– Si. Pero tuvo peor suerte que mi abuelo. Lo mataron por sus ideas. En eso si que creo: en morir por nuestras ideas.

Maldonado escribia. De repente ella penso que aquellas preguntas tan especificas debian de obedecer a un motivo personal que nada tenia que ver con el cuestionario. Estaba a punto de decirselo cuando lo vio guardar el boligrafo.

– Yo he terminado ya -dijo Maldonado-. ?Damos un paseo?

Caminaron hasta Sol. Era el primer sabado de julio, la noche era calida y la gente atestaba la plaza emergiendo de los grandes almacenes que empezaban a cerrar. Tras un rato de silencio, durante el cual ella jugo a estar mas interesada en esquivar a la muchedumbre y contemplar la estatua de Carlos III que en hablar, oyo a Maldonado.

– ?Y que tal con Blanes?

Era la pregunta que temia. Para ser sincera hubiese tenido que contestar que su orgullo se hallaba no solo herido sino comatoso, abandonado en alguna UVI en las profundidades de su personalidad. Ya no intentaba destacarse, ni siquiera alzaba la mano, fuera cual fuese la pregunta. Se limitaba a escuchar y aprender. En cambio, Valente Sharpe (con quien aun no habia cruzado ni una mirada) despuntaba cada vez mas. Los companeros habian empezado a preguntarle dudas tambien a el, como si se tratara del propio Blanes o su brazo derecho. Y, si no lo era ya, estaba a punto de convertirse en eso, porque hasta Blanes solicitaba su intervencion en ocasiones: «?No tiene nada que decir, Valente?». Y Valente Sharpe respondia con gloriosa exactitud.

A veces pensaba que era envidia lo que sentia. Pero no: lo que siento es un vacio. Me he desinflado. Es como si me hubiese preparado para una maraton dificilisima y no me dejasen competir. Era obvio que Blanes ya habia decidido quien lo acompanaria a Zurich. A ella solo le quedaba intentar aprender lo mas posible aquella bella teoria y plantearse otras cosas para su futuro profesional.

Se pregunto si debia contarle todo eso a Maldonado, pero decidio que ya le habia dicho bastantes cosas por esa noche.

– Bien -respondio-, es un profesor excelente.

– ?Sigues queriendo hacer la tesis con el?

Titubeo antes de responder. Un «si» muy entusiasta equivaldria a mentir, un «no» tajante tampoco seria cierto. Las emociones, pensaba Elisa, eran muy similares a la incertidumbre cuantica. Dijo:

– Claro. -Asi, con cierta frialdad. Y dejo en el aire sus verdaderos deseos.

Habian cruzado la plaza hasta las proximidades de la estatua del Oso y el Madrono. Maldonado le pidio detenerse en una heladeria para complacer una de sus escasas -asi le dijo «debilidades»: un bombon crocante. Ella se rio del tono de nino encaprichado que puso mientras lo compraba, pero aun mas del placer evidente conque lo devoro. Mientras paladeaba su golosina, alli parado, en la plaza, Maldonado le propuso cenar en algun restaurante chino. Elisa acepto de inmediato, alegrandose de que el no hubiese dado por finalizada la noche.

En ese instante, por pura casualidad, advirtio al hombre. Se hallaba de pie junto a la entrada de la heladeria. Tenia cabello canoso y bigote grisaceo. Sostenia un barquillo y de vez en cuando lo mordia. No era tan similar al segundo como al primero. De hecho, parecia un hermano del hombre de la fiesta. Quiza se trataba -no podia descartarlo- del mismo hombre de la fiesta vestido de otra forma.

Pero no: se equivocaba. Ahora se fijaba en que el pelo de este era muy rizado y su complexion mas delgada. Era otro individuo.

Por un instante penso: No pasa nada, no es raro. Es alguien que se parece a otros y que tambien me mira. Pero fue como si las puertas de su logica se abrieran bruscamente y los pensamientos irracionales se colaran por ella, rompiendolo todo y armando alboroto, como invitados puestos de cocaina hasta las cejas. Tres hombres diferentes y parecidos. Tres hombres que me observan.

– ?Que te pasa? -pregunto Maldonado.

Ya no podia fingir. Tenia que decirle algo.

– Ese hombre.

– ?Que hombre?

Cuando Maldonado volvio la cabeza, el tipo estaba limpiandose las manos con una servilleta y ya no miraba a Elisa.

