– Yo me alegro mucho de que hayas nacido mujer. -Habia un rapto en su voz, una pequena nota que traiciono las urgentes demandas de su cuerpo.
Isabella se quedo muy quieta, intentando no derretirse bajo su toque, intentando no lanzarse a sus brazos.
– Supongo que yo estoy muy contenta tambien -admitio mientras su sangre se caldeaba y acumulaba hasta una dolencia palpitante.
– ?No te dijo Sarina que me detuvieras cuando te tocara asi? -el inclino la cabeza para rozar un beso por su temblorosa boca mientras reluctantemente retirba la mano de la calidez de su cuerpo-. Porque si no lo hizo, deberia.
– Ahora mism no puedo recordarlo -admitio Isabella, sintiendose aturdida. Miro alrededor en busca de una distracion-. Sabia que habia un pasadizo secreto. Habia uno en nuestro palazzo. Solia jugar en el de nina.
– No estoy aqui para seducirte, Isabella, sino para giarte en un gran aventura.
– Bien, porque ahora recuerdo que Sarina me dejo muy claro que no debia haber seduccion antes de que nos casemos -estaba excitada ante la perspectiva de ir con el y cogio apresuradamente sus zapatos-. ?Deberia ponerme un vestido?
Los ojos ambar brillaron hacia ella, moviendose sobre su cuerpo, dejandola debil.
– No, me gusta saber que no llevas nada bajo la bata. Nadie nos veras -la tomo de la mano-. Estaras a salvo conmigo -Se llevo la punta de sus dedos a los lbios, su aliento era calido sobre la piel-. No se si estare a salvo contigo.
Su corazon palpitaba ruidosamente, pero ella fue sin dudar.
– Yo cuidare de usted, Signor DeMarco, no tenga miedo.
– Yo tenia buenas y nobles intenciones, -le dijo el mientras avanzaban por el estrecho y oculto corredor-. No es culpa mia haberte encontrado sin ropa-. Sus dientes blancos centellearon hacia ella, esa sonrisa juvenil que le robaba el corazon-. Creia que eso solo ocurria en mis suenos.
– ?Suenas con frecuencia con mujeres sin ropa? -Habia el mas pequeno de los filos en su voz, a pesar de su obvia diversion.
Nicolai bajo la mirada hacia ella, su sonrisa se amplio.
– Solo desde que te conoci. Agarra con fuerza mi mano; de otro modo, no me hago responsable de ninguna exploracion que pudiera emprender por su cuenta.
Isabella rio, y el sonido liguero y despreocupado viajo a traves del laberinto de ocultos corredores, despertando cosas que era mejor dejar en paz.
– Tu mano no hace nada a menos que tu la dejes -senalo ella.
El contoneo los dedos haciendo que se rozaran incitadoramente contra su cadera.
– No, tienen enteramente voluntad propien esta cuestion. Me declaro inocente -se llevo la mano de ella a la calidez de su boca-. Adoro tu piel -sus dientes mordisquearon gentilmente los nudillos, su lengua arremolino una caricia sobre el pulso de la muneca.
Los ojos de ella se abrieron de par en par y se oscurecieron mientras le miraba, medio con amor, medio con miedo.
Don DeMarco le sonrio.
– Te encantara esto, Isabellla.
Ella parpadeo hacia el, sorprendida por la forma en que su cuerpo parecia pertenecerle. Cada gesto, cada movimiento de el, la tentaba y seducia.
– Ciertamente si.
Le siguio a traves de los largos tuneles, escaleras y pasadizos, su mano firmemente en la de el. Era agudamente consciente del poder que el exudaba, la suprema confianza, la amplitud de sus hombros y la fuerza de su cuerpo. Fue consciente de que no hacia ningun ruido mientras caminaba. Ninguno. Oia solo el suave pisar de sus propios zapatos sobre el suelo.
Nicolai empujo un seccion de la pared, y esta se abrio lentamente. El retrocedio para que Isabela pudiera ver. El frio la golpeo primero, una explosion helada que atraveso su bata y fue directamente hasta su piel, pero entonces se encontro mirando con respeto reverencial el paisaje. Era de un pristino y refulgente blanco. La nieve colgabde los arboles y cubria las cuestas. Carambans helados colgaban de los aleros del palazzo. La luna llena se reflejaba en la nieve, convirtiendo la noche en dia. Las montanas brillaban como joyas, una escena impresionando que nunca olvidaria.
