cabeza de cualquiera de sus ocupantes no lograria mucho mas que una avispa kamikaze lanzandose contra la ventanilla. Una granada, una mina o un mortero lo dejarian inservible, pero nadie en su interior sufriria lesiones graves. En aquel bunker con ruedas, Harrison se encontraba razonablemente bien. No seguro del todo («la seguridad consiste en pensar que nunca estas seguro del todo», repetia a sus discipulos), pero razonablemente bien, que es a lo que cualquier hombre razonable puede aspirar.

El conductor arranco de inmediato, maniobro con habilidad entre los otros dos coches y la furgoneta aparcados frente a la casa y se deslizo por la noche en un silencio de nave espacial. Eran las dos menos cuarto, las estrellas brillaban en el cielo, la carretera estaba vacia y los calculos mas pesimistas auguraban que en cuestion de media hora llegarian al aeropuerto, con tiempo de sobra para dar la bienvenida al recien llegado.

Harrison pensaba.

Tras unos cuantos minutos de viaje en una inmovilidad casi estatuaria, saco una mano del confortable bolsillo del abrigo.

– Dame el monitor.

El hombre que se hallaba a su izquierda le entrego un objeto semejante a una lamina de chocolate belga. Era un receptor de pantalla plana en TFT de cinco pulgadas con una resolucion capaz de hacer creer al usuario que tenia un cine en la palma de la mano. El menu ofrecia una cuadruple eleccion: ordenador, television, GPS o videoconferencias. Harrison escogio esta ultima y apoyo el indice en la opcion «Sistemas Integrados». Se oyo un pitido y acto seguido aparecio la pequena habitacion en forma de ele donde se encontraban los cuatro cientificos charlando alrededor de la mesa. Pese a la luz mortecina del lugar, la imagen poseia una nitidez extraordinaria y podian advertirse las diferentes tonalidades de la ropa y el cabello de cada uno. Tambien el sonido era asombroso. Harrison podia escoger entre dos clases de angulos debido a las dos camaras ocultas que se hallaban filmando. Pero en ninguno de los dos podia ver el rostro de Elisa Robledo de frente, de modo que se contento con el que mostraba su perfil derecho.

En aquel momento hablaba la profesora Clissot.

– No. Yo soy forense, Victor, pero cuando baje a la despensa y vi los restos de Cheryl quede completamente trastornada…

Hablaban en castellano. Harrison habria podido conectar el traductor automatico incorporado al programa de vigilancia, pero no lo deseaba. Era obvio que estaban contandose sus penas e informando a Lopera de lo sucedido.

Se acaricie) la barbilla. El hecho de que los cientificos hubiesen llegado a saber tanto no dejaba de intrigarle, pese a que Carter habia obtenido sobradas pruebas de que, antes de morir, Marini los habia ayudado. Pero ?cabia atribuir la copia de las autopsias, por ejemplo, a la intervencion de Marini? Teniendo en cuenta que el propio Marini lo ignoraba casi todo al respecto, ?cual podia haber sido su fuente? ?De quien habia procedido la filtracion? A Harrison habia empezado a preocuparle eso.

Filtracion. La grieta. Lo que permite que las cosas salgan o entren. El defecto en el blindaje.

Blanes hablaba ahora. Cuanto odiaba sus aires de superioridad y sabiduria…

Le dedico una larga mirada a Elisa Robledo. Ultimamente contemplaba ciertas cosas de la misma forma, sin pestanear ni respirar siquiera, con mucha atencion. Conocia la anatomia basica del ojo, y sabia que la pupila no es una mancha sino un di-# minuto agujero. Una fisura, en realidad.

Filtraciones.

Por ese agujero podian penetrar imagenes indeseable como las que habia visto hacia cuatro anos en la casa de Colin Craig y el piso de Nadja Petrova, o el dia anterior en una mesa de disecciones de Milan. Imagenes hediondas e impuras como la boca de un moribundo. Sonaba todas las noches (las que empleaba en dormir) con ellas.

Ya habia decidido lo que iba a hacer, y recibido la bendicion de los altos cargos: descontaminar, amputar la gangrena. Se acercaria a los cientificos bien protegido y eliminaria toda la carne enferma que estaba contemplando. En particular, y de manera personal, la carne responsable de que existieran grietas, fisuras.

