Segun el articulo, Thorne dejaba esposa, Evelyn, y una hija de diecisiete anos cuyo nombre no se mencionaba. En la fotografia, Evelyn Thorne se parecia un poco a Grace Kelly, penso Kovac. Se pregunto si alguna de las dos seguiria viviendo en la zona y si alguno de los viejos compadres de Bill Thorne lo sabria. Evelyn Thorne habia sido una mujer relativamente joven en el momento del incidente. Con toda probabilidad se habria vuelto a casar. Ahora contaria cincuenta y ocho anos, y la hija, treinta y siete.

Si Andy Fallon habia estado indagando en el caso para intentar comprender mejor a su padre, tal vez ya hubiera hecho todo el trabajo duro. Sin embargo, no habia expediente. Kovac se pregunto si podia esperar convencer a Amanda para que le permitiera registrar el despacho de Fallon y husmear en su ordenador. El asesinato de Thorne no era un caso abierto de Asuntos Internos, de modo que quiza no le importaria.

Ni siquiera sabes si volvera a dirigirte la palabra, Kovac.

Cierto.

– Senor.

La voz de la bibliotecaria lo sobresalto. Se giro bruscamente y la vio de pie, demasiado cerca de el.

– Vamos a cerrar -anuncio la mujer en tono de disculpa-. Me temo que tendra que marcharse.

Kovac recogio las copias que habia hecho de varios articulos y salio una vez mas al frio. La tarde habia dado paso a la noche a pesar de que apenas eran las cinco. Los indigentes que habian pasado el dia al calor de la biblioteca habian sido echados de ella como el. Deambulaban por la acera, alejandose instintivamente de el; debia de oler a poli. Con toda probabilidad, la bibliotecaria lo habia tomado por uno de ellos. No iba afeitado, se habia pasado la tarde mesandose los cabellos y restregandose los ojos. Se sentia como uno de ellos alli en la calle, en aquella parte inhospita y gris de la ciudad. Solo, desconectado de todo.

Intento localizar a Liska por el movil, pero le salto el contestador. Contemplo la posibilidad de llamarla al busca, pero decidio dejarlo correr e irse a casa para sentirse solo y desconectado de todo en un lugar mas caldeado.

El vecino habia anadido a la decoracion de su jardin un Papa Noel bidimensional de conglomerado que estaba agachado y mostraba buena parte de la raja del culo. Que risa. El trasero daba exactamente a la ventana del salon de Kovac. Cuanta elegancia junta, por favor.

Kovac barajo la posibilidad de sacar el arma y hacerle un ojete nuevo. ?Te parece gracioso, gilipollas?

La casa seguia oliendo a basura a pesar de que la habia sacado. Como el hedor a cadaver en casa de Andy Fallon Arrojo las copias de los articulos sobre el asesinato de Thorne sobre la mesa y entro en la cocina, donde tosto algunos granos de cafe para contrarrestar el olor, un truco que habia aprendido despues de trabajar muchos anos en escenarios de asesinatos. A ver si Heloise lo incluia en su columna de trucos practicos. Que hacer cuando tu casa esta impregnada de olor a cadaver descompuesto.

Subio a la planta superior, se ducho, se puso vaqueros, calcetines de lana y un jersey viejo, y bajo de nuevo con intencion de cenar, aunque a decir verdad no tenia apetito. No obstante, necesitaba calorias para que su mente siguiera funcionando, si es que queria que siguiera funcionando esa noche.

La unica cosa comestible que habia en la casa era una caja de cereales azucarados. Comio un punado sin leche y se sirvio un vaso del whisky que habia comprado de camino a casa. Macallan. Que cono, un dia es un dia.

Busco en la radio la emisora que emitia seudojazz, se acerco a la ventana y tomo un poco de whisky mientras escuchaba la musica con la mirada clavada en el trasero de Papa Noel. Asi es mi vida.

No sabia cuanto tiempo llevaba alli cuando sono el timbre de la puerta. Era un sonido tan inusual en su casa que no reacciono hasta el tercer timbrazo.

Amanda Savard estaba ante su puerta, con la cabeza envuelta en la bufanda de terciopelo negro para ocultar las heridas, o al menos algunas de ellas.

– Vaya, tu tambien debes de ser detective, porque mi direccion no figura en la guia.

