– ?Entonces, Nadja…?

– Se encuentra perfectamente, aunque muy asustada. Y despues de lo ocurrido con el profesor Craig, hemos decidido que lo mejor seria trasladarla a un lugar seguro.

Se sintio aliviada al oirle. Habian llegado al otro extremo de la calle, el hombre siempre delante. Una furgoneta se hallaba aparcada en la acera con las dos hojas de la puerta trasera entornadas. El hombre las abrio, y por un instante Elisa lo vio desaparecer entre ellas. Oyo su voz:

– Senorita Petrova, ha venido su amiga.

El hombre volvio a salir y se aparto para dejar paso a Elisa. Ella se asomo con una sonrisa de ansiedad.

En el interior de la furgoneta habia otro hombre de traje blanco sentado junto a una camilla. La camilla estaba vacia. Una mano cubrio su nariz y sus labios, que aun sonreian.

24

?Y entonces?

Aparque el coche donde pude y eche a correr…

– Perdon. ?No sucedio algo antes? ?No es cierto que mientras iba en el coche tuvo una «desconexion»?

– Si, creo que si.

– ?Que es lo que vio…? Vamos, calmese… Hoy habiamos empezado bien… ?Por que, al llegar a este punto…?

Era un dia precioso para pasear. Por desgracia, se trataba de un patio muy pequeno, pero resultaba preferible a la habitacion. A traves de los rombos de las alambradas veia mas alambradas, y a lo lejos la playa y el mar infinito. Una brisa oceanica removio el borde inferior de su bata. Llevaba una bata de papel (por Dios, una bata de papel, que tacaneria), pero al menos podia cubrirse, y el viento no era tan frio como habia creido en un principio. Te acostumbrabas.

Le habian dicho que habia olivos e higueras en la ladera oeste, que era invisible desde alli. De todas formas, con aquel paisaje ya tenia bastante: las retinas le dolieron ante el banquete de imagenes, pero fue una molestia momentanea. Logro dar varios pasos sin sentirse mareada, aunque al fin tuvo que apoyarse en los hilos de metal. Tras la segunda alambrada se movia un muneco. Era un soldado, pero desde la distancia y con aquella forma de andar podria haber pasado por una aceptable version de androide de pelicula de efectos especiales. Cargaba un arma considerable al hombro y se desplazaba como si quisiera dejar claro que podia sobrellevar aquel peso sin problemas.

De pronto todo se ensombrecio. Fue tal el cambio que penso que el paisaje que contemplaba habia mudado tambien. Pero solo era una nube cubriendo el sol.

– Volvamos a cuando tuvo esa vision del cuerpo de Nadja desmoronandose… ?Recuerda?

– Si…

– ?Vio a alguien mas? ?Al sujeto a quien usted llama «el»? ?El mismo de sus fantasias eroticas?

– ?Por que llora?

– Elisa, aqui no puede sucederle nada malo… Calmese…

Penso que habia emergido de un inframundo, una caverna. Recordaba los ultimos dias como una sucesion de sombras inconexas. Le dolian las articulaciones y sus antebrazos mostraban huellas de punzadas: estaba llena de ellas, como rastros de diminutos piercings. Pero ya le habian explicado el motivo de aquellas inyecciones. La prioridad, en el estado en que se encontraba cuando la trajeron a la base, habia sido sedarla. Le habian administrado grande dosis de tranquilizantes.

Era 7 de enero de 2012; le habia preguntado la fecha al joven que vino a buscarla a la habitacion. Llevaba traje a rayas y era muy simpatico. Le informo que habia pasado alli mas de dos semanas. Luego la acompano hacia la sala.

