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La cita fue el sabado por la tarde en un cafe que ella no conocia, cercano a la calle de Atocha. «Te gustara», le habia asegurado Maldonado.
Y no se equivocaba. Se trataba de un sitio tranquilo de paredes oscuras con cierto aire a sala teatral debido, principalmente, a una cortina roja situada junto a la barra. A ella le encanto.
Maldonado la esperaba en una de las pocas mesas ocupadas. Elisa no pudo negar que se alegraba mucho de verlo despues de la triste semana que habia pasado.
– Ayer te llame varias veces a casa, descolgaban y se cortaba -le dijo Maldonado.
– La linea estaba estropeada. Ya la han arreglado.
La compania telefonica les habia dicho que se trataba de un «fallo del sistema», pero, segun Elisa, quien realmente experimento un «fallo del sistema» fue su madre, que se subio por las paredes y, con su mesurado tono de voz algo mas alto que de costumbre, amenazo con demandarlos por danos y perjuicios («Tengo clientes muy importantes que suelen llamarme a casa, no se figuran…»). Le aseguraron que ese mismo sabado por la manana enviarian a varios tecnicos para inspeccionar las lineas y reparar la averia, y asi lo hicieron. Solo entonces Marta Morande se habia calmado.
Pidio una Coca-Cola
– ?Otra vez con las preguntitas? -bromeo.
– Si. ?No quieres? -Ella se apresuro a decirle que si porque habia percibido su seriedad-. Ya se que es un conazo -se disculpo el-, pero es mi curro, que le vamos a hacer, y te agradezco un monton que me eches un cable, tia… El buen periodismo se hace con informaciones recopiladas pacientemente -anadio en un tono de dignidad ofendida que a ella le sorprendio.
– Por supuesto, perdona… -
– No, perdoname tu a mi. Estoy algo nervioso porque el curso se acaba y tengo que presentar el reportaje cuanto antes.
– Pues venga -lo animo ella-, no perdamos mas tiempo: pregunta lo que quieras. Por mi que no quede.
Sin embargo, al principio la tension persistia. El la interrogaba mecanicamente sobre su ocio y ella respondia con rigidez, como si se tratase de un examen oral. Elisa comprendio que ambos estaban arrepentidos por haber comenzado de forma tan distinta a la de la tarde de la fiesta. Entonces Maldonado se intereso por los deportes que ella practicaba, y las cosas cambiaron. Elisa le dijo que hacia todo el que podia, lo cual era cierto: pesas, natacion, aerobic…Maldonado se quedo mirandola.
– Ahora me explico tu fisico -dijo.
– ?Que tiene mi fisico? -sonrio ella.
– Que es un fisico perfecto para una fisica.
– Que chiste mas malo y mas previsible.
– Me lo pusiste en bandeja.
Luego hablaron de su infancia. Ella le conto que habia sido una nina solitaria que dependia exclusivamente de su cerebro para distraerse y jugar. No le quedaba otro remedio, ya que sus padres no habian querido tener mas hijos y se dedicaban, mas bien, a desarrollar sus propias inquietudes que a hacerle caso. Su padre («Se llamaba como tu: Javier») se habia hecho fisico en tiempos «aun peores» que los actuales. Elisa lo recordaba como un hombre amable de cerrada barba oscura, pero poco mas. Habia pasado parte de su vida en Inglaterra y Estados Unidos investigando la «interaccion debil», que era el tema de moda en la fisica teorica de los setenta: la fuerza que provoca que ciertos atomos se desintegren.
– Estuvo mucho tiempo estudiando algo conocido como «la violacion de la simetria CP por el kaon»… No pongas esa cara, por favor… -Elisa empezo a reirse.
– No, no -dijo Maldonado-. Yo escucho y escribo.
– «Kaon» con ka -indico Elisa el papel donde Maldonado tomaba apuntes.
Se estaba divirtiendo cada vez mas. Por desgracia, tambien tuvo que hablar de su madre. Marta Morande, madura, atractiva, magnetica, duena y directora de
Le resultaba dificil hablar de su madre y sentir un apice de diversion.