– El que esta junto a la heladeria, el del polo azul marino. Me estaba mirando de una forma rara… -Odiaba que Maldonado pensara que veia visiones, pero ya no podia detenerse-. Y se parece mucho a otro hombre que vi la tarde de la fiesta en Alighieri, y que tambien me observaba… Quiza sea el mismo.

– ?En serio? -dijo Maldonado.

En ese instante el hombre dio media vuelta y se alejo hacia Alcala.

– No se, era como si me espiara… -Intento reirse de sus propias palabras, pero descubrio que no podia. Maldonado tampoco se rio-. Quiza estoy confundida…

El propuso ir a algun bar tranquilo y hablar del tema. Pero no habia ningun bar tranquilo en los alrededores y Elisa estaba demasiado crispada para caminar durante mucho tiempo. Optaron por entrar en el restaurante chino donde pensaban cenar; aun no habia demasiada gente.

– Ahora cuentame con pelos y senales lo que te paso la otra tarde -dijo Maldonado cuando se sentaron a una mesa apartada. Escucho con atencion y luego le pidio una descripcion lo mas precisa posible del hombre de la escuela. Pero la interrumpio antes de que terminara-. Espera, ya me suena. Pelo canoso, bigote… Se apellida Espalza, y es profesor de estadistica en Alighieri. A mi me ha dado algunos seminarios sobre sociologia estadistica, pero lo conozco sobre todo porque es vocal de la Asociacion de Profesores, y yo lo he sido de la Asociacion de Alumnos… -Hizo una pausa y adopto la expresion maliciosa que a ella le gustaba-. Es divorciado, y tiene fama de viejo verde. Suele mirar asi a todas las estudiantes guapas. Seguro que lo dejaste babeando…

De repente a ella le entraron ganas de reir.

– ?Sabes lo que me ocurrio esa misma noche? Cuando me dejaste en el portal de casa, descubri a otro hombre con bigote que me miraba… -Maldonado abrio los ojos comicamente-. ?Y el de hoy tambien tenia bigote!

– ?Una… conspiracion de bigotudos! -murmuro el en tono de alarma-. ?Ya entiendo!

Elisa estallo en carcajadas. ?Como habia podido ser tan idiota? Aquello solo tenia una explicacion: el final de la carrera y el durisimo comienzo del curso de Blanes habian llevado sus nervios al limite. Siguio riendose hasta que se le saltaron las lagrimas. De repente vio a Maldonado mudar de expresion mientras miraba algo que habia tras ella.

– ?Dios mio! -dijo el en tono atemorizado-. ?El camarero! -Elisa se volvio secandose las lagrimas. El camarero era oriental, pero (cosa rara entre los de su raza, penso Elisa) un espeso bigote negro le cruzaba la cara. Maldonado le apreto el brazo-. ?Otro bigotudo! ?Peor aun: un chino bigotudo!

– ?Por favor…! -Volvio a reir-. ?Basta!

– ?Vamonos de aqui, rapido! -susurraba Maldonado- ?Estamos rodeados!

Elisa tuvo que ocultarse tras la servilleta cuando el camarero se acerco.

Al llegar a casa esa noche aun le divertia recordar lo sucedido. Javier Maldonado era genial. Genial, con mayusculas. Durante la velada la habia hecho reir a carcajadas con anecdotas sobre sus profesores y companeros, incluyendo a Espalza y su tendencia a ligar con todo lo que fuera joven y tuviese pechos. Oyendo aquellas trivialidades Elisa se habia sentido como si respirara aire puro despues de pasar demasiado tiempo buceando en un pielago de libros y ecuaciones. Y, como broche final, cuando empezo a desear volver a casa el parecio leerle el pensamiento y obedecio al instante. No habia traido coche, pero la acompano en el metro hasta Retiro. Su cara de «malo» se quedo como prendida de la memoria de Elisa al salir del vagon y estuvo recordandola una y otra vez mientras caminaba hacia su portal.

Decidio que no podia considerar que habia dado muchos pasos en su relacion con Maldonado, pero si algunos mas. Ya poseia cierta experiencia, no era ninguna tonta. Una de las ventajas de su soledad consistia en que siempre habia tenido que vivir por su cuenta. Ya habia salido con algunos chicos, sobre todo al principio de la carrera, y creia saber lo que le gustaba y lo que no. Lo de Maldonado era una amistad, pero avanzaba.

Su casa estaba a oscuras y silenciosa. Cuando encendio la luz del vestibulo vio una nota de su madre en un papel pegado en el marco de la puerta. «NO VOLVERE ESTA NOCHE. LA CHICA TE HA DEJADO CENA EN LA

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