– Si, se especulo mucho sobre eso. -Elisa leyo los titulares de los periodicos-. Pero fue una desgraciada coincidencia que…
Miro a Blanes, inquieta.
– Tampoco han quedado testigos ni escenarios en lo de Colin Craig -prosiguio Blanes-: su esposa se suicido dos dias despues en el hospital, y el nino murio a las pocas horas de ser encontrado, con sintomas de congelacion. Ni la familia de Colin ni la de su esposa quisieron quedarse con la casa y la pusieron a la venta a traves de intermediarios. La compro un joven ejecutivo de una empresa informatica llamada Techtem.
– Es una empresa tapadera de Eagle Group -aclaro Silberg.
– Enseguida la echaron abajo hasta los cimientos -completo Blanes-. Lo mismo en ambos casos: sin testigos, sin escenarios.
– ?Como habeis conseguido todos estos datos? -pregunto Elisa, hojeando los papeles.
– Reinhard y yo hemos hecho algunas averiguaciones.
– De todas formas, no prueban que las muertes de Colin y Nadja se relacionen con lo sucedido en Nueva Nelson, David.
– Ya lo se, pero miralo de esta forma. Si lo de Colin y Nadja no tiene
Jacqueline Clissot cruzo las largas piernas, que llevaba descubiertas hasta el muslo con el increible vestido sin mangas dividido en tres partes (gargantilla, top y falda central) con aberturas entre cada nivel. Elisa la encontraba muy sensual y maquillada hasta la exageracion, con el pelo negro atado en un mono.
– ?Que pruebas tienes de que nos han drogado? -pregunto, impaciente.
Blanes hablo con calma.
– Jacqueline: tu examinaste el cadaver de Rosalyn Reiter. Y despues de la explosion bajaste a la despensa porque Carter te llamo para que vieras algo. ?Recuerdas todo eso?
Por un instante Jacqueline parecio convertirse en otra cosa: su rostro perdio toda expresion y su cuerpo quedo rigido en el asiento. Su sensual apariencia contrastaba tanto con aquella reaccion de muneco de cuerda estropeado que Elisa sintio temor.
– Yo… Creo que… Un poco…
– Drogas -dijo Silberg-. Nos han borrado los recuerdos con drogas. Puede hacerse hoy dia, ya lo sabes. Existen derivados del acido lisergico que incluso crean falsos recuerdos.
Elisa intuyo que Silberg tenia razon. En medio de la bruma de su memoria creia entrever que habia recibido varias inyecciones mientras se hallaba confinada en la base del Egeo.
– Pero ?por que? -insistio-. Supongamos que las muertes de Colin y Nadja se relacionan con las de Rosalyn, Ric y Cheryl. ?Que les interesa de nosotros? ?Por que nos llevan alli, nos drogan y nos devuelven? ?Que informacion podemos darles? ?O que recuerdos quieren borrarnos?
– Es la cuestion clave -apunto Silberg-. Nos han drogado a todos, no solo a Jacqueline, pero los demas no hemos examinado ningun cadaver ni sido testigos de ningun crimen…
– Y no sabemos nada -dijo Elisa. Blanes alzo una mano.
– Eso quiere decir que si sabemos algo. Tenemos algo que ellos necesitan, y lo primero de todo es averiguar que es. -Los miro, uno a uno-. Debemos saber que es lo que
– Estuvimos en Nueva Nelson y vimos el pasado -dijo Jacqueline.
– Pero ?que informacion podrian extraer de eso? ?Y que recuerdos pretenden borrarnos? Todos nos acordamos del Proyecto Zigzag y las imagenes del Lago del Sol Y la Mujer de Jerusalen…
– No las olvidare nunca -susurro Silberg, y por un instante parecio envejecer.
– Entonces, ?que es lo que compartimos? ?Que hemos compartido todos estos anos, desde Nueva Nelson, que a ellos les interesa conocer y luego borrarnos?
Elisa, que habia estado contemplando a Jacqueline, sintio de improviso que temblaba.
–
Blanes y Silberg descolgaron la boca a la vez. Jacqueline, que se habia vuelto hacia ella, asintio.
– Si -dijo-. Asi son sus ojos.
Esa sensacion de enfermedad. De
– Es como si estuviese
Elisa habia perdido el aliento.
Tras una pausa muy, larga, Blanes alzo la vista. Elisa nunca lo habia visto tan palido, tan desconcertado.
– No es preciso… que me digais nada si no quereis -murmuro-. Os contare mi experiencia, y solo debeis decirme si es similar o no. -Se dirigia sobre todo a ellas, y Elisa se pregunto si ya habia hablado con Silberg al respecto-. A
– Mi esposa -dijo Silberg-. Ella es mi victima en suenos. Aunque decir «victima» es quedarme corto. -De pronto aquel hombreton arrugo el rostro y se levanto, dandoles la espalda. Lloro largo rato, y nadie fue capaz de consolarlo. Otro recuerdo subito hizo estremecer a Elisa: aquella vez, frente a la trampilla de la despensa, en que lo habia visto llorar igual. Cuando volvio a mirarlos, Silberg se habia quitado las gafas y tenia el rostro brillante-: Me he separado de ella… No nos hemos divorciado: nos seguimos queriendo. De hecho, la amo mas que nunca, pero no podria seguir viviendo a su lado… Tengo
Jacqueline Clissot tambien se habia puesto en pie y habia caminado hacia la ventana. En el salon habia oscuridad y silencio.
– Podeis consideraros afortunados -dijo sin volverse, mirando la noche a traves de los sucios cristales. Lo que mas horrorizo a Elisa de su confesion fue que su voz siguio siendo la misma: no lloro, no gimio. Si Silberg habia hablado como un condenado a muerte, Jacqueline Clissot lo hizo como alguien que ya hubiese sido ejecutado-. Nunca hablo de esto con nadie, salvo con los medicos de Eagle, pero supongo que no hay por que seguir ocultandolo. Hace anos que pienso que estoy enferma. Lo pense cuando me separe de mi esposo y de mi hijo, un ano despues de volver de Nueva Nelson, y decidi dejar las clases y la profesion. Ahora estoy sola, vivo en un estudio que