Muy en especial, se dedicaria a Elisa Robledo. No se lo habia dicho a nadie, ni siquiera a si mismo.

Pero sabia lo que iba a hacer.

De pronto la pantalla se lleno de dientes de sierra. Harrison imagino por un segundo que el Todopoderoso lo estaba castigando por sus malos pensamientos.

– Interferencias en la transmision -dijo el hombre de la izquierda manipulando la galleta de chocolate-. Quiza falta de cobertura.

Harrison apenas le dio importancia a no poder ver ni escuchar. Los cientificos, incluyendo a Elisa, ya formaban, tan solo, una debil luz en su firmamento privado. Tenia planes, y los llevaria a cabo en el momento oportuno. Ahora queria concentrarse en la ultima tarea que le aguardaba aquella noche.

Blanes se disponia a seguir hablando cuando algo lo interrumpio.

– El avion del profesor Silberg aterrizara en diez minutos -dijo Carter entrando en la habitacion y cerrando la puerta tras de si.

Aquella intromision indigno a Elisa, que salto de su asiento.

– Larguese, ?quiere? -espeto-. ?No le basta con escucharnos desde los microfonos? ?Queremos hablar entre nosotros! ?Vayase de una vez!

A su espalda escucho ruidos de sillas removidas y peticiones de calma por parte de Victor y Blanes. Pero ella habia llegado a un punto sin retorno. La mirada fija de Carter y su cuerpo como un pedazo de granito plantado frente a ella se le antojaban simbolicos: la justa metafora de su impotencia ante los acontecimientos. Se situo a escasos centimetros de distancia de el. Era mas alta, pero cuando lo empujo sintio como si intentara mover una pared de ladrillos.

– ?Es que no me escucha? ?No entiende el ingles? ?Larguense, usted y su jefe, de una jodida vez!

Sin tener en cuenta a Elisa, Carter miro a Blanes y asintio.

– He puesto en marcha los inhibidores de frecuencia. Harrison se ha ido al aeropuerto y no puede vernos ni oirnos ahora.

– Perfecto -repuso Blanes.

La mirada de Elisa viajaba desconcertada de uno a otro, sin comprender el dialogo que mantenian. Blanes dijo entonces:

– Elisa: Carter es quien nos ha estado ayudando en secreto desde hace anos. El ha sido nuestra fuente de informacion en Eagle, nos ha entregado copias de las autopsias y todas las pruebas con que contamos… Entre el y yo preparamos este encuentro.

26

– Ha matado a todos mis hombres. Los que estuvieron en Nueva Nelson. Eran cinco, ?recuerda? Muertes que hielan la sangre, parecidas a las de sus amigos, pero no tan populares, ?verdad, profesora? Ellos no eran… «cientificos brillantes».

Carter hizo una pausa. Por un instante, una especie de telon parecio alzarse en sus ojos claros, pero de inmediato las piezas de acero de su rostro volvieron a encajar y todo ceso. Prosiguio, en un tono neutro:

– A Mendez y Lee se los cargo con la explosion del almacen, pero la autopsia demostro que antes se habia entretenido un poco con Mendez… York fue asesinado hace tres anos, el mismo dia que el profesor Craig, en una base militar de Croacia. A Bergetti y Stevenson los hizo picadillo este lunes, horas antes de matar a Marini. Bergetti estaba de baja por un trastorno mental, y fue asesinado en su casa; su mujer se arrojo por la ventana al ver su cadaver. A Stevenson lo destrozo en una barcaza en medio del mar Rojo diez minutos despues, durante una mision rutinaria. Nadie vio como ocurrio. Parpadearon, y alli estaba el fiambre… Empece a sospechar cuando me entere de la muerte de York. En Eagle no me lo contaron, lo supe por mis propios medios… Fue entonces cuando opte por colaborar con el profesor Blanes…

– Ahora comprendes, Elisa, que no hubo ninguna traicion. -acoto Blanes-. Lo habiamos preparado de esta forma. Si Carter no llega a informar a Eagle de nuestra reunion, ya estariamos todos de regreso a Imnia, y

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