– ?Puedo entrar?

Kovac se aparto y la invito con un ademan de la mano en la que sostenia el whisky.

– No esperes gran cosa. Me llegan muchos consejos de decoracion por correo, pero es que no tengo tiempo de ponerlos en practica.

Amanda fue hasta el centro del salon y se retiro la bufanda de la cabeza, pero no se quito los guantes ni el abrigo, y tampoco se sento.

– He venido a pedirte disculpas -empezo, mirando justo por encima del hombro derecho de Kovac, de modo que este se pregunto si veria el culo de Papa Noel, aunque si era el caso, no reacciono.

– ?Por que? -pregunto-. ?Por acostarte conmigo o por echarme despues de acostarte conmigo?

Amanda tenia aspecto de querer estar en cualquier lugar menos alli. Junto las manos y luego se llevo una al cabello, cerca de las abrasiones.

– Bueno, yo no… no pretendia… -Se interrumpio, apreto los labios y cerro los ojos un momento antes de continuar-: No soy… Me cuesta mucho… compartir mi vida… con otras personas. Y lo siento si…

Kovac dejo el vaso sobre la mesita de cafe y se acerco a ella. Le acaricio la mejilla, deslizando el pulgar debajo de la herida. Tenia la piel fria, como si hubiera pasado mucho rato ante su puerta, haciendo acopio de valor suficiente para llamar al timbre

– No tienes por que sentirlo, Amanda -musito-. No lo sientas por ti ni por mi.

Por fin, Amanda alzo la vista hacia el. El labio inferior le temblaba ligeramente.

– No se me dan bien estas cosas -confeso.

– Calla -murmuro Kovac.

Inclino la cabeza y la beso, pero no con pasion, sino con infinita ternura. Los labios de Amanda se caldearon y se entreabrieron para el.

– No puedo quedarme -susurro con voz tensa por el conflicto interno contra el que luchaba.

– Calla…

Kovac la beso de nuevo. La bufanda cayo al suelo. Kovac deslizo los labios por el cuello de Amanda, y el abrigo siguio los pasos de la bufanda.

– Sam…

– Amanda… -le susurro Kovac al oido-. Te deseo.

Amanda se estremecio bajo sus manos, que reseguian ahora el contorno de su espalda. Por fin volvio la cabeza y lo beso temblorosa, vacilante pero ansiosa a un tiempo. Un beso hambriento, pero temeroso. Abrio los ojos y lo miro por entre un velo de lagrimas.

– No se que podemos tener -murmuro-. No se que puedo darte.

– No importa -aseguro Kovac con la sinceridad del momento-. Podemos tener el aqui y ahora.

Sentia el corazon de Amanda latir contra su pecho, marcando el paso del tiempo. Ni siquiera en aquel instante de intimidad lograba leerle el pensamiento ni dilucidar que preguntas se hacia. Si percibia su tristeza, el vacio, la soledad, el conflicto. Kovac reconocia esas emociones y reacciono a ellas, se sumergio en ellas mientras ambos se dejaban caer en el sofa.

Podian tener el aqui y ahora. Aun cuando eso fuera todo, Kovac no tenia nada mas que pudiera compararsele.

– No puedo quedarme -musito Savard.

Yacia en el sofa, entre los brazos de Kovac, cubierta con su propio abrigo. Sentia la piel de Kovac calida contra la suya. Le gustaba la sensacion de su cuerpo apretado contra el de ella, las piernas entrelazadas, los cuerpos unidos, como si fueran inseparables. Sin embargo, era una ilusion que no podia materializar, y esa seguridad la hacia sentirse vacia, hueca, aislada.

Kovac le deslizo una mano tras la nuca y la beso en la frente.

– No tienes que quedarte, pero puedes… si quieres. Puede que incluso encuentre un juego de sabanas limpias.

– No -declino ella, obligandose a moverse y a cubrirse el cuerpo con la ropa-. No puedo.

Kovac se incorporo sobre un codo y con gran delicadeza le deslizo la mano por su cabello enredado.

– Amanda, no me importa de donde vengan las pesadillas. ?Entiendes lo que quiero decir? No me importa. No me asustan.

Pero a mi si me importan y me asustan, quiso replicar ella, pero guardo silencio.

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