– Estas temblando -dijo el suavemente-. Ponte bajo las pieles -la acerco al calor de su cuerpo para que este la inundace.
isabella se relajo entre sus brazos como si perteneciera alli. El la llevo en brazos a donde dos caballos estaban esperando, aparejados a lo que parecia un carruaje sobre patines. Coloco a Isabella en el asiento acolchado, estableciendose cerca de ella, y acomodando las gruesas pieles a su alrededor.
– ?Que es esto? -Nunca habia visto nada igual antes.
– Betto me hizo uno cuando yo era muy pequeno. Tallo los patines de madera y los aseguro a un viejo carruaje que mis padres ya no utilizaban. Era mas pequeno que este, pero iba sobre la nieve muy rapido. Hice que construyeran este recientemente y pense que debiamos probarlo.
Isabella se acurruco bajo las pieles, cerrando los dedos en un esfuerzo por mantener el calor. Nicolai saco un par de guantes de piel del bolsillo de su chaqueta y se los puso en las manos. Eran demasiado grandes pero muy calidos, y ese gesto simple y considerado envio mariposas a revolotear en su estomago.
– ?Estas suficientemente caliente? -pregunto el-. Puedo conseguir otra piel si hace falta.
Isabella sacudio la cabeza.
– Estoy muy caliente, grazie. ?Que estabamos haciendo exactamente?
– Se siente como se sentiri volar -sacudio ls riendas, y los caballos empezaron un paso lento, arrastrando el carruaje tras ellos.
Cuando los animales cogieron velocidad, el carruaje empezo a correr sobre la nieve, deslizandose facilmente a traves de los cristales blancos. Isabella se aferro al brazo de Nicola y alzo la cara hacia el viento. Era hermoso. Perfecto. Los dos encerrados en un mundo blco, deslizandose sobre la nieve con suficiente rapidez como para hacer que su corazon remontase.
El paisaje era hermoso, el aire crispado y fresco. isabella se encontro riendo mientras corrian, la luz de la luna lanzando un brillo plateado sobre las ramas en lo alto. Nicolai detuvo el carruaje en lo alto de una cuesta, sus brazos la acercaron. Bajo ellos un pequeno estanque, ya se congelaba haciendo que el helo brillara.
– Es realmente hermoso -dijo Isabella, levantando lmirad hacia el-. Grazie, Nicoali, por compartir esto conmigo.
La mano de el se enterro entre su pelo.
– ?Con quien mas podria compartirlo? -Aparto la mirada de ella, hacia el centelleante hielo. Sus rasgos estaban inmoviles y duros-. Ningun otro se atreveria a venir conmigo.
– ?Por que? -Isabella presiono una mano enguantada sobre las cicatrices y le acaricio la piel para calentarse-. ?Por que son todos tan tontos? Eran tan bueno con ellos. ?Por que te temen, Nicolai?
– Tienen mucha razon en temerme, igual que temian todos al mio padre -giro la cabeza para mirarla, sus ojos ambar pensativos-. Si tuvieras algun sentido comun, tambien tu me temerias.
Ella la lanzo una suave y confiada sonrisa. Sus yemas cubiertas de piel le trazaron el ceno.
– ?Quieres que te tema, Nicolai? Si es lo que quieres, debes darme una razon.
El se quedo mirando fijamente la candida inocencia de sus oscuros ojos durante un largo momento.
– Isabella -Su nombre fue un suave susurro en la noche. Gentil. Tierno. Se inclino para encontrar su boca con la de el, tomando posesion, su lengua probando, insistente.
Bajo las gruesas pieles Nicolai deslizo su mano bajo la bata de ella para encontrar sus pechos.
– Sone con tomarte aqui en la nieve, a la luz de la luna -Le beso la comisura de la boca, la barbilla-. ?Si te lo pidiera, Isabella, me entregarias tu cuerpo? -Su boca vago mas abajo, bajo la linea de la garganta, apartando a un lado la bata para abrirla ante el. Sus manos encajaban en el torso, sus pulgares descansaron sobre los tensos pezones.
– ?Por que, Nicolai? -Habia algo triste, algo desesperado, controlandole-. ?De que tienes miedo? Dime.
El descso la cabeza contra sus pechos desnudos.
– Me duele dia y noche. No puedo pensar en nada mas que en ti. Nada mas, cara. Pero no se si aliviar el
