– No, no para tu desgracia -corrigio Blanes-. La mentira te hubiera hecho mas dano. -Se volvio hacia los demas-. Al principio Jacqueline veia imagenes dispersas, fragmentadas… Luego, cuando le enviamos los primeros informes de las autopsias, recordo cosas concretas. Por ejemplo, los hallazgos en el cadaver de Rosalyn Reiter. ?Por que no nos hablas de eso, Jacqueline?

Clissot apoyaba los codos en la mesa y juntaba las yemas de los dedos contemplandose las manos bajo la luz del flexo como si se tratase de una fragil obra de arte. Entonces hizo algo que a Elisa, de alguna manera, le provoco escalofrios: sonrio. Estuvo sonriendo todo el tiempo que duro su intervencion, con una tensa y desagradable mueca.

– Bien, yo no disponia en la isla de los medios necesarios para realizar una autopsia, pero, en efecto, encontre… cosas. Al principio, lo esperable: eritemas intensos y escaras debido a la ley de Joule, ya sabeis, el intenso calor producido por el paso de una corriente electrica… En la mano derecha tenia la marca de los cables, habia metalizaciones y precipitados en la piel… Todo eso era lo normal ante una descarga de quinientos voltios. Pero bajo las quemaduras halle destrozos no achacables a la electricidad: mutilaciones, areas del cuerpo que habian sido cortadas o arrancadas… Y habia detalles aun mas raros en el estado de conservacion del cadaver… Quise comentarselo a Carter, y entonces vino la explosion. Me sorprendio regresando a los barracones, de modo que no sufri ningun dano. Incluso colabore en la evacuacion del resto del equipo.

– Sigue -la invito Blanes.

– Antes de marcharnos, Carter me pidio que le echara un vistazo a… a lo que habia en la despensa. Soy antropologa forense, pero al ver aquello perdi la nocion de mi misma. Fue como si un velo me nublara. Asi estuve hasta que los informes de David me hicieron recordar. -Jacqueline dibujaba circulos sobre la mesa mientras sonreia. Parecia divertirle la conversacion-. Por ejemplo: vi la mitad de una cara en el suelo, creo que era la de Cheryl, y la habian seccionado a trozos, capa a capa, como si… como si fueran las paginas despegadas de un libro. Jamas habia visto eso en mi vida, ni se que clase de cosa pudo hacerlo. Desde luego, no un cuchillo ni un hacha. ?Ric Valente? No… No se quien pudo hacer eso… ni quien arranco sus visceras y empapo con sangre las cuatro paredes, el suelo y el techo por completo, como una decoracion… No se quien lo hizo, ni como… pero, desde luego, no era alguien cualquiera… -Guardo silencio.

– Entonces te envie los informes de Craig y Nadja -la animo a seguir Blanes.

– Si, habia mas cosas. El cerebro de Colin, por ejemplo, fue extirpado y cortado en capas. Las visceras habian sido arrancadas y sustituidas por partes amputadas de sus extremidades, como si… como si se tratara de un juego, y toda su sangre se hallaba esparcida por el salon de la casa, que ademas presentaba destrozos considerables. En cuanto a Nadja, su cabeza habia sido tallada. Los bordes de su craneo fueron como limados hasta hacerlos irreconocibles… Ninguna maquina puede lograr eso en tan poco tiempo. Es como el efecto que causa el agua en la roca: requiere anos. Cosas asi de curiosas…

– Tambien habia sorpresas en los analisis, ?no es cierto? -senalo Blanes cuando el silencio volvio a posarse en los labios de Jacqueline. La paleontologa asintio.

– La total ausencia de glucogeno en las muestras de higado, el hallazgo de un pancreas sin autolisis y la ausencia de lipoides en las capsulas suprarrenales indicaban una agonia muy lenta. El nivel de catecolaminas en las muestras de sangre tambien apuntaba a lo mismo. No se si esto es muy tecnico para ti, Victor… Cuando un individuo es sometido a tortura se produce un violento estres en el organismo, y unas glandulas que tenemos sobre los rinones, las capsulas suprarrenales, segregan sustancias llamadas catecolaminas, que provocan taquicardia, aumento de la tension arterial y otros cambios fisicos destinados a protegernos. La cuantia de estas hormonas en sangre puede revelar, en cierta medida, el grado de sufrimiento soportado y su duracion. Pero los analisis practicados a los restos de Colin y Nadja arrojaban resultados inconcebibles: tan solo ciertos prisioneros de guerra sometidos a torturas muy prolongadas podian compararse… El tejido glandular suprarrenal se hallaba hipertrofico y parecia haber estado trabajando al limite de manera cronica, lo que indica un sufrimiento de… quiza semanas, quiza meses.

Victor trago saliva.

– Esto si que no lo entiendo. -Miro a los demas, desconcertado.

