De haber sido la llamada de alguien, fuera quien fuese, se habria negado a aceptar. Pero el mensaje la atraia y repelia a la vez: le parecia como cerrar el circulo de su vida. Todo habia empezado para ella con un mensaje en clave, y quiza todo podia terminar igual.

Tomo una decision.

La hora senalada era las 22.30. Disponia de casi dos horas, tiempo de sobra para llegar. Se vistio maquinalmente: no se puso sujetador, eligio un vestido de una pieza de color marfil;, cenido como una malla, que le dejaba cuello y brazos desnudos, botas blancas de cana y un brazalete plateado (usaba muchos brazaletes y pulseras). Cogio un bolso pequeno donde guardo un frasquito del perfume que habia comprado recientemente, pintalabios y otros utiles de maquillaje. Se habia arreglado el, pelo y lo llevaba revuelto adrede formando bucles, siempre negro, su color natural, que tanto le gustaba. Antes de salir, abrio el mensaje y punteo en el circulo donde sonaba esa otra melodia tan famosa. Se cercioro de la direccion y salio de casa.

A lo largo del trayecto estuvo pensando en aquella musica y en la leyenda del mensaje: «Dedicado a ti». Eso le habia dado la pista.

Era Para Elisa, de Beethoven.

Sin saber muy bien la razon, decidio ir en metro. Estaba tan ansiosa que ni siquiera percibio las miradas que le dedicaban los pasajeros a su alrededor. Se bajo en Atocha, en una noche aun calida que, sin embargo, preludiaba la llegada del otono. Mientras caminaba hacia el lugar del mapa recordo aquella otra noche seis anos atras, en que Valente la habia citado mediante una argucia similar para explicarle que existia un escenario con falsas paredes y que ella era una de las protagonistas de la farsa.

Ahora las cosas habian cambiado. Sobre todo ella.

No solian importarle las frases obscenas que le dedicaban algunos hombres en la calle, pero en aquel momento las brutalidades que un grupo de chavales le gritaron al pasar la dejaron pensativa. Observo de reojo su figura en los cristales de los escaparates: alta, estilizada, de silueta color marfil y botas con tacones. Se detuvo frente a uno de los comercios, extranada. La malla la desnudaba casi mas que si no llevara nada encima y el brazalete cenido en su biceps y las botas de cana le otorgaban una apariencia muy distinta de la que ella, en realidad, queria ofrecer.

?Como era posible aquel giro de ciento ochenta grados? El recuerdo de la noche en que habia conocido a Valente le habia hecho pensar en los profundos cambios que habia sufrido su personalidad desde entonces: la estudiante Elisa, tan descuidada en aspecto y vestuario, se habia transformado en la profesora Robledo, ridicula aspirante a modelo de pasarela o actriz de cabaret. Hasta su madre, la elegantisima Marta Morande, solia decirle que no parecia ella misma. Como si fuese otra persona.

El corazon le retumbaba mientras se observaba en el cristal. ?Para quien se arreglaba asi? ?Por influencia de quien habia cambiado tanto? Se le ocurrio algo muy raro. A Valente le hubiese gustado.

Reanudo la marcha sintiendose extrana. Extrana y misteriosa, como si parte de su voluntad escapara a su control. Pero termino aceptando que la fantasia de sentirse deseada tambien le pertenecia. Podia resultar enigmatica y hasta repulsiva, pero procedia de ella, sin duda, y la Elisa de antano no tenia ningun derecho a protestar.

Los tacones de sus botas blancas repiqueteaban en la acera al acercarse al lugar de la cita. Tenia miedo, y al mismo tiempo experimentaba un deseo intenso de que aquella cita fuese algo real. En los ultimos meses, miedo y deseo confabulaban dentro de ella con frecuencia.

La direccion era una simple esquina. No habia nadie alli. Miro a su alrededor y recibio la rafaga de los faros de un coche estacionado en una callejuela perpendicular. Sintiendo que el corazon se le aceleraba, se acerco. Alguien tras el volante le abrio la portezuela del asiento contiguo. El coche arranco de inmediato y busco la salida hacia el Paseo del Prado. El conductor dijo:

– Dios mio, nunca te hubiese reconocido. Estas… tan diferente…

Ella aparto la vista, enrojecida.

– Por favor, deja que me vaya -le pidio-. Para y dejame salir.

– Elisa: desde hace dos semanas han abandonado la vigilancia. Me consta.

– No me importa. Dejame salir. No debemos hablar entre nosotros.

– Concedeme una oportunidad. Necesitamos reunirnos sin que ellos lo sepan. Una sola oportunidad.