– Procede de una familia acostumbrada al dinero y los viajes. Te juro que aun sigo preguntandome que pudo ver mi padre en un ser asi… El caso es que estoy convencida de que el… De que mi padre no me habria dejado tan sola si mi madre hubiese sido otra clase de persona. Siempre estaba diciendo que tenia que disfrutar de la vida, que no podia vivir encerrada por el simple hecho de haberse casado con un «cerebrito». Asi lo llamaba. En ocasiones lo decia delante de mi. «Hoy viene el cerebrito», decia. -Maldonado habia dejado de escribir. La escuchaba muy serio-. Creo que mi padre no queria complicarse la vida con un divorcio. Ademas su familia siempre habia sido muy catolica. Se limitaba a mirar para otro lado y dejar que mi madre «viviera». -Elisa miro hacia la mesa, sonriendo-. Te confieso que decidi estudiar fisica para frustrar a mi madre, que queria que hiciera empresariales y la ayudara a dirigir su famoso centro de belleza. Y vaya si la frustre. Eso le dolio. Dejo de hablarme, y aprovechando otra ausencia de mi padre se largo a vivir a una casa de veraneo que tiene en Valencia. Me quede sola en Madrid, con mis abuelos paternos. Cuando mi padre lo supo, regreso y me dijo que nunca me dejaria. Yo no le crei. Una semana despues se marcho a ver a mi madre a Valencia y convencerla de firmar una tregua. Al volver, un turismo conducido por un borracho se estrello contra el suyo. Y ahi termino todo.
Sentia frio. Se froto los brazos desnudos. Por otra parte, solo era frio, no verdadero malestar. Le parecia que hacia bien al hablar de aquello. ?A quien habia podido contarle todo eso antes?
– Ahora vivo otra vez con mi madre -anadio-. Pero cada una tiene su territorio en casa, y procuramos no pasar de esa linea.
Maldonado dibujaba circulos sobre el papel. Elisa se dio cuenta de que la tension del inicio amenazaba con retornar. Decidio cambiar de tono.
– Pero, no creas, el periodo que pase a solas en Madrid me vino muy bien: me dio la oportunidad de conocer mejor a mi abuelo, que era la mejor persona del mundo. Habia sido maestro y le encantaba la historia. Solia contarme anecdotas sobre antiguas civilizaciones y me ensenaba ilustraciones en los libros…
El tema parecio animar a Maldonado, que volvio a anotar cosas.
– ?Te gusta la historia? -pregunto.
– Gracias a mi abuelo, mucho. Aunque apenas la conozco.
– ?Cual es tu epoca historica preferida?
– No se… -Elisa lo penso-. Las civilizaciones antiguas me fascinan: egipcios, griegos, romanos… A mi abuelo le gustaba mucho la Roma imperial… Te pones a pensar en esas gentes, que dejaron tantas huellas y desaparecieron para siempre…
– ?Y?
– No se. Me atrae.
– ?Te atrae el pasado?
– ?A quien no? Es… como algo que hemos perdido para siempre, ?verdad?
– Por cierto -dijo Maldonado como si se tratara de un dato que habia olvidado preguntar-, no hemos hablado de tus ideas religiosas… ?Crees en Dios, Elisa?
– No. Ya te dije que mi familia paterna era muy catolica, pero mi abuelo fue lo bastante inteligente como para no agobiarme con eso: me transmitio valores, simplemente. Nunca crei en un Dios, ni siquiera de nina. Y ahora… te parecera raro, pero me considero mas cristiana que creyente… Creo en ayudar a otros, en el sacrificio, en la libertad, en casi todo lo que predico Cristo, pero no en Dios.
– ?Por que tendria que parecerme raro?
– Suena raro, ?no?
– ?No crees que Jesucristo fue el hijo de Dios?
– Para nada. Ya te digo que no creo en Dios. Lo que creo es que Jesucristo fue un hombre muy bondadoso y muy valiente que supo transmitir valores…
– Como tu abuelo.
