senores? ?Tienen miedo de perder su titulo de licenciados si se equivocan?». Pasaron unos cuantos, densos segundos, y Blanes apunto de nuevo al mismo sitio. Elisa volvio a oir aquella voz tersa, tranquila, casi divertida, con ligero acento extranjero: «A esa escala no existe una geometria valida debido al fenomeno de espuma cuantica». «Muy bien, senor Valente.»
Valente Sharpe.
Cinco anos seguidos siendo la mejor de su promocion habian exacerbado el afan de competitividad de Elisa hasta extremos salvajes. No se podia ser el primero en el mundo cientifico sin el terrible esfuerzo depredador de eliminar a los rivales sistematicamente. Por esa razon, el absurdo desprecio de Blanes era para ella una tortura insufrible. No queria mostrar su orgullo herido delante de un companero, pero habia llegado ya al limite de sus fuerzas.
– Me ha dado la impresion de que ni siquiera me ve -mascullo tragandose las lagrimas.
– Yo creo… que te ve demasiado -repuso Lopera.
Ella lo miro.
– Digo que… -intento explicarse el-. Creo que… te ha visto y ha pensado: «Una chica tan… tan… no puede ser, a la vez muy…» Es decir, se trata de un prejuicio machista. Quiza ignora que eres tu quien quedaste primera en la prueba. No sabe como te llamas. Piensa que Elisa Robledo es… Vamos, que no puede ser como tu.
– ?Como soy yo? -No queria hacerle aquella pregunta, pero ya no le importaba ser cruel.
– Supongo que no es incompatible… -dijo Lopera sin responder, como hablando consigo mismo-. Aunque geneticamente es raro… La belleza y la inteligencia, quiero decir… Casi nunca van unidas. Si bien hay excepciones… Richard Feynman era muy guapo, ?no? Eso dicen. Y Ric tambien es… a su manera, ?verdad? Un poco… ?no?
– ?Ric?
– Ric Valente, mi amigo. Lo llamo asi desde que lo conozco. ?No te acuerdas que te lo senale ayer, en la fiesta? Ric Valente…
La sola mencion de aquel nombre habia bastado para que Elisa apretara los dientes.
– El tambien es un poco las dos cosas: atractivo y listo,; como tu -prosiguio Lopera, ajeno, al parecer, a las emociones de ella-. Pero, ademas, sabe… sabe como meterse en un bolsillo a la gente, ?no te has dado cuenta? Es un encantador de serpientes con los profesores… Bueno, con todo el mundo. -Su garganta emitio un gorgoteo a modo de risa (Elisa oiria la risa de Victor en mas de una ocasion durante los anos posteriores, y llegaria a agradarle mucho, pero en aquel momento le repugno)-. Con las chicas tambien. Si, si, tambien… Uy, vaya que si.
– Hablas de el como si no fueras su amigo.
– ?Como si no fuera…? -Casi pudo escuchar los zumbidos del disco duro de Lopera al procesar aquel banal comentario-. Claro que soy… O sea, fuimos… Nos conocimos en el colegio, luego hicimos la carrera juntos. Lo que ocurre es que Ric consiguio una de esas «superbecas» y se marcho a Oxford, el tio, al departamento de Roger Penrose, y dejamos de vernos… Tiene la intencion de regresar a Inglaterra cuando termine lo de Blanes… si es que Blanes no se lo lleva de vuelta a Zurich, claro.
La sonrisa de los carnosos labios de Lopera al decir aquella ultima frase desagrado a Elisa. Sus mas negros pensamientos regresaron: se sintio completamente abatida, casi exanime.
– Hace cuatro anos que no nos veiamos… -continuo Lopera-. No se, quiza lo noto algo cambiado… Mas… Mas seguro de si mismo. Es un genio, hay que admitirlo, un genio al cubo, hijo y nieto de genios: su padre es crip… criptografo y trabaja en Washington, en no se que centro de seguridad nacional… Su madre es norteamericana y ensena matematicas en Baltimore… Estuvo nominada el ano pasado a la medalla Fields. -A su pesar, Elisa se impresiono. La medalla Fields era una especie de premio Nobel de matematicas y distinguia anualmente en Estados Unidos a los mejores del mundo en esa especialidad. Se pregunto que sentiria ella si tuviera una madre nominada a la medalla Fields. En aquel momento lo unico que sentia era rabia-. Estan divorciados. Y el hermano de su madre…
– ?Es premio Nobel de Quimica? -interrumpio Elisa sintiendose mezquina-. ?O quiza fue Niels Bohr?
Lopera volvio a emitir aquel misterioso ruido que tenia que ser una risa.
– No: es tecnico programador de Microsoft en California… Lo que queria decir es que Ric ha aprendido de todos ellos. Es una esponja, ?sabes? Cuando crees que no te escucha, esta analizando todo lo que haces o dices… Es una maquina. ?A que altura de Claudio Coello te dejo?
Elisa le dijo que no era preciso que la llevara hasta su casa pero Lopera insistia. Detenidos en el atasco del mediodia madrileno, acabaron pronto con la pequena discusion y tuvieron tiempo de sobra hasta para el silencio. Elisa vio sobre la guantera del coche, bajo unas carpetas de bordes arrugados, un par de libros. Leyo el titulo de uno:
Cuando enfilaban Claudio Coello, Lopera rompio su mutismo para decir:
– Menudo mosqueo se llevo Ric cuando vio que le habias superado en la prueba de admision al curso. -Y volvio a soltar su ruido-risa.
– ?En serio?
– Ya lo creo, es un mal perdedor. Muy mal perdedor. -Y de repente Lopera cambio de expresion: fue como si hubiese pensado algo nuevo, algo que no habia considerado hasta ese instante-. Ten cuidado -agrego.
– ?Con que?
– Con Ric. Ten mucho cuidado.
– ?Por que? ?Puede influir en el jurado de la medalla Fields para que no me la concedan?
Lopera paso por alto la ironia.
– No, es que no le gusta perder. -Detuvo el coche-. ?Este es tu portal?
– Si, gracias. Oye, ?por que dices que tenga cuidado? ?Que puede hacerme?
El no la miraba. Miraba al frente, como si siguiera conduciendo.
– Nada. Solo queria decir que… se sorprendio de que quedaras la primera.
– ?Porque soy chica? -pregunto ella con gelida furia-. ?Por eso?
Victor parecia avergonzado.
– Quiza. No esta acostumbrado a… Bueno, a quedar segundo. -Elisa se mordio la lengua para no replicar.
Aquella frase la ablando algo, y se reconcilio con Lopera. Cuando entro en el portal penso que quiza habia sido algo ruda con el y se volvio para despedirse, pero Lopera se habia ido ya. Permanecio quieta un instante mas, ensimismada.
La escena le habia hecho recordar el suceso de la noche anterior con Javier Maldonado. Casi como un acto reflejo, echo un vistazo a la calle, pero no vio a nadie que la espiara. Tampoco descubrio a ningun individuo de pelo y bigote canosos.
Sonrio y se dirigio al ascensor. Dedujo que se habia tratado de una casualidad. Las casualidades podian darse: las matematicas, incluso, les concedian probabilidades. Dos hombres con cierto parecido fisico que, durante la misma noche, se quedan mirandola. ?Por que no? Solo un paranoico le daria vueltas en la cabeza a eso.
Mientras subia en el ascensor recordo la extrana advertencia de Victor Lopera.
Que absurdo. Pero si Valente no se fijaba en ella. Aquel primer dia de clase ni siquiera la habia mirado una sola vez.
