– Nadie prefiere estar solo, Sarina. Yo ire contigo, y examinaremos sus heridas. Puede necesitar puntos - Isabella tenia que verle esta noche. Si no lo hacia, temia por el, temia por si misma. El le habia roto el corazon con sus palabras tristes.

Sarina comenzo a trenzar los mechones del largo pelo de Isabella.

– Esta de un humor de perros. No me atrevi a reganarle por sacarte con este tiempo a solas, solo con tu bata, ni por entrar en la habitacion mientras te banabas. -Dudo, buscando las palabras apropiadas-. ?Te toco, Isabella?

– Esta de un humor de perros porque de nuevo piensa enviarme lejos por mi propio bien. Teme que me hara dano.

Las lagrimas brillaron en los ojos de sarina.

– Todos esperabamos que tu serias la que nos ayudarias. Pero estuvo mal por nuestra parte sacrificarte. Es posible que el don tenga razon y debas irte. -Su mano acaricio el hombro de Isabella-. El es peligroso. Es por eso que se contiene a si mismo… para protegernos de la bestia.

Isabella se alejo de Sarina en un golpe de genio, sus ojos oscuros eran tormentosos.

– Es un hombre, y como cualquier hombre necesita companerismo y amor. ?Se os ha ocurrido a alguno que si le tratarais mas como un hombre y menos como una vestia, podriais verle como un hombre? -Se paseo por la habitacion con furia contenida, entonces se dio la vuelta para formular su desafio-. Ha sacrificado mucho por su gente. ?Vas a venir conmigo a examinar sus heridas?

Sarina estudio la cara furiosa de Isabella durante un largo momento. Suspiro suavemente.

– No se alegrara de vernos -advirtio.

– Bueno, eso no es tan malo. Tendra que vivir con ello.

– Y es completamente impropio que le visites en ropa de cama -senalo Sarina, pero condujo a Isabella fuera de la habitacion llena de vapor hacia las amplias escaleras que conducian a los pisos superiores. Los hombros de Isabella estaban cuadrados mientras marchaba escaleras arriba, preparada para la guerra. Estaba enfadada con todos ellos. Y cerca de las lagrimas. Eso la hizo enfadar todavia mas. Se habia desmayado como una tonta. No le extranaba que el don fuera realmente a enviarla lejor. Su padre habia tenido razon sobre ella todo el tiempo. Nunca habia dado la talla, nunca tuvo el coraje para ser vendida en matrimonio por el bien de los intereses Vernaducci. Quiza si cuando Don Rivello habia hecho la primera oferta por ella, hubiera aceptado, su padre todavia seguiria vivo. Su hermano no habria estado prisionero ni sus tierras confiscadas. Habia sido tan cobarde, no deseando ser tocada por un hombre codicioso y avido con una enfermiza y lujuriosa sonrisa y ojos frios y muertos.

Habia tenido doce veranos cuando Don Rivellio habia visitado su palazzo por primera vez, la mirada fija de el habia seguido cada uno de sus movimientos. Se relamia los labios con frecuencia, y dos veces, bajo la mesa, le habia visto frotarse obscenamente la entrepierna mientras le sonreia. La habia enfermado con su buena apariencia fria y su malvada sonrisa. Despues de su visita, dos de las doncellas habian sido encontradas sollozando… violadas, magulladas, maltratadas, y casi demasiado asustadas por sus pervertidas torturas para contar a su don lo que habia acontecido. Ambas afirmaron que casi las habia matado, extrangulandolas deliberadamente para silenciarlas. Las magulladoras alrededor de sus gargantas habian convencido a Isabella de que decian la verdad.

Un sollozo se le escapo, y se apreto un puno contra los labios para contenerlo. Sabia que vivia en un mundo donde una mujer era poco mas que una forma de adquirir propiedades o herederos. Pero Lucca la habia valorado, habia conversado con ella como si fuera un hombre. Pacientemente le habia ensenado a leer y escribir y hablar mas de un idioma. Le habia ensenado a montar a caballo, y, por encima de todo, a creer en su propia fuerza. ?Que pensaria Lucca de ella cuando le confesara que se habia desmayado?

Y Don DeMarco. Estaba tan solo. Era tan maravilloso. Un hombre como ningun otro. Aun asi le habia fallado, como a Lucca y su padre. Nicolai la necesitaba desesperadamente, pero cuando mas importaba, ella le habia decepcionado, habia tomado la salida del cobarde. Se habia desmayado. Deberia haber continuado llamandole, trayendole de vuelta a ella. Habia tenido la fuerza para contener al otro leon, pero se habia desmayado como una nina cuando el don la necesitaba.

