina. Un sermon parecia un pequeno precio a soportar a cambio.

CAPITULO 10

Nicolai cerro los ojos a la tentadora vision de Isabella. El vapor que se alzaba de la piscina caliente solo se las arreglaba para hacerla parecer mas atractiva, mas eterea. La deseaba con cada fibra de su ser. No solo su cuerpo… deseaba su lealtad, su corazon. Su risa. Sus dedos se cerraron lentamente en dos punos apretados. Le estaba mirando con tal confianza, sus enormes ojos suaves y gentiles.

Sus punos se cerraron con mas fuerza cuando sus emociones se oscurecieron, barriendoo a traves de el con una intensidad que le sacudio. Sintio la afilada punalada de agujas en sus palmas.

Isabella estaba observando el juego de emociones en los ojos de el. Vio en que momento exacto la bestia gano, saltaron llamas rojo-anaranjadas en su mirada y ardieron fuera de control. Quiso llorar, pero en vez de eso sonrio.

– Necesitamos a Sarina, Nicolai, para que se ocupe de tus heridas, ya que yo carezco de conocimento.

– Te la enviare -replico el, su voz era una mezcla de brusquedad y sensualidad-. Yo no tengo necesidad ni deseo de ayuda.

Se obligo a reproceder dos pasos. Lejos del cielo. Lejos de la paz y el consuelo. No deshonraria a Isabella o a si mismo cuando solo tenia una vida de dolor y una horrorosa muerte que ofrecerle.

Cuando cerraba los ojos por la noche, veia la terrorifica escena una y otra vez. Su madre corriendo por su vida, con la boca abierta de par en par mientras gritaba pidiendo piedad. Su pelo se habia soltado de la larga trenza, y el viento lo batia tras ella. Habia visto a su padre, brillando tenuemente en un momento como hombre, al siguiente un leon maciso, cazandola facilmente como si no fuera mas que un ciervo en el bosque o un conejo temblando ante el.

Nicolai siempre corria hacia ellos en el sueno, en un desesperado intento de detener lo inevitable, justo como habia hecho en la vida real. Un chico con lagrimas corriendo por su cara… sus padres, su vida, ya perdidos para el, un pequeno cuchillo aferrado en su mano. Habia sido un arma patetica contra semejante bestia enorme. Pero cada vez que cerraba los ojos, ocurria de nuevo. El siempre hacia lo mismo, siempre llevaba el mismo cuchillo y siempre veia al leon saltar sobre su madre y matarla de un salvaje mordisco.

Sus ojos ardian, y su estomago se tensaba de repulsion. Esta noche el habia acechado a Isabella. En el ultimo momento habia vuelto en si, oyendola pronunciar su nombre. Oyendo su voz susurrarle palabras de amor. De perdon. De entendimiento. Habia permitido que la bestia en el se alzara completamente, consumiendole mientras luchaba con los lobos. Eso no habia ocurrido nunca antes. Mas y mas amenudo, mientras sus emociones se profundizaban, se intensificaban, perdia el control, y la bestia se comia al hombre. Como habia consumido a su padre. Un solo sonido de horror escapo de su garganta.

– No, Nicolia -suplico ella suavemente-. No te hagas esto a ti mismo.

Habian hecho falta anos para su padre fuera visto por su gente como la bestia, pero una vez le habia ocurrido, le habia devorado rapidamente. La gente habia visto a Nicolai como la bestia desde ese terrible dia en el patio cuando su padre mato a su madre e intento destruirle a el.

– Casi te mato -La admision fue baja, aspera, la verdad-. Ocurrira, Isabella, si no te envio levos. No tengo eleccion. Es por tu proteccion. Lo sabes.

– Se que los leones se negaron a dejarme atravesar el paso. Se que se supone que debo estar contigo. - Isabella se abrazo a si misma para dejar de temblar-. Eso es lo unico que se con seguridad, Nicolai. -Levanto la mirada hacia el con sus enormes e inocentes ojos-. Tu eres el aliento en mi cuerpo, la calidez y alegria de mi corazon. Donde quiera que me envies, me marchitare y morire. Si no mi cuerpo, al menos mi espiritu. Mejor tener alegria ardiendo calida y brillante, aunque sea por poco tiempo, que morir de una muerte larga e interminable.

La expresion de el se endurecio, sus ojos llamearon con tal intensidad que parecio atravesarle el corazon hasta que realmente sintio dolor.

– La unica cosa que yo se con seguridad, Isabella, es que si te quedas conmigo en este lugar, sere yo el que te mate.

las palabras colgaron en el aire entre ellos, brillando con vida propia. Isabella sintio un terror helado, incluso apesar de estar sumergida en agua caliente. Alzo la barbilla.

– Que asi sea.

Lo dijo suavemente, lamentandolo por el, esperando reconfortarle, deseando el solaz de sus brazos incluso cuando la certeza de su muerte inevitable la aterraba.

El giro sobre sus talones y salio a zancadas de la habitacion, dejandola en el agua, en la oscuridad, en una habitacion poco familiar sin nada para guiarla. Isabella apoyo la cabeza en los azulejos del borde de la piscina y lloro por ambos.

Sarina aparecio inmediatamente y encontro a Isabella con lagrimas corriendo por sus mejillas. Inquieta al oir que la joven habia salido sin mas acompanante que Nicolai, vestida solo con su bata a la noche cerrada, Sarina cloqueo desaprovadoramente. Incluso asi, sus manos fueron gentiles mientras examinaba a Isabella en busca de magulladoras. Se quedo en silencio, ni hizo ni una sola pregunta, mientras atendia las heridas punzantes de los hombros de Isabella.

– ?Examinaste las heridas de Nicolai? -pregunto Isabella, atrapando la mano del ama de llaves-. Lucho con una manada de lobos. -El agua caliente habia eliminado los escalofrios, pero temblaba de todas formas, recordado el terror de huir de la manada a la caza. Recordando al leon acechandola.

– Se nego a permitirme ayudarle -Sarina agacho la cabeza- Es incomodo para ambos. El prefiere estar solo -Seco a Isabella y le deslizo un camison por la cabeza. Despues sostuvo una bata limpia.

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