– No se corresponde con la rapidez de las muertes, en efecto -asintio Blanes, como participando de su asombro-. Por ejemplo, Cheryl Ross llevaba en la despensa apenas dos horas. Stevenson, el soldado que hallo los restos junto con Craig, no se habia movido de las inmediaciones de la trampilla y no vio ni oyo nada extrano durante esas dos horas… Pero Elisa ha contado que era posible escuchar los pasos de alguien que caminara por la despensa en plena noche. ?Como se las arreglo Valente para entrar sin ser visto y hacerle a Ross todo lo que se supone que le hizo con tanta rapidez y en completo silencio? Ademas, no se han hallado huellas de supuestos agresores, ni armas de ningun tipo. Y no hay testigos de los asesinatos, ni uno solo, y no me refiero unicamente a testigos oculares: nadie ha oido gritos o ruidos, ni siquiera en el caso de Nadja, que murio salvajemente en cuestion de minutos dentro de un apartamento de paredes delgadas.

Elisa escuchaba con suma atencion. Algunas de las cosas que Blanes estaba contando tambien eran nuevas para ella.

– Sin embargo… -Blanes se inclino sobre la mesa sin dejar de mirar a Victor. La luz del flexo subrayaba sus facciones-. Todas las personas que han contemplado al menos una de las escenas del crimen, todas sin excepcion, incluyendo autoridades y especialistas, han sufrido una especie de «shock». Se le llama asi, aunque se ignora de que se trata exactamente: los sintomas van desde un estado de enajenacion transitoria, como el de Stevenson y Craig en la despensa, por ejemplo, o ansiedad repentina, como la de Reinhard en la trampilla, hasta una psicosis que no responde a los tratamientos habituales…

– Pero los crimenes han sido atroces -objeto Victor-. Me parece natural que…

– No. -Las miradas giraron hacia Jacqueline Clissot- Yo soy forense, Victor, pero cuando baje a esa despensa y vi los restos de Cheryl quede completamente trastornada.

– Lo que queremos dejar claro es que no depende al cien por cien del horror que han contemplado -puntualizo Blanes-. Son reacciones completamente inusuales, incluso despues de visiones tan traumaticas como esas. Piensa, por ejemplo, en los soldados. Eran gente con experiencia…

– Comprendo -dijo Victor-. Es raro pero no imposible.

– Ya se que no es imposible -convino Blanes mirando a Victor con los parpados entornados-. Aun no te he contado lo imposible. Ahora lo hare.

Harrison sabia que la perfeccion significaba proteccion.

Podria afirmarse que, en su caso, se trataba de deformacion profesional, pero aquellos que lo conocian mas profundamente (hasta el punto en que Harrison se dejaba conocer) hubiesen dudado entre el huevo y la gallina. ?Era la profesion la que marcaba el caracter? ?O el caracter habia dejado la impronta en el oficio?

El propio Harrison ignoraba la respuesta. En el, las esferas laboral y afectiva se superponian. Se habia casado y divorciado, llevaba veinte anos coordinando la seguridad de proyectos cientificos, habia tenido una hija que ahora vivia lejos y a la que nunca veia, y todo esto le hacia ser mas consciente de su «sacrificio». Tal conciencia de «sacrificio» era lo que le convertia en el sujeto ideal para el cargo que desempenaba. Harrison sabia que estaba haciendo «el bien»: lo suyo era proteger. Si no dormia, si no se alimentaba, si envejecia de golpe quince anos o si carecia de tiempo libre, todo eso le hacia pensar que era el precio que pagaba por «proteger» a otros. Se trataba de un papel que la mayoria de la gente rechazaba en el gran teatro del mundo, y Harrison habia decidido interpretarlo.

«Sin fisuras.» Sus superiores lo definian asi: un hombre sin fisuras. Con independencia de lo que aquella frase significara para cada cual, en Harrison era sinonimo de blindaje. Todos los perros terminan pareciendose a sus amos, y todos los hombres, a sus trabajos. Como director de seguridad de proyectos de Eagle Group, Harrison sabia que su meta no era otra que crear un blindaje seguro, acorazado. Nada puede penetrar, nada puede salir.

Todo habia ido bien hasta que, diez anos antes, Zigzag se habia colado por una brecha.

Pensaba en eso mientras abandonaba la casa de Soto del Real aquella madrugada, acompanado de tres hombres. La noche de marzo era mas fria en la sierra madrilena que en la ciudad, pero resultaba menos desapacible de lo que Harrison estaba acostumbrado a soportar, y el interior del vehiculo en que penetro la hizo aun mas confortable. Era un Mercedes Benz S-Class W Special de carroceria tan negra y reluciente como el zapato de tacon de aguja de un travesti, reforzada con cristales enladrillados de policarbonato y doble escudo de Kevlar. Una bala de rifle de nueve gramos y medio disparada a novecientos metros por segundo en direccion a la

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