– ?Isabella? -La voz de Sarina estaba llena de compasion.

Isabella nego con la cabeza inflexiblemente.

– No. No quiero llorar, asi que no seas agradable conmigo. Espero que Nicolai este furioso, asi podre enfadarme yo tambien.

Estaban al principio de las escaleras que conducian al ala privada del don. Sarina dudaba, mirando hacia arriba temerosamente, con la mano sobre la cabeza esculpida de un leon.

– ?Estas segura de que quieres hacer esto?

Isabella subio las escaleras rapidamente, paso a los guardias del salon y desafiantemente llamo a la puerta.

Salto cuando Nicolai abrio la puerta de un tiron. Habia un grunido en su cara, una mascara de colera amenazante.

– ?Te dije que no deseaba ser molestado por ninguna razon! -excupio antes de enfocar completamente a Isabella.

Sarina se santiguo y miro con empeno al suelo. Los guardias se giraron alejandose de la bestial vision.

Isabella miro directamente, beligerantemente, a los resplandecientes ojos de Nicolai.

– Scusi, Don DeMarco, pero debo insistir en que sus heridas sean tratadas apropiadamente. Gruna todo lo que quiera, eso no le hara bien. -alzo la barbilla desafiantemente hacia el.

Nicolai se trago las furiosas y amargas palabras que fluian de su interior. Si hubiera sido cualquier tipo de hombre, habria tenido el valor de enviarla lejos. Se habia jurado a si mismo que sortearia a los leones que guardaban el valle, incluso si eso significaba destruirlos. Ahora, mirandola, sabia que no lo haria, no podria enviarla lejos.

Sin ella estaba perdido. Ella alejaba la cruda soledad de su existencia y la reemplazaba con calidez y risa, reemplazaba su pesadilla recurrente por ardientes y eroticos pensamientos y la promesa del cielo, un refugio en los placeres de su cuerpo. Su mente le intrigaba… le forma en que pensaba, lo franca que era, sin la mas minima coqueteria sino directa y genuina en sus opiniones. Donde todo el mundo le tenia miedo y le obedecia, ella se le enfrentaba con humor y bravatas.

La necesitaba si iba a continuar con su propia existencia, si iba a continuar protegiendo y guiando a su gente. Querria llorar por ella. Por si mismo. Habia suplicado fuerzas para enviarla lejos, pero esta no estaba alli, y descubrio que odiaba que y quien era.

Parecia hermosa en su desafio, pero bajo eso, veia su miedo al rechazo. Una suplica mezclada con la tormenta de su mirada. Una necesidad de ayudarle. Una necesidad de que el la quisiera. Algo duro y petreo alrededor de su corazon se derritio. Extendio el brazo, alli mismo delante de Sarina, delante de los guardias, y cogio a Isabella por la nuca, transportandola al abrigo de su cuerpo. Tomo su boca, la beso dura y profundamente, con la intensidad de sus volcanicas emociones. Vertio sus sentimientos en el beso, fuego y hielo, amor y arrepentimiento, alegria y amargura. Todo lo que tenia para darle.

Isabella instantanemanete quedo suave y flexible contra el, aceptando completamente su salvaje naturaleza, devolviendo beso por beso, exigencia por exigencia. El fuego salto entre ellos, instantaneao y ardiente, crujiendo en el aire y arqueandose de uno a otro, invisible pero ciertamente sentido por los observadores. Se abrazaron, dos almas que se ahogaban, perdidos uno en los brazos del otro, su propio santuario, su unico refugio seguro.

Un guardia tosio delicadamente, y Sarina hizo un sonido en algun sitio entre el ultraje y la aprobacion.

– Suficiente, joven signorina. Ya habra bastante tiempo despues de su boda. -El ama de llaves fijo su mirada en su don mientras estaba entre los brazos de Isabella. Aunque sonreia, hizo todo lo que pudo por fruncir el ceno a la pareja.

Lentamente, reluctantemente, Nicolai alzo la cabeza.

– Bien puedes entrar, ya que estas aqui -sonrio a Sarina por encima de la coronilla de Isabella-. Tiende un poco a meterse en problemas, ?verdad?

– Yo la tenia encerrada a salvo -le reprendio Sarina.

Nicolai retrocedio para permitirlas entrar.

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