Elisa le miro. Blanes tenia mucho mejor aspecto que en la base de Eagle. Llevaba una camisa holgada y vaqueros; seguia con barba, quiza exactamente la misma cantidad de pelos que habia perdido en la cabeza. Pero era obvio que parecia distinto. Ella tambien parecia distinta. Se sintio absurda asi vestida. Toda su fragil existencia se desplomo de golpe ante ella. Penso que quiza el tenia razon: era preciso que hablaran.

– La verdad, me alegro de verte -agrego el, sonriendo-. No estaba seguro al cien por cien de la eficacia de ese mensaje musical… Ya te he dicho que han abandonado la vigilancia, pero quise tomar precauciones. Ademas, sospechaba que no ibas a venir de otra forma. A Jacqueline tambien tuvimos que… ponerle un cebo.

No dejo de notar aquel plural: «tuvimos». ?A quien mas se referia? Pese a todo, la presencia de Blanes, su proximidad, era solida y la reconfortaba. Mientras contemplaba el desfile luminoso del Madrid nocturno le pregunto por los demas.

– Se encuentran bien: Reinhard ha viajado en tren con un billete sacado por uno de sus alumnos, y Jacqueline ha venido en avion. Sergio Marini no podra venir. -Y, ante la expresion interrogante de Elisa, anadio-: No te preocupes, no le ocurre nada, pero no vendra.

El resto del viaje, a traves de autopistas de luz amarilla y carreteras negras, fue silencioso. La casa se hallaba en pleno campo, cerca de Soto del Real, y parecia grande incluso en la oscuridad. Blanes le explico que se trataba de una vieja posesion de su familia, ahora propiedad de su hermana y su cunado, que habian pensado en convertirla en albergue rural. Agrego que Eagle no tenia conocimiento de su existencia.

El salon en el que penetraron poseia los muebles justos para que los invitados no se sentaran en el suelo. Silberg se levanto a saludarla, Jacqueline no. El aspecto de Jacqueline la hizo parpadear, pero desvio la vista cuando percibio que el efecto que provocaba su mirada en la ex profesora era muy similar al que ella habia experimentado cuando Blanes la observo. Y Jacqueline tambien parecia haber visto en ella un espejo que la reflejara. ?Que significaba todo aquello? ?Que estaba ocurriendoles?

– Me alegro mucho de que hayais venido -dijo Blanes acercando una silla de hierro forjado para ella; luego ocupo otra-. Vayamos al grano. Ante todo debo deciros que comprendere perfectamente vuestra sorpresa, incluso vuestra incredulidad, cuando oigais lo que vamos a contaros. No puedo reprocharoslo: solo os pido un poco de paciencia. -Se hizo el silencio. Blanes, que entrelazaba los dedos apoyando los codos en los muslos, declaro abruptamente-: Eagle Group nos esta enganando. Nos engana desde hace anos. Reinhard y yo hemos encontrado pruebas. -Llevo la mano hacia el cajon de un mueble proximo y saco unos papeles-. Otorgadnos un voto de confianza. Los recuerdos iran viniendo, os lo aseguro. Asi ha ocurrido con nosotros…

– ?Los recuerdos? -dijo Jacqueline.

– Hemos olvidado muchas cosas, Jacqueline. Nos han drogado.

– Cuando estuvimos en la base del Egeo -intervino Silberg-. Y cada vez que nos entrevistan esos «especialistas» nos administran drogas…

Elisa se inclino hacia delante, incredula.

– ?Por que lo hacen?

– Buena pregunta dijo Blanes-. En principio, estan intentando ocultar que las muertes de Craig y Nadja se relacionan con las de Cheryl, Rosalyn y Ric. Resultan sorprendentes los esfuerzos de Eagle por ocultar cosas. Estan gastando millones en conservar la cortina de humo, pese a que el caso se les esta yendo de las manos: cada vez hay mas testigos, personas a las que deben ingresar y «tratar», periodistas a los que es preciso confundir… En Madrid, cuando lo de Nadja, las autoridades desalojaron a todo el bloque con la excusa de una amenaza de bomba y luego filtraron la noticia de que una joven rusa habia enloquecido y se habia suicidado tras amenazar con volar el edificio.

– Tenian que contar alguna historia creible, David -dijo Elisa.

– Cierto, pero observad esto. -Deslizo uno de los papeles hacia ella-: La duena del piso, amiga de Nadja, de vacaciones en Egipto, quiso regresar de inmediato al enterarse. No llego a tiempo: dos dias despues, unos chavales de otro de los pisos del mismo bloque, jugando con bengalas navidenas, produjeron un incendio. Los vecinos fueron evacuados, no hubo victimas, pero el edificio quedo carbonizado.

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