– No se si sabe que «Dodecaneso» significa, en teoria, que tendria que haber solo doce islas -decia el joven con voz de cicerone mientras atravesaban pasillos que, inevitablemente, se bloqueaban en algun punto exigiendo tarjetas de identificacion-. Pero en realidad hay mas de medio centenar. Esta se llama Imnia, creo que ya estuvo usted una vez… Es un centro muy completo: contamos con un laboratorio y un helipuerto. La estructura es semejante a las bases que posee en el Pacifico la DARPA, la Defense Advanced Research Projects Agency norteamericana. De hecho, colaboramos con el Departamento de Defensa Conjunta de la Union Europea… -Se detenia a cada rato para mirarla, siempre atento-. ?Se siente bien? ?Se marea? ?Tiene apetito? Le serviremos algo enseguida, podra cenar con los demas… Cuidado, aqui hay un peldano… Sus companeros se encuentran perfectamente, no debe preocuparse. ?Tiene frio?

Elisa sonrio. No podia sentir frio con aquella rebeca de lana sobre la blusa de tirantes de color negro. Tambien llevaba vaqueros negros.

– No, gracias, es que… Es solo que… acabo de darme cuenta de que se trata de mi propia ropa.

– Si, se la trajimos de casa. -El joven le mostro una dentadura tan perfecta que a ella por un instante casi le resulto desagradable.

– Caramba, gracias.

Desde una habitacion con las puertas abiertas emergia el laberinto de una musica barroca interpretada al piano. Elisa se estremecio.

– A nuestro profesor lo hemos premiado con su hobby favorito… Ya se conocen todos, de modo que no perderemos el tiempo con presentaciones.

Penso que la afirmacion era verdad hasta cierto punto: en aquellas miradas ojerosas y cuerpos fatigados envueltos en bata y pijama o ropa de calle le costaba reconocer a Blanes, Marini, Silberg y Clissot, y supuso que otro tanto sucederia con ella. De hecho, apenas hubo saludos. Solo Blanes (que, por cierto, se habia dejado barba) le dirigio una debil sonrisa tras interrumpir el recital.

Dos individuos mas entraron mientras ella ocupaba un asiento frente a la larga mesa de centro. Al primero no lo reconocio de inmediato, porque se habia afeitado el bigote y su cabello se habia quedado completamente blanco. En cambio, al otro lo recordo enseguida: siempre aquel pelo cortado a cepillo, la barbita gris, el cuerpo robusto al que tan mal sentaban los trajes y la mirada de intensa concentracion, como si le interesaran muy pocas cosas pero a cada una dedicara una pasion especial.

– Ya conocen a los senores Harrison y Carter, nuestros coordinadores de seguridad -dijo el joven. Los recien llegados saludaron con cabeceos y Elisa les sonrio. Cuando todos se sentaron, el joven hizo una especie de reverencia-. Por mi parte, nada mas, salvo que me ha encantado recibirlos aqui. No duden, por favor, en llamarme si necesitan algo antes de marcharse.

Despues de que el joven saliera, y tras unos cuantos segundos de miradas y sonrisas, el de pelo blanco se volvio hacia ella.

– Profesora Robledo, me alegra verla de nuevo. Se acuerda de mi, ?verdad? -Se acordo entonces. Nunca le habia resultado simpatico aquel hombre, aunque suponia que se trataba de incompatibilidad de caracteres. Le devolvio la sonrisa, pero se abrocho la rebeca sobre la ligera blusa que llevaba y cruzo las piernas-. Bueno, vamos a lo que interesa. Paul, cuando quieras.

Carter parecia traer su discurso en la boca como si fuese agua hirviendo.

– Hoy regresaran a sus domicilios. Lo llamamos «reintegracion». Sera como si no se hubiesen ausentado: sus facturas han sido pagadas; sus reuniones, pospuestas; sus tareas inmediatas, canceladas sin perjuicio alguno, y sus familiares y amigos, tranquilizados. Las fechas tan especiales en las que se ha desarrollado la operacion nos han obligado a utilizar excusas distintas en cada caso. -Repartio un pequeno dossier-. Con esto podran ponerse al dia.

Ella ya sabia que su madre habia recibido, dos semanas antes, un mensaje en el contestador en el que ella

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